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De cal y de arena / Alejo Lorén

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Como Houdini

El actual Gobierno de Aragón es la reencarnación de Houdini. Houdini fue un espectacular ilusionista y escapista húngaro, de origen judío, capaz de desaparecer o de desligarse de las más complicadas ataduras.

La DGA, con su ley, ha conseguido hacer desaparecer lenguas milenarias pretendiendo alejarse de conflictos presentes. Si hasta ahora las palabras servían para definir conceptos o cosas, desde ahora las perífrasis sirven para ocultarlas. Es un procedimiento que bien podríamos llamar " del avestruz" que quiere decir meter la cabeza en largas definiciones que ponen en bandeja a los rivales políticos unos acrónimos con los que es fácil ridiculizar esa forma de alejarse de los dialectos del catalán y de las fablas aragonesas. Pero la realidad, por definición, está ahí, enhiesta, palpable y desafiante.

Lo único que, creo, van a conseguir con este procedimiento son risas y burlas, como cuando la Real Academia Española pretendió cambiar la palabra "cognac" (aduciendo extranjería) por "jeriñac" (artificialmente sacada del muy nuestro Jerez). O cuando a Franco debiendo dar un título a un magnate empresarial no se le ocurrió otra cosa que hacerle conde de las siglas de su empresa; de FENOSA, exactamente.

Se puede hacer el ridículo, se puede ser acientífico, pero dudo que ambas cosas se puedan hacer con más estrépito que con esta ley de lenguas habladas en Aragón, a las que, sin embargo, no se les quiere denominar para huir de la politización y utilización expansionista que hacen de la lengua catalana nuestros vecinos orientales. Para evitarlo se cae en lo surrealista decidiendo no definir ni como catalán, ni como aragonés, lo hablado en parte de Aragón. Pero la ciencia lingüística tiene claro el origen de esas hablas, sabiendo que están claros los troncos lingüísticos de donde proceden; y aunque una, por ser los residuos de un antiguo romance medieval, aparece disgregada y nada cohesionada, no deja de ser el resto del antiguo "aragonés"; y la otra, por hablarse su clara matriz en Cataluña, es catalán. Pues no. La política ha preferido (y consigue, al menos en el papel) lo del Houdini ilusionista y escapista: hacerlas desaparecer; y así desembarazarse (inútilmente, ya verán ustedes) del conflicto lingüístico de nuestro territorio y de la beligerante postura independentista y expansionista de nuestros vecinos del este.

 

 

 


La calzada teñida

Una pelea en Caspe, tiñe la calzada de sangre". Afortunadamente no debió ser grave la herida, pues "el agredido no presentó denuncia". No tranquiliza, sin embargo, esta actitud, pues, se dice, fue "por miedo". La noticia la obtengo de "El Guadalope digital", peculiar medio de información local que suple la inexistencia de cualquier otro en Caspe.

Las respuestas a tan alarmante titular en el propio foro del periódico digital inciden en el lugar común de que "hay demasiada mezcla de razas" en nuestra ciudad, como si las causas de la violencia se debieran simplemente a las derivadas de la procedencia geográfica de los que dirimen sus diferencias o rencillas a navajazo limpio. Creo que ante hechos tan desagradables, censurables y denunciables hay que plantearse con más rigor sus causas. Seguro que, en el fondo, habrá un problema social. De valores, de cultura, o de recursos económicos. La carencia de éstas cosas suele acarrear conflictos.
Aunque ahora nos parezcan extrañas las peleas en Caspe, solo se debe a que fueron desaparecido de nuestro entorno a medida que cambiaron ciertas circunstancias ligadas a la difusión de la educación, aumento de la cultura y de los recursos económicos.

Pero peleas hubo, y muchas, en tiempos pasados. Si las vuelve a haber es porque con la llegada de inmigrantes volvemos a tener como ciudadanos (unos, censados; otros, población flotante) gente con circunstancias similares a las de Caspe cuando las había. Volvemos a tener gente mendigando, porque hay pobreza; gente durmiendo en rincones, por no tener casa; o gente agrediéndose, porque hay falta de educación y de cultura. Todo esto hace aflorar conflictos que desembocan en soluciones elementales de violencia. Mi padre contaba que "antes eran habituales las peleas entre comarcanos, cuando los mozos iban a las fiestas de los pueblos"; y así, uno de Caspe reñía con uno de Maella, Alcañiz, la Puebla, o Samper; o viceversas. Y las navajas "volaban como palomas de muerte", Y porque pasaban antaño estas cosas, Lorca escribió "Bodas de sangre" sacada de una historia real. Es claro que Caspe a retrocedido a tiempos que creíamos pasados, pues volvemos a ver en sus calles pobreza, precariedad e incultura; pero a la vez, por parte nuestra, hay menos solidaridad, menos comprensión y más egoísmo. Coctel este peligroso que tenemos que resolver con inteligencia, díálogo, y sabiendo aplicar las leyes.

 

 

 


Errores y dolinas

En Caspe lo más sagrado y misterioso se asienta sobre una mesa camilla con tapete de ganchillo. Vean si no cójmo está colocada la compleja alegoría de la Santísima Trinidad en la Parroquia, muy cerca de la capilla de la Veracruz. Ese maridaje del misterio profundo con lo cotidiano y prosaico me hace pensar en lo que ocurre en estos momentos con la economía y los economistas.

Los especialistas, los expertos, los sabios (tanto en economía como en política) no se acaban de poner de acuerdo en cómo encarar esta crisis, que hasta para ellos parece ser un misterio al que no encuentran solución racional; si no, ya la abrían dado. Y, sin embargo, la gente de la calle (la de mesa de camilla) parece tenerlo todo muy claro; si no, no se quejaría como lo está haciendo, con acoso al Congreso y "escrache" a los políticos. Se piensa, de forma sencilla y cotidiana, que todo se arreglaría haciendo lo contrario de lo que hace el Gobierno. Pero parecemos olvidar que hace año y medio gobernaban los oponentes al actual gobierno, y no sólo no supieron solucionar el asunto (que ya se le escapaba de las manos) si no que, parece ser, fueron en gran parte los causantes de los males, pues todo parto tiene su gestación.

Estando así las cosas, la desesperanza y el desencanto es lo que penetra por los poros del sufrido hombre de la calle. Recordemos que "El desencanto" fue, precisamente, el título de una película de Jaime Chávarri de 1976; de lo que deduzco que este país no sale de un desencanto (personal en un caso) si no es para meterse en otro (social). Algo hemos debido hacer mal durante mucho tiempo. Es como si durante más de treinta años hubiéramos estado construyendo "un palacio" (el tan mentado "estado del bienestar") sobre una "dolina"; y al final el magnífico edificio ha acabado hundiéndose en el agujero producido, día a día, durante decenas de años sin que nadie se diera cuenta. No me tachen de loco, porque en Valdefierro ha ocurrido eso, y Valdefierro está bien cerca de Zaragoza; solo que allí ha ocurrido geológicamente y en nuestra economía de forma figurada; es decir que lo escrito es sólo una parábola que, creo, puede ejemplificar lo que nos ocurre: "nos han fallado los cimientos por haber construido mal" y, por mucho que nos guste el edificio logrado habrá que sustituirlo por otro; y habrá que perder, por un tiempo al menos, "el palacio hecho con tanto esfuerzo" pero que tan mal supimos construir, cuidar y mantener.

 

 

 


En evolución y cambio

De nuevo, Alcañiz, sin cine. Los caspolinos seguimos teniendo la posibilidad de ver películas proyectadas en pantalla grande gracias a que la sala es municipal y está subvencionada. Como ocurre en la ciudad vecina, con la recaudación de taquilla no daría para su mantenimiento; a veces son menos de treinta espectadores por sesión, lo no es suficiente para mantener una sala de cine.

Y, tal como están las cosas, si tienen que recortar gastos los ayuntamientos será de los servicios que "no nos merecemos" puesto que los ciudadanos hacemos de ellos un uso minoritario que no da ni para cubrir gastos. Si los caspolinos queremos mantener el cine deberemos ser conscientes de esto e ir a ver películas.

Por otro lado, el grupo Bailío Teatro ultima el montaje del musical "Jesuscristo Superstar" con Enriqueta Cubeles y Pablo Morales como responsables; el clásico de los 70 con el que se ha atrevido la compañía aprovecha la existencia de la Coral y su éxito con la Misa de la Proclamación interpretada en la fecha más solemne del Sexto Centenario. Este proyecto ha tenido gran aceptación y ya tiene escogidos los días de representación en el Teatro Goya el 10 y 11 de mayo. 
Los pueblos van, así, aprovechando sus posibilidades y dinámica propia. Para los que no vivimos diariamente en ellos estos ritmos y el cómo se realizan y ocurren las cosas en ellos nos parecen extraños. No entendemos que un lugar como Alcañiz, que llena a rebosar para San Jorge su mercado medieval y su Rendición del Dragón, no tenga luego espectadores para mantener sus dos flamantes mini salas cinematográficas; ni entendemos que Caspe, tan animosa muchas veces y que abarrota las calles para finales de junio, las deje literalmente vacías para San Jorge, patrón de Aragón y Día del Libro, optando toda su población por "marcharse al campo" como si lo tuviera lejos los otros días. Para San Bartolomé, San Jorge y el Primero de Mayo no pretenda el visitante buscar muchos bares abiertos en la plaza de Caspe, conténtese con el antiguo España, ahora Kebab regentado por pakistaníes, donde, eso sí, recibirá un esmerado servicio. Sin querer acabaremos descubriendo eso de repartirse el trabajo entre "los de aquí de toda la vida" y "los recién llegados de remotos países". Todos deberemos aportar nuestro granito de arena para que la pequeña ciudad en que vivimos funcione.

 

 

 


Viajando en tren

Unas palabras escuchadas en boca de Albert Boadella me han hecho recordar un viaje en tren que realice no hace mucho tiempo y en el que tuve como compañeros de asiento a dos adolescentes catalanes, un chico y una chica hermanos.

La duración del viaje, la locuacidad y espontaneidad de los jóvenes y mi curiosidad hizo que termináramos en amigable charla. El chico, que se mostraba muy comunicativo y espontáneo, acabó manifestando: "yo soy independentista catalán". Esas palabras corroboran en la cotidianeidad lo expresado por Boadella, que se manifiesta "poco optimista en la resolución del problema identitario catalán", argumentando que la dificultad viene por las dos generaciones de catalanes que se han educado en una escuela en la que se les ha inculcado a los alumnos que España es enemiga de Cataluña, contraponiendo ambos conceptos y entes territoriales como excluyentes, y no explicándolos como entidades de rango diferente que constituyen distintos grados de territorialidad e identidad. Más de trescientos años de nación común se pueden tirar por la borda por la acción adoctrinadora de treinta años de escuela inspirada por mentalidades secesionistas.

La conversación en el tren aún me aguardaba otra sorpresa; y es que ante la clásica pregunta al muchacho de qué es lo que le gustaría ser dijo, con mucho aplomo: "político". Estaba pues ante uno de los posibles futuros mandatarios de la Cataluña que durante los últimos años se ha ido buscando desde la Generalitat; entidad ésta que pese a estar dentro de la Constitución Española y de formar parte del Estado y el Reino de España busca y promueve la desafección y la independencia de, y hacia, respectivas cosas.

Si en casi toda España al político se le ve como corrupto o aprovechado cuanto menos, me di cuenta de que en la adolescencia catalana ese menester aún puede tener aura idealista, al poder sentirse constructores de "su patria", que consideran les fue arrebatada, no se muy bien si en época de los Reyes Católicos y su relativa "unificación nacional", o en la de Felipe IV con la llegada de los Borbónes centralistas a la monarquía española y el desmantelamiento de las Cortes periféricas tanto las catalanas como las valencianas y las aragonesas.

Ese quinceañero catalán, con el que su hermana parecía estar de acuerdo, me decía con vehemencia, y en esencia, que "la política debe servir para conseguir el bien común y el buen gobierno". Ya me gustaría a mi que ese elemental idealismo y buen sentido común político se contagiase a todos los jóvenes españoles pues de ellos deberán salir algún día nuestros gobernantes.

 


Propuesta cultural

Ramón J. Sender es considerado como el más importante de los novelistas españoles de postguerra que escribieron en el exilio. No todos conocen que su padre, José Sender Chavanel llegó en 1917 a Caspe, procedente de Zaragoza, para ejercer su trabajo como Secretario de Ayuntamiento. Antes había desempeñado dicho menester en Chalamera, donde nació el escritor, y en Tauste, donde transcurrió su intensa infancia que recordaría en el primer tomo de "Crónica del alba".

A Caspe llegó Ramón J. Sender (1901-1985) siendo un adolescente de 16 años en pleno enfrentamiento generacional con su padre, que determinó -viviendo en Caspe- llevarlo a Alcañiz al colegio de los Escolapios, ciudad donde además se pondría a trabajar como mancebo de botica. Su estancia en Caspe se desarrolló sobre todo en los periodos de vacaciones, como bien se recuerda en uno de los diálogos de la segunda película dedicada a Crónica del alba, cuando se habla de "ir a pasar las vacaciones a Caspe"

El lugar donde vivió el futuro novelista ese tormentoso año caspolino de su adolescencia fue en el piso que el Secretario del Ayuntamiento tenía en la última planta de la Casa Consistorial. Hasta la actual reforma aquel piso se podía ver tal cual lo debió habitar el futuro escritor y su familia, pues, por estar, aún estaba el banco de la cocina, con su fregadero, en lo que fueron durante más de veinte años dependencias de Radio Caspe, adaptando, precisamente, el piso del Secretario.

El arquitecto Carlos Miret, con muy buen criterio y acierto, a conservado a modo de testigo o vestigio de aquella planta una habitación, con su suelo de baldosas de principios del siglo XX y los maderos o rollizos vistos en el techo. Bien podría ser esta una habitación -o incluso la habitación- de aquel piso que habitó el joven rebelde Ramón J. Sender. 

Proponemos que dicha estancia sea denominada explícitamente como "Sala Ramón J. Sender", en recuerdo del escritor y de su corta, pero intensa, estancia en Caspe. 

Postulamos colocar en ella una placa conmemorativa de tales circunstancias, recordando a aquel Secretario José Sender Chavanel y a su madre, Andrea Garcés Laspalas, maestra, y a los hijos que residieron en Caspe (con el tiempo el matrimonio llegó a tener diez), y se decore con elementos alusivos al novelista y a sus obras. Podría formar parte de una posible "ruta Sender "en Aragón.

 


De nuevo, Semana Santa

¿Qué decir nuevo de la Semana Santa?. Nada. Dicha fiesta forma parte de los ritos y costumbres católicos y, por mucho que el folklore haya desbordado las lindes de la fe y lo religioso, su base substancial, y única capaz de sustentar esta fiesta sin convertirá en un transcaranaval, es la de lo religioso.

Incluso un nuevo Papa sorprendente no puede decir nada nuevo. Podrá diferenciarse en lo humano, podrá variar en ciertas actitudes poco habituales en los papas clásicos -en el estilo- pero en lo doctrinario será como cabe esperar de un Papa: dogmático, pues la Iglesia es doctrina que se arroga certeza. Se basa en unas creencias y actitudes cuyo cambio o negación derrumbaría su edificio de siglos. Una religión se basa en lo absoluto, en el concepto de Dios y su comunicación con el hombre.


Hubo otros dioses -los paganos - que son hoy mitología y se pueden estudiar como parte de la historia de las ideas y del arte; pero ya no hay verdaderas sacerdotisas de Venus, ni adoradores de Júpiter, ni fieles de Baco. Hay, eso si, amor carnal, personajes con poder casi absoluto, o graciosos borrachos. Hoy Venus es cualquier modelo 'top'; Júpiter, Obama; y Baco, los conciudadanos que se pasan el día en la barra de un bar. Aquellos dioses antiguos son hoy figuras hermosas, bellas historias, componentes de una religiosidad superada.


El cristianismo puede llevar el mismo camino. De seguir la disminución de vocaciones y de fieles y aumentar los afanes de "turismo religioso" acabará sin que nadie crea en la transcendencia y sólo queden la parafernalia y las formas, convertidas en folklore popular.


La Iglesia íntima está contra los espectáculos de la Semana Santa; sólo a los atolondrados que confunden las formas con los principios le parece una manera eficaz de propagar ó conservar la fe. Hay mucha gente de bien, católica; pero también los hay que confunden el mensaje evangélico con una solución para vivir en el mundo. Nos han tocado dos Papas que tienen fe, y por eso uno se ha retirado a orar en un convento y el otro nos invita a rezar por él. La iglesia necesita el silencio para mejor ser escuchada por su Dios; y nuestros pueblos necesitan el estruendo de los tambores para que vengan turistas. ¿Se pueden casar, sin violentar una u otra, ambas aspiraciones?

 


 Habemus papam

 Dicen que el escritor francés Paul Claudel se convirtió al catolicismo por su liturgia. Según nos contaba el excelente profesor de literatura Don Francisco Alloza (que algo sabría de eso, pues había sido seminarista en Alcorisa) la Fe le vino al poeta a través de la magnificencia y belleza de los signos que utiliza la Iglesia en sus actos.

Debió decirse "dónde está la belleza está Dios", pensamiento platónico que, de alguna manera, muestra que es el hombre quien crea a Dios, pues acaba dándole como características lo que ansía y no tiene: eternidad, belleza, fuerza, poder.

Y uno de los momentos en que la liturgia católica cobra más fasto y esplendor es en la elección de Sumo Pontífice. Siglos de maduración de la ceremonia han acabado dando -como en un alambique- el destilado que acaba de concluir en Roma: un cónclave con toda su parafernalia.

Es espectáculo tan variado y sorprendente que el cine lo ha plasmado en varias ocasiones; y de antes del cinematógrafo se cuenta con obras maestras que representan papas y cardenales, como el pintado por Rafael Sanzio del Museo del Prado. Un rostro inquietante y el color de la muceta y el birrete se convierten en obra maestra.

"El medio es el mensaje", se teorizó en los años sesenta; pero ya antes la Iglesia Católica, Apostólica y Romana había comprendido que la liturgia (es decir los signos, símbolos y ceremonias) son el mensaje. Ante la parafernalia antigua de un cónclave uno juraría haber visto descender al Espíritu Santo instantes antes de que los baldaquinos de madera forrada de terciopelo rojo doblasen su testuz para quedar sólo horizontal el del elegido, que es, a su vez, el ungido. Sabemos que todo procede de una votación cardenalicia pero el "fru fru" de las sedas talares, la procesión de mitras y sotanas rojas, los calculados silencios y desplazamientos de los cardenales en el momento de ir a depositar su papeleta en una copa cubierta, en fin, todo, hace que la liturgia se convierta en teatro, la representación y sus signos en misterio, y éste en belleza y arte: lo que llevó a Paul Claudel al catolicismo, como dijimos antes.

Sucumbí a la tentación de pasar tiempo observando imágenes relacionadas con el Concilio; y no me pasó desapercibido que el juramento de los Cardenales terminaba con la palabra latina "tango" (de "tangere", tocar). Pero no llegué a sospechar, en ningún momento, que me estaban dando, sin querer, una pista. Como todos saben el elegido fue un jesuita argentino que tomó por nombre Francisco. A.M.D.G. amalgamado con "paz y bien".


 

 

Testigo mudo

Una puerta de la sala de armas del castillo de Caspe se trasladó al salón del Ayuntamiento a finales del siglo XIX. Y allí está, dando empaque al lugar donde se reúnen los ediles y los ciudadanos. Sus sillares, bien tallados, están 'curados de espanto'. Quiero decir que han escuchado muchas cosas, algunas de las cuales pocos pueden imaginar y saber.

El Compromiso de Caspe, cuyas deliberaciones se produjeron a su lado, no fueron fáciles, por lo que respecto a discusiones y reproches se lo sabe todo. Hasta ahora, en su nuevo emplazamiento, se encontraba encorsetada por casetones de madera que, con el fin de embellecerla, lo único que conseguían era oprimirla. Esas maderas, fruto de una anterior reforma y mejora del salón, han sido en parte suprimidas, dejando las históricas piedras dentro de una más lógica pared lisa. Quitado el corsé, la puerta pensaba volver a su sopor de siglos, pero,¡oh!, craso error, no contaba con la moción de censura con la que se ha inaugurado la nueva reforma del salón, más moderna y contenida que la anterior.

La puerta, con sus jambas y su clave decoradas, ha vuelto a sentir el ambiente de intrigas e intereses que conocía de antiguo. Para ella el nuevo castillo no existe y lo suyo son, desde hace más de un siglo, las intrigas municipales; pero pocas había visto tan intensas como la del martes 26. Los martes son días cenicientos, y más si se trata de uno de cuaresma. El de la pasada semana lo fue, y en él se llevó a cabo un cambio de poder municipal, y como todo cambio de poder, hubo tensiones; y su experiencia de mudo testigo de similares lances le dice que las seguirá habiendo; aún recuerda bien la reacción del de Urgell. La puerta del salón del Compromiso, no obstante, se hace lío con eso de las siglas. Para ella PSO, PP, CPC, PAR ó CHA no son si no cabalísticas combinaciones de letras. Y a veces acierta: cuando se entera, por palabras que escucha, de que ciertas alianzas de esas letras acaban logrando, como en la alquimia, el oro del poder. Esas nobles piedras ven a los políticos actuales como alquimistas o brujos, A esta puerta, testigo mudo, si en tiempos pasados sólo le importó su castillo, a su edad ya sólo le importa su Ayuntamiento, del que se cree joya imprescindible. Y por eso, escuchadas aquel martes tantas palabras juntas, a veces de forma bronca, otras precipitadas, ya sólo se preocupa de que no tomen unos u otros el nombre de su ciudad en vano.


 

 De la esperanza a la ilusión

 Lo peor que puede ocurrir en democracia es que no haya recambio. Precisamente el sistema se basa en dos cosas: que es la mayoría de votos quién determina quién gobierna, y que cada pocos años se vuelve a consultar a los electores.

El sistema tiene variantes, pues los hay con listas abiertas, con listas cerradas, con la obligación de que gobierne la más votada, con existencia de 'segunda vuelta', etc. El sistema democrático español -según se ha comprobado por su desarrollo- presenta carencias y defectos, pero como no se han subsanado por los respectivos gobiernos que han podido hacerlo, tenemos la democracia que determina la ley y a ella debemos ceñirnos.

Son posibles los pactos post electorales (ahí tenemos los realizados con partidos minoritarios regionales cuando los grandes les necesitan), la elección de cargos no es directa si no delegada, y cuando se generan conflictos entre un elegido (en listas que son cerradas) y el partido o formación que lo ha presentado, no se le puede quitar el escaño o la concejalía, y pasan a formar parte de un grupo llamado mixto; existen -digámoslo al final- la posibilidad de mociones diversas: la de censura y la de confianza. Todas estas características y singularidades enumeradas pueden originar problemas por la complejidad y la casuística que generan, y podemos observar que ante estas complicaciones cada partido o agrupación las acaba resolviendo según su conveniencia.

Es por todo esto (y aun comprendiendo sus íntimas razones) que me pareció políticamente ineficaz el escrito del PSOE aragonés ante la moción de censura. Las elecciones de 2011 propiciaron un gobierno municipal en minoría, con pacto. Inestable solución, pues estaba acordado por fuerzas heterogéneas: de la derecha (PAR) y de la Izquierda (CHA). Y como el apoyo del regionalismo (situado en un pseudocentro para así poder aliarse con unos y con otros) acaba casi siempre ilustrando 'La traviata': 'la dona e mobile', ha ocurrido lo que era probable: el PAR local ha acabado apoyando a quienes más le convenía (PP. CPC). No se puede negar al nuevo equipo de gobierno municipal identidad ideológica; demostrado, al mismo tiempo, que no ha lugar para sentimentalismos ni en la política local. "Caspe necesita una ilusión" dijo la nueva Alcaldesa. Se ha pasado de la esperanza a la ilusión.


 

 

Cadáveres en el jardín

Habiendo sido Caspe escenario de una guerra civil no extrañó a nadie en su momento que en el solar situado detrás de mi casa, en donde mi padre tenía un almacén de maderas, aparecieran, al obrar, unos huesos que al seguir hurgando en la tierra acabaron descubriendo un esqueleto completo.

Recuerdo cómo mi mirada infantil se fijó en el saco donde depositaron los huesos para, según dijeron, subirlos a la fosa común del cementerio. Por otra parte, recuerdo que mi madre se paso muchos años intentando saber dónde estaba enterrado su hermano, que murió en el frente de Lérida, cerca Ager, al poco de cumplir 18 años, y en cuyo cementerio, le acabaron explicando después de muchas gestiones, le enterraron en la fosa común. Son las consecuencias de una larga y fratricida guerra; y todavía, los del bando perdedor, siguen buscando a familiares que murieron en las circunstancias, a veces inconfesables, que propicia una contienda civil.

Ahora nos dicen que el jardín de La Rosaleda puede seguir albergando restos de tres personas que pudieron morir en circunstancias nunca aclaradas. Es 'leyenda urbana' con visos de verosimilitud por lo que conviene verificarla y resolver, en lo posible, su enigma.

La asociación "Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda" tramitó ante el Juzgado de Caspe un requerimiento para hacer la indagación, ante la negativa de parte de la propiedad de la finca, que se negaba a que se hicieran averiguaciones en su terreno. Ahora, con autorización judicial, se resolverá un misterio; o, mejor, si se encuentran cadáveres, comenzaran las elucubraciones e hipótesis sobre quienes son y en que circunstancias murieron. El abanico de posibilidades, al no haber datos claros, es variado, y se presta a muchas interpretaciones. Un cadáver (y si son tres, más) en un jardín siempre tiene algo de misterioso. Nadie los oculta en un lugar así (donde las niñas han saltado a la comba en los años 40 o las 'amas' les han dado de merendar sentadas en un próximo banco) si no hay algo que ocultar en esas muertes. Esperemos que el tiempo no haya borrado todos los testimonios y que el hallazgo material, de realizarse, den pistas para averiguar quienes pudieron ser los muertos -se supone que asesinados- y en que circunstancias se pudieron producir esas muertes y enterramiento. La Rosaleda, con sus piedras medievales, merece una restauración, tanto la casa como el jardín, y resolver sus misterios.


 

La táctica de "la estaca"

 Últimamente me acuerdo mucho de la canción de Lluis Llach "La estaca". Creo que primero debería decir quién fue Lluis Llach: uno de aquellos cantantes protesta que surgieron y proliferaron en los años 60, y cuyas canciones tenían como propósito principal mostrar su desacuerdo con aquella sociedad sustentada en el franquismo y en la iglesia de estado.

Llach compuso una canción (de la que otros cantautores hicieron versión, como J. M. Serrat) en la que en forma de metáfora se proponía la táctica de lucha, de inspiración comunista, contra el régimen impuesto tras la guerra civil consistente en sumar fuerzas y acciones, golpeando  por todos los flancos aquel régimen: "la estaca"; pues tirando por un lado y por otro, al final, caería. No fue exactamente así; Franco murió en la cama de un gran hospital y el Régimen voto la evolución de si mismo.

Pues bien, estos días de fragor político partidista, de lucha encarnizada entre oponentes, resuena en mi cabeza la letra de Llac que habla de "darle por aquí y darle por allí, hasta que caiga". Y es que eso se le está haciendo a Rajoy: Gurtel, Bárcenas, Mato, paro, promesas incumplidas, etc; y eso se le está haciendo al equipo de gobierno caspolino: Herradura, Hotel Latorre, acusación de inoperancia y parálisis de gestión, etc.

La diferencia entre el año 68 en que se compuso "La estaca" y los años en que se formulan las críticas políticas en cascada es que entonces había una dictadura y ahora hay (creíamos, pues ha llegado el 15 M y grita "le dicen democracia, y no lo es") una democracia.

Sea como sea, a los que están en el poder (y puesto que han dado razones más que sobradas para ello) se les critica por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda; supongo que con la intención de que caigan y se pongan a gobernar otros. Ante la crisis de confianza generada y la ineficacia real de lo hecho, o por causa de lo no hecho, se merecen las críticas. No habría más que una cosa que pedir: que se haga todo dentro de las más estrictas reglas de un estado de derecho pues, aunque la que tengamos sea una democracia imperfecta y pueda mejorarse, no se puede violentar en aras a que un gobierno determinado (sea nacional o local) no funcione o sea inepto. Si el sistema no tiene mecanismos para abordar el problema del mal gobierno habrá que reformar leyes y reglamentos para que así sea. Pero lo que nunca se puede hacer es "tirarse al monte" o alborotar la calle, como si no supiéramos a que llevan esas maneras espurias de pretender llegar al poder.


 

 

El Hotel Latorre, ¿modernista?

Hay un rifirafe en Caspe a causa del derribo del Hotel Latorre. La oposición (CPC y PP), en su función de tal, acusa al gobierno municipal (PSOE, PAR, CHA) de favoritismo al autorizar su derribo. Se realizó al amparo de un permiso y condiciones -que se han seguido escrupulosamente- anterior a la aprobación de un nuevo P.G.O. U. en tramitación en el que se le considera edificio protegido. ¿Debería el Ayuntamiento haber dejado en suspenso aquel permiso enespera de la inminente aprobación de ese nuevo PGOU?

Sea como fuere, de lo que quiero hablar es de una de las cosas que se han argüido para apoyar la conveniencia de la suspensión del derribo: la consideración del edificio dentro del estilo modernista, digno de protección como bien cultural.

Creo que hay que forzar mucho la historia del arte para considerar "modernista" al Hotel Latorre y sus partes. El modernismo surge frente el clasicismo, inspirando sus formas en la naturaleza y su manera orgánica de desarrollarse, de ahí el uso de la curva, la decoración floral, y la utilización de elementos hasta entonces no considerados, como la azulejaría, y las formas ajenas a los cuatro órdenes clásicos, en los que también se inspira a veces, pero transformándolos substancialmente. Es un estilo que dura muy poco tiempo, de finales del XIX a principio del XX, pero que se extiende por muchos países aunque con nombres diferentes.

Puesto a definirlo en un estilo incluiría al edificio de Miguel Lapuerta en el ecléctico, que conlleva la mezcla y combinación de otros. La fachada, con esos balcones en los que se alternan estilizados frontones curvos y rectos, con columnillas; o la gran ménsula que sustenta al balcón central; o la tribuna en el chaflán, que parece inspirarse en el Plan Cerdá de Barcelona, me hacen definirlo así.

Por otro lado --y esto puede deberse a los años en que se levanta-- tenía un toque racionalista por su casi ausencia decorativa en la fachada lateral y por el claro esquema compositivo de su planta, una 'u' con patio central para luces pero en la que destacaba la 'ele' formada por un lado mayor destinado a habitaciones y otro menor de fachada con el comedor y salones sociales. Un esquema sencillo y funcional que no supo resolver, sin embargo, el desmesurado espacio de la entrada, ambiguo y desaprovechado.

Solo encuentro algo "modernista" en Caspe en La Rosaleda (1900) por unas decoraciones incisas de la fachada y la rejería;  ó en trazas de la casa Blasco en Conde de Guadalhorce.

 


 

Carta  a  mi  directora

Querida Eva, dado lo que me paga en este medio, estoy pensando seriamente solicitar trabajo en una de esas fundaciones de los partidos que dan tres mil euros por colaboración literaria. Supongo que la columna, al ser de menos palabras y duradera en el tiempo, tendrá menor remuneración pero, bueno, si está en proporción con lo que pagan por las colaboraciones misceláneas, echando cuentas, me compensa más que seguir en LaCOMARCA.

El problema lo tengo porque, por lo que me dicen, esos puestos y esos sueldos están destinados a los amigos de la fundación. ¡Vamos que, como todo en esta vida, tiene truco y no es tan fácil!. Entonces, pienso yo, tendré que dar el primer paso, que es apuntarse en un partido, y una vez en él destacar, supongo que haciendo méritos y siendo muy obediente ante quienes mandan en ellos. Es decir, obedecer para medrar. Tampoco esto me parece muy original, pues creo que en la historia eso de la fidelidad y el vasallaje para que el señor te compense y defienda era lo que definía al feudalismo, y ese periodo histórico tiene ya muchos años, tantos que me parecía que estaba periclitado; pero veo que no, que los partidos y grupos como Dios manda se rigen por la disciplina, que no deja de ser como la antigua obediencia monacal o feudal. En fin, que me creía en el siglo XXI y resulta que las cosas se parecen, en esencia, a las del XIV y XV.
Digo yo que una vez en un partido, siendo obediente y no dando mucho mal, se puede llegar a algo, sobre todo a contar con la ayuda de los correligionarios. Esto, también me suena. De la Masonería al Opus Dei es habitual lo de la ayuda mutua. Pienso entonces que --y perdonen que piense tan mal-- algunos se meten en partidos y asociaciones para medrar en ellas y para gozar de los beneficios de los apoyos mutuos; en fin, como los que trabajaban antes en la Renfe  y tenían su economato donde podían beneficiarse de productos a precios más baratos que los de  las tiendas para el común. Ciertamente esa historia de Amy Martin y su explicación de que 'es la ex del director de la fundación, pero éste no lo sabía' me parece increíble; si no fuera que parece cierto que se pagaban tres mil euros por colaboración, cosa que sólo consiguen quienes antes han obtenido un  Nobel, o al menos un Planeta o similar. Quiero cortar aquí, Eva, porque si no voy a pensar mal de muchos, cosa de la que se dice es "consuelo de tontos", y no quiero que me tomen por tal, al menos por no entender una historia que parece un folletín de sobremesa. De 'Amar en tiempos revueltos' hemos pasado a 'Trincar en tiempos revueltos', y de allí  a 'Trincar, siempre'.


 

La dificultad de escribir en tiempos de crisis

Tengo suerte de disponer de esta tribuna. Y siento mucho no aprovecharla convenientemente. Confieso que suelo ser blando, contemporizador y banal, y que las circunstancias no son  precisamente propicias para ello. Pero los nubarrones que amenazan por encima de nuestras cabezas: crisis, corrupción, desigualdades sociales, etc. oscurecen también mi mente, la paralizan, dejándola sin saber que decir, si no es gritar.

Me identifico con ese cuadro (con diversas versiones) de Munch que se titula  "el grito". Cuando se pintó -y ahora- parece que la única acción gutural que nos queda es el grito desgarrado; y la única actitud, la protesta. El 15 M será un embrión desarticulado y anárquico, pero tienen más razón que un santo en lo de la indignación. Los periódicos vómito, o los vómitos de los periódicos, nos hacen ver que estamos en una pocilga infecta. Todo, hasta la denuncia, responde a intereses, y parará la misma (la denuncia) cuando se consigan aquellos (los intereses): descorazonador. No luchan por la honestidad, la honradez o la justicia y la libertad, si no por un nuevo reparto del poder. La prensa y los partidos van con frecuencia a lo mismo: a conseguir influencia y mando. El ciudadano suele ser en este panorama un muñeco en sus manos, ilusionado y encandilado por las palabras grandilocuentes (y a veces muy acertadas) de los editoriales y las campañas electorales. Pero, sin brújula moral, sin rumbo hacia la igualdad y libertad, sin timón en manos de la democracia (con división de poderes, partidos regenerados, listas abiertas, ciudadanos ilusionados), no vamos a llegar a ningún sitio que merezca la pena. Las pequeñas patrias que inventan los nacionalismos, las conquistas que parecen alcanzar algunos colectivos sojuzgados (gays, feministas, etc ) son también trampas del sistema, maneras de contentar a un sector ó detentar un grupo el poder, pero no de lograr su democratización ni el bienestar de la humanidad, eso que, de una forma u otra,  se canta en casi todos los himnos nacionales y que no acaba si no siendo palabras.

Palabras y más palabras es posible que sean mis columnas y -volviendo al principio- siento no acertar con el discurso que les represente, atinar con el texto que sepa explicar sus penas y desgracias en estas circunstancias cargadas de desesperanza y sufrimiento social, y me deje a mi como mero instrumento transmisor de sus anhelos y deseos.


 

 

La jarapa nacional

España es una 'jarapa' y está hecha unos 'zorros'. Una 'jarapa' es una pieza de tela hecha de otras telas cosidas. Se usa como cubierta de cama, cortina o alfombra. En definitiva, es una pieza útil relacionada con el confort, pero, sobre todo, tiene éxito por ser económica. Al estar hecha de retales (pequeños, e incluso de telas ya usadas) es un textil barato, y por tanto popular. Las 'jarapas' son artesanía de regiones y países pobres, donde se reutiliza todo, incluso lo que en otros lugares se tiraría.

Los 'zorros' son también tiras de tela o cuero que se agarran con un mango y se utilizan para quitar el polvo. Otra forma de utilizar fragmentos una vez han servido para otra cosa. Pues bien, España, formada de la reunión, por matrimonio o conquista, de antiguos reinos medievales patrimoniales es una 'moderna nación jarapa' que está hecha unos 'zorros' (cansada, pobre, desastrada) por la actitud de algunos de los retales que la forman que amenazan o ambicionan con descoserse de la estructura tradicional de la 'jarapa' . Últimamente la 'tira condal' de las barras reales de Aragón hace ímprobos esfuerzos por descoserse de la colcha única, pues dice que se ve tratada como felpudo, que es--por otra parte-- el otro uso fundamental de la 'jarapa' moruna, murciana o andaluza.

Habiendo formando parte de una hermosa colcha, a través de cinco siglos, en uno de los ángulos de esa 'jarapa nacional', se ha crecido, y se siente con fuerzas de volver a estar tan sola y afrancesada como cuando en el siglo XI Ramiro I el Monje decidió urdir la boda de su hijita, la reina de Aragón Petronila, con el 'conde retal nor-oriental' ó de catalonia. Su regalada vida en la 'jarapa', al ser una de las tiras más apreciadas por su colorido, textura y trama, la ha llevado a creerse merecedora de independencia y a buscar tijera y dientes para organizar su desgarro.

No busquen ustedes 'jarapa' en el diccionario de la RAE, que no figura; pero sí que se explica su historia, economía y origen en Google, moderna manera de ser sabios. A esta 'jarapa nacional' que es España le va a acabar pasando lo mismo: no figurar en ningún sitio a base deshacer la obra de siglos, mal considerada por algunos porque siempre nos ha faltado autoestima nacional de la sana y sobrado provincialismo, nacionalismo y caciquismo local.


 

 Idea para aprovechar el castillo

 Una foto de la cara norte del castillo recibiendo la luz del atardecer colgada en mi página Facebook me hizo escribir que "al atardecer sus muros toman un color dorado que convierten las humildes piedras, engarzadas en moderno hormigón, en joya".

Esta apreciación surgida a vuela pluma de la contemplación de una imagen del castillo de Caspe me hace retomar algo que tenía escrito sobre el mismo desde antes de que se inaugurase su rehabilitación; cuando todas las miradas curiosas  trataban de escudriñar qué aparecería tras los tules verdes con que, por seguridad y en previsión de desprendimientos, se suelen tapar ahora los edificios durante las obras. Y tras ellos, e intentando  descifrar los encofrados, se podía hacer cada cual su idea de lo  que se hacía.

En mi escrito pretérito escribía: "El estilo con el que ha afrontado el arquitecto responsable de la actuación en el castillo de Caspe se llama brutalismo,  nombre que procede del francés "béton brut" que significa hormigón crudo (o bruto). Es un estilo que tiene su esplendor durante los años 70, y se debe a la inspiración del arquitecto suizo Le Corbusier. Se basa en mostrar los materiales con que está construida la obra en bruto (de ahí lo de brutalismo). incluso no se enmascaran ni disimulan las marcas de los encofrados, antes bien, son casi sus únicas trazas decorativas de las fachadas. En el castillo de Caspe se han construido unos muros de hormigón,que no se enfoscan ni se enmascaran con otros materiales. Otra de las características de ese estilo es usar aristas rectas y limpias en sus formas, como también se aprecia en lo hecho en Caspe.

Propongo como primer uso del salón que allí se está concluyendo, y una vez pasados los fastos del centenario, un congreso o seminario (en Caspe) sobre la restauración  de monumentos antiguos, auspiciado por el Colegio de Arquitectos de Aragón, Así, 'in situ', se podrán ver los efectos de ciertas teorías, y se replantearan otras que se fueron  elaborado a través de la historia".

Pasados ya aquellos fastos y tras comprobar que lo hecho en el castillo funciona, gusta a muchos de los que lo visitan, y empieza a introducirse su nueva impronta física en el imaginario caspolino, vuelvo a mi  idea de aprovechar la experiencia para un congreso sobre restauración y actuación en monumentos antiguos. Solo hace falta que alguien  adecuado la recoja, ampare y fructifique.


 

 

Comenzando un año

Las lucecitas, 'papás noeles', belenes y demás parafernalia e imaginería navideña nos marca tanto esto del fin y comienzo de un nuevo año que nos lo acabamos creyendo; quiero decir que al final todos confiamos y esperamos, de esta cesura cronológica o punto de inflexión en nuestro calendario, vidas mejores, cambios sustanciales o el cumplimento de deseos guardados en el corazón, y acabamos haciendo promesas y planes para el futuro.

Yo, para empezar, cumplo años mañana: 68. Cifra que para los de mi generación nos recuerda siempre a mayo y a París. Sinceramente, me da un poco de miedo eso de ver tan cerca los 70, cifra que siempre consideré de viejos y ahora ya no me lo parece tanto. Empiezo a creer que acabamos yéndonos del mundo pensando que aún somos bebes, y por eso la necesidad, al final, de pañales y cuidados intensos. Afortunadamente me siento bien, tanto que me ha dado por dejarme barba. Lo que no quise hacer nunca lo hago ahora. La barba se deja por dos razones, la primera por comodidad, la segunda por agradar a alguien que te dice ´déjatela, que te sentará bien'. Yo dejó al arbitrio de ustedes, lectores amables, el pensar si en mi caso a sido por una u otra causa, o simplemente por afán de cambiar y verme como nunca me vi. La barba en otras épocas era signo de adultez, y se la querían dejar --digo querían porque casi era imposible que les creciera-- a partir del fin de la adolescencia. Son esas barbas veinteañeras de Mallarme y Paul Verlaine en el cuadro ese en que se ve también a Rimbaud, éste imberbe por necesidad dada su edad.

Por otro lado me he dado cuenta de que ahora se llevan las barbas. Los jóvenes se las dejan de pocos días, oscureciendo su rostro con una mancha que debe resultar atractiva para sus parejas; los que pasan de los 50 se la dejan por los motivos que dije y así tenemos barbas en personajes de todo tipo, desde Rajoy a Eloy Fernández Clemente, que es uno de nuestros más conspicuos canobarbados. Y esa es otra, porque a partir de cierta edad, y si no hay tinte de por medio como en 'Muerte en Venecia', la barba crece canosa, a dos tonos, del blanco al negro (castaño o pelirrojo en su caso). Unas barbas las de los maduros, pues, como las películas clásicas: en B/N. ¿Será eso lo que atrae a algunos? el lograr de una vez el clasicismo, algo que acerca al concepto de inmortalidad, que da prestigio y sensatez?. Sea como sea aquí me tienen, aguantando esos primeros días ingratos en que en lugar de barbado uno parece descuidado y desastrado.


 

Inventario y esperanza

Ha dicho Ana Botella, del PP y alcaldesa de Madrid, que 'gran parte de los principios de la izquierda tienen su base en palabras de Cristo'. Y va el Ayuntamiento de Caspe, del PSOE, y lo corrobora al enviar una felicitación en la que dice: "Hoy más que nunca los últimos deberían ser los primeros" frase entresacada de los Evangelios. Puede ser que esta coincidencia entre partidos rivales sobre consideraciones morales sea un último coletazo de la "alianza de civilizaciones" de ZP. Claro que en los Evangelios también se dice eso de que 'quien no está conmigo, está contra mi', lo cual se aplica mucho y bien en política en el momento de repartir las prebendas del poder y sus migajas.

Sea lo que fuere, ya pasó la Navidad y hoy, 28 de diciembre es el día de los Inocentes. Estamos en víspera del inescruptable 2013, concluyendo 2012 año que para Caspe ha sido muy importante; tanto que que los Amigos del Castillo han puesto en su felicitación navideña: "Que todos los años sean 2012", frase que siendo ese año el de la crisis y el desastre no se entiende en el resto de España y el mundo, a no ser que nos consideren masoquistas bizarros, que todo podría ser.

En Caspe nos queda de 2012 un castillo rehabilitado (al gusto, o al disgusto) y el recuerdo de una multitudinaria celebración, colorísta y emotiva, de los hechos del Compromiso. Así mismo queda un proyecto vivo en marcha, el de dotar a la Colegiata de un magnífico órgano. Y queda, claro está, el recuerdo de la visita de unos príncipes que por la cercanía que muestran a la hora de saludar se ganaron la empatía con Caspe.

Quedan también, al menos, tres obras de gran interés sin inaugurar pero prácticamente terminadas: la Residencia para Mayores; la Casa Consistorial, ampliada y remozada; y el C. I. de la Cultura Funeraria Íbera, ampliada su función como Espacio Museístico de la Ciudad,

Quedan por hacer proyectos culturales tan importantes como la rehabilitación de los anexos del Castillo o la creación de una biblioteca moderna equipada y capaz.

Para algunas cosas no veo más solución que el voluntariado cultural, en la línea de como están actuando estos días los miembros de la A. A.C. C. Bien podrían utilizarse las estructuras de las peñas de las fiestas, ya bien arraigadas, para esos menesteres culturales que va necesitar Caspe de cara a mostrarse al exterior como una ciudad digna de ser visitada. Feliz 2013.


Navidad Vs. Crisis

Es difícil festejar una fiesta como la Navidad en estas circunstancias. Festejar es gozar, es divertirse, es "tirar la casa por la ventana". Y aquí nada de eso puede hacerse si no se cae en el sarcasmo o la ironía. Gozar, cuando se ve la miseria que se acerca galopante, es imposible;  divertirse, cuando se están desahuciando a familias humildes, es imperdonable; "tirar la casa por la ventana" cuando Cáritas y los bancos de alimentos tienen más trabajo que nunca, sería sonrojante.

La única "casa por la ventana que hemos visto tirar (en Caspe) es la del hotel construido hace 90 años por Bernardo Latorre con planos de Miguel Lapuerta; pero ha sido una demolición.

Como veis poco de villancico alegre tienen estos días de 2012, y más después de la matanza en una escuela (me da igual que sea en E. E. U.U. pues vivimos ya en un mundo globalizado) de 20 niños, y seis adultos por el actuar 'comprensiblemente incomprensible' de un adolescente en un mundo en el que desde niño se juega (con video-juegos) a disparar a personas.

En España los niños aún juegan (hasta hace poco al menos) a monaguillos, y ahí tenemos a los párrocos de Caspe y de Maella. En U.S.A. juegan con armas desde la más tierna infancia, y ahí tienen esas horripilantes matanzas. Sergio y Gustavo,caspolinos, habrán puesto estas fechas el Belen en sus respectivas parroquias; y allí cantaran villancicos con sus feligreses, y darán a besar al niño de Belén limpiando su piececito con un paño a cada beso, para evitar en lo posible el contagio de la gripe invernal. La Navidad es un invento acumulativo en el que tuvieron mucho que ver los franciscanos con su idea de construir una recreación en miniatura de aquellas sencillas enseñanzas que predican los Evangelios: eso del niño que nace en un humilde pesebre, siendo Dios, para la salvación del mundo. Al entrar ya de lleno en la segunda década del siglo XXI buscar  la salvación es más necesaria que nunca. Nos tenemos que salvar de la crisis económica (sin olvidar nunca de dónde vino, para que no nos sorprenda otra, de repente); nos tenemos que salvar de nuestro egoísmo, que se agudiza en momentos como estos en los que el instinto de supervivencia azuza; nos tenemos que salvar de nuestras propias instituciones mal diseñadas , o de su mala gestión; nos tenemos que salvar (es decir, dar solución) a nuestra crisis de valores, origen tal vez de muchos de los anteriores males. Solo me queda ya desearles suerte en todo esto, o, cómo se ha dicho tradicionalmente: Feliz Navidad.


 

Nepotismo, amiguismo y afinidad política

 Se habrán dado cuenta de que en la desgraciada macro fiesta de Hallowen celebrada en el Sport Arena de Madrid aparecen varias muestras de amiguísimo, personal, familiar y político: el vice-alcalde de Madrid es amigo del promotor de la fiesta; el médico encargado de la atención sanitaria en la misma es un militante y antiguo cargo (alcalde) del PP (partido que preside la Autonomía y el Ayuntamiento de Madrid) auxiliado por su hijo, también médico.

Aparece la clásica costumbre de "repartir" las cosas entre amigos y afines, algo muy "humano" pero, también, muy injusto y políticamente reprochable. Aún recuerdo cuando un sargento de la mili, al que llamaban "el caspolino", puteó a un compañero de campamento, recluta, porque su  galón se lo permitía; y cómo cuando se lo afeé diciendo que al llamarlo todos "el caspolino" dejaba mal a mi pueblo con su proceder me contestó: "ah, ¿es que eres de Caspe como yo?, pues haberlo dicho y no hubiera puteado a tu amigo".

Aquí --en España, me refiero-- parece llevarse en la sangre el apoyar tan solo al que está dentro del círculo de afinidad;  al que no, "que le den morcilla". Igualmente recuerdo cómo cuando Pilar Miró puso en marcha la ley de cine que lleva su nombre le reprochó a un antiguo alumno suyo que no presentara un proyecto para hacer una película diciéndole que "he hecho esta ley 'para vosotros', y ahora no la aprovecháis". Ese 'para vosotros' suponía dividir a los profesionales del cine en dos, los (amigos) que estaban ideológicamente cerca de ella, y los que no.

En Caspe no iba a ser menos, y continuamente aparece como única razón para detentar un cargo, asumir una responsabilidad profesional o política, tener o no un trabajo, etc, el 'nepotismo' y sus afines. Nepotismo es vieja palabra, pues viene del latín, y significa favorecer a los parientes; o sea, a los afines de sangre; y de ahí, por extensión, se pasa a los afines ideológicos, "los parientes de grupo". Conociendo esto se comprenden muchas cosas, y, también, lo mal que se hacen algunas. Cuando lo que prima para elegir a alguien para un cargo o función es "el enchufe" por motivos de proximidad, es muy posible que no se le de al más idóneo ni mejor dotado o preparado para ello.

Pero estamos tan acostumbrados que lo único que se nos ocurre como consuelo es algo deleznable: que, cuando las circunstancias lo permitan seamos nosotros los favorecidos. Así nunca se soluciona el problema del amiguísimo y del nepotismo, pero todos acaban contentos, pues siempre se piensa en  que "ya llegará el momento en que de la vuelta la tortilla".


 

 

Derribo controvertido

El Hotel Latorre era, junto con el Teatro Goya (y varias casas desperdigadas por la ciudad) la materialización de aquel gordo de la lotería de Navidad que cayó en Caspe en 1922. Los impulsores de ambos edificios fueron nuestros «Fitzcarraldo», aquel aventurero (del que Werner Herzog realizó una película) que construyó un palacio de la ópera en plena selva amazónica para complacer sus deseos sentimentales y de grandeza.

Fue una suerte que en el caso de los caspolinos Latorre y Valls su deseo fuera contar para sus negocios respectivos con unas instalaciones dignas de una verdadera ciudad.

Aquel Hotel Latorre acaba de ser derribado casi en su totalidad pues sólo se conservará del mismo su fachada principal y siete metros de la lateral, tribunas incluidas; los caspolinos notarán así menos su falta, pero el edificio original, con amplio vestíbulo, escalera y estancias magníficas, ha dejado de existir.

Hubo un momento providencial en que el edificio podría haberse salvado y es cuando, constituidas las comarcas, se buscaba una sede. Al igual que Alcañiz aprovechó para restaurar un palacio renacentista, en Caspe se podría haber salvado (adaptándolo para el nuevo uso) el Hotel Latorre. Pero (y lo sé de buena fuente) un intento de favoritismo basado en afinidades políticas lo hizo imposible. Al final ni La Rosaleda ni el Hotel Latorre acabaron siendo destinados para ese uso y se acabó arbitrando para tal fin una operación entre las instituciones Ayuntamiento y Comarca: la compra por ésta de un espacio municipal anexo a La Rosaleda con una antigua construcción escolar. La operación supuso un desembolso de cien millones de pesetas, pese a que los herederos del Hotel Latorre habían llegado al acuerdo de rebajar los cien millones que pedían a ochenta, pues les hubiera gustado que se conservase el edificio construido por sus abuelos. Así, con estos recovecos, se escribe la verdadera historia de aquella operación.

Hecho esto, y ante las posibles protestas ciudadanas, se intentó declararlo Bien de Interés Cultural, pero los técnicos de la DGA consideraron que no merecía tal honor y se llego, en 2009, al acuerdo que se ha aplicado: conservar la fachada principal y siete metros de la lateral. Posteriormente en el nuevo P. G. O. U. (en fase de aprobación) se le considera Bien Protegido. Y aprovechando el posible vacío legal en que está inmerso el urbanismo caspolino se ha aplicado aquella resolución de 2009, de la que hasta ahora nadie había rechistado.


 

 Palabras "raras"

 ¿No les ocurre como a mí, que últimamente no entiendo nada de lo que se dice en LaComarca?: en Caspe hacen "crowdfunding"; en Alcañiz "coaching" con "coach" y todo;  los de Ercávica -también en la ciudad de la Concordia- elaboran "cupcakes" ; en Hijar se benefician de un "hashtag" con "influencers", y la Comunidad Autónoma de Aragón resulta que es un territorio libre de "fracking".

De verdad, díganme ustedes si comprenden esos términos copiados del inglés sin antes habernos informado de ellos.

¡Gracias que la directora en uno de esos magníficos editoriales que escribe, nos habla de cómo la prensa local se preocupa de las cosas pequeñas, sencillas, cercanas a nosotros!. Desde entonces voy buscando al "crowdfunding", el "coaching", los "cupcakes"  y el "fracking" por los senderos del Maestrago o por los cauces del Guadalopillo y el Regallo, ya que en los del Guadalope y el Matarraña no di con ellos. ¿Será que son personajes de ficción, como aquel Pokemon que me invente para una charla en un colegio de Sástago: el "Sastagochi"?

Quiero creer, sin embargo, que todo se debe a que ahora LaCOMARCA tiene becarios, y estos  (jóvenes preparados en las mejores escuelas de periodismo del país) saben inglés, mientras que nosotros (lectores toda la vida de la adocenada prensa regional) no.

Claro que, también es verdad, la ex secretaria general de CC OO en Teruel, la señora Manzano, con su uso claro y llano del castellano (el avalado por el premio Nobel Camilo José Cela) compensa con valentía y fuerza sobre la usanza del ingles, y nos dice -llanamente- que "la situación es jodida, con mayúsculas", que eso si se entiende en España. ¡Bien!

Sea como sea suplico a nuestra directora que no someta a los que no tuvimos la suerte de aprender a tiempo y en condiciones la lengua de Shakespeare al bochorno de no comprender las noticias que sobre economía, comercio, crisis y pastelería nos brinda el periódico. Confío en que ---pese a su frágil figura sabrá usar su indudable mano dura para que los "crowdfunding", "coaching", "cupcakes" y "fracking" sean cazados a tiempo por las redes misericordiosas de algún traductor, aunque sea becario, y nos los explique "en cristiano" ó, al menos, en catalán o fabla. ¡Gracias!


 

 

Pasó el 14 N

Si de lo que se trata es de desestabilizar al gobierno de Rajoy, la huelga me pareció perfecta. Pero si de lo que se trata es de arreglar la situación de un país que atraviesa una compleja crisis, me pareció un sinsentido. Está claro que es lo primero y no lo segundo lo que han pretendido los convocantes de la huelga general. Toda mi juventud he estado escuchando hablar de (e incluso apoyando) huelgas generales.

Era el instrumento con que el P. C. E. (siguiendo la teoría leninista) quería acabar con el franquismo. Pese a que no se consiguió parece ser que la izquierda oficial española (tan falta de imaginación táctica como de nuevas propuestas teóricas) recurre a ella como si fuera el quijotesco bálsamo de Fierabras, que tanto sirve contra un dictador como contra un gobierno salido de las urnas hace diez meses.
En teoría una huelga general con éxito puede hacer tanto daño a un país que se usaba para destruir al franquismo, y si se usa ahora el mismo instrumento es porque se piensa que se puede hundir al actual gobierno. La ¿pequeña? diferencia está en que el actual gobierno ha salido del veredicto de las urnas tras ocho años de gobierno del P.S.O.E. en el que no se supo ni prevenir ni atenuar los actuales problemas. El gobierno se enfrenta a una crisis económica y de identidad nacional que se ha ido gestando en tiempos de gobiernos anteriores, de uno u otro signo. No me parece justo, pues, utilizar esa agresiva medicina desestabilizadora ahora.
El 14 N se pretendió paralizar el país, para que funcione; se acusó al gobierno de no utilizar bien los escasos recursos disponibles, pero con un método de lucha que produce grandes pérdidas económicas; se convocó la huelga para forzar al gobierno a cambiar el rumbo, impuesto por las circunstancias. Demasiadas paradojas.
Entiendo que los que luchan contra el sistema convoquen huelgas generales y boicoteen el consumo, pero no entiendo que partidos y sindicatos metidos de hoz y coz en el sistema (tanto que viven de él y en él,  y han sido responsables de la gobernación del país hasta hace menos de un año) lo hagan. Los males por cuya erradicación se ha preocupado siempre la izquierda: hambre, pobreza, desigualdad, falta de libertades, etc) abundan y crecen, pero los métodos con que deben combatirse tienen aún que inventarse para ser efectivos en las actuales circunstancias.


 

 Como en el "Hola !"

 Comencé a colaborar en LaCOMARCA en 1993 con un reportaje sobre la visita de los Reyes de España a Caspe. Recuerdo que ese acontecimiento de debió a una idea del concejal, e industrial de la confección -de origen jienense-, Ramón Perea. Me acababa de comprar una cámara de video en aquellas fechas y pensé que una buena manera de estrenarlo sería haciendo un reportaje de la visita real a Caspe.

Me encontré con que había que solicitar una acreditación de prensa gráfica en el Ayuntamiento, y  así lo hice. Pero, amparados en que había muy pocas acreditaciones y ya se habían dado varias a otros medios locales, me quede sin acreditación. En vista de lo cual no me acerqué a Caspe la fecha de la visita de tan ilustres visitantes y me conforme con escuchar desde Madrid lo que por los medios de comunicación de ámbito nacional se daba del viaje. Y sobre la repercusión mediática del viaje a Caspe es de lo que escribí en aquel mi primer artículo-crónica.

Ahora,  siendo ya un "habitual columnista" je je, resulta que respondiendo a una invitación de los organizadores del Sexto Centenario del Compromiso de Caspe han venido los Príncipes de Asturias. Desengañado en eso de pedir acreditaciones, pensé que lo mejor sería comportarme como un súbdito algo pícaro y osado, y seguir el acontecimiento a pié de calle o desde el balcón de algún vecino, y esperar que las condiciones favorables me depararan poder hacer buenas fotos del acontecimiento que conmocionó el miércoles Caspe por unas horas, fotos como las de la mayoría de caspolinos que aprovecharon una cámara, un vídeo digital o el móvil para hacer fotos de la jornada, y sobre todo, hacérselas con los protagonistas del día cuando, en su función institucional, se acercaban a saludar a todos los que esperaban su paso por el recorrido de la comitiva principesca. Al final mi aventura de reportero de calle tuvo su recompensa al poder contar con una acreditación del periódico digital "El Guadalope" que me permitió fotografiar desde lugares sólo permitidos a quienes tenían acreditación o invitación.

La actuación arquitectónica en el Castillo muestra de forma palpable el paso del tiempo y la evolución de Caspe entre un viaje y otro, afortunadamente en relación con aquel monumento, a mejor. Todo ha sido como hojear la revista "Hola!" : queda la anécdota de los niños que cambiaron una flor orquídea por un beso  de los Príncipes.


El afán independentista catalán

Pienso que todas las superestructuras en las que creemos y en las que nos movemos socialmente son obra del hombre, incluidas las religiones. Por lo tanto creo que las naciones son obra humana y como tal susceptibles de cambios y modificaciones. Esto no es razón para que cuando hay algo cuajado, con una historia detrás de muchos siglos y que complace a muchos, haya que cambiarlo en aras a los intereses y las ocurrencias de unos pocos iluminados. Pocos, al principio, pues con el tiempo y la ayuda del adoctrinamiento ese número crece y acaba pudiendo ser mayoría.

Iluminados porque se arrogan haber recibido "una luz", un mensaje, y ser la vanguardia del pueblo: la antorcha intelectual que les va a proporcionar la tierra prometida; en nuestro caso una tierra conformada en la baja edad media, cuando el imperio carolingio creó una zona defensiva contra los sarracenos en el noreste de la Hispania romana: la marca hispánica. Tal vez se consideren maltratados por la Historia, inferiores en rango a lo que creen merecer, y de ahí que quieran alcanzar uno superior: de región a nación. El hecho es que los catalanes a través de su historia han sido parte de una unidad geográfica, la península Ibérica, compartiendo el cauce del Ebro (Iberum) y una gran cordillera (los Pirineos), y aportando a España escritores, pintores, ingenieros, arquitectos, médicos, políticos, hombres de negocios... tantos y tantos personajes esenciales en su Historia. Pero aún así ha rebrotado el afán independentista catalán manejado por algunos políticos como cortina de humo de sus propios fracasos, aprovechando una crisis agobiante y un Gobierno dubitativo y con graves problemas. Antes ya hubo un intento semejante durante la II República, pero para el rebrote han sido necesarios políticos contemporáneos que deseando continuar en el poder concedieron lo que no debían; sobre todo dejar la educación al albur de partidos que era de presumir que cuando llegaran a gobernar desarrollarían su contumaz ideario separatista. ¿Nadie se dio cuenta de que cuando fueran capaces de controlar la escuela enseñarían a los alumnos catalanes ideas contrarias a España?. Es el caso de caballo de Troya mas estúpido y efectivo: poner los programas de educación en manos de quienes quieren destruir el Estado que se lo concede .


 

 Piedras viejas

Leo la polémica suscitada en Maella por la destrucción de una casa que tenía "piezas protegidas". Ese es el término que ha usado la periodista para referirse a elementos de interés artístico. Porque resulta que hemos hecho una sociedad en la que lo que manda es lo que está escrito, y no el sentido común.

Aquí, al contrario de en los países sajones, todo ha de estar reseñado en una ley o dictamen para poder utilizarse como argumento en un conflicto. Recuerdo que cuando (serían los años sesenta) se derribo parte de la iglesia del convento de Santo Domingo no se apeló al sentido común y a la consideración de su belleza o interés como monumento para la ciudad, si no a que "no está declarada monumento nacional". Eso daba paso a la decisión arbitraria de la comisión correspondiente y al actuar a su antojo del arquitecto que fuera. Se comprende la existencia y utilidad de los códigos escritos, pero debería contemplarse también lo que en el momento de elaborarse los mismos no se puso en ellos, bien porque no existía el asunto, bien porque no pueden ser nunca perfectos ni completos y a veces se dejan cosas fuera, cosas que hay que considerar en el momento que surge el conflicto.

En Caspe (incluso estando dentro del catálogo de Bressel y Marco, que durante mucho tiempo se tomó como referencia a la hora de decidir qué se conserva o protege o no) se derribaron dos casas de interés, la de la calle de la Herradura y la de la del Hospital. Alguien me dijo que tenemos un arquitecto municipal (del que yo he alabado alguna obra, como el Centro de Interpretación de los Iberos) con el que en estos asuntos de las piedras viejas  "hay que tener cuidado porque no le gustan". No se muy bien a que se refería, pero así me lo dijeron. Sea como sea, desde el propio Ayuntamiento se derribaron esos inmuebles, y ahora me entero de que para la casa de la esquina de la plaza Mayor había autorización para el derribo total de la misma, cuando acabamos de ver que ha aparecido (y era de esperar, pues incluso se marcaba en la fachada) un tercer arco del llamado Toril, que la actual propiedad del inmueble ha decidido, con encomiable acierto, conservar. Ese desinterés por "las piedras viejas" lo único que hace es mermar nuestro patrimonio y hacer que los que quieren potenciar Caspe (o Maella) como destino turístico lo tengan muy crudo.


C 14: ¿Réplica de la réplica?

Hay cosas que tienen su existencia en la mitología: los grifos, las sirenas, las quimeras, el unicornio, el centauro son seres fabulosos que pasan a formar parte de nuestra realidad imaginaria.Otras tienen su existencia en la literatura y tanto Madame Bovary como Celestina, Don Juan o Don Quijote forman parte de nuestra realidad en forma de ejemplos y arquetipos.
Las hay que tienen su lugar en lo intangible, como los ángeles, los demonios ó "el todo poderoso", pero han generado sólidas instituciones y totems tan reales como el Vaticano, la Virgen del Pilar o la Vera Cruz.

Y sólo a mi, en un arrebato de ofuscación cientificista, se me ocurrió someter a la prueba del carbono 14 a una reliquia: la tabla tenida por la tradición caspolina como "parte de la mesa en que se firmo el Compromiso" y que como tal  salió fotografiada en una revista de principios del siglo XX.

En mi descargo diré que ese tablero tenía visos de poder ser coetáneo del Compromiso y no era una fabulosa reliquia sagrada, como lo son las plumas del arcángel San Gabriel, el Santo Prepucio de Cristo ó los innumerables Lignum Crucis que llenan orgullosos relicarios, sino parte de un posible mueble histórico.

Ya en el opúsculo editado por el Ayuntamiento de Caspe en 1929 se señalaban las contradicciones que sobre la antigüedad de dicha tabla había; y se señalaba que o estaba equivocada la bibliografía existente sobre la misma (pues no se puede quemar dos veces una misma cosa) o se trataba, en el peor de los casos, de un pedazo de una réplica de la mesa auténtica, que se quemaría en 1810; réplica que a su vez ardió en 1840 y de la que pudo quedar un fragmento y ser éste, o bien, si ardió completamente, ser una nueva réplica; eso sí, en la misma madera de roble de la mesa original.

Con esta hipótesis si cuadra el resultado obtenido (en unos laboratorios del Reino Unido) en la prueba radiocarbónica a que ha sido sometida la madera del tablero conservado y que acaba de hacer público la DGA. Da para el tablero una antigüedad dentro de una horquilla que va de 1890 a 1910, fechas en las que estaba en manos de D. Francisco de Miguel, el mismo del que se cuenta salvó el fragmento en el segundo incendio.

Problema científico resuelto y reliquia local desautorizada. Y es que religión y mitología se llevan mal con la ciencia y la cordura. Piensen ustedes en lo que viene ocurriendo en Cataluña.

 


 

Infraestructuras culturales

El cierre de "Atrium" en Alcañiz debería haber llevado a una profunda reflexión sobre las infraestructuras culturales sin presupuesto de mantenimiento. Y esto, desgraciadamente, ocurre no sólo en el ámbito cultural aunque aquí vamos a ceñirnos a él. De una forma u otra todos nuestros pueblos se encuentran con alguna obra hecha con cariño -a veces porfiada con ahínco- que no se puede mantener o usar.Desde la administración se impulsaron planes y proyectos que luego no arrancaron, o, caso de realizarse, no pueden ahora usarse por no estar dotados del presupuesto correspondiente y necesario para ello. En época de vacas gordas, por parte de la administración,  se han levantado o adquirido teatros y cines, construido polideportivos, espacios variopintos museísticos, reconstruido castillos y palacios, adquirido edificios monumentales o industriales para  albergar infraestructuras culturales, etc, etc. Ahora, cuando las cuentas se hilan fino y, a veces, no hay ni hilo ni papel en que hacerlas, muchas de esas infraestructuras públicas se encuentran cerradas, mal gestionadas, o sin ninguna dotación presupuestaria que las haga viables.

Sin embargo, y por otra parte, son elementos urbanos y servicios que, por sus características, podrían tener un poder de atracción de visitantes, dar prestigio a los lugares en que se encuentran ó sus actividades tienen un indudable interés que habría que fomentar y, si no existe, crearlo. Lo de "malos tiempos para la lírica" lo podemos ampliar a malos tiempos para la cultura en general. Habrá que buscar alternativas imaginativas.

 


 

Crisis

Para estar como estamos (y en tantos aspectos), solo una cosa tengo clara: que algo hemos hecho mal. Y el "hemos" es retórico, por supuesto, pues ni yo ni ustedes, lectores, tenemos capacidad para ser los responsables de la situación de quiebra y desorientación en que nos encontramos.

No es extraño, pues, que surjan descontentos a mansalva, indignados debajo de las piedras, y ciudadanos airados a diario. Pero nadie acaba de aclarar (ni los políticos, ni los economistas, ni los tertulianos, ni los "comités de sabios" que se pusieron tan de moda en la anterior legislatura) lo sucedido; y si  a alguien se le ocurre hacer un análisis lúcido encuentra en frente el razonamiento contrario con lo que, en definitiva, da la sensación de que ninguno sabe a ciencia cierta qué hacer para salvarnos del cataclismo que se vislumbra. Unos minimizan lo ocurrido, otros no acaban de asumirlo. El gobierno "parchea", duda y dilata el tiempo de la mano dura; la oposición "pide peras al olmo", milagros y manífestaciones. Se produce un diálogo de besugos en el que cada uno ve las cosas desde su (interesado) punto de vista, sin tratar de analizar con responsabilidad lo sucedido, llegar a una conclusión lógica y tratar de ponerle remedio con acuerdo. Todos juntos, pues todos nos perjudicamos de la situación a la que se ha llegado.

Si es cierto que no hay dinero, si las arcas del estado están quebradas, es imposible dar satisfacción a las demandas de la sociedad, por lo que las protestas y peticiones son inútiles, mero testimonio. En momentos así, en los que se necesita la solidaridad y el arrimo del hombro, España como nación tiene dudas sobre sí misma; "apaga y vámonos".

Por otro lado, y fundamentalmente, pienso que para llegar a todo esto han tenido que haber muchos  que durante largo tiempo no han hecho lo que deberían haber hecho. Estos deberían ser puestos en evidencia, señalados y sancionados. Se echa en falta la asunción de responsabilidades.
Si, mientras, el país sigue funcionando es porque aún hay algunos a quienes les va bien; entre otros los que se beneficiaron en su día de la construcción, los créditos fáciles, las operaciones especulativas, los  sobresueldos, los macroproyectos, y otras cosas que han llevado al desastre casi total a España. Ahora falla la economía, falla el sentimiento nacional, y sólo nos queda la pataleta. Como se dice vulgarmente: "que Dios nos coja confesados".


 


 

Tenemos un problema

Habrá que hablar de Cataluña. Circunstancias nada agradables obligan. Para un Aragonés hablar de Cataluña es hablar de sus vecinos. Con ellos compartimos paisajes, ríos, idioma y sentimientos. Todo eso hace que a lo largo de la historia haya habido acercamientos y disensiones. Aragón puso en manos catalanas el reino. Aquel rey monje que casó a su hija niña con el conde catalán decidió la formación de una federación de estado que logró el esplendor en la baja edad media. El catalán siempre ha sido hombre práctico y de terruño. Para algunos de ellos su corazón parece no poder contener mas que su país y su interés. Como los tiene, les basta con ello y siente ajeno todo territorio donde no se hable catalán. Los aragoneses (como los castellanos), más pobres, tienden a ser conquistadores, aspiran a ensanchar su hacienda en lo posible. En el Compromiso de Caspe no hubo inconveniente en elegir un príncipe castellano con derechos aragoneses. Su nieto, Fernando I, tuvo una política matrimonial tendente a extender el poder de su dinastía por donde pudiese, de Alemania a Portugal. Pero, algunos catalanes, ¡ah, los catalanes!, siempre tomaron esto como una traición a su esencia. Son como un frasco que cuando se abre se "esbafa"  su contenido. Y nada peor para ellos que tratar de mezclar esencias: España. En el siglo XIX tuvieron perfumistas refinados que trabajaron el alambique regionalista de tal forma que le dieron fuerza y aplomo nacionalista. Verdaguer, eclesiástico, o Maragall, poeta, definieron lo catalán; y así, hasta Maciá o Tarradellas. Ahora esa "esencia catalana cuajada" está en manos de hijos de inmigrantes, como Carod ó Montilla. El franquismo, con sus prohibiciones y su férreo nacionalismo español, dieron presión a la retorta y ahora está a punto de estallar o, al menos, de desbordarse. Mas, el Rey Arturo de esta historia, ha enarbolado la espada mágica y ha puesto en evidencia las torpezas de la Transición. Dejar la educación en manos de las autonomías era dejar al albur del oleaje un barco que necesita firmeza, el la de la identidad de los ciudadanos con una tierra, su historia y su bandera. A fuerza de despreciar valores, se han creado los del signo contrario; y así cuanto mas han dejado de hablar de patria los españoles, más lo han hecho los de las regiones; cuanto más han despreciado -como a un trapo la bandera de España en España, más a crecido la reverencia hacia las suyas medievales (que otras son de creación muy reciente) en las regiones, entidades  sacralizadas por la Constitución como Comunidades Autónomas. Parodiando lo que dijeron los astronautas: "…España, tenemos un problema"

 


 

Juegos prohibidos

"Juegos prohibidos" es el título de una galardonada película francesa de los 50 en la que unos niños que ven la guerra y la muerte a su lado se dedican a macabros pero inocentes juegos. A los que me refiero aquí son a los eróticos que ha llevado a cabo -de forma bastante atolondrada- la concejala de un pueblo menor que Caspe (figúrense ustedes el escándalo) al propiciar que una grabación íntima haya acabado en la Red; para ella una peligrosa trampa, como lo puede ser para todo incauto que no valore las consecuencias de la exhibición de su intimidad en Internet o afines.Las localidades pequeñas son dadas a habladurías y no suelen perdonar que sus habitantes se salgan de las normas. Aún recuerdo el revuelo causado en Caspe en los primeros 60 por lo que hoy sería un grave (pero de ámbito privado) conflicto matrimonial por parte de una persona muy conocida de la ciudadanía por su profesión. Pese a la modernidad que parece haber logrado España en cuanto rascas sale la herrumbe. La hipocresía sigue reinando en las costumbres patrias. Se piensa, ansía y se hace una cosa, pero se expresa públicamente la contraria. Es tan arraigada la costumbre de faltar a la verdad que en política el mentiroso suele quedar sin castigo.

Esa concejala de pueblo -joven y agraciada físicamente- tan solo ha hecho lo que hacen muchas chicas y chicos de su edad, saltándose viejos preceptos y normas morales, pero ha tenido la desgracia de que hayan transcendido esos hechos. Y el castigo social le ha llegado, en forma de críticas e improperios de la sociedad bien pensante de su pueblo; claro que aumentado con la posible utilización política del escándalo, como no podía ser menos en nuestra sociedad partitocrática. Han tenido que salir sensatas voces democráticas, de uno y otro lado del espectro político, para recomendar a la "mujer pecadora" que no tiene por qué sentirse avergonzada, y que su falta a la moral cristiana no lo es al ejercicio político, y por tanto no es pertinente la dimisión de su cargo como ella se había precipitado en anunciar en un claro acto reflejo por el que evidenciaba que se llegó a sentir culpable de faltar a las buenas costumbres consuetudinarias del país. Que nos sirva de ejemplo la anécdota para ser prudentes a la hora de penetrar en los, por otra parte muy  habituales, submundos de Internet. Moraleja caspolina: ni enseñes tu casa ni tus intimidades.

 


 

La semana de la tristeza

De la pintura a la poesía. Así va el vaivén de las noticias vanas de nuestra prensa. Presa mi columna de la actualidad (je je), no tengo más remedio que, si hable del Ecce Homo de Cecilia, hablar "de la tristeza de la princesa". De poco sirve que caigan chuzos económicos de punta si un jugador de fútbol muestra su particular desamparo con frase afortunada;  que la tristeza siempre conmueve al corazón humano. Y en este caso, por lo que dicen los entendidos (hay entendidos de todo y para todo) desamparo y economía son la misma cosa pues Ronaldo, el muchacho de las piernas de oro y el corazón triste, pena por su sueldo y sus impuestos.

Ruben Darío, borrachín y mundano, entendería bien a este chico, y seguro que le hubiera dedicado un poema a su corazón acongojado. En lugar de  en sonatina hubiera sido en epinicio, a lo Píndaro, esas odas que dedicaban los griegos a los atletas. La poesía no sólo ha cantado al amor si no también a la belleza, y en tiempos de los griegos clásicos, ya se sabe, a los muchachos. Es nuestra época la que no cree en poesía, y Grecia ya no evoca ni arte ni filosofía, si no crisis y rechinar de dientes. El calvinismo económico de Merckel lo invade todo, ya hasta el atleta y el muchacho sólo piensan en el sueldo. La fama, que se premiaba con un poema y una corona de laurel, se premia ahora con millones de Euros, de esos Euros que no hay en las arcas del estado por haberlas gastado, entre otras cosas en construir estadios, financiar competiciones y escuelas deportivas,  y subvencionar clubes diversos. Mientras unos están con la sonrisa congelada a causa de la heladora pobreza, otros, como el joven portugués, están calientes en su tristeza millonaria. La cola del paro se junta con la del estadio y el chico que mete los goles es jaleado por el que no le queda otra cosa que hacer que verlo en la tele del bar. Y llegan otros y aprovechan para mostrar estas contradicciones y soplar en ellas, y renace "el marxismo de marinaleda". Un marxismo simbólico y de sombrero de paja de tienda de todo a cien. La lucha de clases, la lucha del estadio y la lucha del privilegiado por su frágil felicidad. Todo un mosaico de teselas desiguales y bordes indefinidos que representa un cuadro monstruoso lleno de hidras incestuosas, crisis incomprensibles y vellocinos de oro en manos de hermosos jóvenes en calzoncillos. Todo muy clásico, todo muy trágico, todo muy cómico, todo muy patético.

 


 

Yo no soy racista, pero...

Cada vez se oye más esta expresión en Caspe. Y es que, desgraciadamente, cada vez hay más rechazo hacia los inmigrantes, sobre todo hacia los que en España siempre se han llamado "moros", frente a quienes se construyó, lentamente, la nacionalidad española desde finales del siglo XV.

La historia de encuentro y desencuentro entre "moros y cristianos" es antigua, pero parecía olvidada desde que fueron expulsados los moriscos en el siglo XVII. Al volver esa población a nuestros lares por causa de la inmigración han vuelto a surgir los problemas que las diferencias de costumbres, religión y vestimenta ocasionan, sobre todo en una población "isla", como es Caspe acostumbrada a conocerse todos, de forma que el control social se ejercía con facilidad. Por otro lado, dadas las circunstancias de pobreza de cierta emigración han reaparecido figuras delictivas desaparecidas, como la mendicidad infantil (limitada a la población gitana rumana), o antes impensables: pequeños robos y hurtos; entrada en domicilios con la idea de substraer objetos o dinero; asalto a propiedades rurales cuyos propietarios nunca habían sentido la necesidad de vigilarlas o protegerlas; o el sentir acoso (a veces con la simple mirada) por parte de las mujeres, propiciado porque los signos externos de las europeas confunden a los musulmanes, haciéndoles pensar que las europeas son chicas fáciles.
Todo propiciado por el aumento explosivo de la población inmigrante sobre todo musulmana, con sus atuendos para nosotros exóticos y a veces incluso inaceptables en el caso de la mujer, ó sus rezos ostentosos, que hace se produzca un choque que acaba generando desconfianza, miedo e incluso desprecio hacia ellos por parte de los que se definen como "caspolinos de toda la vida".

A esto se le está dando muy poca importancia, y se solventa como elementales manifestaciones de racismo. Creo que se merece mucha mayor atención y estudio sociológico. Otras poblaciones han pasado antes por ello y deberían servirnos de ejemplo, tanto de lo que puede ocurrir como de lo que debemos hacer para que se afiance la convivencia y el conocimiento mutuo frente a ese miedo e incomprensión que empieza a crecer y son tan peligrosos.


 

Corte (de mangas) publicitario

Me había sentado frente al televisor con la ilusión de ver mi pueblo durante el paso por él de la Vuelta Ciclista a España. Pero al llegar el justo momento metieron la publicidad institucional de la cadena y la de los patrocinadores de la carrera. Por lo visto para transcurrir por uno u otro lugar la Vuelta y salir dignamente, había que pagar. Y pagar pagaron, por pasar por Aragón con meta en Motorland,  tanto la DGA la parte del león, como empresas particulares la del ratón. Dicen que el Hotel Visit, de Caspe, abonó su correspondiente cuota, ilusionados porque pasaba frente al mismo la serpiente multicolor.

Pero yo no pude verlo pues "los de la uno!" metieron el corte publicitario al llegar los ciclistas a la harinera del Guadalope (ahora también restaurante) y hasta que abandonaban precisamente la ciudad en los almacenes de Adidas.

Todo es un  gran mercado, y no se de que se extrañan algunos cuando hablan de "los mercados" si todo funciona hoy día con la relación de compra venta, del toma y daca; que, hasta los adolescentes se ofrecen y muestran su imagen por Internet a cambio de huna recarga de móvil.
En Caspe el cabreo por el corte de TV1es grande, sobre todo porque (como aprovechó para titular LaCOMARCA) "Caspe salió a la calle", siguiendo los consejos de su concejal de deportes, y todo quedo en agua de borrajas. El corte se notó mucho más por la ilusión que habían puesto muchos  en aprovechar la ocasión para promocionar su pueblo. Que La Veracruz, está visto y pese a Mayor Oreja, atrae menos que los chafarrinones con buena voluntad de una jubilada aficionada a las manualidades.

Yo no creo que hubiera mala intención ni complot anticaspolino en el corte de TV1, si no mala suerte; entre otras cosas porque en esa cadena (y casi milagrosamente) llevamos saliendo toda una temporada en el mapa del tiempo, que eso si te sitúa en el mapa y tiene una audiencia fija y pertinaz, como las sequías que anuncian. A veces juega la buena o la mala suerte, y la casualidad, y esta vez ambas han obrado a favor de Borja y en contra de Caspe. Dejemos a Alcañiz al margen.

 


 

Restaurando España

Las caras de Bélmez de la Moraleda (Jaén) se hicieron famosas a partir de 1971. Se atribuían a un fenómeno paranormal y dieron a quel pueblecito fama y trajín, sobre todo mediático. Desde hace una semana, y gracias a la difusión que concede Internet, otra cara, la de un "Ecce Homo" de un santuario de Borja (Zaragoza) lleva camino de eclipsar a las faces andaluzas.

Resulta que en esa ermita se encuentra, desde principios del siglo XX, pintada en la superficie de un pilar, una cara de Cristo, obra de un humilde pintor más conocido por ser padre de dos artistas aragoneses que por su obra. El pilar se encuentra afectado desde antiguo de humedad, que hace brote el salitre en su superficie, deteriorando la pintura.

Ante el mal estado de éste cuadrito mural entró en acción una bienintencionada señora, vecina de Borja, que decidió (por lo visto por su cuenta y riesgo: ya lo he hecho otras veces, y el cura me ve hacerlo") restaurar el Ecce Homo. Y el resultado de tal "restauración" es lo que ha motivado el revuelo: la sin duda muy estropeada cara de Cristo es ahora una emborronada mancha con ojos y nariz  ingenuistas (" me tuve que ir, y no está terminada", sigue disculpándose la señora), un "ecce mono", según el ingenio veloz y  anónimo de Internet.

A mi todo esto me parece una parábola de lo que puede ocurrir en España, afectada su economía (como el cuadro) de antiguas y variadas patologías; y las medidas del gobierno (al dictado de Europa) se asemejan a la bienintencionada actuación de la "restauradora" borjana. Y me da miedo el resultado; puede ser que España, después del plan que se está aplicando, acabe en un mal parido monstruo. Todo fruto de años de no actuar convenientemente y de "restauradores" sin ciencia.

 


 

La vida continúa

Terminaron las Fiestas de Agosto, mezcla de lo profano y lo religioso, combinación de viejas tradiciones e inventos recientes, fiestas de aluvión en definitiva, todo para entretener al gentío en el mes más caluroso del año. Éste no he podido estar aquí pero, casualmente, he visitado Montpellier, esa ciudad del Languedoc-Rosellon francés famosa por su Universidad  y por ser el lugar natal de San Roque, lo que me hizo acordarme de Caspe y tener muy presentes sus fiestas a él dedicadas, al menos nominalmente.

Visitar otros lugares hace pensar en el tuyo; posibilita poder comparar cosas, reflexionar sobre como se afronta o se resuelve un mismo problema  ó asunto en sitios diferentes. Viajar nos hace ver que a veces presumimos de cosas que no son novedosas; y otras a valorar lo que tenemos y que despreciamos por verlo todos los días, pero que en otros sitios escasean.

La dulce, la húmeda, la laica (pero católica) Francia está llena de iglesias y castillos muy cuidados, tiene una activa vida social y ciudadana, pequeños museos, terrazas en las calles y plazas, actividades lúdicas que traspasan el comer, el beber y el bullicio, y emigrantes de tez oscura o chilaba. Al final uno se da cuenta de que cosas que nos preocupan e inquietan han sido superadas por otros hace tiempo; y que asuntos que se viven en España con tensión y crispación se han resuelto en otros sitios con tranquilidad, mesura o ingenio.

Este año ha habido que hacer recortes en el presupuesto de las fiestas, lo que ha llevado a replantearse algunas cosas como el lugar de celebración de ciertos actos. Y tal vez no haya sido acertado acercar espectáculos ruidosos al casco urbano. Aunque sean fiestas hay que tratar de que sean lo menos molestas posibles, de ahí que haya que controlar asuntos como los petardos, los locales de las peñas, la algarabía callejera y los ruidos en general.

Por otro lado, la necesidad de hacer cambios puede servir para plantearse otros, sean supresiones o incorporaciones. Las fiestas tratan de complacer a la mayoría, por lo que siempre quedan sectores minoritarios sin atender. Entre otros el de quienes les gustaría subir el nivel cultural de los festejos. Tal vez no estaría mal pensar en ellos y organizar para estas fechas algún acto o festejo que prestigiara nuestra ciudad, y no solo innovar con "tomatadas", porrones y "piñuelos".

Si lo creen locura piensen en que estoy, aún, impregnado por mi visita a la exquisita Francia.

 


 

Tres estatuas en busca de lugar

Si Caspe es la Ciudad del Compromiso, bien podrían estar los compromisarios por la ciudad. Digo esto pensando en la suerte de las estatuas de los tres compromisarios que mando modelar y fundir en bronce al escultor bilbilitano Luis Moreno Cutando el concejal Manuel Bonastre. Su plan era tener la figura de los nueve para 2012. Pero han pasado los fastos principales del año del Compromiso y sólo están esas tres solitarias y casi abandonadas en una de las terrazas que forman la singular Plaza del Compromiso, que contiene a su vez los Jardines del Sagrado Corazón y la tumba de Miralpeix. Las estatuas están tras ella, tapadas por arbustos y olvidadas (como tantas cosas) por los munícipes de la ciudad.

Y digo yo: ¿no podía sacarse más partido a esas esculturas dando a Caspe, de paso, un aspecto más urbano?. Todos sabemos que una estatua en un parque o un jardín le da prestancia, y en eso pienso cuando propongo que esas tres estatuas, ahora relegadas en un limbo ajardinado, contribuyan a mejorar el aspecto de tres plazas caspolinas.

A mi se me ocurre para una de ellas la plaza de la Virgen, donde veo quedaría bien ubicado el compromisario catalán Juan de Sagarriga, obispo de Tarragona, a un lado y detrás de la fuente de Valdurrios, sobre el pretil que a media plaza se construyó en la anterior reforma; solo haría falta ensanchar en parte su remate para servir de base a la imagen del obispo. La fotografía de la Colegiata desde detrás de  la misma sería una buena tarjeta postal, y no taparía nada de lo que ya es habitual a nuestros ojos en ese lugar.

La otra la colocaría en la plaza de la Soberanía Nacional, donde pondría a Bonifacio Ferrer, cerca de la calle dedicada a su hermano y en el lado donde estuvo el horno de Baile. Allí sentado haría compañía a los que se aposentan en las terrazas y bancos de esa plaza.

Y al tercero, al compromisario Domingo Ram, obispo de Huesca, lo colocaría en la plaza de Santo Domingo. Cercana esa plaza a la estación y subida natural hacia la ciudad por el Coso, le daría un empaque del que ahora carece.

Aprovecho este recorrido urbano y con estatuas para desearles a todos, en sus vísperas, felices fiestas.

 


 

Viajar en tren

Sobre el tren hay mucha literatura. Prosaica y poética, lírica y narrativa. El tren conjuga tiempo y espacio, y eso lo acerca al cine. Viajar en tren permite al viajero despreocuparse del instrumento móvil y preocuparse del paisaje; viajando en tren se tiende a endormiscarse, leer, o contemplar por la ventanilla. Y ahí es donde aparece el viaje como sucedáneo del recorrido turístico. Pongamos un ejemplo que conozco:  en el viaje de Zaragoza a Barcelona podemos contemplar en la lejanía el castillo de Jadraque en una inmejorable y fugaz aparición, algo más tarde, la hermosa vista general de Sigüenza, con su catedral y su castillo parador; o, incluso, la aparición en el borde abrupto de una meseta del arco romano de Medinaceli.

Pero también es impresionante observar, simplemente, el paisaje al atravesar campos y llanuras. Paisajes suaves, como en zonas manchegas o sorianas; o abruptos, al pasar por formaciones geológicamente más antiguas, de rocas  rasgadas y plegadas, como cuando atravesamos el sistema Ibérico a través de cortos túneles y desfiladeros, cos sus estratos pétreos inclinados cuarenta y cinco grados, que sujieren una catástrofe sísmica impresionante. Por allí parecen nacer las nubes y se vislumbran pueblos sugerentes del Jalón, como Embid de la Ribera. Y al llegar al Ebro, pasada Zaragoza, nos acercamos tanto al río que lo orillamos,. Parece que penetramos en él cuando al pasar Gelsa vemos esas islas cultivadas, o ese serpentear del río por Sástago. Y pasado Caspe, antes de acercarnos a su "mar de Aragón", al volver la vista tras pasar un puente de hierro, podemos ver su majestuosa silueta, con el caserío colgado hacia el cauce del Guadalope y su castillo-museo remozado. Y al entrar en Cataluña nos sorprenden esas montañas cultivadas con esmero en inverosímiles escalones, para aprovechar el escaso suelo fértil. Y casi de golpe el "camino  de hierro" se abre al mar, y parece que vamos a zambullirnos cuando bordeamos las costas de Garraf. Y llegamos a destino metiéndonos en las entrañas de la gran ciudad. Hablo del tren de velocidad reducida, no del AVE, en este no da tiempo a contemplaciones y es claro que quiere competir con el viaje aéreo en el que mirar por la ventanilla es, generalmente, algodonoso, aburrido e inquietante.

 


 

Diseño de mercadillo

Ha sido muy comentada la vestimenta de los atletas españoles en la Olimpiada de Londres. Por lo visto se ha encargado de su confección y diseño una empresa ítalo rusa que hace su trabajo gratis a cuenta de poder comercializar las prendas. Es lógico que los diseñadores españoles (olvidando que ellos suelen cobrar bastante) se hayan quejado, al no poder competir en buena lid para realizar (uno de ellos) ese trabajo que desde mañana tendrá tan buen escaparate mundial: los Juegos Olímpicos 2012.

Los gustos tienen una innegable base cultural y dar a una cultura diferente a la nuestra (en este caso la rusa) el uniforme es ya un error , pues, de base. Había muchas probabilidades de que lo que diseñaran no se ajustase a nuestra idiosincrasia indumentaria. Y así ha pasado; además de la consideración anterior de competencia profesional, comercial y económica.

En esos cuellos de chandal con dibujos curvilíneos vemos nosotros elementos de trajes ajenos, pese a que tal vez sus creadores se hayan inspirado para su concepción en los de los toreros.

Por otro lado -y ya es percepción muy personal- tienen un aire de diseño de mercadillo evidente. No parecen ser fruto de una mente exquisita que busca lo original y funcional en lo bello, si no de un equipo mal pagado y artesano que hace su trabajo pensando en el gran público. Tal vez por eso la noticia desconcertante de que en el primer día de salida al mercado habían sido récord de ventas comparado con las de otros uniformes olímpicos. En una sociedad bastante aborregada y en el ámbito del deporte de masas, no es contradictorio que lo que a una elite le parece horroroso a otros les parezca excelente: Gran Hermano, por ejemplo, sería un ejemplo en otro campo.

Sea como sea ahí tememos a nuestros atletas en Londres y en plena debacle económica española vestidos como de Saldos Arias: barato, colorista y llamativo.  Será casualidad, pero no está mal que en plena crisis estos atletas en los que se van a mirar muchos españoles durante varias semanas nos den ejemplo a la hora de vestir. Así a nadie le importará volver a llevar las camisas de años anteriores, ni buscaran en marcas caras su indumentaria. De nuevo el deporte va a servir, de forma colateral, de ejemplo.

 


 

Hora de responsabilidad

Esta semana tengo poco espacio; la publicidad manda. Aprovecho, entonces, para hablar de cosas que necesitan pocas palabras y muchas decisiones comprometidas. No es fácil opinar con ecuanimidad cuando lo que ocurre es tan malo para tantos. Algunos, sin embargo, dicen tenerlo claro: ahora es cuando hay que dar "leña al mono", para que caiga. Lo malo es que si cae el mono cae con él el tingladillo de la feria completo. Y con ella todos:  feriantes, clientes y hasta los que pasaban por allí. Y lo malo de esta catástrofe general no es que desaparezca un sistema deleznable, si no que no se ve claro que va a sustituirlo. Mucha teoría social, mucha palabrería de manual, mucho librito de treinta páginas, pero ninguna certidumbre de que en el cenagal en que se levanta la feria haya mentes lúcidas, inteligentes y honradas con un plan que nos lleve a algo que no sea una utopía, un espejismo o una ilusión bien intencionada.

Habíamos idealizado Europa, y ahora nos topamos con ella. Veo la situación económica y social complicada y difícil, y por eso me parece irresponsable echar fuego en una situación tan caliente que no es difícil ponerla en condiciones de arder. Y escribo esto porque cuando se difundieron las fotos del banco de Atenas en llamas, hace ya varios meses, desde ciertos ámbitos "progresistas" con presencia activa en internet se decía que: "Grecia nos marca el camino". ¿El camino a dónde? me pregunto yo ahora. Y parece que algunos siguen con esa idea "revolucionaria" en España, ahora que sufrimos las duras decisiones del Gobierno que como es del PP no merece para ellos ninguna consideración ni confianza. Pero yo quiero creer que nadie tira piedras en su tejado (como parece que está haciendo el Gobierno), ni el más tonto, de lo que deduzco que lo que está haciendo es porque no le queda otro remedio; y contra los hechos (despilfarro de años anteriores, déficit público desmesurado, etc) poco tiene que hacer la ilusión de lo imposible. La eterna lucha entre la realidad y el deseo.

 


 

Los mineros en Madrid

Era emocionante ver a los mineros desfilar en la noche juliana madrileña. Les acompañaba gente con banderas de UGT, CCOO y de otras formaciones de izquierda. Venían desde la Ciudad Universitaria, por Princesa, y para llegar a la Puerta del Sol, donde les esperaba una tribuna preparada para la ocasión y una plaza engalanada con globos rojos y negros, pancartas de bienvenida y banderas, sobre todo de Asturias, los mineros hicieron un desfile triunfal por la Gran Vía, recorriéndola en su totalidad, pues en lugar de ir directamente desde Callao por la calle Preciados, continuaron hasta Cibeles, para allí girar hacia la parte más aristocrática de Alcalá, y entrar en Sol de forma apoteósica, con los aplausos de la multitud que les esperaba desde hacía casi dos horas.  Allí todo eran abrazos y vivas.

Pero también hubo otros tipo de gritos, frases y pancartas. En una plaza ya conocida internacionalmente por el movimiento 15 M no podían faltar quienes parece haberla hecho suya. Y así se escuchaban consignas como "no nos representan" dirigidas supongo a los políticos. Y también se oyeron otras más fuertes: "la próxima visita, será con dinamita". Los mineros, con sus cascos con linternas encendidas, sus trajes reflectantes y la apostura que caracteriza a una profesión que deja fuera pronto a los más débiles, hacía que todo tuviera un aire épico. Pero analizando todo aquello dentro del oscuro contexto nacional podría llevarnos a reflexiones inquietantes. Allí, en la plaza y en la manifestación, no había ni una sola bandera de España. Pese a que los mineros reclaman unas subvenciones que Europa da a España,  y que se les coreaba con canciones y sonsonetes procedentes del agasajo a la selección nacional: "campeones, campeones", o el "oé, oé, oé"  salmódico, no había más banderas que las de cada región: Castilla, Asturias, Aragón, Andalucía; o la nostálgica de la segunda república, muy noble a mi entender, pero disgregadora pues separa al país, con unos simples colores, en dos bandos. Esto, y aquellos gritos que ya cité, me llenaron por un momento de zozobra. La lucha antigubernamental (en la que para algunos vale todo) y este momento de crisis (idóneo caldo de cultivo para conflictos sociales) me preocupa. No faltan motivos para la queja, pero, si ésta ha de traer males mayores, el ejemplo de esa marcha nocturna no dejó de recordarme a la de Mussolini hacia Roma, de signo ideológico contrario, si, pero en algunos aspectos igual de irreflexiva y fanática.

 


 

Primer viernes después del Sexto Centenario

Habrá que medir el tiempo, en Caspe, "antes y después del Sexto Centenario". Esta fecha puede ser un punto de referencia para el futuro caspolino. Desde hace al menos cuatro años se comenzó a pensar en ella, y a confiar en que sirviera de acicate para mejoras y esperanzas. La cruda realidad (y el calendario Maya) hicieron de 2012 un año de desgracias. Con crisis o sin ella el entusiasmo acumulado, la inercia, y las ganas de salir adelante han hecho que las pasadas fiestas hayan sido espléndidas, y que si bien no colmaron las esperanzas puestas en ellas si las han rozado.

Caspe tiene un castillo rehabilitado (en diez meses) de forma digna; en marcha un plan de rehabilitación del casco viejo (que era otra de las aspiraciones de la Asociación de Amigos del Castillo, motor en gran parte del impulso del Sexto Centenario); y muchos caspolinos tienen la autoestima alta al ver la vistosidad y el éxito popular de las fiestas.

Todo lo positivo que han dado estos días: reuniones de presidentes de los Parlamentos de  las Comunidades Autónomas  de la antigua Corona de Aragón; jornada del Congreso de Historia de la misma; pregón de las fiestas a cargo de la más alta dignidad aragonesa, su Presidenta; atención por parte de Televisión Aragón (que no de otras) de la celebración caspolina;  conseguir que Caspe se llenase de caspolinos ausentes y de visitantes llegados de muchos lugares; etc, todo esto, digo, debe servir para aminorar nuestro de por si pesimismo congénito.

En estas fiestas me vestí de noble y de pobre. Quise pensar en cómo pudieron ver Caspe aquellos visitantes vestidos con capas, brocados, medias y sombreros. Y como siguieron aquellos días, seguro que con miedo pues la villa estaba sitiada militarmente, los propios caspolinos. Me da la sensación que los prohombres venidos se limitaron a realizar su trabajo en las estancias del Castillo y en la Colegiata y si en alguna ocasión transitaron las calles de la villa a denostar el polvo, suciedad y olores de sus calles. En cuanto al campesino o artesano, morisco o cristiano, creo que se encerró en su casa y todo lo "aguaitó" a través del ventanuco de la misma. Los sanjuanistas, dueños y señores de la villa y propietarios de este castillo musealizado,  se limitarían a cumplir lo mejor posible con aquellas altas dignidades, a costa, si hacía falta, de la opresión de los del lugar. Pero pasado el tiempo todo se idealiza y no está mal aprovecharlo en pro del turismo y autoestima que Caspe necesita.

 


 

Días de efemérides: el orgullo caspolino

Había dejado la columna de hoy (justo la semana antes de la Fiestas del Compromiso) para hablarles  del resultado del análisis del C14 a la la llamada "tabla, del Compromiso".

Cuando la redacto no conocemos aún los resultados. Y lo más chocante es que no puedo (o mejor, no debo) decir (por eso de la cortesía y lo  políticamente correcto) cual es el motivo del retraso. Pero les aseguro que no se debe a desinterés de nadie, ni a dificultad intrínseca del procedimiento de análisis, si no a penosas circunstancias coyunturales.

Aprovecho, entonces, para decir que nunca el Castillo de Caspe y su entorno habían visto tanta actividad desde 1412, cuando se reunieron y pasearon por ellos los nueve compromisarios. Y si a la referencia histórica se me permite añadir una personal diré también que el 28 de junio de 1912 en la casa número 13 de la calle Baja de Caspe también había mucha actividad. En ambos casos, pese a la distancia de siglos, se trataba de la aparición de algo nuevo: en 1412 se esperaba una resolución, y en 1912 el nacimiento de mi padre, Alejo Lorén Albareda.  La expectación  de hoy,  en 2012, es porque ya surge de las antiguas ruinas un nuevo edificio, por algunos discutido. En los tres casos creo que hay, y hubo, que dar enhorabuenas. Al Compromiso por terminar con dos años de zozobra en la Corona de Aragón; a la D.G. A. porque ha construido un Salón simbólico; y a mi abuela Manuela porque parió a mi padre; todo pasó un 28 de junio. Como aragonés y como hijo me veo obligado a recordarlo.
No puedo dejar de decir que echo en falta, en el conjunto de actos programados para el 600 aniversario, que no se utilice en ellos el nuevo Salón del Compromiso. Imaginé que la sesión del Congreso de Historia de Aragón se desarrollaría en él y que de ahí la prisa en terminarlo para estas fechas. Equipamiento tiene, sólo sería menester colocar una mesa presidencial y sillas. Después de emplear en su rehabilitación 1.644.5222'56 € se relega su uso y se prefiere (según el programa) el Teatro Goya. Desde aquí sugiero humildemente que se reconsidere el asunto y se le de al Congreso la solemnidad debida desarrollándose en el mismo lugar en que hace 600 años deliberaron los nueve compromisarios. ¡Sería tan bonito!

 


 

Cincuenta años después

El domingo 27 de mayo me metí en el túnel del tiempo. Pensé que iba a ver a quienes hace 50 años terminábamos un bachiller que habíamos comenzado siete años antes, en 1950, y me encontré con unos señores que están a punto de jubilarse.

Estos aniversarios de ex alumnos los pide el corazón, con su cordialidad; pero los rechaza el cerebro, con su cordura. No es que no sean gratos, es que, por fuerza, acaban siendo un ejercicio masoquista de nostalgia en el que te colocas delante del espejo de la vida que te la refleja su fugacidad. Acabas viendo el futuro descarnado; en este caso el que puedes esperar cuando ya has cumplido 67 años.

Disfruté ese domingo volviendo a ver a Solanilla,  Soler,  Arnedo, o Gacía  Ituarte. Me venían al pensamiento sus rostros infantiles -siempre con dos apellidos, como ocurre con los amigos de la mili- pero delante de mi ya no estaban aquellos angelicales rostros de la infancia; ni siquiera aquellos de adolescentes con ojos ilusionados y profundos de la orla de la promoción 1961-1962. Allí estaban -eso sí- importantes profesionales de la abogacía, el profesorado, la diplomacia, el comercio, la veterinaria, la medicina, los negocios; incluso un importante banquero, el más solicitado en estos días de zozobra. Artistas y bohemios, pocos, por lo que me seguía encontrando en minoría, como me pasaba en el colegio al no gustarme el deporte y ser aquellos 50 unos años en que cumplía importantes funciones: servía para aplacar lívidos y nos alejaba de pensamientos demasiado reflexivos.

¡Ah, los jesuitas!, siempre preparándote para ser alguien en la vida; enseñándote a ocupar bien el tiempo; eso sí, sin dejar de hablarte de la muerte, que podía llegar en cualquier momento. Como  (nos enteramos en la Misa) les llegó a Moreno, Longás, y Acín . Mis compañeros de antaño se habían convertido, por efecto del tiempo, en seres  físicamente muy parecidos, aunque sus trayectorias hayan sido muy diversas. El tiempo nos ha igualado en arrugas, pérdida de pelo y achaques. Sólo el Niño Jesús de mármol del vestíbulo sigue impertérrito, controlando con su sonrisa eterna el salir y entrar de los alumnos, que ahora también pueden ser alumnas. La convivencia con mis antiguos compañeros en un colegio que ya nada tiene que ver con "el nuestro" me acabó haciendo ver que sólo nos queda el plato de postre de la vida (que deseo sea largo, copioso y abundante) y envejecer felizmente.

 


 

Una serie de despropósitos

P.G.O.U. En Caspe estas cuatro letras han acabado siendo más conocidas que el AEIOU.  El proceso de elaboración de un Plan General de Ordenación Urbana fue encargado por el ayuntamiento PAR de Javier Sagarra al arquitecto J. A. Lorente hacia 1995, y su aprobación se vio cortada bruscamente por Teresa Francín al asumir los socialistas, de nuevo, el poder municipal. Desde entonces, Caspe ha estado sin plan de urbanismo; precisamente durante los años que más lo necesitaba, por ser cuando más se ha construido. Al final, en una sorprendente decisión de la legislatura  anterior, se decidió retomarlo y continuar con su proceso de legalización abortado. Hace una semana terminó el plazo de presentación de alegaciones.

El hecho es que cuando se conoció en sus detalles se vio que, ademas de quedarse viejo, reducía el volumen de edificación de las partes  consolidadas, variando la tipología de sus manzanas de tal forma que perjudicaba a todos los vecinos. El plan pretende aplicar unas normas que entran en colisión con la tipología estructural del urbanismo caspolino. Así mismo, no resuelve el problema de las construcciones en suelo no urbano de la periferia. Tampoco se valora suficientemente, el casco histórico de la ciudad, ni potencia su conservación con sabor, de cara al turismo. Ni siquiera se aborda con coherencia y rigor la conservación de los escasos edificios de interés de la antigua villa, dándose la paradoja de que se hayan derruido tres edificios de interés local en obras propiciadas por el propio consistorio.

El resultado de todo esto es que se han presentado multitud de alegaciones, pidiendo incluso la derogación del plan, que llevaría a la elaboración de otro nuevo y tener que esperar más de dos años para aplicarlo.

 


 

Cuestión de gastronomía


Escuché que en cataluña quieren hacer del ali-oli su "salsa nacional". Si existe la mahonesa, de Mahon, ¿porque no asignar a la otra una patria chica?. Me estoy dando cuenta de que todo en España es cuestión de salsas. Y las salsas son variadas: rumescu, tártara, rosa…. Y así podríamos seguir hasta llenar la columna. Voy a sugerir al cocinero del recién inaugurado Visit Hotel (***) la salsa caspolina, que tal vez pudiera elaborarse a base de cerezas con un toque contrastante de tomate seco. La gastronomía es cuestión de inventar y experimentar, con tino. En cuanto al sentimiento patriótico no diría yo lo mismo, pero en España estamos en momento de burbuja, y aquí todo bulle, hasta el sentido común o "seny", que parece evaporarse como el alcohol del vino de guisar. En resumidas cuentas, que se confunde lo de la identidad nacional con lo de la gastronomía, y aquí todo el mundo quiere tener carta, que es ese listado de platos que nos encontramos en los restaurantes para poder elegir al gusto de cada cual. Y así -y desde hace ya cien años- los vascos han inventado su identidad  "saviniana", y los catalanes ya la llevan en su mochila desde el medioevo del Conde de Urgel. El romanticismo y lo medieval son la base de esas salsas locales, que aparecen ahora como nueva cocina, y reivindican su idiosincrasia rechazando la salsa común española. En definitiva, que ese antiguo logro hace grumos, no traba, se agria; y cuando hay fútbol en rivalidad y campo neutral, se corta a base de pitos, pancartas y gritos (incluso insultos). Al igual que se ha cerrado el Bullit, algunos quieren cerrar España. Y volvemos al comienzo de su historia, cuando quien "cerraba" España (y con otro sentido) era San Yago, el de Compostela. Bueno está tener salsas variadas, pero eso no quita  tener una que nos guste a todos, sin menosprecio de las otras, cada una para su plato particular.

 

 

Desde el Caspe de la Veracruz y San Indalecio algunos ven con desconfianza el turbante de los moros de su escudo. A esos decirles que los seres humanos, como las salsas, son muy variados, y que hay que saber convivir con las razas y las culturas, y encontrar lo que nos una y amalgame, y no hacer grumos, guetos o malos gestos. El contacto entre diferentes siempre enriquece; por eso, cuando nos entren dudas sobre "los otros" recomiendo lo de Almodovar: habla con ellos. Tal vez así podamos aprender y vivir en armonía.

 

 


 

A un mes de la fiesta

Nos ha tocado vivir un 2012 difícil. Los dioses se han cebado con nosotros. El año en que Caspe había puesto toda su esperanza está bajo la implacable influencia de una ingobernable crisis económica y con el desaliento que ella genera. Además, desgraciadamente, Caspe está con un alcalde enfermo.

No obstante la "Justiciera Ciudad y Ciudad del Compromiso" (tesonera para lo que quiere y y tozuda siempre) ha ido logrando cosas: muchos vecinos se han ilusionado y ahí los tenemos, brocha en mano, decorando lugares tan importantes en las fiestas de junio como la Fireta. Allí han sabido convertir la tapia de un malhadado solar en la muralla de un castillo Disney.

Por otra parte la DGA, ante la gran presión social generada,  tuvo que hacer algo en el destruido castillo; y, aunando los recortes  económicos con la teoría de la restauración, aplicó la más moderna: "no hacer falsos históricos", con lo que nos quedamos con las ganas de ver renacer un castillo de piedra y nos hemos de conformar con "un espacio simbólico rehabilitado" en estilo "brutalista", esto es con aristas rectas y el material al descubierto. Que no es igual la realidad y el deseo, como bien se están dando cuenta los caspolinos al ver surgir, entre grúas, andamios y encofrados, lo que será nuestro castillo.

Llevado todo a cabo a la española (es decir, con prisas) y a la aragonesa (es decir, sin escuchar a nadie) la DGA ha cumplido el trámite, y no nos queda más remedio que felicitarle si, al fin,  el 28 de junio de 2012 se pueden reunir, en lo que fue arrumbado solar de la Sala de Armas del Castillo, los políticos, historiadores,  prohombres y público en general que nos visitaran esos días para conmemorar la efeméride.

He dado a entender antes que la creada Comisión del Centenario ha actuado sin escuchar a nadie, y es que, por ejemplo, he leído las quejas de una empresa caspolina de elaboración de páginas web en el sentido de que no contaron con (y, lo que es peor, ni siquiera quisieron ver) su proyecto para la página oficial que presentaron hace escasos días. Ya ocurrió  con la elaboración del logotipo; y es que se ha perdido la ocasión de escuchar a todos y contentar al mayor número posible de profesionales de la localidad y de la comarca.

Si de por sí el caspolino es "isla" y "cantón" receloso, estas actitudes de desprecio (al menos, así las sienten aquí) aumenta la desconfianza en los poderes públicos. Solo me queda desear que todo sea un éxito; que nuestros ojos se acomoden pronto a la nueva y brusca imagen del castillo, y que todos, de una forma u otra, podamos disfrutar de él.

 


 

Banderas

La lectura en LaCOMARCA de la noticia sobre la confección de una bandera según el modelo que decidió en Caspe el Consejo de Aragón en 1937 me ha sugerido esta columna. Es esa una bandera muy respetable y entrañable, pero creo que no es representativa de todos los aragoneses, entre otras cosas por haber estado diseñada en los momentos dramáticos de una guerra civil,  razón por la cual estaba establecido en Caspe un gobierno de Aragón. En el reportaje se escribe, y no estoy de acuerdo con ello, que es "la primera bandera oficial del pueblo aragonés" y la contrapone a lo que llama "estandartes cuatribarrados usados desde la Edad Media por los reyes de Aragón".  Me parece igualmente inexacto cuando alude a su "carácter aglutinador" ; y abunda mi pensamiento en ello cuando trata de basarlo explicando sus colores y elementos:  "por un lado, las barras aragonesas para representar a los aragonesistas; el rojo y el negro de la CNT; el rojo del PSOE, la UGT y el PCE; y el morado de las fuerzas republicanas". Olvida que en la guerra civil combatieron dos bandos, y esa bandera sólo representa, como bien se enumera y es natural dado su origen, a los que se definen como de izquierda, además del guiño que hace  a la historia con los colores de los estandartes reales.

Esta bandera (confeccionada por la Asociación de la Mujer Caspolina y que se puede vislumbrar  en las fotografías  del balcón del Ayuntamiento de Caspe en el acto de Homenaje a México de 1937, y recuperada a partir de un banderín de automóvil) puede ser muy estimable y tiene su lugar idóneo en el Centro de Interpretación de la Historia de Aragón, pero deberemos evitar pensar en una "guerra de banderas", que sería nefasta al volver a buscar lo que puede separarnos en lugar de lo que puede unirnos. La bandera de Aragón cuanto más lejana esté su creación de nosotros y más cercana a su historia, mejor; aunque haya reyes de por medio; no olvidemos que hasta 1789 las monarquías no las discutía nadie y, como pueblo viejo, es normal que tengamos relaciones históricas con ellas. Los mismos razonamientos me servirían para hablar de la enseña nacional española, la que debe representarnos en actos oficiales internacionales. Me parece un error apoyar símbolos ligados a contiendas fratricidas, ó creados en ellas. Deben serlo los que, sin pretensiones partidistas, la historia nos ha deparado como signos de identidad colectiva.

 


 

Pilar Bondía

Cuando leí de forma escueta la noticia: "una anciana atacada en su domicilio" no me pude imaginar que se tratara de Pilar Bondía a la que -pese a haber disentido fuertemente con ella desde este periódico- aprecio. Estoy seguro de que la noticia no la redactó nadie de Caspe, pues de haber sido así se habría hecho de forma muy diferente sin hacer hincapié en la "ancianidad" de la agredida y si en su persona, muy conocida (tanto ella como su madre, doña Engracia Gil, "la comadrona") en Caspe y Comarca. Pilar fue una mujer muy guapa que tuvo (en lo que yo  llamo "la cintura de Caspe", allí donde la placeta de Heredia se estrecha antes de dar a la plaza de España) una tienda a la que bautizó como "Boutique Garbo", así en francés, lo que le daba un aire cosmopolita y novedoso. Tanto ella como su madre fueron muy emprendedoras y a su empeño se deben varios bloques de viviendas, alguno pionero, lo cual es digno de encomio en una sociedad como la caspolina tan poco activa y tan medrosa ante el riesgo empresarial. Pilar, desde sus ideas por todos conocidas, se metió ilusionada en la política local, llegando a concejala. De ella fue la idea, entre otras cosas, de aquel inefable Tren Chu Chu con paradas bien señalizadas. Esa actividad política también la honra y destaca, ya que en un pueblo es algo que supone estar expuesto no sólo a la crítica, que es normal, si no al bulo y a la acción de opiniones malintencionadas, expresadas a veces de forma anónima.


El tiempo ha hecho que aquella muchacha emprendedora y con garbo sea ahora una "anciana de más de 70 años". Creo que a Pilar le habrá dolido ese tratamiento. Hace tiempo que no la veo, pero desearía que esté con suficientes fuerzas y facultades como para no sentirse "anciana", con todo lo que esa palabra conlleva en el imaginario del idioma español. La forma de dar la noticia de la alevosa  agresión a Pilar Bondia me ha recordado lo ocurrido con Antoni Gaudí cuando fue atropellado por un tranvía y llevado a las urgencias de un hospital, donde nadie reconoció en él al famoso arquitecto que estaba construyendo la Sagrada Familia y fue inscrito tan sólo como "un anciano atropellado". Deseo desde aquí a Pilar una pronta recuperación.

 


 

Reliquias

Las reliquias son restos, residuos, de algo pasado. Se le suele aplicar tal nombre a las de los Santos. Así con mayúscula, pues si de alguien (o de algo) se dice que se conservan "reliquias" es porque fue notable, y por tanto sus restos dignos de conservación. También se habla de reliquias en el campo del arte, o de la historia, cuando se conserva un fragmento de una obra digna de ese nombre, o que testimonia un acontecimiento. En Caspe tenemos reliquias de ambos tipos: una sería la Veracruz, a la que se le ha rendido especial culto en su restaurada capilla durante la pasada Semana Santa, y otra la Tumba de Miralpéix ( ó las piedras de otra desgraciadamente malparada y abandonada)

La Veracruz es, por una parte, una joya litúrgica: uno de los pectorales del papa de Avignon (antipara para la ortodoxia) Clemente VII (Roberto de Ginebra);  por otra, un elemento litúrgico: lleva en su ampolla de cristal un fragmento de madera que según la tradición no es de una madera cualquiera, si no de la propia cruz en que murió Cristo.

La tumba de Miralpéix es, como testimonio histórico, los restos de un mausoleo del siglo II, y también un vestigio o reliquia de la cultura romana en estas tierras.

Como vemos, por lo general, toda reliquia tiene una parte de realidad, o en la realidad. Pero al ser, por su esencia, algo residual, incompleto, y por lo general antiguo, pueden tener un contenido impreciso que se presta a la leyenda y a la elucubración.

Se preguntaran ustedes por qué les hablo hoy de reliquias, restos artísticos, y leyendas; y es porque es posible que pronto podamos volver a hablar en Caspe de otra reliquia, en este caso relacionada con su historia, y en particular con la del Compromiso y con posteriores acciones bélicas que padeció la antigua Villa. Y si digo "volvamos a hablar" es porque hace años se contaba con ella dentro de su patrimonio histórico y estaba en el imaginario popular caspolino.

Me estoy refiriendo a la conservación de parte del tablero de la mesa (auténtica o no) en la que se decía en Caspe que se firmó el Compromiso, y que, según testimonios fotográficos de principios del XX se utilizaba por los jueces de la localidad como tablero de honor sobre el que estampar la firma en documentos oficiales ó solemnes. Como la historia rebasa las dimensiones de una columna me despido como solían hacer algunas historietas de los tebeos de mi época: Continuara.


 

Una monarquía poco "realista"
Tiene elementos de novela de García Márquez, parece sacado de una fabulación de Saramago, pero es noticia de teletipo: el Rey de España se rompe la cadera estando de cacería en Botsuana.

Cacería de elefantes y en el día que su reino celebra el advenimiento de la II República, cuando su abuelo hizo el equipaje real y se marchó al exilio.

En el otro lado del espectro (el de la franja morada) se abomina del capitalismo, se pide derogar la Constitución, se preconiza la nacionalización de la banca y la reforma agraria. Así estamos; así somos.

Un país con los pies en las nubes, se mire donde se mire. Un país "avestruz" que, ó mete la cabeza en un agujero para no ver ó usa un cerebro mínimo, como el de esa ave zancuda. Un país que no quiere reconocer el despilfarro de años pasados: universidades sin alumnos, aeropuertos sin pasajeros, estaciones de ferrocarril dignas de ganar un premio de arquitectura, pero carísimas e incomodas para el ciudadano, corrupción "cuasi institucional", etc, etc. etc. Después de dejar hacer y aprovecharse, al menos no pensar en lo que se hacía, los más iluminados (la izquierda, que debía ser racional y lúcida) ve la solución en sacar banderas republicanas a la calle, acompañadas en según que sectores por las de la Unión Soviética; lo he visto en Madrid. Todo como una película retrospectiva, con un argumento que no se sostiene en la realidad actual de Europa. El enquistado deseo histórico de algunos, materializado; propiciado por una crisis que ha conseguido enloquecer a todos por su dificultad (o imposibilidad) para domeñarla. De "Guatemala a guatepeor", como suele decirse. Como no se ven soluciones reales (el propio Rey cazando elefantes cuando lo que hay que batir es el paro) se demandan las del catón de Marta Harnecker o de Gramsci. Y el nuevo Gobierno, iluso y liberal, con una patata caliente que no se deja enfriar. Si Goya plasmó terribles verdades en sus gravados, lo que ocurre me recuerda aquel en que están descuartizando a un hombre tirando cada cual de una pierna. Aquí a quien descuartizan es a España, pero a una España de feria que ni siquiera se reconoce en su integridad, por las tensiones independentistas periféricas. Lo dicho, es como sentirse en un vagón del "tren del terror", que pretende pasar por las mismas estaciones de antaño.


 

La paradoja de Caspe

¿Cómo no voy a aconsejar a mi compañero de medio, Alvaro Clavero, que deje de glosar el páramo caspolino y deje de ser, de vez en cuando, "bautista interesado de la fatalidad" , si va y te encuentras en Caspe con que está próximo a inaugurarse un hotel, las obras del castillo ya se columbran desde los cuatro puntos cardinales de la cuidad, en la calle se habla de un órgano para la antigua Colegiata, el plan de rehabilitación sigue su marcha, y en los bares se ve, resucitado, el viejo periódico local "El Guadalope",  sin que nadie diga nada al respecto?

Ya escribí - fue casualidad- en anterior columna, de "la locura caspolina", y puede ser que esos proyectos formen parte de la misma y sean un ilusorio y alienado espejismo, pero no me negarán ustedes de que si en un lugar (no ajeno, por supuesto, a la crisis) se desarrollan proyectos tan importantes como un hotel, un castillo, un órgano, un plan de restauración y un periódico, no son cosas dignas de consideración, difusión y encomio.

Y sin embargo, de Caspe se habla poco en los periódicos, incluso en este; y si estamos en el mapa es porque en Madrid (del que tan mal solemos hablar) nos han colocado en el "del tiempo", cosa que no ocurre en los equivalentes regionales, donde, como en algunos de RENFE, no aparecemos.

La sociedad civil caspolina se mueve. Si no, no existiría ninguno de esos proyectos citados. Desde un constructor a una asociación, pasando por el nieto del propietario del histórico "El Guadalope" y por un infatigable muñidor de ideas para Caspe están funcionando con la vista puesta en su pueblo; y mal que bien, o mejor que peor, la vida sigue.

Es verdad que todos los caspolinos no tienen el espíritu de esos "locos inconscientes"; y que la Residencia para mayores está cerrada, la acequia de la Colomina sigue aplazada, el Centro Museístico está inconcluso, etc. Pero prefiero mirar hoy, después de la Pascua Florida, a esos difíciles empeños en marcha (o casi concluidos). Luce ya el luminoso de un hotel en la Avenida de Chiprana; el órgano tiene dibujos, planos y proyecto; "El Guadalope" bulle en la cabeza de su infatigable promotor; y el Castillo presenta ya, si no almenas, que no tiene, bloques de hormigón donde antes solo había ruina. Dejémonos llevar por el optimismo y apoyemos las iniciativas de todos estos paisanos, en la certidumbre de que un pueblo se hace con personas y proyectos con  impulso vital, ideas  y esperanza.

 


 

 

Aquella Semana Santa

Para quien fue niño en la España de los años 50 del siglo XX la Semana Santa es algo inolvidable. Llegaba dentro de un ciclo litúrgico que no entendíamos muy bien por su variabilidad; tras el invierno, en ambiente otoñal, que suele tener días cálidos y luminosos alternando con otros de lluvia y uso de rebeca.

La Semana Santa se abría, con júbilo, el Domingo de Ramos (en el que se solía estrenar la ropa de entretiempo) con palmas, ramas de olivo y jóvenes disfrazados de viejos barbudos: los apóstoles. En Caspe "la burrera" salía de los Franciscanos, y los niños cantábamos una canción cuya música (nos enteraríamos más tarde) era el himno de los "boys scouts" de Badem Powell.

Pero pronto aquella alegría se tornaba en recurrente tristeza: los altares se cubrían de paños negros o morados y las imágenes desaparecían tras ellos; la oscuridad de las iglesias se hacía más palpable para las "beatas",  junto al aroma intenso del incienso y las velas; en la radio cesaban las músicas profanas, y hasta en las casas se hablaba más bajito.

El Jueves Santo parecía una tregua en ese ambiente de tristura y penumbra pues en cada iglesia del pueblo se visitaba un altar con sagrario (llamado "Monumento") que lucía engalanado por cientos de claveles blancos, decenas de velas, y un par de ángeles genuflexos como adorno litúrgico; muchas mujeres hacían el recorrido tocadas con mantilla española y acompañadas del novio, ó el esposo y los hijos. Esa tarde era, por eso, "de fiesta".

Y el Viernes se volvía al silencio, esta vez sepulcral pues (según nos decían) "moría Cristo". Y muerto estaba, con la iglesia desangelada después de la procesión del Santo Entierro. Hasta que el Sábado de Gloría resucitaba, y con él la alegría, el destapar de altares, el sonar las campanas, la música en la radio, el estreno en los teatros y en bullicio en las casas.

En Caspe todo se vivía sin retumbe de tambores. Ese"salir los retablos a la calle" que son en esencia las procesiones eran actos sencillos y silenciosos; fruto piadoso surgido, unas veces, del corazón; y otras, de la imposición de las circunstancias políticas y las costumbres religiosas de los vencedores en la no lejana guerra civil. Lo del "turismo religioso y rural", las procesiones espectáculo con tambores, bombos y  cornetas, la rivalidad de cofradías, etc vendría a Caspe (poco a poco, mejor o peor) más tarde.

 


 

 

Con la Semana Santa a cuestas
La Semana Santa llega todos los años. Es un conjunto de manifestaciones de la liturgia Cristiana, aquellas que rememoran la pasión y muerte del Redentor, y para entenderla hay que ser cristiano. La Semana Santa española tiene particularidades que para a aceptarlas hay que ser católico.

De lo contrario no deja de ser incomprensible o inaceptable. Últimamente la llamada Semana de Pasión entra en conflicto con quienes se muestran apasionados ateos militantes y creen que dejar espacios públicos para procesiones es un trato de favor hacia los católicos, por lo que, en un arrebato de celos -digo yo-, piden poder manifestarse ellos también los mismos días, las mismas horas y en los mismos lugares. Al no haber más motivo para esa manifestación que el de estar en contra de las de los católicos se dedican a realizar parodias y mofas de esos ritos, convirtiendo lo que llaman "su derecho a la libertad" en una ofensa a la creencia de otros. En una provocación, en definitiva.


Ya dije el año pasado en estas páginas que poco tenían que hacer estos ateos contra las ruidosas procesiones del Bajo Aragón, pues aquí ha sido Luis Buñuel, "ateo por la gracia de dios", quien más ha hecho por su difusión, y nunca puso en cuestión su mantenimiento.


Lo del tambor está tan arraigado en el Bajo Aragón, que es signo de identidad, y no solo no va a menos si no que desde hace decenas de años se ha extendido a lugares en los que, como Caspe, eso de tocar  el bombo y el tambor no se estilaba. Cuando yo era niño aquí no se escuchaba más tambor que la caja que cadenciosamente marcaba el paso de una cofradía y el ritmo de la peana. Ahora la Semana Santa no es solo un acontecimiento religioso si no folklórico y turístico; y unos y otros tienen que aguantarse: los curas al comprobar que se puede procesionar sin fe, y los ateos al tener que aceptar las tradiciones religiosas arraigadas.

 


 

 

Librerías de lance

Toda librería es una fuente, un manantial, un río de conocimientos y experiencias ajenas. El agua de esa peculiar corriente son los libros, ahora sustituidos por "tabletas electrónicas", nuevo soporte para el texto literario.

La fuente como metáfora del libro es vieja y universal. Por eso hay librerías con ese nombre (Fuentetaja), o es símbolo de editoriales ("fonts vitae") y motivo gráfico de ex-libris varios.

Las librerías de viejo, en este símil acuático-libresco, serían cauces de agua que contradirían la máxima filosófica de que "nadie se baña dos veces en el mismo río". En las librerías de viejo esos volúmenes que forman la corriente de los conocimientos humanos están varados en el pasado, y han regado ya mentes desaparecidas. Libros escritos hace años aparecen en ellas con la frescura de los publicados hoy, y más baratos.

En Madrid hay una muy pintoresca. No tiene más espacio que el de un chiscón rinconero junto a la iglesia de San Ginés, frente al antiguo Teatro Eslava, hoy Discoteca Joy Eslava. Es fuente callejera de sabiduría y motivo fotográfico para turistas, situada, muy coherentemente, al lado de la calle "del arenal".

Este tipo de rincones eran abundantes en Madrid, y en ellos se asentaban sobre todo zapateros remendones. Se aprovechaban así las irregularidades de un urbanismo poco riguroso o inexistente. Y como las alineaciones antiguas crean servidumbre han perdurado a través de los siglos; y así ha llegado hasta nosotros, muy cuidado y remozado desde el XIX, la rinconada libresca del pasadizo de San Ginés, documentada ya en 1650. Si están situados en lugares de paso son enclaves idóneos para la venta de productos o servicios de necesidad. No diré que hoy el libro sea de lo más demandado, pero cuando se crearon estos puestos sin más espacio que el necesario para almacenar una mercancía expuesta en mesas movibles, los libros eran elementos de ocio con gran demanda; tenían sus clientes fijos, aquellos que acudían devotamente a por los folletines y cuadernillos como hoy acudimos al llamado de los seriales televisivos. En esas librerías  acabamos encontrando de forma aventurera aquel libro curioso del que oímos hablar pero inexistente en los anaqueles de las librerías al uso, y menos en las de los grandes almacenes.

 


 

 

La "locura" caspolina

No existía España cuando la Corona de Aragón sufrió una grave crisis, de la que se salió con el Compromiso de Caspe. Según la ortodoxia, no tenemos una reliquia "pectoral de un Papa", si no de un "antipapa". Fue la izquierda comunista, que no Franco, quien acabó en Caspe con la colectividades. Resulta, también, que nuestro mayor orgullo (el Compromiso)) fue diseñado en casa de nuestros mas conspicuos rivales: en el Castillo de Alcañiz, de ahí que a ese acuerdo se le nombre "la Concordia de Alcañiz".

Y la que tiene derecho a titularse de varias formas como "ciudad", fue durante casi toda su existencia una ilustre villa, a secas.Tanta paradoja relacionada con nuestro pueblo me hace pensar que Caspe es un lugar muy singular.

El adorado (y tan recordado) José Antonio Labordeta me decía que "en Caspe todos estáis locos", y lo decía muy serio, o muy en serio, ya no se precisar. Él lo achacaba al viento, como buen poeta que era. El viento es un excelente recurso para que, colocándote en el frenopático, no te puedas quejar demasiado. Así era Labordeta. Así estamos, según él, los caspolinos: locos.

Los locos son con frecuencia ilusos; es decir: tienen ilusiones. Lo que ocurre es que no coinciden ni con la realidad ni con las ilusiones de los otros. Así nos ha pasado -en parte- a los con la celebración del sexto centenario del Compromiso.

Salimos, a galope, sobre Rocinante (la AACC) queriendo conquistar el mundo a golpe de pañuelos, y el bachiller Carrasco (la DGA), con su máscara oficial y el yelmo del nuevo logotipo, nos devolvió a la realidad: "que no es Castillo medieval, que es moderno salón acristalado".

Pero pensemos que menos es nada y que al fin y a la postre la "locura caspolina" ha conseguido recuperar un espacio que desde su destrucción no paso de, primero, menguado vivero municipal y, después, con Pilarín Sancho, un ingenuista "exin castillo".  Un puzzle que ahora trae locos a los arqueólogos rigurosos (entre ellos un viejo amigo de mi hermano Rafael, Ignacio Lorenzo) que no saben que piedra conservar o que piedra cambiar de sitio para ser rigurosos y fieles con la historia y con el arte; y es que no acaban de comprender que la realidad de las guerras (napoleónica y carlistas) no dejó en el Castillo de Caspe piedra sobre piedra. Pero eso, tratándose de la Ciudad del Compromiso, no es extraño: aquí todo tiene un punto de paradoja, locura y diferencia, y es "del viento la culpa". Labordeta dixit.

 


 

 

Metacolumna

Mirándome el ombligo (en mi caso, mirándome el "melico", que es el ombligo de mi infancia) "echo en falta lo que no he hecho".

Terrible reflexión, pero pienso que elaboré esta esta frase-pensamiento como ejercicio para corregir mi nefasta ortografía: "a buenas horas, mangas verdes", dirán ustedes. Pero ya ven, viernes 16: Santos Hilario, Agapito, Patricio, Heriberto y Bonifacio (entre otros). ¡Que amplio es el santoral cristiano!, en este caso leerlo suena como un poema-lista de los que gustaba, y añoraba en castellano, don José Zorrilla.

Aquí está mi columna. ¿Qué sustenta?. ¿Acaso sólo llena espacio, y sobra?. Una columna se debe construir de dentro a fuera: se siente, se describe, se cuenta. A capas compactadas, como las estalactitas y las estalagmitas de las cuevas de Molinos, en el Maestrazgo turolense. Unas surgen del suelo, gota a gota; otras caen de arriba, gota a gota. La gota, es, pues, el fundamento. Como el ladrillo en la arquitectura mudejar, en el que la pieza es parte de un todo armónico, bello y funcional, que se va construyendo.

En la columna son las líneas quienes, posándose una encima de la otra (como la gota de agua) van construyendo un texto expresivo que debería interesar al lector. Y todo dentro de un molde: como si fuera un flan, un bizcocho o carne de membrillo. Molde del que yo me suelo salir, al rebasar los bordes con demasiadas palabras. "No soy buen repostero si rebaso los moldes", esta va a ser la segunda reflexión de este viernes 16, y por eso la entrecomillo.

Cuando aparecen las rebabas, el sobrante pringando el molde, la masa saltándose los límites de espacio, la columna falla, se tambalea, pierde estabilidad, achica su tipografía, y a muchos perjudica. El autor se defiende porque mal piensa que dá más producto por el mismo espacio. Pero no, para todo ha de haber medida.

Incluso Rajoy debe tenerla en el momento de hacer recortes. El problema (para el columnista y para Rajoy) es cuando no hay qué poner dentro del molde; cuando no hay ideas, en un caso, o no hay dinero, en el otro, para "impulsar la economía" (como le dice con mostrenca razón la oposición), ni nos lo prestan.

¡Ay, pasé de mi ombligo a la preocupación nacional, y es que en un mundo global a todos los sitios se llega cuando se le da vueltas.

 


 

 

Peso y lastre de la historia

Monarquía e Iglesia son dos restos sólidos y arraigados del pasado. Ambos son las caras de un mismo asunto: la detentación del poder y el dominio sobre la sociedad.

En épocas en que era incontestable considerar al hombre formado por una parte material y otra espiritual la Monarquía detentaba el control de una, y la Iglesia el de la otra; actuaban, a su vez, estrechamente coordinadas y contrapesadas, sin que eso fuera garantía de que no entrasen, a menudo, en colisión, por mucho que se refirieran de continuo al evangélico "dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar. La reforma luterana y, un siglo después, la revolución francesa dio, en Europa, el golpe mortal a este control dual. A partir de ambos acontecimientos, más o menos convulsos, el catolicismo perdió el monopolio de lo religioso y ya no se podrá hablar de "la Iglesia" si no de "las iglesias"; y a la detentación del poder de la nación (concepto también nuevo) por parte de un monarca con carisma divino le salió la competidora laica de la la institución republicana, basada en la antigua Roma, aunque alguna de ellas, como la estadounidense, se legitime en el propio concepto de Dios que tratan de monopolizar las religiones

Racionalmente tanto la monarquía como las iglesias son un anacronismo institucional basado en privilegios y en épocas de oscurantismo cultural. Pero siguen teniendo vigor (y utilidad) en muchos lugares, precisamente aquellos en los que se han conservado más firmemente las tradiciones, bien por estar arraigadas o por haber sabido evolucionar causando el menor número de conflictos, o resolviendo alguno como es el caso de España al afrontar la Transición. No obstante en países como el nuestro, con una historia tan variada y convulsa, el escepticismo es lo que encontramos cuando se pregunta sobre dichas instituciones. Aquí (en "las españas") no hay monárquicos (dicen las encuestas) si no "juáncarlistas"; y aquí, consultando las mismas, aún estando bautizados nos declaramos "no practicantes", excepto para las liturgias del bautismo, el matrimonio y los funerales; o bien para las procesiones, rogatívas y romerías.

Asuntos como la boda con plebeya, el escándalo de Undargarín, ó el de los curas pederastas hacen tambalear la confianza en esas instituciones, pese a su enorme quilla histórica. Comprobar que los miembros de las casas reales y del estamento religioso son "como todos", hasta caer en el delito y en lo deleznable, pone en cuestión el mantenimiento de sus privilegios, basados en un carisma áureo que ya no puede ser indiscutible, como antaño. Hoy, la única base racional (o razón básica) para mantener esas instituciones son de carácter funcional y práctico.

 


 

 

Fuego cruzado

María Antonia Iglesias, esa periodista apasionada, nos decía en la última Noria que la razón por la que la asociación "Manos limpias" - a la que su apasionamiento califica siempre de "fascista"- se ha personado como acusación particular contra Urdangadarín es la de apuntar, por elevación, contra el Rey.

Pero resulta que los que se agolpan en las cercanías de los juzgados de Palma para gritar contra el yerno del Rey se acompañan de banderas republicanas, de lo lo que deducimos que el marido de la infanta Cristina - el del Cristiñaki- está sometido a dos fuegos, uno que le acosa por la derecha y otro por la izquierda. Todo esto dificulta comprender la animadversión de María Antonia Iglesias hacia la actuación de "Manos limpias" en el caso, pues si Don Iñaki Urdangarín ha hecho actos reprobables que merecen ser investigados, harán bien en pedirlo, y -como se dice cuando se habla de la verdad-, lo diga "Agamenón o su porquero". Pero vivimos en España, donde ser sectario vive días de esplendor.

Esta semana que termina nos enteramos de lo que cuesta poner en marcha Motorland. Por lo que dice el contrato con Dorna cada prueba sale a ocho millones de euros, más gastos, seguros e impuestos, que no son pequeños. A todos los bajo aragoneses nos entusiasma en principio tener estas instalaciones, pensando que van a dinamizar nuestro entorno; pero conocido el abultado gasto que su solo arranque necesita, según lo pactado, y que no repercute, precisamente, sobre la región, nos hace reflexionar, primero, en si no había otra forma de contrato; y segundo, otras formas de utilizar tan abultada cantidad que no fuera para favorecer de una forma segura a una empresa promotora, si no para generar actividades menos aparatosas pero con beneficios más seguros y directos para el territorio en el que se actúa.

Cuando el mismo día se conoce la enorme cifra de déficit de la administración pública en 2011, lo entendemos todo: ¿cómo no vamos a estar así de endeudados si hemos echado la casa por la ventana financiando a crédito y con contratos como el de Motorland, cosas como La Ciudad de las Ciencias de Valencia, le Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, la Expo del Agua 2008 de Zaragoza, el propio circuito alcañizano, etc, etc, etc.? Todo, a lo grande. Y luego, claro, ahora, no hay dinero ni para restaurar la torre gótica de la excolegiata de Alcañiz, ni para actuar convenientemente sobre el Castillo de Caspe. Hemos estado comportándonos como nuevos ricos, sea llevados de la mano del PP, sea del PSOE; vivimos años de gasto sin límite, llenándonos de caprichos, y ahora no queda calderilla ni para comprar la barra del pan, cada día. De una u otra forma casi todos hemos sido cómplices al aceptar sin crítica ni análisis esas obras, esas comisiones, esos contratos, esas prebendas, etc.: ese gasto de dinero público. Se salvan sólo unos pocos - a los que tratamos de "pobres de espíritu", pero que a la larga han resultado tener razón, al menos en cuanto que veían desmesurados los fastos que se emprendían.

 


 

 

Equivocarse

Releyendo mi penúltima columna encontré, al menos, tres erratas; o sea, tres equivocaciones: caspolíno escrito con mayúscula, ¿me dio un mayúsculo subidón de orgullo local?; se me coló la palabra "aniversario" donde debía ir "centenario" , seguramente de tanto usar esos términos juntos, últimamente; y usé "organero" por "organista", siendo que no es lo mismo quien construye un órgano que quien lo toca.

Todas estos errores podía haberlos evitado, pues conocía bien la forma correcta de expresar lo que escribía; y sin embargo, me equivoqué. ¿Falta de atención al escribir, despiste debido a un laxo interés por lo que hacía, o jugarretas de un cerebro que, según dicen los neurólogos, comienza a deteriorarse a partir de los veinte y pocos años. El hecho es que cuando uno relee sus escritos y encuentra en ellos incorrecciones manifiestas le entra rabia y una gran desazón. El acto de escribir conlleva respecto por los lectores (pese a ser desconocidos, e incluso ignorar si los hay) y una forma de no tenerlo es darles un mal texto, aburrido, mal escrito, o las dos cosas.

El hombre, puesto que tiene limitaciones junto a tener conciencia e inteligencia, es el ser que yerra, que se equivoca. La perfección es un concepto que sólo se puede aplicar a la idea de Dios. Sean pues benevolentes conmigo, pues soy humano.

Quiero trascender esta anécdota personal y convertirla, como suele decirse, en categoría: también los políticos se equivocan, por lo que mi petición de benevolencia debería desearla también para ellos  cuando al a hacer lo que prometieron en sus programas con su mejor buena voluntad les sale todo mal. Es lo que le ocurrió a Zapatero. Pero cuando mienten no deberíamos perdonárselo nunca. En España el ejercicio de la política se ha asimilado al de saber engañar, al de ser marrullero y maquiavélico. "Es demasiado bueno para ser político", se escucha a veces. Y es que para ejercer la función pública parece necesario necesitar tener coraza, agallas, una cierta dureza incompatible con la bondad. Me gustaría pensar que esto es falso y que llegará el día en que se dediquen y se elijan para la política los mejores, los buenos en todas las acepciones de esa palabra. Mientras, no nos queda si no el control sobre ellos; no perder de vista sus acciones y utilizar las leyes al respecto para exigirles  responsabilidades; y frente a la carencia de esas leyes, debe emprenderse una labor legislativa que preserve al ciudadano, en el futuro, del político mentiroso y corrupto. Sólo así lo que nos gusta llamar "nuestra democracia" lo será de verdad y nos sentiremos orgullosos de ella y no poseedores, tan sólo, de una democracia formal pero no real.

Comencé hablando de mis errores al escribir mi columna, y pido disculpas por ellos. Esto es lo que me gustaría también ver en nuestros políticos a escala nacional, regional y local. Que cuando yerren, se disculpen y corrijan. Poder, pueden equivocarse; pero, constatado el error, deben pedir perdón y obrar en consecuencia: el cambio radical de actitudes,  asumir responsabilidades, el cese o la dimisión; todo según la falta cometida.

 


 

 

Estado de derecho

No tengo ninguna duda de que los que han sentado en el banquillo al juez Baltasar Garzón han ido a por él. Pero tampoco la tengo de que él les ha dado materia para hacerlo. Por eso, en este asunto, tengo las cosas claras, y no quiero meterme en consideraciones ideológicas, como hacen muchos.

Veo meridianamente nítido cómo es un enfrentamiento de posiciones en el que cada cual está jugando un papel en función de sus intereses e ideología, aprovechando las armas a su alcance.

Los perjudicados vamos a ser el grueso de los españoles, al azuzar y poner en cuestión el estado de derecho que pacientemente se ha construido desde la desaparición, por transición, si, del régimen de Franco. Pero no olvidemos que con el actual aparato judicial han gobernado dos presidentes socialistas, por lo que es anómalo, al menos, acusar ahora al mismo de franquista, a 37 años de morir el dictador.

Es un insulto al Tribunal Supremo decir que la sentencia estaba predeterminada. Si en este país, a estas alturas, se hicieran estas cosas , "apaga y vamonos". Lo que si tenía que estar "preparado" es el salir a la calle, con pancartas y eslóganes muy elaborados, doce horas después de conocerse las líneas generales de la reforma laboral del nuevo gobierno, para protestar por ella. Sin dar tiempo a leerla y menos a analizarla. ¿Hubo ahí "confabulación" contra el gobierno?. Este lenguaje, usado por unos, permitiría usarlo a los otros, y el conflicto social está servido. En ambas masas protestatarias (las afines a Garzón y las anti reforma laboral) abunda una enseña común: la bandera de la IIª República Española (que no de la Iª). Está claro, pues, a que se deben estas concentraciones "espontáneas": expresan la manera de ver el mundo y de pretender resolver sus problemas por parte de determinada ideología, enfrentada a la del Gobierno. Pero para decidir sobre esas cuestiones están, en una democracia, las Elecciones Generales, aquí cada cuatro años, y las últimas fueron hace dos meses. Bien está expresar la opinión de cada cual día a día, pero mal lo está desautorizar a los tribunales de justicia (que se suponen independientes) cuando no gustan sus sentencias, aunque sean por mayoría; y mal está, también, no dejar al nuevo gobierno iniciar la política con la que salió elegido en las urnas.

Muy bien estaría hacer campaña para cambiar las leyes que no gustan, o para convencer a la ciudadanía de la bondad de ideas y proyectos diferentes. Pero en un estado de derecho no se pueden dejar de aplicar al gusto las normas que lo rigen. Claro está que muchos de los que se amparan bajo la bandera tricolor no ocultan sus simpatías por regímenes que en los manuales de teoría política se definen como "totalitarios de izquierdas y con partido único". Aquí es donde podría estar la razón de su actuar: reclaman para España los procedimientos de la justicia de esos países , siempre a las órdenes del poder político. En cuyo caso a Garzón habría que juzgarle no considerando los hechos denunciados en cada proceso que tiene abierto, si no teniendo en cuenta su currículum de aciertos y su ideología progresista. Pero esto no es de recibo en un estado de derecho.

Contra la corrupción de Gürtel (y el delito en general) se lucha incoando procesos no susceptibles de invalidación legal por incurrir en defectos de forma o de instrucción. Las escuchas a los abogados de la defensa no son válidas (como no lo son las torturas), por muy efectivas que sean. Esto lo sabe cualquiera que haya visto películas de tribunales, por lo que no podía ignorarlo un juez, y no tiene justificación que no hubiera previsto que se podía recurrir su acción. ¿O acaso se sentía por encima del bien y del mal?. Sus enemigos se han aprovechado de sus manifiestos fallos; y quienes le defienden a capa y espada razonan con la ideología, no con el cerebro.

 


 

 

Obra de todos

Adelantaba en anterior columna que Miguel Caballú andaba metido en un gran proyecto para Caspe. Este polifacético bajoaragonés lleva a la Ciudad del Compromiso en sus genes; nunca se ha hablado más de Caspe en la prensa regional que cuando enviaba crónicas a Heraldo de Aragón.

Desde entonces han pasado muchos lustros, pero, como suele pasar, se ha hecho un caso relativo de sus proposiciones para mejorar Caspe. Más bien se le enfadaron muchos cuando denunció, crudamente, la desidia Caspolina; y eso que Miguel siempre ha sido muy suave en sus recriminaciones. Pero hay un momento que llega el hartazgo, y expresarlo le supuso la desaprobación de quienes  poco caso habían hecho a sus avisos de buena voluntad.

Ahora Miguel ha tenido una idea que no puede echarse en saco roto. Ha pensado en que los fastos (sean estos más o menos aparatosos) que se celebren para conmemorar el sexto aniversario del Compromiso pasaran, y que habría que hacer algo que quedase para siempre. Y en lugar de pensar en ese añorado "monumento al Compromiso" que el concejal Bonastre comenzó a comprar en desordenadas "piezas de ajedrez" a un escultor de Calatayud, ha pensado en devolver a la antigua colegiata un elemento que ya tuvo, un elemento que no es puramente religioso, sino cultural. Dotar al templo (y por tanto a la ciudad) de un instrumento musical que supone toda una orquesta. Un órgano de tubos, que es lo que Miguel Caballú propone para la antigua colegiata de Caspe, es un instrumento originario del siglo III a. de Cristo en sus versiones hidráulicas,  y que ha ido evolucionando, casi sin solución de continuidad, hasta nuestros días manteniendo su esencia:  lograr sonidos musicales por medio  del aire que pasa a través de tubos, de diferente longitud y material, con lengüetas, manejados desde un teclado por una sola persona.


Es un instrumento de viento con teclado que se apoya en una complicada maquinaria, perfeccionada, sobre todo,  en la época barroca en que contó con magníficos compositores.

La genialidad de Miguel Caballú está en la forma en que ha planteado su financiación, que es la de pequeñas aportaciones acordes con las posibilidades de cada cual, que hagan del órgano de Caspe algo que sea considerado como  "obra de todos". Incluso ofrece la idea de que cada cual considere suyo un elemento de su compleja materialidad. Materialidad que se sublimará en arte en el momento en que organeros como González Uriol lo manejen desde su teclado, interpretando las magníficas composiciones que a través de los siglos se han elaborado para este instrumento.

 


 

 

Según fobias y filias

No me pregunten por qué -misterios del cerebro- pero me viene al pensamiento, en el momento de sentarme al ordenador, que todavía usé tinteros, plumillas y secantes a la hora de escribir.

En aquellas obscuras aulas del Colegio de Santa Ana, en el Coso caspolino, las moscas se metían en la tinta y las ensartábamos cruelmente en la plumilla, nos manchábamos las manos y la bata de azul, y los borrones eran frecuentes. Eran tiempos obscuros, pero con esquemas sociales que estaban muy claros. Ahora vivimos tiempos más complejos, tanto en nuestro microcosmos local como en el nacional. Con un juez estrella acusado en el banquillo y corifeos apoyándole en la calle, despotricando contra el tribunal que le juzga. Se pone en cuestión la división de poderes por quienes no deberían hacerlo, y se ven las cosas con el cristal de la parcialidad. Todo vale, y lo de que  "el fin justifica los medios" es válido para algunos, aunque no paren de reclamar la democracia.

El ciudadano medio está cogido por un tridente infernal: siempre oprimido, desvalido o menospreciado. Las siglas de los partidos -sumidas en contradicciones básicas- no son valor seguro en cuanto a que puedan resolver el futuro; y sólo parecen tener la solución quienes no tienen el deber y el mandato de gobernar. Recordemos que hasta IU gobernó el Ayuntamiento de Alcañiz, y no salió, precisamente, airosa. ¿Dónde, pues, encontrar la esperanza?.  El de Caspe, dice la oposición, está "en blanco"; se le acusa de inactividad, de no hacer nada: encefalograma plano.

Ciertamente no se ve mucha actividad en la Ciudad del Compromiso y echo de menos que el gobierno municipal conecte  y se comunique con los ciudadanos.

Al gobierno central, sin embargo, se le acusa por algunos de hacer demasiados cambios, de entrar como un elefante en la cacharrera que montó Zapatero. Pero eso es lo que suele pasar cuando el rival gana por mayoría unas elecciones, y más si muchas cosas necesitan de un cambio radical.

En el municipio creo que, ante una situación económica tan precaria y sociológicamente tan compleja,  necesitamos consensos y suma de ideas, recursos y proyectos. La rivalidad y la riña dejémosla para lo del Real Madrid y el Barcelona, que al fin y al cabo son equipos de fútbol que sólo se juegan una liga y una copa. En el hacer de los políticos nos jugamos mucho más: el desarrollo de nuestra vida en prosperidad o en miseria. Económica, social y cultural.

 


 

 

Por tierra, mar y aire

Así estuve esta semana de solicitado: recibí una carta con el catálogo de la exposición de Feguars en Madrid; me llegó un e-amail de Miguel Caballú citándome en FITUR (“Caspe, un mar” de posibilidades”); y me llamó por teléfono el artista plástico Ángel Orensanz desde París.

Juguetón estoy, también, con esto de los cuatro elementos, tres de los cuales, en el NO-DO del imaginario de mi infancia, se relacionan con las tres ramas del ejército.

El hecho es que Joaquín Ferrer Guallar tiene en Madrid, hasta final de mes, una trabajada exposición en el Centro Cultural Quinta del Berro, en un idílico parque a orillas de la M-30 y bajo el paraguas del pirulí de TVE. El lugar le va bien a su pintura lírica y semántica.

Miguel Caballú anda, como siempre, con Caspe (y un proyecto en beneficio del mismo) en la cabeza; proyecto cuyas características iremos revelando, pese a que en FITUR ya hacía partícipe del mismo a todo a quien pensara que pudiera sumarse al mismo. Allí, en la feria del turismo, estaba también el caspolino José Manuel Ferrero en representación de los campins aragoneses.

El oscense Ángel Orensanz me sorprendió –el suele sorprender siempre- con una llamada desde Paris. Me hacía partícipe de su cavilosa preocupación “por la marcha de los asuntos del arte en España”, y me preguntaba por el nuevo gobierno (pobre de mi, qué le iba a poder decir que no saliera en los periódicos). Me contó que viaja mucho y que esta semana regresa a Nueva York (donde, en una inmensa desacralizada sinagoga neogótica de su propiedad, tiene su estudio y la Angel Orensanz Foundation), y que prepara exposiciones para  Sao Paulo y Río de Janeiro. Su inesperada, ensimismada, caótica y vitalista llamada me hace pesar en algunas de las características de la obra de arte en general, que sorprende, reflexiona y guía -abriendo camino en el caos-, a un tiempo.

Artistas ilusionados y proyectos. Factores I+D de la cultura. Algo muy necesario para que avance la sociedad y los pueblos; tómese esta última palabra como sinónimo de colectivo social o como lugar reducido de convivencia. Un lugar como Caspe (pequeña ciudad bajo aragonesa) necesita de artistas y de proyectos ilusionados e ilusionantes.

 


 

 

Velando obras

Tengo delante de mí el facsímil de un folleto editado en Caspe en 1929 en La Tipográfica. Se titula ‘Del Ayuntamiento a la Ciudad, del Museo a la Biblioteca en las ruinas del Castillo’.

Cómo ven la idea de recuperar el castillo caspolino y, más concretamente, instalar en él un museo y una biblioteca, no es nueva. El imaginativo proyecto fin de carrera del joven arquitecto caspolino Ignacio Tello, publicado en el último número de ‘La Bailía’, actuaba en la esfera nebulosa que flota sobre él desde su destrucción; nebulosa de la que forma parte el librito citado. Desde el romanticismo (cuando se pintan numerosos cuadros del Compromiso), se empiezan a ver las piedras de los edificios viejos no como despojos si no como elementos de la historia a recordar -y por tanto a conservar-. Y algunos caspolinos, con ojos nostálgicos, comienzan a ansiar devolver al menguado ámbito cultural de su ciudad ese Castillo. El aura erudita pre renacentista de Juan Fernández de Heredia y la celebración en ese lugar de un ejemplarizante hecho de carácter jurídico, hace que ese castillo devenido en ruinas por la acción de sucesivas guerras quiera ser recuperado para menesteres nada bélicos; de ahí lo de pensar siempre en “un museo y una biblioteca”.

Es ahora cuado más cerca estamos de ello, por lo que espero que la complicada crisis y los recortes económicos consecuentes no den al traste con el proyecto en marcha, que si bien no es todo lo ambicioso que algunos habríamos querido, si me parece un primer paso muy digno y dentro del signo de los tiempos.

Pero esa rehabilitación del castillo (supongo que en marcha hoy, día de San Sebastián) vuelve a salir en los papeles. Parece no haber sintonía entre la asociación ciudadana creada para impulsar, arropar y dar realce al DC Centenario y las autoridades y organismos responsables de las diversas cosas proyectadas. Se sugirieron, por parte de la AACC, modificaciones (que ellos ven factibles) en el  proyecto aprobado. Si bien lo proyectado desde Zaragoza va en la línea de lo que se hace en ruinas históricas en condiciones similares, como es lo hecho en una de las alas del Museo del patio Herreriano de Valladolid, o en un convento de Noia del que ya hablé, no quita para que no hubieran de ser escuchadas las sugerencias caspolinas y, de ser posibles, tenidas en consideración.

 


 

 

Efemérides a la vuelta

Contemplando la llegada de los Reyes Magos a la plaza de la Virgen de Caspe, no pude por menos que pensar en algo que casi está a la vuelta de la esquina: la celebración del seiscientos aniversario del Compromiso.

Contemplar ese espacio, en el que tendrá lugar la representación que desde los noventa se viene haciendo en Caspe de forma popular, con otro acontecimiento de masas como es la cabalgata de Reyes me servía para imaginar el magno espectáculo a realizar en Junio. Me pareció que la pasada cabalgata de Reyes, en cuanto a distribución de espacios de la plaza y a su engalanamiento, estuvo mejor que otras veces, y creí notar el buen hacer de Pedro Palacio. Pero sigue sin resolverse el agolpamiento de l público, que dificulta la visión del propio espectáculo a la mayoría de los asistentes. Y es que hasta lo más sencillo necesita estar pensado, siendo necesario una idea, un guión y una manera de llevarlo a cabo. Ningún espectáculo –y la cabalgata de Reyes lo es- se puede dejar ‘a la buena de Dios’. La plaza de la Virgen de Caspe es un espacio magnífico si se piensa en lo que se va a desarrollar en el. Confío en que los que tengan la misión de organizar el Compromiso 2012, pese a los recortes, dediquen el tiempo necesario a pensar en estas cosas.

La rehabilitación del castillo (supongo que en marcha) vuelve a salir en los papeles. Parece no haber sintonía entre la asociación ciudadana creada para impulsar, arropar y dar realce al DC centenario y las autoridades y organismos que acabarán realizando las cosas proyectadas. Se sugirieron, por parte de la AACC, unas reformas (que ellos ven factibles) en el  proyecto aprobado. Sólo se me ocurre decir que lo proyectado desde Zaragoza me ha recordado visualmente lo hecho en una de las alas del Museo del patio Herreriano de Valladolid (y otra en Noia), eso no quita para que no hubieran de tener en cuenta las sugerencias caspolinas.

Y hablando de efemérides, quiero felicitar desde aquí a Luis Alegre –con programa en la televisión regional- un profesor universitario que cultiva la amistad como nadie. Tanto es así que la celebración de su 50 cumpleaños, organizada por sus amigos, fue una velada que podía llenar muchas páginas gráficas en cualquier revista del corazón: actores, cantantes, directores de cine, artistas, deportistas, políticos, etc. le cantaron el ‘cumpleaños feliz”. Lo conocí hace veintinueve años, en Calanda, tras un acto sobre Luis Buñuel desarrollado en el escenario del salón Imperial.

 


 

 

2012 ya cabalga

Aquí está, ya llegó, 2012. El año en que Caspe (muchos caspolinos, al menos) confía  poder hacer bullir a toda su población con motivo de celebrarse el sexto centenario del Compromiso.

Se ha conseguido, al menos, que la efeméride se celebre a nivel aragonés, pese a estar en plena crisis económica y al bajo momento por el que atraviesa el sentimiento nacional español, obligado a no mostrarse muy  ostentoso para no exacerbar a los galopantes nacionalismos periféricos. Por de pronto el calendario de Heraldo de Aragón se ha dedicado al acontecimiento histórico por medio de la imagen de un cuadro de Marín Bagüés.

Esta columna, casualidades de calendario, sale cuando se celebra la fiesta de los Reyes Magos, en cuya madrugada deseo que todos hayamos tenido un regalo de quienes nos quieren y recuerdan. Y no carbón. Así, pues, se me ocurre pensar que 2012 va a ser un año de contrastes; lleno de recortes económicos, ya en vigor, y, también, en el ámbito caspolino y bajoaragonés, de festejos que van a difundir el nombre de esa ciudad, vieja villa, y esta comarca, por el mundo. Los políticos, desbordados por los propios acontecimientos, van a ir a lo suyo, con esas anteojeras que no les dejan ver más que sus intereses; los ciudadanos, llenos de sentido común, deberemos estar atentos para no dejarnos confundir por discursos que acaban mostrando el cartón piedra y el engaño.

Quiero quejarme de lo que vi en Aragón Televisión, el canal autonómico, la noche de Año Nuevo. Había un concurso de “jotas atrevidas”, y lo que en todas partes se tacharía de mal gusto aquí se contemplaba como seña de identidad. Hubo una letra dedicada a la boda de la duquesa de Alba que se pasaba de la raya. Creo que es un gran error identificar nuestro humor regional con la zafiedad, el mal gusto y las opiniones retrógradas. ¡Si Eusebio Blasco levantara la cabeza!

Y puestos en la arena de la critica, y aunque me meta en camisa de once varas, quiero resaltar la mala impresión que tuve el día 28 de diciembre al ver la Estación de Autobuses de Alcañiz en tan mal estado de utilización, conservación y limpieza. El edificio, necesitado de reforma, fue bien diseñado y resuelto en su momento, con amplios espacios para todas sus funciones. Y los que se ven vacíos bien podrían aprovecharse. Ahora todo el complejo de la Estación está mal utilizado, sucio y abandonado. ¿Por qué?

 


 

 

Misterios y ministerios

Por sus obras les conoceréis. El cristiano Rajoy Brey ha resultado ser un gallego realista, mientras que el ateo Rodríguez Zapatero un leonés idealista. Del exuberante barroco del «obradoiro» (que oculta un sobrio románico) a la rigidez de los pináculos góticos (en el origen de la secta masónica).

Y el Rey, cabalísticamente, colocó para el discurso de la  Noche Buena un retrato (en blanco y negro) no de la amplia familia Real, como otras veces, si no de los presidentes: el saliente y el entrante. Brillaba en esa ausencia el fantasma de un yerno descarriado. Fue como remitirse bien y al mal. Si bien es que "en todas las familias cuecen habas",  pocas veces han aparecido públicamente habas parientes de la corona en la bazofia. Se ha visto obligado el Rey de aludir a ellas aunque haya sido de forma indirecta y genérica, lo que le ha valido el rechazo de la izquierda que se considera más pura: la republicana.


Rajoy ha presentado un equipo ministerial descarnado, para la ocasión. Si se trata de lidiar en el ruedo económico neoliberal de los mercados ha colocado a un brillante economista que ha trabajado dentro y para la propia bestia. Si de gestionar ejércitos se refiere, a un íntegro gestor que sabe de qué van las guerras y su negocio. Rajoy no miente, no pone en cultura a una hacedora de historias cinematográficas, si no a un sociólogo culto, contertulio de "El gato al agua" de Intereconomía, la cadena mediática que se trató de silenciar y que tanto hizo para propiciar al PP. Rajoy no es un prestidigitador como Zapatero, si no un tirador de cuchillos que arriesga todo como no se dé en la diana. No estamos para esperas, ni paños calientes, que el paciente ya presenta rigidez y temperatura cadavérica. Y en esos casos se llama ya al cura, pues sólo se confía en el milagro.


Así estamos en la última semana de diciembre, cuando el ministro de Economía predice una recesión inmediata. Ni tiempo vamos a tener para jugar tranquilamente con lo que nos traerán los Reyes Magos. De todas formas, o precisamente por eso: Feliz Año Nuevo

 


 

 

La Moncloa como portal de Belén

Pocas veces se ha iniciado un ciclo político con tanta incertidumbre… y esperanza. Rajoy es, a la vez, Júpiter tronante y Mercurio deseado. Frente a él, la oscuridad y el caos. A su espalda, la Arcadia abandonada. La Moncloa es el caserón temible de tantas películas de terror.

No se si es por todo esto por lo que está a punto de estrenarse la última producción de Guillermo del Toro con el título “No tengas miedo a la oscuridad”. Los españoles no debemos tener miedo a la oscuridad porque Rajoy, el que fue registrador de a propiedad más joven de España, lleva el timón desde el frío “pazo” madrileño.

Los seres humanos, ante la incomprensión de su existencia, inventan historias. Guillermo del Toro nos cuenta la de la estirpe maligna del Ratoncito Pérez. ¿Se han preguntado alguna vez para qué quieren los ratones los dientes de los niños? La pregunta nos lleva a una respuesta tan desagradable como la que algunos dan a ésta otra: ¿para que quieren los políticos nuestro voto? En éste último caso, y visto lo ocurrido en nuestra humilde Comarca: para tener, algunos, un sueldo. El universo de Guillermo del Toro está hecho de espinazos de diablo, faunos en el laberinto y malignos seres. El universo con el que va a encontrarse el gallego Rajoy no va a ser menos lúgubre: el paro, la voracidad de los mercados y el deseo de algunos de disgregar España. Va a necesitar los conjuros de todas las “meigas” de su tierra chica para terminar con bien el camino de cuatro años que ha emprendido.

Otra historia, ésta amable, es la de la Navidad. Se abre con la alegría de los premiados el día 22 (felicidades desde aquí a los agraciados), y concluye con la ilusión de los niños el día de Reyes. Entre medio, la fecha central, que conmemora cómo “Dios se hace hombre para cargar con sus pecados y poder salvarlos”. ¡Ahí es nada! Llegado el invierno, abundan las tradiciones al amor de la lumbre: del belén franciscano, con sus ingenuas figuritas; al árbol de los países norte europeos, con trineos y renos; pasando por un ser bondadoso, inmenso transformista, como es San Nicolás.  Todo nos lleva a exaltar los buenos sentimientos y la fraternidad humana, auque sea de forma tan cursilona como llenando todo de regalos, bombillitas de colores, disfraces de Papá Noel, tartas empalagosas  y turrones exquisitamente calóricos. No es malo esto de la Navidad si se extrae de ella lo que tiene de bueno: pensar en quien sufre y en quien no tiene. Felices fiestas.

 


 

Navidad trufada

Se ha metido la política en la Navidad 2011 como lo hacen las frutas confitadas en el turrón de Cádiz: íntimamente. Este año el mazapán de la Navidad no puede separarse de la atención que prestamos (por la cuenta que nos trae) a la formación de un nuevo gobierno, cuyos ministros son las frutas de colores y sabores diversos que dan variedad al turrón político.

La ocurrencia de Zapatero de hacer coincidir las adelantadas elecciones con el 20N ha hecho coincidir la formación del nuevo gobierno y la constitución de las Cortes con la Navidad. A Zapatero siempre le gustaron las mezclas arriesgadas y las banales novedades impactantes, de ahí que no es de extrañar que en estas fechas en que él se va y otro llega -como ocurre con el año- haya dejado su impronta de bicarbonato.

Que la lotería coincida con el conocimiento del nuevo gobierno nos deja a todos el regusto filosófico de lo aleatorio; la alegría de los premiados y el desengaño de los no agraciados. Que los “recortes” vengan a lomos de los camellos de los Reyes Magos (que todo lo pueden) no deja de ser sarcástico. Pero, en esas estamos. Hay poco espacio para la poesía y la imaginación, y hasta los niños no desean ya nada si no tiene forma de artilugio “electrónico-informático”.

Mi columna se agosta, afectada por las calenturas del tiempo en que le ha tocado crecer. Ya no sabe bien si sostiene algo, y si, por tanto, merece la pena el esfuerzo por mantenerse en pié. Se le llama columna pero es más bien un arbusto-testigo (el ficus de Carmen Rico-Godoy) en el extremo de la hoja impresa (entre decorativo, cotilla y oxigenante) y como tal, vegetal -como el papel- y por tanto necesita de riego y mimo. Como a los árboles callejeros, nadie le presta gran atención; y, sin embargo, algunos se mean en su tronco. Por eso para estas fechas -en que todos hacen balance y se compran agendas- toca pensar en si merece la pena seguir enhiesta. Voy a dejarme guiar por los nuevos tiempos, por lo que déjenme decir con ellos: depende. Veremos que pasa en esta semana puente, semana paréntesis llena de actividad pero vacía de poder. Aconfesional “Sábado Santo” en Navidad; antepenúltima semana de un año oscuro. En ella me va a tocar pensar si merece la pena seguir curioseando -en el rincón de papel comarcal- en esta nueva etapa nacional que se avecina, expuesto a que quien pasa al lado se mee encima inmisericorde; y, también, en si ustedes pueden estar ya hartos del ficus.

 


 

 

Difícil nos lo ponen

En demasiadas ocasiones nos lo ponen difícil los políticos si quieren que hablemos bien de ellos. Lo ocurrido en el último Pleno Comarcal es ejemplo. Que haya una cuarta vicepresidencia –y con sueldo- más parece reparto de prebendas entre socios que necesidad.

Se me dirá que la política es pacto y alianza, y sí; pero no debería ser componenda interesada y clientelismo. La oposición decidió mostrar su rechazo con el abandono del pleno, una vez dado por terminado el turno de palabra por un estricto presidente. El corsé reglamentario hace posible cortar el debate. Discutir durante más tiempo suele llevar al reproche mutuo, al infantil: “y tu más”. La silenciosa escapada del salón fue efectiva muestra de desacuerdo. El mutis nos gustó, pero que no esperen  nuestro aplauso. Aquí vuelven a ser útiles las palabras evangélicas “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Al final todo queda en una liturgia que se repite cíclicamente, intercambiando los papeles. Los ciudadanos nos quedamos boquiabiertos, como espectadores, y más cuando los plenos se desarrollan en un escenario. Tenemos políticos de farsa y opereta: el duro, el gracioso, el galán…

España, mientras, está entre paréntesis: el de la elección de nuevo presidente de gobierno y su consiguiente equipo ministerial. Todo según una Constitución cuyo aniversario celebramos estos días. “Normalidad democrática”, decimos con frecuencia, pero cuando uno apela tanto a las frases hechas es que algo no funciona como sería conveniente. Son varias las voces que apelan, por tanto, a una sensata reforma constitucional, en plena “normalidad democrática”. Paradojas españolas.

Yo me he visto, como columnista, sometido a nada razonables fobias: mejor no entrar en un ruedo en el que manda la pasión y la suposición, y no la razón y la verdad. Cierta “política” para los políticos, que son especialistas en reproches, inexactitudes y falacias. Allá ellos.

Vamos hacia la Navidad, convertida en fiesta del consumo, a través de las luminarias callejeras. En época de crisis va a ser, por tanto, “menos navidad”.  Regresemos, pues, (incluso sin Misa del Gallo) a su primitiva esencia: a pensar con amor en el más débil y necesitado; que lo seamos todos un poco nos va a hacer reflexionar en que sin solidaridad  todos vamos a salir perjudicados. El egoísta “sálvese quien pueda” sólo sirve para los que están en mejores condiciones; y hay muchos ciudadanos que no pueden abandonar salón alguno por estar a la intemperie.

 


 

 

Los nuevos tiempos modernos

A medida que avanza el siglo nos vamos dando cuenta de por donde va. De cuales son sus características diferenciales respecto a tiempos anteriores. A uno, en el afán de complacer su curiosidad, le gustaría no morirse, para poder conocer el futuro.

Es, precisamente, lo que Luis Buñuel expresó al final de su “Mi último suspiro”: “Una cosa lamento, no saber lo que va a pasar… me gustaría poder levantarme… cada diez años… llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos.” Comparto con Buñuel esta curiosidad, y como aún puedo enterarme de “los desastres del  mundo” que preveía el calandino, no dejo de pensar en lo que nos va pasado y diferenciando de tiempos anteriores.

Entre las cosas que van definiendo el presente está el mezclar lo más nuevo con lo más viejo: tecnológicamente el siglo XXI viene marcado por revolucionarios inventos surgidos el siglo anterior pero cuyo desarrollo y aplicación se está dando en el presente: Internet; tecnología digital; mapa genético y otros avances de la biología; etc. Pero asistimos al repliegue de los logros y actitudes sociales más beneficiosas y avanzadas, agazapado el retroceso en la crisis económica que ha cuajado en estos últimos años.

Fue profeta Buñuel al hablar de desastres; él fue un pilar cultural del XX, pero ese cine reflexivo, pausado, intelectual y lleno de humor e imaginación que hizo, es ya historia. Ahora sus epígonos se muestran ó estérilmente alambicados ó banales; huyen del intelectualismo y cultura clásica, pero no se apuntan a la experimentación y la arriesgada novedad. Buscan -sobre todo- la complacencia fácil (aunque a veces rebuscada) de un público nada exigente culturalmente pero si deseoso de superficiales novedades. Junto a una línea aparentemente dura: cine japonés ó Almodóvar, hay una línea blanda que resucita lo más meloso del pasado; y así tenemos, en música, al paradigma del adolescente contemporáneo, Justin Bieber, haciendo la enésima versión de “El tamborilero”; y, en cine, al francés Christophe Barratier ofreciéndonos otra entrega de “La guerra de los botones”. Gracias que Nanni Moretti, como buen italiano, se deja fascinar por la liturgia vaticana y nos hace una inteligente reflexión sobre la incertidumbre y el miedo a la responsabilidad del hombre actual en su grotesca “Habemus Papam”, en la que Michel Piccoli hace una tan magistral interpretación que es posible le lleve a los altares; al menos el cielo de las estrellas lo tiene seguro. Esperemos que a Mariano Rajoy, ante su responsabilidad, no le ocurra lo mismo.

 


 

 

Esperando el milagro

Los superhéroes son los ángeles modernos; Superman es un ángel que torna sus alas de blanca pluma por una capa roja y su cuerpo resplandeciente por la malla azul con  amplio cinturón.

En toda época necesitamos ángeles, superhéroes, benefactores; pero lo que tenemos hoy son figuras barbadas, venerables, como Rajoy o Rubalcaba, que más parecen la imagen del Año Viejo con el reloj amenazador en la mano, que figuras esperanzadoras que nos transmitan alegría y optimismo. Dicen que a Berlusconi le despidieron con el Aleluya de Haëndel, y no había para menos, porque aunque la obra sea más apropiada para recibir con júbilo al triunfador que para echar al indigno, algunas veces una despedida es una liberación tan anhelada que bien merece los cánticos. Aquí hemos estando esperando el cambio con resignación más que con gozo. Eso es porque las cosas no están para bromas, en un mundo en el que, descaradamente,  manda la economía; como bien nos adelantó Carlos Marx en su momento. Globalizada ahora, pues parece ser que es el gigante Chino –parapetado tras la más apabullante iconografía comunista-- quien compra la Deuda Pública del Reino de España. Vivir para ver.

Otro ángel, este femenino, es Doña Manolita, la lotera. O su espíritu y sus herederos desde el establecimiento que regentan en la calle del Carmen de Madrid. Colas de quinientos metros se forman para adquirir billetes. Se le atribuyen poderes a la lotera madrileña, pero, visto el número de clientes, creo que todo se debe a la ley de  probabilidades: a más números vendidos, más posibilidad de premiados. Pero el hombre necesita ilusión, y se la crea, viaje ésta en tranvía, como la de Buñuel, o en décimo, como la de Doña Manolita.

Aquí (en España) el premio gordo: la “gobernanza” (como decía Pepe Blanco)  del Estado, se lo ha llevado rotundamente el PP (pese a no haber aumentado mas que en 550.000 votos los obtenidos en anteriores elecciones); y la “pedrea”, los numerosos partidos que ocuparán escaños en las Cortes, habiéndoselos arrebatado a un PSOE en decadencia. Será ese conjunto de vicarios  --que la mayoría del movimiento 15 M considera que no les representan-- los cocineros que habrán de elaborar el pastel nacional. Veremos qué levadura puede usar Rajoy -“chef” y sus ministros para que suba y se hinche lo suficiente para haber para todos. Como hay muchos comensales “sin entrada para el festín” (trabajo), tendrán que descubrir cómo conseguir que las haya; y así les toque al menos un menguado bocado en un pastel escaso. Por que a todos nos afecta: suerte, PP.

 


 

 

Un país con mucha bilis

No quiero aquí --y menos en vísperas de elecciones-- opinar sobre si tienen motivos algunos españoles de tener un nivel tan alto de desencanto: bilis, en sentido figurado. Sólo hago una constatación y  construyo la columna “a lo Moliere”: con médicos, enfermos y pócimas.

Médico deberá ser quien salga electo. Enferma está nuestra economía  y sociedad. Y pócimas son las medidas que tendrán que aplicar de inmediato si no queremos que el enfermo muera de parálisis múltiple. La hiel que destilan ciertos blogs y  webs me preocupa, pues es síntoma de una grave enfermedad: la falta de tolerancia del contrario. Lo normal de un periodo electoral es la exposición, discusión y defensa de un programa por parte de los contendientes. Hecho esto, el ciudadano elige a quien cree que tiene el mejor remedio para los males que le postran; el más adecuado.

Pero no; lo que he estado leyendo en algunos blogs y webs son, simplemente, insultos. Insultos soeces que destilan inquina, rabia y falta de respeto hacia las ideas del otro; algo que, en una democracia, me asusta. El contrario, aunque se trate de Esperanza Aguirre o Sánchez Dragó, por ejemplo, no son un ser abominable, un cerdo ó un cabrón, a quien se desea la muerte y el oprobio público. Ni al peor criminal de la historia se le suelen aplicar los calificativos que aparecen escritos en algunas páginas de Internet; es de suponer que por impoluta mano pues en ellas el evangélico y cauto “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” brilla por su ausencia. Despachar con un simple “fascista” o con un despreciativo “rica de mierda” o “descerebrado”, es como cuando el general franco hablaba de “los comunistas y el contubernio judeo masónico”. Palabras que sólo muestran la falta de razones para descalificar rotundamente al contrario.

Pero siempre lo visceral arrastra más, y es más fácil de expresar, que la razonada crítica.

El amargor acumulado en los ciudadanos (no digo que sin razón) hace que acabe produciendo en ellos una grave afección: la intolerancia; y con ella la falta de aceptación sincera de la democracia. Quienes no se cuestionaban cómo vivían los ciudadanos del país dónde veraneaba con frecuencia su entonces “líder” (léase Rumania  y Carrillo), no pueden ahora tildar a alguien de antidemócrata sin sonrojarse. España se merece una izquierda con más razonamientos y menos bilis. A su vez, se merece una derecha que, de una vez, condene todo lo que de condenable se hizo en el franquismo. Vivir bajo la referencia de lo ocurrido hace más de 75 años ni tiene sentido ni nos lleva a nada que no sea la suspicacia, el resquemor y la revancha.

 


 

 

Del  5-5-55  al  11-11-11

El Hermano Irisarri, S.J. hace tiempo que debe de estar criando malvas. Si no, tendría más de cien años. El 5 del 5 del 55 yo tenía diez y estaba estudiando ingreso de bachiller en el Colegio del Salvador, de los Jesuitas, emplazado donde está el gran edificio de iberCaja en la zaragozana plaza de don Basilio Paraíso, convertida en un solar en obras a causa de las del tranvía.

Ese día el Hno. Irisarri mandó a toda su Brigada de párvulos internos escribir una carta a nuestros padres, como hacíamos todas las semanas; pero en esa ocasión nos hizo notar la curiosidad que concurría ese día: al poner la fecha en la forma usual en las cartas, íbamos a escribir todo cincos: 5, del 5 del 55. Y añadió: “cuado vuelva a darse una circunstancia similar, el 6 del 6 del 66 vosotros tendréis once años más, ya estaréis en la universidad, y yo tal vez no viva; me gustaría que os acordarais de mi en esa fecha y de lo que os estoy diciendo”. Cuando ocurrió tal circunstancia, me acordé de él, y pensé en mandar una carta al colegio del Salvador dirigida al Hno. Irisarri. Pero no lo hice. Ahora, 56 años más tarde, hemos llegado al 11 del 11 del 11 y vuelvo a recordar al Hno. Irisarri y su ocurrencia. Y también al Hno. Babíl y al Urdániz; todos vascos, en un colegio y fechas en que también estaba un jovencísimo “padre Arzalluz”. Era el colegio en el que había estudiado Luis Buñuel, cuya foto estaba en una de las orlas que  se mostraban en los pasillos, pero del que no nos hablaron nunca. Un colegio con un gran patio central con dos enormes árboles cuyas puntas sobresalían, cual pináculos góticos, de la altura del tejado. Un colegio en cuyo vestíbulo había una figura de Cristo niño en mármol blanco, de tamaño natural, por cuyo pié pasábamos la mano, cada vez que entrábamos, y nos  santiguábamos. Uno de los cuadros de aquel amplio espacio, a la izquierda, representaba a Daniel entre los leones; también recuerdo las hornacinas con San Luis Gonzaga y San Juan Berchmans (¿o era San Estanislao de Kostka?) a ambos lados de la escalera principal; los tres jesuitas adolescentes que nos ponían como ejemplo por su  gran amor a Cristo y su afán de pureza y castidad. Les aseguro que el 5 del 5 del 55 yo no sabía que era la castidad. Ocurría como en ese vídeo que se puede ver en Internet en que una niña pone en apuros a su madre preguntándole qué es ser  virgen, y cuando parece haber salido airosa del trance, se encuentra con la siguiente pregunta: ¿entonces qué quiere decir “virgen extra”? Y es que la niña lo que tiene delante y le preocupa es una botella de “aceite virgen extra”.

 


 

 

Mi Zaragoza entrañable

Hay una Zaragoza íntima, un Aragón de buena gente, un grupo de amigos con los que me siento orgulloso de poder compartir tiempo y plática, que ahora se ha visto oficialmente reconocida en la figura de uno de sus miembros.

Son ciudadanos normales, de profesiones diversas: abogados, profesores, economistas, pequeños empresarios, alguna ama de casa, pintores, estudiantes, oficinistas, técnicos teatrales… en fin, una representación variada de lo que se llama “sociedad civil”, a los que puestos a buscar una característica común con la que se puedan sentir identificados sería la de considerarse “orgullosos de ser republicanos de izquierdas”. Eso no quiere decir, espero, que sean intolerantes, ni dogmáticos, ni que dejen de dialogar con los demás. Son “como son” por convicción intelectual y por desear una sociedad más justa. Cordiales, hablan con todos; escuchan a todos; pero tienen claras convicciones, que a algunos --en sus años de juventud-- les supusieron problemas, cuando no cárcel, pues ya saben ustedes como fue este país. Estos de los que hablo suelen ser queridos y considerados por muchos porque son de una izquierda que no se ha aprovechado nunca de la alta situación en el escalafón  político al que han podido llegar algunos de ellos o sus amigos, y que siguen reuniéndose en sus ratos de ocio en el mismo humilde lugar de siempre: en “Casa Emilio”, restaurante muy conocido en Zaragoza que se fundó en 1939. Con sus sencillos manteles de papel de cuadros rojos y blancos y creciendo en espacio a medida que, a base de trabajo, el negocio familiar marchaba, ha dado y sigue dando de comer a camioneros, estudiantes, obreros, parados, turistas, etc. A gente corriente, vamos; además de a este amplio grupo de amigos de los que hablo, que forman parte, eso si, de la “elite” cultural de la ciudad: de  Labordeta a Eloy Fernández Clemente (al que dedico esta columna en agradecimiento a que sé de buena tinta que la lee), pasando por jóvenes (ó ya no tanto) como Daniel Gascón ó Luis Alegre; “seniors” como Zorraquino ó Zubiri; actores, como Eduardo González y María José Moreno; artistas, como las pintoras caspolinas Lorén Ros y Herrera Pellicer; o escritores, de los que sólo voy a citar, en su representación, a quien nos dejó hace unas semanas, Félix Romeo. Todos ellos, que sería imposible nombrar sin que esto tomase apariencia de listín telefónico, nos reunimos el pasado jueves invitados por Emilio Lacambra que, como anfitrión, quería agradecer a sus amigos la felicitación recibida de todos al haber sido nombrado “Hijo Predilecto de la  Inmortal Ciudad”.

 


 

 

Ceremonia de la confusión

Las moscas se cazan al vuelo; pero, además, si se las ponen al cazador en bandeja de plata seguro que va a por ellas. Aquí “las moscas” son la coalición que gobierna en Caspe, con un P.S.O.E. en minoría.

Lo puesto “en bandeja de plata” ha sido el haber echado a una escombrera, sin dar explicaciones, nada menos que dos mil kilos de arroz y otros tantos de harina. Y el cazador es -como es de suponer- el C.P.C., todavía traumatizado por no haber accedido al poder municipal. La noticia, después de estar más de un mes de boca en boca, llegó al público a través de un medio voluntarioso y confuso: El Guadalope Digital, orgullosamente posicionado en la derecha radical. Se sumó la información (tampoco completa y clara) dada en el periódico que me ampara. Los hechos -por lo leído- podríamos interpretarlos así: el Banco de Alimentos de Aragón proporciona productos con destino a necesitados. En Caspe se hace cargo de su gestión el Servicio Social de Base, dependiente de la Comarca desde la existencia de esta; y se distribuyen a través de Cáritas. Los alimentos –supongo que por la escasa infraestructura inmobiliaria del ente comarcal- se guardan y custodian en un almacén municipal. Parece ser que en el arroz y la harina procedentes de la campaña de ayuda de 2010 (otros dicen que recibidos en junio de 2011) aparecieron insectos.

Con la intención que fuese se hicieron fotos, tanto de las cajas de alimentos apiladas en las dependencias municipales como en el momento de ser arrojadas a una escombrera. Estas fotos son las que aparecen en el citado medio digital, acompañadas de un texto en el que se responsabiliza del asunto al “Gobierno de Caspe” (sic). Es la Asociación Cultural Compromiso, dependiente del C.P.C., quien da publicidad y promueve esta denuncia. Después de unos días en silencio el gobierno municipal responde con un comunicado, expresando en su descargo que son los Servicios Sociales de la Comarca los responsables de la gestión de los alimentos. (Pero entonces, ¿por qué los llevan a la escombrera la brigada municipal?). También se dice que es después de consultar al Ministerio de M.A.M.R.M  cuando se decide la destrucción de los que están en mal estado, y siguiendo instrucciones de la D.G.A.

Ante estas exculpaciones, los denunciantes y afines porfían, e insisten en que la destrucción incumplió las normas sobre residuos orgánicos, y apuntan, además, a unas malas condiciones de almacenaje. Siempre responsabilizando al Ayuntamiento y nunca a la Comarca, que en 2010 estaba presidida por el C.PC. Lo dicho, una ceremonia de la confusión; con fotos y la colaboración especial de O.S.T.A.

 


 

 

Puesta al día

Estoy de reciclaje, aunque me gusta más llamarlo “puesta al día”, que me suena más castellano. Quiero decir que me veo en la necesidad de aprender qué es, ó qué son cosas como: un Black Berry, un Whats App, el Shartphone, los iPod, iPad, iPhone (éste ultimo en su versión 4).

Todo este galimatías terminológico -cuyo conocimiento pretendo- no son más que el nombre de “aplicaciones”, “programas” ó utensilios con los que poder desenvolverse con las últimas tecnologías de la información.

Para mi es como pasar la ITV de mi capacidad para utilizar con habilidad la informática. Recuerdo cómo nuestro actual concejal Néstor Fontoba, cuando tenía una columna en éste mismo periódico, nos “enseñó deleitando” contando sus experiencias múltiples durante su aprendizaje y uso de la computadora (u ordenador). Pero “hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad”, como se dice en una conocida zarzuela, y ahora aquellas disquisiciones de Néstor han quedado -como mínimo- “obsoletas”, palabra, también, de más uso ahora que antes.

Hace unos 25 años decir PC era decir “partido comunista”, ahora es “personal computer”; y decir “programa” era, o bien hablar del temario de unas oposiciones, o de el de un partido político, ó, incluso, de el de toda una vida; pero ahora define un “software”, ¿comprenden? Y si no lo comprenden es que necesitan también esa “puesta al día” de que les hablaba en la primera línea. Ante esta invasión de los “bits” (unidad minima de información), hay dos posturas: a) la del que se adapta a ella, y b) la del que deprecia, si no denuesta, ésta tecnología del ordenador. Volvemos a algo que estuvo de actualidad en los años 60 gracias a Umberto Eco: a haber “apocalípticos” e “integrados”.

Semana ésta pasada en la que comenzó a nacer un volcán en las Canarias y otro, este político social, en San Sebastián (ó Donostia). Porque,  ¿díganme ustedes si no va a traer “lava ardiendo” esa “conferencia de paz sin haber guerra”?. También en Caspe, se asiste al descubrimiento del “enterramiento de alimentos” (sic). Una cuestión que de no ser por las fotografías colgadas en el “Guadalope-Digital” nos hubiéramos resistido a creer. En fin, que, como dice otra zarzuela, “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Me dirán ustedes que no tiene mucho sentido con lo que estaba diciendo, pero les voy a sugerir que alteren el orden de las palabras y tal vez así lo encuentren: “qué de barbaridades se adelantan en estos tiempos”.

 


 

 

Año Príncipe

Miguel Agustín Príncipe nació en Caspe en 1811 y murió en Madrid en 1863. Una vida no muy larga, 52 años, acorde con muchas de los de su generación, pero que resultó suficientemente fructífera para pasar, aunque sea en un lugar marginal, a la historia de la literatura española.

Figura en el cuadro-documento “La coronación de Quintana” que adorna los pasillos del Senado, en Madrid. Es de justicia que el lugar dónde vio la luz le dedique, al cumplirse 200 años de su nacimiento, honores y agasajos bajo el apelativo de “Año Príncipe”. Hace semanas, al mencionar la recuperación del claustro y convento de Santo Domingo y remarcar su aspecto de “ruinas románticas”, hice la sugerencia de colocar allí un busto del poeta caspolino que siguió esas doctrinas literarias, en boga durante gran arte del siglo XIX,  y que es el caspolino más importante dentro de la Historia de la Literatura.  Creo que, por la destrucción de los archivos parroquiales, no se conserva su  partida de nacimiento, ni se conoce por otros medios la calle y casa donde nació, por lo que no se le puede poner una lápida en ella, como suele ser habitual en estos aniversarios. Así que la materialización de su recuerdo ha de ir por otro lado, como el de erigir ese busto que decía, en aquel lugar o bien en otro, como podría ser un jardín del casco de la ciudad y haciendo referencia a su faceta de fabulista. Hasta que esto se pueda hacer, y durante el año que empieza a contar desde el 11 del presente mes, se le dedican esas fechas como “Año Príncipe”.  Cuando nació nuestro ilustre paisano coetáneo de Larra, España estaba en guerra contra Napoleón, en un ambiente de pobreza, analfabetismo, incultura y fanatismo. Al año siguiente de nacer Príncipe la facción liberal proclamaría la constitución de Cádiz, que luego sería derogada por Fernando VII, ese monarca prototipo del absolutismo más retrógrado. Todas estas cosas, junto a su vida y obra, es lo que se puede ir analizando en este año cultural que se nos ha propuesto. Regresando al presente dejar constancia de la inesperada muerte de un escritor zaragozano que visitó Caspe en más de una ocasión: Félix Romeo. Conocido no solo por su quehacer como crítico literario si no por su aparición en televisión en programas de difusión cultural. Vitalista, desenfadado, siempre critico con las estructuras opresivas --en su momento se dio a conocer por su insumisión-- deja muy buenos amigos en toda España. Nos quedan sus tres libros publicados. Me lo imagino, con su contraste corporal evidente: uno orondo, el otro enjuto, pero los dos de negro, hablando de libros con nuestro Príncipe, allí en el Olimpo de los escritores y artistas.

 


 

 

Días de zozobra

Saben ustedes de sobra cómo de mal van las cosas: la economía y la restauración del Castillo del Compromiso, siendo esta última -en parte- efecto de la primera. Si hay pocos recursos, hay pocas piedras, si hay pocas piedras en la restauración a la gente no le gusta.

Pero cuando se está en una situación de colapso, de luto: ahora ya no hay un "viernes negro" en la Bolsa, si no que cualquier día puede ser de ese color, la pena y el llanto tiene que llegar. Si, como dicen, hay que hacer recortes, habrá que hacerlos. Pero cuando unos los hacen, protestan los contrarios. Seguimos con esquemas políticos decimonónicos mientras que el mundo ha engendrado monstruos y gigantes como la deslocalización, el mercado global y una China comunista con procederes capitalistas.

De repente algo que -supongo- estaba ahí: los mercados, se han materializado (cual celestial aparición mariana) y han dado a conocer su mensaje a los "pastorcillos", en este caso los Estados a los que prestan dinero.

Corren apabullados los que nos gobiernan sin saber qué hacer, pues las utopías tipo 15 M aparecen irrealizables a corto plazo (como su propia esencia conlleva) y, dado que la política es cosa del día a día, hasta los más fieles creyentes en el sector público han tenido que morder el polvo de la pedestre realidad. El mundo se mueve por intereses económicos, y si las revoluciones comunistas de siglo XX no lograron cambiar las cosas y desperdiciaron su oportunidad histórica en armamento y viajes espaciales, poco van a poder actuar en esa línea y en cuatro días quienes ya se han labrado un patrimonio que -en muchos casos- ya alcanza la cifra que ellos mismos han decidido deba devengar el impuesto reconstituido.
Así las cosas las manifestaciones, huelgas y protestas se vislumbran en el horizonte. El 20 N es el Sol que esperan unos y otros, y todos van a hacer lo posible para que, cuando salga, les caliente a ellos. Enfrentamientos dialécticos, medias verdades (para que nadie pueda decir que mienten), tira y afloja para arrimar el ascua cada cual a su sardina, es lo que vamos a ver de aquí a esa fecha emblema en que Zapatero tubo a bien convocar nuevas Elecciones Generales. Pero salga para quien salga será un Sol triste y frío, como lo son esos etéreos (pero implacables) mercados de los que dicen dependemos.

 


 

 

Ensalada fin de verano

Con tanto rum, rum, ¿habrá quién lea ésta columna, enhiesta pero asustada, entre tantas banderolas de la Moto GP? Pero en el “gran teatro del mundo” cada cual hace su papel, y en escena hay monjas y prostitutas, pobres y ricos, políticos y civiles, niños y ancianos.

Aquí, pues, estamos; de nuevo defendiendo el bastión lateral de una página de LaCOMARCA mientras el resto de páginas huelen a gasolina y aceite de motor. El de oliva del Bajo Aragón se percibe, también, saliendo de figones y emanando de adobos, si no es crudo en ensaladas y rebanadas. Así, para fortalecer el vínculo europeo, viajaron a Santa María a Vico, en la Campania italiana, representantes del ayuntamiento caspolino; para reforzar los lazos de amistad entre ciudades hermanadas, como Motorland pretende reforzar la liviana economía aragonesa y reequilibrar el territorio que damos en llamar desde siglos Aragón, tan escaso en población como en árboles.

Por eso apoyo a los que en Maella tratan de salvar los suyos centenarios (dos chopos y un plátano), que es costumbre por estos lugares bajoaragoneses no dejar envejecer a los árboles: no hay en nuestras calles y jardines árboles con fuste, como los que se pueden ver en jardines y plazas murcianas o valencianas. Aquí en cuanto un árbol hace sombra, se corta; parece que ya molesta. ¿Cuándo dejaremos esta mala costumbre?

Entre árboles y sombras me encontré, en Madrid, al oscense Ángel Orensanz, artista plástico de reconocido prestigio internacional, en la zona arbolada que antecede al Museo del Traje, en la madrileña Ciudad Universitaria. Allí ha montado estos días una instalación, llamada “Paradigma”, en la que telas de colores amarradas a árboles y la naturaleza del lugar parecen entablar un sugerente diálogo de sombras y figuras proyectadas en aquellas por la propia luz solar.

Mientras, en un lugar no lejano, la plaza de La Moncloa, la calandina, y por tanto turolense, Mercedes Gaspar muestra su imaginativa obra de cine de animación. Sin renunciar al Wald Disney clásico Mercedes se mueve en atmósferas vanguardistas que retrotraen, también, a la Calanda de su infancia y adolescencia. Eros y tánatos, sueños y ambientes infantiles se trenzan ingeniosamente en su laboriosa obra.

Y para hacer realidad el machadiano hallazgo “Madrid… rompeolas de todas las españas” (en éste caso, de las tres provincias aragonesas), no puedo dejar de citar el casual encuentro que tuve con el caspolino Miguel Tena en la mismísima calle de Alcalá. Venía de participar en un torneo de tenis en silla de ruedas, en el que destacó con brillantez.


 

Desde Galicia, o no

Convengamos en que escribo desde Galicia. Desde el lugar metafóricamente más lejano: el Finisterre. Que deseo perderme por allí en busca de relajación. Que visito un lugar llamado Noya, o, como se escribe ahora, Noia, pues por toda la península hay una u otra ley de lenguas acechante.

En definitiva, que, de alguna manera, hago una vía láctea buñueliana, un Camino de Santiago laico, “en busca del códice calixtino perdido”, cual arca de Spilberg. Tal vez ese paisaje verde y abrupto me inspire (por contraste con el nuestro) para futuras columnas. Me pregunto muchas veces de dónde nutrir la colaboración semanal, y, aunque la respuesta lógica parece ser pensar en lo próximo, creo que es viajando donde se vigoriza la savia, donde se hace posible que surja la chispa de la imaginación. En éste caso, ya en Compostela, el Obradoiro, con su escalinata, traerá a mi mente la plaza de la Virgen y la suya; y la catedral, con su conjunto imponente, me hará pensar en nuestra humilde colegiata. Ambas, en cambio, producto de la religiosidad medieval con deseo de transmitirse a toda la población; de ahí estar abiertas al caserío por varias puertas, como para no dejar detalle ciudadano sin escudriñar y controlar. Ambas iglesias ligadas a la tradición mariana del Pilar, puesto que Yago era compañero de Indalecio. Unidas Santiago y Caspe en el mito y la leyenda quiere ésta aprender de aquella los secretos del turismo religioso. No a de ser en balde que la tarta de Santiago no sea muy diferente a la de Balsa, y que ambas reflejen los gustos culinarios de un  renacimiento que asimiló las tradiciones musulmanas: almendra, harina, aceite de oliva, y sin manteca.

Y en Noia me acuerdo de Alcañiz, pues es también una cuidada villa histórica con numerosos restos medievales y una población similar, 14.000 habitantes. Puedo, por tanto, comparar dos núcleos equivalentes y recordar cómo en Alcañiz peligra la existencia de la sala de cine y en Noia hace  años que no tienen. Y veo también cómo a la hora de reconstruir y rehabilitar el claustro de la Iglesia de San Francisco para dependencias municipales del Consello se ha buscado una solución muy similar a la que nos ha dado la DGA para el Castillo del Compromiso en Caspe. Como ven, viajar sirve para aprender y comparar; para ver como están en otros sitios y tratar de entender mejor lo nuestro, y muchas veces sirve también para traer ideas que lo pueda mejorar.

 


 

 

Bolardos contra el déficit

Siempre he pensado que en las aceras no debía haber bolardos; que no debía hacer falta una forma tan burda de disuadir aparcar en ellas. Se podía suponer que los conductores supiesen muy bien donde deben dejar su coche, y que fuesen escrupulosos en respetar las normas; pero ya saben que no es así y que como medida disuasoria se colocan esas protuberancias verticales, de metal o de piedra, que tanto molestan al peatón en algunas circunstancias; sobre todo cuando nos damos con ellas en las rodillas, los tobillos o los muslos, según la altura que tenga su diseño. Pero sin ellos cada cual dejaría su vehiculo donde le pareciese. ¿A qué si?

Nunca pensé, sin embargo, que en las constituciones de los países tuviera que figurar la cifra de endeudamiento, pero ya ven, la canciller Merkel (aquella antigua “fracasada”) no se fía de las naciones europeas, y, cual concejal de circulación, obliga a los países a poner bolardos en sus papeles normativos, topes bien definidos de gasto público para que no desparramen el déficit a la torera.

En fin, que, como el ser humano no suele comportarse siempre racionalmente, la autoridad nos llena de normas de estricto cumplimiento y de prohibiciones, en aras, dicen, del mejor funcionamiento de la sociedad. E, incluso, se atreven a legislar sobre nuestra propia vida (las religiones lo vienen haciendo de antiguo), ya sea en el aspecto de la salud o en el de las costumbres y creencias.

Y en momentos tan delicados como el actual, en que un sistema parece hacer agua y, sin embargo, no aparece el recambio con claridad, las normas desesperadas para salvar lo viejo substituyen a esa falta de alumbramiento (¿será el 15 M la partera?). Es como cuando un terremoto destruye los grandes edificios y, ante su desaparición, se mete a la población, a prisa y corriendo, en casetones prefabricados, porque peor que vivir en ellos es vivir al raso.

Ante el riesgo de llegar a la falta de dinero para lo fundamental (véase lo que está ocurriendo con los medicamentos en Castilla-La Mancha) los políticos improvisan medidas de urgencia para tratar de salvar lo poco que queda. Y ante la insensatez cometida de dejar aprobar unos Estatutos de Autonomía de espalda al interés nacional, ahora tratan de modificar la Constitución para obligar el cumplimiento de ciertas necesidades generales.

 


 

 

Reformar la reforma

Voy a ser sincero: el resultado de la reforma de la plaza de la Virgen en el interesante lugar por que se accede al Pueyo, no me gusta nada. Antes era un recoleto espacio con unos árboles que daban sombra, en cuyo centro destacaba la fuente del pleito de Valdúrrios.

Tenía algo de oasis de la calle Mayor, de patio conventual, con su pozo (aquí fuente) en medio, que tenía sentido. Visualmente combinaba muy bien con la colegiata al fondo, y la prueba es que una de las tarjetas postales más bonitas de Caspe fue una vista tomada en los años sesenta desde el lugar del que hablo, con la fuente en primer término y la actual casa de los Bonastre y la colegiata como fondos sucesivos, a izquierda y derecha.

Ahora el lugar ha vuelto a tener la apariencia de lo que debió ser en el pasado, de patio de manzana. Y digo que debió serlo porque si nos fijamos en las construcciones de la izquierda según se mira al Pueyo, se ve aún en alguna que son medianerías,  y que los edificios continuaban. La mayor parte de ese entrante o replaceta debió ser fruto del derribo o destrucción de algunas casas de la calle Mayor.

Ahora, con la solución dada, con suelo de piedra, la fuente parece estar allí no se sabe muy bien por qué, y se le ve “incómoda” y sin sentido.


Lograr, en arquitectura, un agradable espacio urbano es muy difícil; por eso, cuando se ha encontrado hay que ser muy cuidadoso al actuar sobre el. En Caspe tenemos un ejemplo en los Jardines llamados del Sagrado Corazón, que, sin mediar mucha intención autoral, se ha logrado un lugar muy agradable, estético y hasta funcional. Por eso, en él, cuantos menos cambios fundamentales se hagan, creo que es mejor.

Una solución para mejorar los resultados en el entrante de que hablamos y en el que ahora se ha actuado podría ser volver a introducir arbolado. Se podía pensar en unos grandes alcorques-banco con tierra vista en los que creciesen unos árboles cuyo tipo habría que elegir considerando su volumen y silueta futura, e, incluso, sus influencias alérgicas. Creo que la placita ganaría si volviera a ser “menos dura” y más patio andaluz de la Calle Mayor, o, si quieren, antesala conventual paisajística de la colegiata. Asientos, cipreses y arbustos podrían ser la solución.

 


 

 

Aconteceres  simultáneos

Este año no he podido asistir a las fiestas de mi pueblo. He pasado esos días entre Madrid y Zaragoza. En estas grandes ciudades la fiesta y trajín lo tenían o bien por la llegada del Papa o por la de la reanudación de las obras del tranvía.

No crean que todos estaban contentos con respectivos y tan diferentes acontecimientos, pues Benedicto XVI (al que llamándole Ratzinger la prensa autollamada progresista parece quererlo poner en su lugar) ha suscitado la crítica de quienes se han dado cuenta de que los ahora llamados eventos cuestan mucho dinero, sean Olimpiadas, ExpoFerias, u Orgullos varios. Así que han aflorado instituciones hasta ahora dormidas, como las de ateos y laicos o un colectivo llamado Redes  Cristianas, para los cuales la llegada de la suma autoridad de la Iglesia  Católica ha sido como la lluvia para los caracoles: les ha hecho salir a la superficie.

Los jóvenes católicos, bien repeinados, lavados y pulcros, tocados de camisetas, banderas, pañuelos y sombreritos a modo de distintivo, han llenado las calles de Madrid. La verdad es que la zona del recorrido papal estaba bastante patas arriba, y en eso si se parecía el efecto del viaje al de la reinstalación del tranvía en Cesaraugusta: tribunas, altillos para las televisiones, pantallas gigantes de televisión, inmensas columnas de sonido que nada tienen que envidiar a las que llevan los grupos punteros de pop, rock o heavy, para seguir la liturgia, entorpecían el paisaje.

Mientras, como dije, el paseo de la Independencia zaragozano está patas arriba; o abajo, según se mire, pues aquí no se instalan plataformas sobre el suelo, si no que se hacen inmensas zanjas para anclar en ella la solera que sostendrá los raíles del tranvía.

Pienso que la intención del Papa de Roma no ha sido otra, precisamente, que la de encauzar la marcha de estos jóvenes hacia el Cielo, ese lugar mágico, del que poco se puede decir, precisamente, por su apabullante y difícil concepto. Al igual que el de Dios, es cuestión de fe, y gente con mucha Fe es lo que está habiendo en Madrid la segunda de las dos semanas entre las que han transcurrido las Fiestas de Caspe. Yo no he podido sino cerrar los ojos, y, como  si estuviera rezando, mi espíritu se ha trasladado a Caspe, y no me ha sido difícil imaginar las Fiestas, pues, como también basan su fundamento en la tradición, no suponen mucha novedad: he visto al alcalde disparando el cohete en el balcón del ayuntamiento (aunque les mentiría si no les dijese que “El Guadalope Digital” me ha facilitado que la imagen haya sido tan precisa), a las peñas y charangas después, y así toda la sucesión de festejos que, dentro de la crisis, ha podido montar la concejalía correspondiente. Les deseo que hayan sido muy felices.

 


 

 

Pactos y tufos

Desgraciadamente algunas de las críticas de los del movimiento 15 M tienen toda la razón. Y digo “desgraciadamente” porque dejan a los políticos al uso muy mal parados y yo si creo que son ellos los que nos representan, otra cosa es que nos representen mal. Esa es la razón de que aparezca “la clase política” como la cuarta preocupación de los españoles.

En la política nacional de nuestra democracia ya sabemos hace tiempo por boca autorizada que hay “alcantarillas”. Y en la local, en proporción, por lo visto, tampoco las tuberías de la maquinaria política están sin porquería. También huelen.

Todo esto se percibe cuando conocemos detalles de los pactos a que llegan, cómo llegan y lo que luego nos cuentan que proponían para obtener el poder cuando intentaban pactar. En buena lógica se debía pactar siguiendo como guía la afinidad de los puntos de los programas con que se presentan a las elecciones, razón por las que el ciudadano, se supone, los ha aupado al cargo Pero no, ante la falta de verdaderas ideas definitorias acaban pactando en función de obtener el poder Así ha sido frecuente que los presidentes del Reino de España pacten con los partidos nacionalistas, eufemismo en muchos de ellos que enmascara sus intereses secesionistas. Ya nos hemos acostumbrado a ello y ya no nos parece anormal. Y creado el precedente nacional de lo que podríamos llamar “inmoralidad política”, ya en todos los escalones de poder del Estado se acaba haciendo lo mismo. Se produce “el cambio de cromos”. Pero es posible que algún día lleguen los barros de estos polvos. Y los “infantiles jugadores políticos” acaben con el traje manchado de barro, difícil de limpiar. Zapatero y sus veleidades catalanas nos deja, ahora que se va, el panorama catalán que nos deja, que si no devuelven los bienes de las iglesias aragonesas menos van a devolver las prebendas ganadas en el chalaneo parlamentario Y todo para que todo se sustancie un 20 de noviembre, fecha funeraria simbólica de España pues en ella murió tanto Franco y José Antonio como Durruti.

A escala caspolina, bajo aragonesa del norte, el chalaneo se ha reflejado en la forma de obtener el PAR la presidencia Comarcal. Todo muy legal, todo muy democrático, pero todo muy sintomático. Sintomático de que la política en lugar de defender unas u otras ideas claras se ha convertido en defender unos intereses y buscar detentar el poder que se necesita para defenderlos, y, para conseguirlo, todo vale.

 


 

 

Abyección y locura

Había escrito para ésta semana de las disquisiciones sobre el uso de la corbata en el Congreso de los Diputados entre el ministro Sebastián y su presidente Bono.

Que si no tienen más qué hacer en la cámara; que si puestos a sobrar, sobran muchas cosas menos estéticas que esa prenda; que si se aceptan las ventajas de ser parlamentario bien se debía aceptar lo que podría considerarse parte de su uniforme. Y concluía diciendo que a Sebastián, como a los sindicalistas y a otros muchos, la corbata nunca le ha gustado por ser signo burgués.

Nadie podía intuir entonces que ésta semana iba a estar dominada por una abyección criminal: la que ocurriría en Noruega, país que se nos aparecía como ejemplo de la  tranquilidad nórdica y que ha acabado siendo el nido de la serpiente. De una serpiente demente y asesina, además, pues ninguna ideología, por alucinada que sea, puede llegar a justificar una matanza si no está, también, teñida de locura. Cuando en las acciones humanas se atenta contra el instinto de la conservación de la vida, algo fundamental falla. Cuando una ideología puede justificar en alguien el saltarse las elementales reglas del humilde animalito que llevamos dentro es que se ha vuelto loco, pues los animales ni son crueles ni arbitrarios. Veo a ese autor confeso, iluminado por las tinieblas, como un ejemplo de lo que puede salir de nuestro hipertrofiado cerebro humano. Y entiendo, entonces, el por qué el humano, en cuanto reflexionó sobre sí mismo, construyó una superestructura –fruto de la potencialidad de ese propio cerebro- para protegerse, precisamente, de sí mismo. El hombre primitivo ya debió de conocer la insensatez a la que podía llegar, y de ahí que, los más sabios, creasen lo que llamamos “principios”: preceptos que entonces dieron en llamar religiosos. Pero aun así el cerebro humano sigue siendo capaz de lo abyecto, como se ha visto bien claro en Oslo y en su cercana isla de Utoya.

 


 

 

En verano, relájense, si pueden

Me dice la directora, con toda su buena intención, que: “en verano tenemos más tiempo para escribir, aunque sea de temas más amables de lo habitual”. No se si yo voy a ser capaz de seguir su consejo, que hay asuntos que congelan las manos y no las dejan ni escribir.

Miren, leo los periódicos y no veo motivo para relajarme: en algunos parece que la guerra civil, que hace 75 años acababa de comenzar, ronda cercana; que para eso se han restaurado las trincheras antiguas, pienso yo en un momento de obnubilación. Por otro lado, los partidos políticos rivalizan por ver quién pone el listón de las corruptelas más alto, y discuten si son galgos o podencos, es decir si unos trajes de confección “por el morro” son más importantes que apuntarse fuera de toda legalidad a prebendas millonarias. Todo depende de a quién afecte lo de los trajes valencianos o lo de los ERES andaluces. Que la cosa va, señores, por zonas: Valencia frente a Andalucía, como en los antiguos “Coros y Danzas”. Como en unos sitios gobiernan “unos” y en otros, “otros”, la cosa nunca la cuentan todos clara. Mi consejo: leer a todos, escuchar a todos, y no fiarse mas que del buen criterio de uno mismo. “El País”, ya no es “El País”; y el país tampoco es ya el país: “qué país, Miquelarena”.

¡Qué no decir de eso del bar Faisán, que a hecho leer (al menos ojear) a casi todos a Maquiavelo! Sí, sí, por eso de que “el fin justifica los medios” que todos dicen dijo él por ajustarse a la esencia de sus escritos, aunque de tal forma formulada es de un jesuita alemán posterior.
Al barón de Montesquieu (éste filósofo francés, de por Burdeos) lo había jubilado Alfonso Guerra porque no le convenía su “división de poderes”; pero al florentino no lo jubila nadie, que a veces ciertas cosas son muy útiles cuando se gobierna ó se tiene poder; aunque, como dijo Shakespeare “algo huela a podrido en Dinamarca”, o donde sea. Y a veces pestilentemente.

En fin, que como ven la columna concluye y aún no me he relajado. Y es que todavía no he dicho de lo que hablan los periódicos en sus páginas de internacional por estas fechas. Me refiero a todo eso del euro, la crisis y la salida de la crisis. Esto es más difícil que casar a la fea en “Las de Caín”, que se está representándo en su versión de zarzuela en Madrid. Y qué decir de las “páginas salmón” (en este caso hay que hablar de tragedia griega): la bolsa, los bancos, los rescates y las primas de riesgo. Ya dije, que ni “Las de Caín” de Arniches  tenían problemas tan insolubles al buscar su futuro. Feliz verano.

 


 

 

Cine para sentir

Recuerdo cuando había “cines de verano” para aprovechar “la fresca” nocturna ante la inexistencia del insano “aire acondicionado”. En Caspe llegó ha haber dos, el Lucero y la Pista Casablanca, con gratos recuerdos para quienes pasamos de los 50.

Pero de lo que realmente quiero hablar aquí, en este caluroso y complicado verano sometido a turbulencias económicas y políticas, es de una película francesa próxima a estrenar, pese a que es de 2008. Se trata de “Stella”. Su directora, Sylvie Verheyde, lleva en el cine desde que en 1992 dirigiera su primer corto, y fue en 2008 cuando rodó su primer largo. Si no son conocidas sus películas en España es porque el cine se ha convertido en un sector industrial y comercial que soporta grandes trabas a la hora de exhibir productos que no sean del grupo multinacional en que se ha convertido la antigua gran industria americana. Como en casi todo, el pez grande se come al chico. “Stella” llega ahora repescada por las distribuidoras que se dedican a las salas de pequeño aforo. Si la recomiendo es porque es una de esas películas en las que, de una u otra forma, nos reconocemos o reconocemos a gente sencilla de nuestro entorno.

El cine francés siempre ha sabido tocar el tema de la infancia. Desde “Cero en conducta” a “Los niños del coro”, pasando por “Juegos prohibidos” ó “Los 400 golpes”, los niños el cine francés, a través de sus directores, han sabido mostrar la perplejidad y complejidad de los sentimientos en el momento de crecer. Construir historias en las que los conflictos del fin de la niñez y el comienzo de la adolescencia se relacionan con el entorno y con la Historia.

“Stella” consigue atmósfera de realismo cotidiano e intimismo sentimental sincero. Stella es una niña de pueblo trasplantada a un suburbio parisino donde sus padres, una pareja joven, regentan un  humilde bar-pensión que va a ser el universo en que aprenda y se empape de la vida. El Instituto es para ella la tabla de salvación; pero no le es fácil integrarse entre niñas de una clase social más alta. Los clientes del negocio de sus padres, en su mayoría borrachos, mendigos y fracasados, le hacen conocer una realidad que sus compañeras ignoran.

Pese a películas como “La lengua de las mariposas” o “Secretos del corazón”, los niños del cine español han sido casi siempre más espectaculares: si no resultaba ser el propio hijo del rey, en “Jeromín”,  hablaba con un Cristo o con un perro, como Pablito Calvo; o cantaba como un ruiseñor y lucía como un rayo de sol, como ocurría, respectivamente, con Joselito ó Marisol. Disfruten de “Stella” por lo que tiene de cercana, sencilla y sentimental.

 


 

 

Optimismo de verano

El caspolino es pesimista. Y aún cuando es aventurado hablar de caracteres generales, se puede tratar de justificar lo que de nosotros puede decirse: el caspolino es hombre de campo, siempre mirando al cielo; ha sido súbdito mucho tiempo, lo que ahora celebra con gozo en las fiestas del Sanjuanuco; y pobre (que ahorra y no invierte), pese a vivir en un oasis (y por eso) es parte de un paisaje duro e inhóspito.

El Ebro, ese “dragón azul de Álvaro Clavero, siempre pasó a desmano; formaba parte de Caspe, pero a prudencial distancia. Y el Guadalope ni siquiera tuvo un puente digno hasta entrado el siglo XX.

El caspolino suele quejarse mucho, a veces con toda la razón. Es resignado, al no quedarle más remedio. Obligado a quejarse en silencio y a ocultar cosas lo hace y las saca “bajo cuerda” y a escondidas, a veces en forma de anónimos, bulos y patrañas.  El caspolino tiene “su mitología”, escrita por curas piadosos y por idealistas revolucionarios bienintencionados: desde Noé y San Indalecio al Compromiso y la Veracruz, desembocando en la apoteosis anarquista.

El caspolino mira el mundo desde Caspe y parece decir algo muy aragonés: “si alguien quiere algo de mi, que venga aquí”. Y aquí ha venido Adidas en los inicios de la “deslocalización”, que dando mucho a Caspe parece estar orillada camino de Alcañiz. Y vinieron catalanes del sector textil; y empresarios valencianos, belgas y del Jalón, al amor de la fruta, con más o menos suerte, intenciones e inversiones. Incluso ha habido quien ha llegado, ilusionado, desde Zaragoza y se ha arriesgado a crear El Trujal, incluso sin lograr ayudas oficiales.

Y ahora Caspe tiene inmigrantes, siluros, cerezas, nectarinas y melocotones. Y un nuevo restaurante con apartamentos para turismo interior. En el camino dejó de tener azafrán, madrillas, conserveras, almazaras y olivares.

Y, al olor de los “boxes” de Motorland, ahora parece que vamos a tener hoteles; aunque ya tuvo el Latorre y la Fonda Oriental, que prestigiaban en su momento al gremio Y, pasito a pasito, el convento de Santo Domingo va a acabar siendo una hospedería magnífica. Y los Juzgados, lucen en la luminosa Avda. de Chiprana. Y más hacia Maella podemos presumir de instalaciones de ocio y restauración como el Bowling, el Surtidor o el Espacio Quijote, todos debidos a la iniciativa local, que ya no es tan timorata. Y lo mismo podemos decir de la rehabilitación, como restaurante, de la Harinera del Guadalope, al pie de la barbacana del “Castillo que espera”, frente a un entorno cada vez más cuidado. Seamos, pues, optimistas.

 


 

 

Resaca festiva

Repaso las fotos que hice durante las Fiestas del Compromiso. Caspe parece un decorado teatral lleno de actores. Un escenario inmenso sin telón ni bambalinas. Los trajes de la gente que pasa por las calles parecen estar sacados de un cuadro de época. De cualquier época. Constato que no todos son de diseño medieval y que el concepto de tal se diluye, entre sayas y refajos en las mujeres y  túnicas y medias en los hombres, hasta al menos la época barroca.

Vamos: que unos trajes son coetáneos de la Colegiata y otros del convento de los Dominicos, que va a resultar una hospedería ideal para fiestas y rememoraciones románticas, con su semi claustro con pozo y sus evocadoras ruinas eclesiales. Por allí, se me ocurre, se podía colocar un busto de nuestro más ilustre escritor, Miguel Agustín Príncipe, que vivió por los años del Romanticismo y al que Caspe debe un homenaje en bulto redondo.

Caspe, decía, ha estado poblada por personajes escapados de un cómic fantástico. La historia, pasada por el tamiz de la imaginación, acaba dando unos Almogávares o unos Hospitalarios o unos trompeteros Heráldicos de guardarropía, que desde hace catorce años llenan, en fechas comprendidas entre San Juan Bautista y el 28 de Junio, de colorido y bullicio la ciudad. La fecha en que en otros sitios se celebra el Orgullo Gay en Caspe se revive su pasado medieval. En  ambos actos manda el disfraz.

Los espectáculos con fuego, magia y canciones nos han llenado la ciudad de fantasía y sugestión plástica. Los niños son los que más han disfrutado de estas fiestas, sin recurrir a las lifaras, el vino y la cerveza de sus mayores.

El Mercado Medieval, en el único barrio cuadrícula de Caspe, es también una recreación que funciona, pese a su poco rigor histórico. Pero en estas fiestas no se trata de hacer tesis doctorales ni arqueología práctica, si no de animar a una ciudad aletargada (y más con los calores de este mes de junio) y de acercarla a su historia de forma divertida y amena, como dicen algunos pedagogos que debería ser la instrucción. También es curioso cómo, en estas fiestas inventadas cuando prácticamente aun no había inmigración musulmana en Caspe, se mezclan e igualan los trajes actuales de éstos con los recreados con mimo por los caspolinos, y ya a nadie puede parecerle raro ver a un hombre con faldas. Sin pretenderlo estas fiestas nos han  hecho ver lo relativo del vestido y de otras costumbres, y situarlas en el ámbito de la cultura y de la sociología. Y así aprender a tolerar y comprender lo diferente.

 


 

 

Crear y destruir

La semana pasada se publicaba en este periódico la crónica de la sistemática destrucción que sufre un moderno edificio que alberga las actividades de la Fundación Benito Ardid en Caspe, y que dan servicio a cerca de una veintena de discapacitados psíquicos. Esta semana tienen ustedes cerca de esta columna la noticia de la clausura de las obras llevadas a cabo por la sexta Escuela Taller Ciudad de Caspe.

Dos noticias con protagonistas jóvenes, pero de signo totalmente opuesto: en uno se habla de construir y en otro de destruir. Unos jóvenes gamberros que no saben hacer otra cosa que devastar el patrimonio común caspolino, delinquen, hasta ahora con impunidad. Por otra parte veinticuatro jóvenes, de 16 a 24 años, estudian, y han seguido dos cursos de formación profesional, en las especialidades de carpintería, albañilería y jardinería, y han conseguido con su labor, además del título correspondiente, colaborar activa y sustancialmente en la construcción, equipamiento y ajardinado del que será magnífico Albergue Municipal del Convento de Santo Domingo; y también en la remodelación del Parque de la Torre de Salamanca.

En fechas en que es imposible olvidarse del movimiento 15 M que está siendo protagonizado en gran parte por jóvenes, la posibilidad de que éstos se comporten de forma entusiasta, positiva, creativa e idealista frente a una sociedad injusta que parece no ofrecerles futuro, es esperanzadora; y contrasta con la actuación sin sentido de los “rebeldes sin causa” de fin de semana que con sus gamberreadas no hacen si no denigrar al colectivo social al que pertenecen, el de la juventud y la adolescencia. Quiero recordar que cuando los del movimiento 15 M han abandonado los lugares de acampada, tanto en Sol como en la Plaza del Pilar, y pese a considerarse “indignados”, han tenido el prurito de dejarlos bien limpios, para que nadie pudiera decir que eran unos gamberros. Los he visto con fregonas, cubos de agua y espátulas limpiando todo lo que podían haber manchado con sus carteles y acampada. Al contrario de lo que se puede decir de esos “jovencitos” caspolinos que anidan en los botellones y juergas sabatinas de la Gorieta Besteiro,  la Plaza del Maestro Ribes, o que la emprenden con el moderno edificio de la Fundación Benito Ardid, que solo dejan olor a pis, suciedad y destrucción.  Sería magnífico que estos jóvenes destructores tomasen ejemplo de los 24 alumnos de la Escuela Taller  que con su trabajo nos han dejado lugares agradables de los que poder disfrutar todos.

 


 

 

El alcalde de la esperanza

La “verdad matemática”, que dijo el poeta, ha hecho que el nuevo Alcalde de Caspe sea Florencio M. Repolles Lasheras, sin  que sus oponentes hayan llegado a pacto alguno de los posibles. Con el voto en blanco de un CPC descalabrado todo queda, pues, claro y trasparente. La Alcaldía ha acabado siendo, en minoría, para la lista más votada. Ahora a gobernar y buscar soluciones, a ser posibles conjuntas o consensuadas, para los graves problemas que afronta Caspe.

No entré días pasados en disquisiciones, polémicas y futuribles, que bien se prodigaron por páginas de Internet y charlas de café. Y no lo hice porque no hay método para razonar sobre la materia. La política es un campo de batalla de intereses cruzados, y sé poco de ellos, así que mejor no meter el pico en lugar desconocido. Ya metí mi voto en la urna, con un profundo deseo de cambio para mejorar, y poco me dejan ya participar en el guiso. Al final, los “chefs” de la capital repartieron todas las viandas y resolvieron, en donde pudieron, en consideración a unos pactos que les beneficien en cada caso concreto. Durante cuatro años mí Alcalde será Florencio M. Repolles, al que envío desde aquí mi felicitación. Y me atrevo a decir que ha sido sincero al afirmar, al tomar posesión de su cargo, que será “el Alcalde de todos los caspolinos”; en estos momentos iniciales me gusta verlo como “el alcalde de la esperanza”, a sabiendas de las dificultades con que se va a encontrar al gobernar en minoría.
Los nuevos ayuntamientos posteriores al 15 de Mayo no podrán dejar de pensar en ese movimiento, heterogéneo y confuso, pero muy claro a la hora de reclamar una política sin corrupción y con la vista puesta en el ciudadano y no en los intereses de los propios partidos. A la sociedad civil,  estimulada por las reflexiones de los “indignados”, nos queda hacer un seguimiento de su gestión a través de los cauces de participación ciudadana y de los que puedan crearse al amparo de las leyes; por supuesto desde los propios partidos y asociaciones; y desde los propios Plenos Municipales, aunque sea en el resquicio de los  “ruegos y preguntas”, que es en el Ayuntamiento lo que “las cartas al director” en un periódico. Pero, menos es nada.

Tiene Caspe muchos retos: la convivencia de una ciudadanía heterogénea; el acondicionamiento del cauce del Guadalope, la acequia de la Colomina, el cuidado por las comunicaciones (ferrocarril y carreteras), el polígono industrial, la Residencia, el Centro Museístico, la Biblioteca, etc. y, cómo no, las obras de rehabilitación del Castillo. Para que todo luzca el 2012, en el sexto centenario del Compromiso. Faena hay mucha, y lo bueno sería hacerla entre todos.

 


 

 

Crispación

Nadie creo que sea capaz de negar que Caspe está en una encrucijada. En un conflicto al que se ha llegado sin apenas darnos cuenta.

La mitología local de la antigua Villa hinca sus raíces medievales en un acontecimiento de la llamada Reconquista ligado con la batalla de Alcoraz, que es reflejado ufanamente en su heráldica. Pocos podían sospechar cuando se decidió ese escudo de testas con turbante que podía ser conflictivo, o cuando menos paradójico e inconveniente.

Si hoy llega alguien a Caspe y recorre sus calles le entrarán dudas, por un momento, de dónde está: verá tiendas con caracteres y características árabes y se cruzará con muchos magrebíes y pakistaníes, y sabrá pronto que hay mezquita. Por otro lado verá emigrantes de decenas de países: europeos, africanos y americanos. Todo esto hace que, por un lado, tenga un aire de cosmopolitismo impensable hace treinta años; y por otro que aparezcan miedos y recelos entre los dos grandes grupos que conviven, el de los autóctonos y el de los inmigrantes.

Si cuando se levanta un nuevo edificio cuesta acostumbrarse a su nueva fisonomía, ¿qué no ocurrirá cuando es la población la que se transforma sustancialmente?

Caspe está inmerso en el desconcierto. Necesita asumir y acostumbrarse a una nueva realidad étnica y cultural nada fácil. Mientras la población emigrante era mínima se les veía como una novedad curiosa y chocante, pero ahora, cuando algún sector de ella, como la marroquí, supone ya un tanto por ciento considerable, los problemas comienzan a surgir. Una mala acción de uno de sus componentes ya no se ve como la misma mala acción realizada por un autóctono. Comienza a usarse la distinción entre los unos y los otros. Los míos y los ajenos.

Y creo que las autoridades -la propia sociedad civil caspolina- se ha visto desbordada por el fenómeno de crecimiento de la población magrebí, con una cultura, costumbres y religión diferente, que hace que no sólo choquen con los equivalentes nuestros, si no que no se comprendan, e incluso, en algunos aspectos, puedan entrar en conflicto por incompatibles. Es necesario cultivar la convivencia y fijar pautas de comportamiento.


No se pueden hacer tan sólo planteamientos “buenistas” al estilo de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero, a la que falta rigor sociológico y sabiduría histórica y etnológica. Libros como los de López Campillo y Pilar Rahola -ninguno sospechoso de racismo- hacen ver que la convivencia con el Islam puede ser más difícil de lo que a veces, de forma atolondrada, se nos dice oficialmente desde la ignorancia interesada de algunos.

 


 

 

Pablo Serrano y el IAACC

“De la humildad del escultor al ego del arquitecto”, así se podría resumir la trayectoria del nuevo museo que se alza en Zaragoza sobre lo que pretendió ser Museo Pablo Serrano, convertido ahora en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos.

Pablo Serrano donó su obra y la de su esposa, Juana Francés, a Aragón, y se determinó  instalarla en las antiguas naves taller del Hogar Pignatelli, donde había sido profesor su padre. El arquitecto Pérez Latorre demostró desde la primera actuación en las naves que tanto gustaban a Serrano que no compartía su interés. Las encerró dentro de una muralla de hormigón, primero, y ahora, en su segunda intervención esta vez de dimensiones dignas de una obra faraónica (en este caso el faraón es la DGA y su Consejería de Cultura) las ha dejado  reducidas a mera reliquia, como exótico elemento decorativo dentro de su (al menos aparentemente) confusa, complicada y megalómana actuación. La obra, por fuera, es una escultura pop cubista, por dentro son unas plantas diáfanas con una enmarañada estructura sustentante que poco dice de ese exterior tan plástico como indescifrable. Son esclarecedores de todo este largo, minucioso y deliberado complicado proceso de creación la serie de croquis, dibujos y esquemas preparatorios de la obra que en el Instituto se muestran, y que denotan una gestación estética amplia, que traspasa la arquitectónica propiamente dicha.

Me ha venido a la memoria la reflexión que Pérez Galdós deja caer en boca de un personaje (Carolina) de su novela “La de Bringas”: “…los artistas, cuando se dejan llevar por la inspiración pierden toda idea de moralidad, y con tal de lograr un efecto…” son capaces, añado yo, de desvirtuar la idea primigenia del propio promotor, gastar lo indecible y hacer lo que les venga en gana. Algo de esto veo yo en este nuevo, aparatoso y apabullante IAACC zaragozano.

Que sea todas esas cosas (o que me lo parezca tras una primera visita) no conlleva, sin embargo, que no resulte un edificio interesante y útil, tal vez por darse en él tanta desmesura junta.

Hay que reconocer que ha sabido resolver con efectividad (aparatosa) la circulación horizontal y vertical del mismo, y lograr salas, salitas, rincones y rinconcitos que podrán utilizarse y adaptarse a muy diferentes maneras de exponer las más variadas obras de arte (sin olvidar la introducción de las mismas de gran tamaño en las salas), función primordial del encargo.

El centro muestra a las claras el apoyo político que ha tenido el proyecto, pues sin el dinero aportado por la DGA hubiera sido imposible. El centro está pensado más bien para el concepto escultórico de un internacional Richard Serra que de un humilde Pablo Serrano bajoaragonés.

 


 

 

Ilusiones y elecciones

En Zaragoza la ilusión viaja en tranvía, que están en la capital como niños con zapatos nuevos; en el resto de Aragón, viaja en lo que puede. En Caspe, durante la legislatura de 1955 a 1999 viajó en “tren chu-chu” gracias a la concejala Pilar Bondía, que la ilusión siempre necesita algo en que viajar.

Por ejemplo en Alcañiz lo hace en Motorland, y en Caspe, en “su” Mar de Aragón. Solo que Motorland es una realidad y el Mar de Aragón unas posibilidades o el nombre de un Instituto rebautizado.

“La ilusión viaja en tranvía” es una de las películas del calandino Luis Buñuel rodada en México en 1953 con guión, entre otros, de Luis Alcoriza. Ahora el moderno tranvía zaragozano comunica en la capital de Aragón los alrededores de la plaza de dicho nombre con Valdespartera, donde se rodó “Salomón y la reina de Saba”, en cuyo rodaje murió Tyrone de Power, y tal vez por eso han bautizado sus calles con nombres relacionados con el cine. Allí esta la estación de “Los olvidados” en recuerdo de otro título mexicano de Buñuel. Pero olvidados, en Aragón, se sienten muchos: se sienten los  caspolinos, con sus casi eternas obras inconclusas de los regadíos de la Colomina, la carretera de Mequinenza y la Residencia; o por la parquedad de servicios de la estación de ferrocarril, otrora esperanza de la Ciudad del Compromiso. Desesperanzados se sienten ahora los que pensaban ver reconstruido su castillo, al toparse con la cruda realidad que se ofrece desde las instituciones. Por cierto, la palabra “compromiso”, tan caspolina, ha sido clave en el cartel anunciador de muchos candidatos. Todos parece ser que establecen “compromisos” en momentos electorales, pero estamos por ver si los cumplirán después.

En la recta final de la campaña  escuchamos todas esas palabras que aquí he trenzado: esperanza, compromiso, ilusiones… Las urnas hablaron y ahora es el tiempo de los pactos, pues nadie logró la mayoría absoluta. Si las cosas van mal incluso nos dirán que la culpa es nuestra, por haberlos elegido con tibieza. Los comicios en Caspe mostraron  el poco entusiasmo de los caspolinos por alguien en particular: “gripó” el motor del CPC; el PSOE tan sólo demostró que sigue teniendo un suelo firme de incondicionales; y del hartazgo de ambos sacaron provecho el PP y la CHA. El PAR, como siempre, pretenderá ser la guinda que corone el manjar de la Comarca.

 


 

 

Eva y el pecado original

Cuatro de abril de 2011, mientras ZP vive la resaca de su anuncio de retirada de las ambiciones presidenciales, nuestra candidata autonómica, Eva Almunia, habla del “pecado original” de su contrincante más destacada. Oír en boca de Eva lo de “pecado original” seguro que ya ha inspirado una viñeta a más de un humorista.

Y, si hay Eva y pecado original hay Paraíso (el que ofrecen los socialistas, de nuevo, para Aragón) y una serpiente (el diablo), que está bien clara: Luisa Fernanda Rudi. Con este nombre de infanta, “la Rudi”, ex Presidenta del Congreso de los Diputados, es presentada por el PSOE como la tentadora que solo traería males para Aragón. Un partido que proclama el laicismo sorprende con estos símiles religiosos. Pero el PSOE no deja de sorprendernos nunca: un abogado laboralista acaba en asesor de empresarios millonarios; un demandante de la verdad, en mentiroso, etc. Todo esto sería para hacerse el harakiri si no fuese que estando en España y en el ámbito de la política es, si no normal, algo “que se da”. Se da como se da el acné en la adolescencia y las arrugas en la vejez: como algo natural. Pero, desgraciadamente.

Yo no se si Rudi tiene un pecado original contraído en alguna declaración hecha sobre el trasvase del Ebro, pero sí pienso que Eva Almunia después del giro copernicano dado por su jefe supremo, Rodríguez Zapatero, en cuestiones de economía, debería ser más cauta. ¿Quién nos dice que, en aras de la política económica de España no hay que volver a repensar lo de trasladar aguas de una cuenca a otra? Tampoco se hundiría el mundo si para hacerlo se satisfacían primero las necesidades de los territorios por los que transcurre el río (que no es de nadie) y se trasvasa sólo el agua que acaba yendo al mar; y, en el caso del Ebro, después de tener en cuenta la particularidad de su desembocadura, con un delta perfectamente constituido. Pero, después de considerar todo esto, nada puede “ser pecado”, si no una cuestión científica y técnica a resolver por peritos en la materia, y no por políticos; pues demostrado está que estos van a lo suyo, o sea, a la caza y captura del voto que los legitime cada cuatro años para ejercer el poder en nombre de sus electores. Pero una vez elegidos, pocos son los que les escuchan, amparados, si es el caso, en la mayoría lograda.

 


 

 

Rehabilitación   Vs.  Reconstrucción

Bien podría convocarse en Caspe un congreso o seminario de arquitectura para debatir las actuaciones en edificios antiguos e históricos.


Las teorías y posturas al respecto han evolucionado tanto que nada tienen que ver la  decimonónica de Viollec le Duc (que hizo posible la restauración - recreación de la catedral de París ó la Cité de Carcasona) con la de Grassi y Portaceli en el anfiteatro romano de Sagunto, con gradas de mármol de Carrara.

Los caspolinos están ahora inmersos en una cuestión que les desborda: la de asimilar la más moderna teoría sobre la restauración y conciliarla con lo que les pedía el cuerpo en relación a su castillo. Conseguida que la administración (por fin) les escuche, se han topado con la cruda realidad científica, que es, más o menos, que “no debe recrearse lo destruido, y sustituirlo por un falso histórico”. Ya me posicioné en otra columna sobre la posible actuación en las ruinas del Castillo de Caspe, y el proyecto presentado por la DGA coincide con mis opiniones. Coincide porque ambas están basadas en las  modernas teorías sobre la actuación en monumentos en ruinas. Pero como no siempre se han seguido estas pautas (se me ocurre con la Aljafería, donde se reconstruyeron elementos tiempo ha desaparecidos siguiendo las trazas de viejas fotos y dibujos), los de Caspe están que no comprenden la dureza visual con que va a quedar su más apreciado símbolo. Para el proyecto de Caspe han sido totalmente fieles a la estricta teoría de no reconstruir ni un solo elemento, aunque existan documentos que lo permita. Y como la reconstrucción historicista sería más cara que la mera conservación de los elementos existentes (muy escasos) y la complementaria construcción sobre ellos con técnicas y materiales modernos, algunos piensan que son razones económicas las que han primado en la decisión. Yo creo entender que, pese a que abarata la intervención, lo hecho por los técnicos, que han preparado un proyecto próximo a ejecutar en nueve meses, es seguir los criterios de las más modernas teorías sobre la restauración, por eso decía al comienzo que Caspe merece ser la sede de un congreso de arquitectura que debata el tema de las reconstrucciones. Saquemos partido a las calamidades de nuestra historia, que hicieron que el castillo, “cumpliendo las funciones defensivas de mismo” como no se cansó de recordar el Director General de Patrimonio, ha llegado a nuestros días en estado tan lamentable. Ahora alegrémonos de que pronto Caspe contará con una moderna obra arquitectónica capaz de servir como espacio museístico, de reunión y protocolo.

 


 

 

Aquellos monaguillos

Se acabó. Ya no suenan bombos, tambores y trompetas. Ya no hay variados desfiles procesionales por calles y plazas. Curiosamente: se acabaron también las lluvias que los deslucieron.

Ahora, a esperar que pase un año. El paso del tiempo lo sentimos en el transcurrir cíclico de estas fiestas. Este año en nuestra procesión ha habido, también, un detalle que nos ha hecho darnos cuenta a todos del trote del tiempo: ver a un ha poco monaguillo como nuevo párroco.
Colaborando desde hace más de doce años en LaCOMARCA no puedo si no acordarme de que tuve preparado un artículo sobre los monaguillos de Caspe que nunca llegué a publicar. Allí figuraban, entre otros, Sergio Alentorán y Gustavo Máñez, los dos ahora párrocos de pueblos de nuestra Comarca. Eran los monaguillos más aplicados y los dos han culminado su “vocación”, tan apoyada por sus familias, quedándoles toda una vida pastoral por delante. Recuerdo a Juana, la madre de Gustavo, que se sentiría tan orgullosa viéndole cura. Y sin darme cuenta acabo pensando en Mosén Millán, el cura de la novela de Ramón J. Sender (que vivió parte de su adolescencia en Caspe por ser  hijo del secretario del Ayuntamiento). En el librito aparece el cura como quien está presente en todos los momentos de la vida del protagonista: lo bautiza, lo tiene de monaguillo, lo casa y acaba dándole la Extrema Unción cuando va a ser fusilado tras la insurrección que dio comienzo a la cruel guerra civil de 1936. Toda la novela es el recordar la vida de su antiguo monaguillo el día en que se celebra una misa de réquiem en su memoria.

Cuando surge la polémica de las procesiones, el estado laico y la presencia de las autoridades civiles en las mismas, aparece en la pequeña historia de cada uno la implicación inveterada de la religión, sus ritos y su liturgia, en nuestras costumbres. Y el cura aparece, al menos, como quien acaba despidiendo en el pueblo a los muertos; hasta a los que poco se acercaban a la iglesia. Así mismo la procesión de Caspe ha acabado siendo un solemne y estruendoso desfile cristiano folklórico contemplado por las perplejas miradas de los emigrantes musulmanes. Los pasos, los tambores, los romanos y la Veracruz, han estado presididas en lo religioso por un joven esbelto párroco que no ha mucho era un juguetón monaguillo; un par de días antes había fallecido su predecesor, Mosén Miguel Antonio Flecha. Contemplar la procesión caspolina de 2011 ha sido para mí como ver ese río metafórico de las coplas de Jorge Manrique.

 


 

 

Procesiones  al gusto

Nuestra tierra (la chica: el Bajo Aragón, y la grande y en toda su extensión: España) es amiga de rivalidades y fraccionamientos: las dos Españas; el Barça y el Madrid; Caspe y Alcañiz, etc. Y ahora en esto tocar el bombo y el tambor en Semana Santa hay una primera y  una segunda división.

No podemos vivir sin rivalidades arrojadizas, sin intentar ir por caminos divergentes que acaban retrasando y obstaculizando nuestro desarrollo comunitario. Inventada y consolidada la Ruta del Tambor clásica, con nueve pueblos, surge por imitación la del resto de los pueblos vecinos, doce; pero en lugar de integrarse en una sola Gran Ruta da origen a dos; irreconciliables en aras al purismo y veteranía, que no a la efectividad turística.  No en balde hemos sido los españoles los que hemos inventado el oneroso y complicado Estado de las Autonomías; y mantenemos al mismo tiempo las administraciones provinciales y comarcales: para rivalizar unas burocracias con otras, y todas con la central.

Más leña disgregadora: ahora salen (al menos en Madrid) los “ateos militantes” y promueven “procesiones ateas”, que es como montar un burdel con monjas. Y claro como no tienen tradición en esto de “procesionar” solo se les ocurren parodias de las religiosas. ¡Eso, no vale; solo son ganas de provocar! Las procesiones laicas, por otra parte, ya están inventadas en forma de desfiles cívicos y festivos desvinculados de la religión, desde los carnavales a las carrozas y paradas. Lo que han  preparado algunos en Madrid para el Viernes Santo son “contra procesiones provocadoras”; o sea: al desfile callejero lo que la blasfemia a la palabra. Pero todo el mundo sabe que la blasfemia sólo produce efecto en quien es, o ha sido, creyente; pues si no, no tiene ningún sentido.

En el Bajo Aragón no creo que se le ocurra a nadie lo de las “procesiones ateas”, entre otras cosas porque bastante laicas son ya, en algunos aspectos, las religiosas. Hoy la liturgia católica es, para muchos, simple manifestación cultural y se sale en las procesiones por tradición, folklore y diversión. No olvidemos que nuestro paisano Luis Buñuel fue entusiasta, y el mejor propagandista, de las procesiones calandinas, con sus bombos y tambores; y se definía siempre como “ateo, por la gracia de Dios”. Pero no creo que hubiera estado nunca de acuerdo con la mofa y escarnio de las “procesiones ateas” planteadas en el madrileño Lavapies.

 


 

 

Políticamente  molesto

Muchos caspolinos comparan la diferente difusión de dos centenarios a celebrar en 2012: el de la Constitución de Cádiz y el del Compromiso de Caspe (con la previa Concordia de Alcañiz), en el resto de España. Trataré de pensar por qué pueden tener diferente repercusión ambos hechos históricos.

Constituido el “Estado de las Autonomías” España ha quedado conformada por un mosaico de 17 teselas, y cada una de ellas rivaliza con las otras. Poco, si no el marco del Estado, queda para el sentimiento común. En este escenario el Compromiso de Caspe (exaltado por la historiografía romántica española después de una guerra, la de la Independencia, que cohesionó la idea de la España borbónica) queda como algo concerniente a Aragón; relegado, pues, al nuevo ámbito autonómico. Cuanto menos se cree en España como Nación, menos sentido tiene exaltar el germen de su formación: el establecimiento de una dinastía castellana en la Corona de Aragón que abriría el camino para que el nieto del elegido en Caspe, a través de su matrimonio con Isabel, consiguiese reunir las naciones medievales en una misma testa coronada y dar lugar así a una nación moderna.

En la Cataluña o en la Galicia oficiales (y no digamos en las Vascongadas) les importa poco el centenario del Compromiso de Caspe, que ven como algo ajeno a su historia, reducida a la de su territorio medieval. La Historia que estudian en cada autonomía se constriñe a sus límites autonómicos. Triste, pero así es. Si el Ebro (en algunos libros de texto patrocinados por la Generalitat de Catalunya) “nace en tierras extrañas”, no debe de extrañar que el Compromiso de Caspe, cuya sentencia no satisfizo en su momento a muchos catalanes, lo quieran considerar ajeno. Considerar el Compromiso de Caspe como digno de recuerdo histórico en Cataluña lleva a aceptar la formación de España, Nación a la que el catalanismo independentista rechaza. Para algunos rememorar el Compromiso de Caspe es echar leña a una hoguera que ya comienza a arder. Recordemos que en la anterior celebración del 575 aniversario del Compromiso vinieron a Caspe autoridades políticas aragonesas y valencianas, pero no catalanas.

La Constitución de 1812, pese a ser de toda la Nación Española está ligada al pensamiento progresista, el que admite esa España-mosaico, esa España en la que, en palabras de Zapatero, “el concepto de Nación es poco claro”.

En definitiva: el Compromiso de Caspe, hoy por hoy, es políticamente molesto, y las Cortes de Cádiz, no.

 


 

 

Dinosaurio

Sin darme cuenta me he convertido dinosaurio. De un tiempo a esta parte siento ser especie extinguida. No se bien cual ha sido el cataclismo que lo ha ocasionado, pero así es. Frente a mi veo nuevas especies, nunca antes existentes. Añoro el tiempo en que la gente se conocía en un café, y no en “la Red”.

La red era cosa del circo ó de los pescadores. Ahora la Red es el Salón del Prado, Paseo de la Independencia ó Calle Mayor, en la que se deambula para dejarse conocer, montados en la calesa Facebook y similares. Me gusta el sexo con tacto, frente al que llaman virtual.

Tampoco me identifico con los que, por lo visto, se sienten a gusto atendidos por una teleoperadora que aplica plantillas y protocolos preestablecidos, rellenando casillas de estricto cumplimiento. No les pidas que decidan, piensen u opinen, pues sólo pueden marcar unas equis en unos recuadros, y esperar la respuesta concertada por sus empleadores, siempre ausentes mirando las cuentas de beneficios y estadísticas de todo tipo.

¿Y qué decir de quienes nos cuentan su vida en el asiento de al lado de un tren o autobús, con el teléfono móvil sonando cada dos por tres?. Asistimos inanes a la resolución de negocios o problemas familiares. Desde el monto de una comisión a conocer cuando deben ponerse a cocer unas acelgas. Todo llega a nuestros oídos sin que quien nos lo cuenta se sonroje.

Lo dicho, ante tales cosas, que no me gustan y son ya habituales, yo me siento antiguo, desplazado, ajeno, de otra especie: dinosaurio. Soy como el Gregorio de Kafka: un sorprendido de las mutaciones experimentadas, en este caso, en su entorno.

Mi inadaptación viene de lejos. Recuerdo que todo comenzó cuando le mandé quitar a mi madre de unas camisetas que me habían regalado un cocodrilo. Y resulta que ese cocodrilo era quien lo prestigiaba; y yo no me daba cuenta. Fue imposible, pues estaba tan bien trabado que se arriesgaba a  hacer un agujero. El mundo empezó a cambiar cuando nos invadieron las marcas, o mejor, nos hicieron creer en ellas para excitar el consumo. Y cuando nos convencieron de que para salir a la calle había que llevar el calzado pensado para la cancha deportiva. Absurdo, pero todos han tragado; y yo, como para salir al asfalto sigo con zapatos de los de antes, soy visto con pezuñas de dinosaurio. Me gusta el ordenador a modo de instrumento que aumenta mis posibilidades en mil campos, pero para hacer amigos prefiero, ya lo dije antes, el café, la plaza o la calle misma. Soy primitivo. Me siguen gustando las bibliotecas, los lomos de piel y el papel verjurado. Lo dicho, soy dinosaurio.

 


 

 

Ética y estética

Todo es cuestión de escalas, puntos de vista y principios. El hermoso planeta azul de los astronautas es una cloaca visto a ras de suelo. Cuando visitaba hace unos días Santiago de Compostela, extasiado por su sencilla belleza, Japón vivía el infierno. La ciudad gallega, hecha a escala del peregrino por obispos y óbolos, me hablaba por sus piedras de iglesias y conventos de una falacia fascinante.

Somos, también, capaces de recibir un día el regalo de un caballo de un tal Gadafi, y años después ver en él, sin haber cambiado un ápice el personaje, al demonio del desierto. Sólo he visto mantener su crítica implacable al dictador de los aparatosos tocados a mi antiguo compañero de facultad Federico Jiménez Losantos. Justo es reconocerlo. Los demás han pasado de la complacencia a la condena.

Y así, dando tumbos, va casi todo en esta vida. Vivimos tranquilos en nuestra parcela: casa, ambiente de trabajo, región, comarca, país, continente, sin querer darnos cuenta de lo que pasa en las de al lado: hambre, guerra, conflictos, desigualdad, etc, hasta que nos concierne a nosotros.

Construimos un decorado vital pequeño, angosto, con forillos para no ver al de al lado y así pretender vivir más tranquilos. Pero cada uno de nosotros somos, en cierto modo,  producto de la historia de los demás. En eso se basa (de alguna manera) la selección natural de las especies y la genética: somos historia. Somos seres sociales, nos guste o no.

Recorriendo Compostela, con la angustia (por dentro) por lo que estaba ocurriendo en Japón y la lluvia (por fuera), no dejé de pensar en mi pueblo, en este Caspe-isla, este Caspe sin  puntos cardinales, centro de nada, nódulo de si mismo. Pienso lo hermoso que sería (en su sencillez) con sus calles cuidadas, con sus casas reconstruidas con materiales autóctonos: desde el barro del adobe y el ladrillo, al tapial de mampostería y la piedra sillar de vez en cuando, ó el enfoscado humilde del yeso. Lo interesante que sería poder mantener su complicada trama urbana, con sus cuestas, desniveles y barbacanas sin desnaturalizarlas con elementos intrusos como el cemento, el descuido y el mal gusto. Lo magnificadas que podían quedar algunas calles con sus casas de piedra conservadas y no derruidas, como se ha hecho (sacrilegio urbano: incomprensible, señor Laguens) con las casas de la calle de la Herradura y la del Hospital.

Sueño despierto durante mi viaje norteño pensando en todo esto mientras lo perentorio es ayudar a Japón o resolver el problema de Libia. (¿Cómo?). Perdónenme el hablar de estética cuando hay tanta falta de ética.

 


 

 

Genial

En uno de esos telefilmes de la sobremesa de los fines de semana, que se aderezan con una pizca de intriga, otra de didactismo de lo políticamente correcto (esto, según el país que lo haya producido, puede darle uno u otro toque de especia) y, a veces, “inspirado en un hecho real”, escuché al menos diez veces en el doblaje, para concluir una frase aseverativa: “genial”. Por ejemplo “mañana vamos a ver a la abuela”, respuesta: “genial”.

Educado cuando aun nos fascinaba la mitología clásica, cuando Miguel Ángel y Leonardo no eran tortugas, si no genios, cuando era corriente decir a alguien “genio y figura hasta la sepultura” por ser una persona que se reafirmaba en sus principios y creencias y le hubiera parecido aberrante el relativismo, la palabra “genial”, de “genio”, sigue rememorando en mi algo sublime, un escalón muy alto en algo muy difícil. Pero nunca ir a visitar a la abuela, por muy enternecedor que sea, me parecerá genial.

Genial es una muletilla muy usada por nuestros adolescentes, y en ellos incluso suena bien, pues tiene mas de fonema que de sintagma. Pero de los responsables de las películas se esperaría más calidad lingüística que la de un quinceañero; entre otras cosas para que estos, a través de la televisión y sus productos, no aprendan tan mal castellano. Aquí aparece el clásico problema de que “qué fue primero, el huevo o la gallina”. ¿Los adolescentes hablan tan pobre por la pobreza de los que escriben los textos (originales o doblados, eso en lo que tiene referencia a lo que hablamos da igual), o es que los guionistas son tan meticulosos que copian con tal ligereza y falta de esfuerzo el lenguaje de la calle (ese que costo tanto recoger a gente como Cela o Delibes)?.

Yo creo que hay una dejadez entre los que deberían hablar y  escribir bien, ser precisos, meticulosos, creativos, creadores; y guías, también, de quienes, por desgracia, no tienen más referentes literarios que los medios. Si así hicieran quienes deberían, no se escucharían tantos reiterados “¿y eso?”, guay, chachi y genial. Que, como ven, enriquecen y llenan de matices a la lengua de Cervantes, Gracián, o Vargas Llosa.

Manu, amigo, tu “genial” suena a gloria, entre otras cosas porque tienes casi 15 años; pero no te das cuenta de que mimetizas y eres víctima de unos injustificables guionistas, romos y sin imaginación ni ganas de trabajar que son capaces de escribir reiteradamente “genial” cuando podrían ir poniendo, según el matiz requerido por cada frase: si; ¡qué bien!; así es. ¡muy bien!; estupendo; fantástico; divertido. Pero lo de “genial”, dejémoslo, ¡por los dioses del Olimpo!, para “lo propio de los genios” o para usarlo graciosamente (como Manu) y  con moderación.

 


 

 

Confrontación infructuosa

Como pasa con frecuencia en Caspe, se ha entrado en una infructífera polémica. ¿La causa? El logotipo que la “Comisión Aragonesa para la conmemoración del Compromiso de Caspe” ha elaborado. Conocido éste, se ha confrontado con el que, en su momento, elaboró la AACC para su proyecto dinamizador local amparado en la conmemoración del propio Sexto Centenario. Creo que bien podrían coexistir los dos, con funciones y aspectos complementarios.

El “Caspe 2012”, difundido en camisetas, pañuelos, pegatinas y otros soportes, me parece una buena idea para aprovechar el sexto centenario para impulsar a los caspolinos hacia la mejora de su pueblo, tanto en dar una posible solución a las ruinas de su Castillo como en otras muchas cosas que podrían mejorar la Ciudad y su ámbito de influencia (léase Comarca).

En lugar de eso ha acabado sirviendo para crear división; tanto entre quienes van a conmemorar un hecho histórico de alcance nacional como entre quienes desde el propio Caspe desean hacer algo por él.

No podemos olvidar que el Compromiso de Caspe es un hecho fundamental de la Corona de Aragón, y por extensión de España. Caspe debe sentirse orgullosa por haber sido en su Castillo donde se celebró tal cónclave, dándole nombre, pero la participación de Caspe no dejó de ser circunstancial.

En cuanto al logotipo, lo primero que tendríamos que hacer, antes de juzgarlo, es saber qué es y para qué se hace. El escogido es sencillo, gráficamente moderno y expresa lo conmemorado: unas manos parecen alzar una corona con tres cúspides (los tres estados que decidieron) con los colores de la Corona de Aragón, que al ser los de España consigue quede manifiesta la importancia del hecho conmemorado, desde el pasado a la actualidad. Pero, al fin y a la postre, sirve sobre todo para que quienes ponen dinero en la celebración se sientan reconocidos.

El que no se haya contado expresamente con los “artistas locales” (ni con los aragoneses en general) no debe verse como un desprecio. Se opto por darle otra dimensión, cual es que fueran los alumnos de una escuela de diseño aragonesa quienes lo crearan; y desconozco si en ella hay algún caspolino, en cuyo caso se mediría con sus compañeros a la hora de aspirar a ser elegido, supongo que por un jurado cualificado.

Trabajemos en equipo para lograr que la conmemoración de un hecho histórico de la Corona de Aragón repercuta lo más posible en Caspe, pero no tratemos de patrimonializarlo pues entonces podemos hacer un “soberano” ridículo.

 


 

 

Dinastías republicanas

No dejan de llamarme la atención lo que nombro como "dinastías republicanas". La candidatura de Florencio Repolles al Ayuntamiento de Caspe me lo ha puesto en bandeja.

Podría haberlo dicho antes de los jerarcas de Corea del Norte, o de la mismísima Francia, donde también hijos de primeros mandatarios intentaron seguir la carrera política que culminaron sus padres. Tal vez la diferencia entre los dinásticos de sangre azul y estos de sangre roja esté en la palabra vocación. En las monarquías genuinas la vocación no cuenta, sólo "el derecho de la sangre"; en la continuidad familiar plebeya de actividades se supone que es la vocación común lo que hace que los hijos continúen a sus padres. Pero a vista de pájaro y a estas alturas de la Historia, estas sagas de políticos no dejan de parecer paradójicas cuando se manifiestan en  acérrimos enemigos de la "herencia por la sangre". Y es que, se quiera o no, la fuerza que para el PSOE tiene  Florencio Repolles II es la de ser el ser hijo de Florencio Repolles I, de grata memoria para muchos caspolinos. En la nostalgia está la fuerza del buscado tirón electoral.

Aceptar encabezar esa lista, llamándose como se llama, no deja de ser un arriesgado acto de valentía, y desde aquí, como caspolino se lo agradezco; y más considerando la sequía de vocaciones políticas que hay entre la juventud madura española y su alejamiento de la gestión pública.

Florencio Repolles Lasheras (aquí y ahora se ve la utilidad de que tengamos una forma clara de usar los apellidos) es un abogado en ejercicio querido por los caspolinos por su buen carácter y su profesionalidad. La política le llegó como responsabilidad a la muerte de su padre. Su padre fue la esperanza del socialismo caspolino (e incluso aragonés), truncada por un infarto tan inesperado como mal diagnosticado. Florencio Repolles Julve fue un político de consenso, afable y educado, que entroncaba con la tradición socialista caspolina sin dar miedo a la derecha; fundador y estímulo de DEIBA fue Presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza. Su hijo mantiene muchas de esas buenas cualidades de su padre, y ya ha sido concejal del Ayto. de Caspe en tres legislaturas.

Por todo esto el PSOE local lo ha buscado como tabla de salvación en la tempestad.

Espero que el sacrificio que le han pedido a Florencio Repolles Laheras venga acompañado por el propósito de enmienda de quienes van a apoyarse en su apellido para intentar seguir manteniendo el poder municipal caspolino otros cuatro años.

 


 

 

El avatar cinematográfico actual

El cine corona la narrativa del siglo XIX, y a su vez da paso al arte del siglo XX. En el XXI parece volver a sus orígenes, a la barraca. De nuevo se contenta con sus primeros vagidos: con sorprender al espectador. Pero el cine ya no es inocente. Tiene detrás de sí una historia de más de 100 años. El cine ya no es adolescente, si no anciano. Su vitalidad de ahora se logra por medio del costoso viagra de las 3 D.

Acabo de ver “El Santuario” (sic), una secuela de “Avatar”. Secuela no en cuanto a la historia de los hombres azules, si no en cuanto al desarrollo de la técnica de las tres dimensiones. Perdidos en las profundidades de unas inmensas cuevas subterráneas bajo el “ano del mundo”, algo más de media docena de espeleólogos (pero, ¡qué más da!) viven sus frustraciones (el guionista tampoco se complica mucho) fuera del contacto con el mundo, vociferando. A mi la película me ha parecido (a falta de encontrarle algo de interés en si) una metáfora o parábola de la situación del cinematógrafo en la actualidad. Con el peso de su historia encima está sepultado en busca de una salida. El cine ya no es la manifestación de la labor intelectual de gentes como Antonioni, Visconti, Buñuel o Fasbhinder. Ni de la capacidad fabuladora y creativa de un Hitchcock, un Welles, un Ford, o un Fellini. Ni siquiera la frescura vitalista de un Renoir, un Wilder, un Berlanga o un Tatí. El cine se conforma con ser industria del espectáculo, con ir en pos de las 3D. De la taquilla.

Hay comida basura, vestidos para usar y tirar cada temporada, cibersexo, películas para pasar el rato. Productos estos para un mismo tipo de consumidor: menor de 40 años, urbano (al menos de sentimientos), adolescente eterno (de pensamiento). Todo es cáscara en este siglo XXI, ligero, banal y vacuo. Todo menos la realidad: paro, conflictos sociales, crisis, desigualdades, guerras, hambre, pobreza. Tal vez por eso el espectador, enterado de casi todo por Internet (o, eso cree) busca en la sala oscura (o en el sofá de su salón) la evasión. Y en esa búsqueda no le queda ya otro recurso técnico que el reproducir con apariencia fiel pero sin complicaciones intelectuales esa realidad. Evasión frente a reflexión. Trama sencilla frente a complejas historias.

Todo lo que de profundo es el decorado de la película “el Santuario”, es de superficial la enjundia de su historia, llena de tópicos y trucos de guión. Apariencia frente a esencia. La sencilla y entrecortada prosa azoriniana (pero con un vocabulario mínimo y vulgar) frente a los complicados periodos conceptistas de Gracián.

 


 

 

Maestro y poeta

A Ángel Guinda lo conocí en el andén de la estación de ferrocarril caspolina cuando dejaba esta ciudad después de ejercer en ella el curso 1977 como maestro. Ya sabía que era poeta, pues tenía publicados algunos libros. Con el tiempo su quehacer literario ha recorrido una fructífera trayectoria que acaba de ser reconocida con el Premio de las Letras Aragonesas 2010.

El día 1 de febrero presentó en Madrid, en el salón de la SGAE su libro “Espectral”. Un poemario editado por “Olifante, libros de poesía”, en la línea de sus anteriores trabajos, transido de preguntas y respuestas en las que trenza con habilidad, pericia poética y uso de la paradoja lo trascendente con lo cotidiano. La vida con el sentimiento y la sensibilidad.

Al acto acudieron varios aragoneses de lustre, como el propio Presidente de la SGAE, José Luis Borau, que lo presentó, la directora de Instituciones Penitenciarias Mercedes Gallizo en condición de amiga del poeta, o el realizador de cine y t.v. Alfredo Castellón. En un ambiente volcado al poeta éste hizo alarde de campechanía, amistad y sencillez, recordando sus experiencias en la enseñanza y sus vivencias zaragozanas, todas ellas inspiradoras de algunos de los poemas que el propio Guinda leyó, además de Liberto Rabal y otros amigos del poeta.
La muerte aparece en sus versos como recurrente única certidumbre. No puede olvidar que su llegada al mundo originó su orfandad. Pero Guinda, ya metido en los sesenta, bebe y apura con gusto la vida, como un Cavafis maño y achacoso, inspirándose en lo que vive día a día, y no olvida que “de niño veía en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre”. La metáfora social se incardina con sus vivencias y sus miedos profundos y da paso a un vitalismo existencialista que es la esencia agridulce de sus versos:”Quiero ser todo lo que se transforma”.

Blasfemo místico, sensual anacoreta, abuelo con alma de muchacho, durmiente insomne, soñador desconsolado, maestro (de escuela) y poeta (sin escuela). Guinda: “cereza, drupa, fruto, altura, distancia, iza” según el desplegable de los sinónimos de Word, valora sobre todo la amistad, el buen vino, el amor y la lectura. Todo, menos lo vulgar, adocenado y políticamente correcto: “Qué mareo estar donde no soy”.

Que Dios le de salud para poder seguir sintiendo y escribiendo versos y practicando la amistad y la ternura. Porque: “¿Qué seré el día que no sea lo que soy?”

 


 

 

Diseñar, en Caspe, es sufrir

¡Que duro es diseñar algo moderno para Caspe! Enfrascados en la añoranza del Castillo  medieval todo parece impropio, raro y fuera de lugar. Durante muchos años nadie ha puesto en cuestión los elementos urbanos que se construían.

Aunque, por otra parte, casi nada se hacía, y menos digno de poder reseñarse o enseñarse fuera de los límites de la más corta distancia. Y ahora que aparece algún diseño nuevo e interesante la incomprensión suele acompañarlo y estigmatizarlo: los retretes de cristal de la Glorieta, el Centro de Interpretación de la Cultura Funeraria Ibera, y, ahora, la Plaza de Heredia.

Suele ser postura habitual, y no sólo en nuestro pueblo, la incomprensión hacia lo nuevo. En Madrid hubieron de cambiar elementos de la penúltima reforma de la  Puerta del Sol; y la estructura poliédrica acristalada que da acceso al intercambiador construido en su última reforma tampoco parece complacer a muchos.

Todo lo nuevo choca con nuestra mirada. El ojo, por la persistencia retiniana (que sin embargo hace posible la existencia del cinematógrafo) hace que sea un órgano muy conservador y poco amigo de novedades. Añoramos lo que estamos acostumbrados a ver y las novedades sorprenden.

Yo mismo he criticado algunos de los nuevos aditamentos ciudadanos caspolinos, como los toldos de la reforma de la calle Mayor y la pérgola de la citada Glorieta. Pero en ambos casos he creído razonar la crítica al remarcar el sinsentido de procurar sombra a una calle a la que nunca da el sol; o a un lugar que ya la tiene de por sí con hermosos y añosos árboles, con los que los pilares de la pérgola compiten en anómala promiscuidad. Mejor hubiera estado,  por ejemplo, en la diáfana Plaza de los Maestros.

He alabado, sin embargo, edificios como el Centro de Interpretación, por su ingenioso, moderno y práctico aprovechamiento del espacio, y su adecuación a su función. Ni me parece tan raro el acristalamiento del cubo de la Glorieta, que resulta cuando menos original. Y nunca llamaré “orinales” a los maceteros de la plaza de Heredia. Sí me parece feo, chapucero y digno de crítica negativa lo hecho en el “Anfiteatro José Antonio Labordeta”.Pero creo que no todo lo que se hace en Caspe de un tiempo a esta parte en arquitectura y diseño sea malo. Las escaleras de los Jardines del Sagrado Corazón, por ejemplo, son un ejemplo de limpieza de diseño y utilización de materiales, y estoy esperando que el muro de detrás del colegio Compromiso no sea lo suficientemente alto (en aras de disuadir a los gamberros que por allí echaban basura) como para privarnos del más hermoso mirador de la Ciudad.

 


 

 

Remando en el temporal

Mientras en Caspe los partidos desgranan el rosario preelectoral sin prisas, con la designación de candidatos: Fontoba (PP), Alastuey (PAR), Sancho Baixeras  (CHA), y en Alcañiz mantienen un pulso los sectores del PSOE, la ciudadanía española discute sobre la ley del uso del tabaco en locales públicos, la pensión y edad de jubilación del común y la de los parlamentarios, y el complejo e irremediable proceso de reforma de las Cajas.

Bulle la olla política y social en un paisaje de crisis generalizada y  nubarrones como el despido en Pikolín y en la sociedad de comunicación PRISA. Pero el quehacer cotidiano continúa, para lo bueno y lo malo. Así, en Caspe luce la recién arreglada  “Placeta” Heredia, que es nuestro Time Square neoyorquino o nuestra Plaza del Callao madrileña, no sin polémica, tanto por la irrupción de los gamberros asilvestrados como por la incomprensión de las soluciones técnico-estéticas elegidas en la reforma.

Mientras, se presenta al público en Zaragoza el número 369 de la revista “Aragón”, del “Sindicato de Iniciativas y Propaganda de Aragón” (SIPA), entidad que desde 1925 viene promocionando las excelencias monumentales y paisajísticas de nuestra tierra. Y si lo cito en esta humilde columna comarcal es porque su Presidente es el caspolino Miguel Caballú, y porque en el número presentado hay artículos de autores caspolinos: el del propio Miguel sobre Galicia (transfigurado también en un tal “Miguel de Caspe” para escribir de la Veracruz); el geógrafo de la Universidad de Barcelona Agustín Hernando sobre el primer mapa de Aragón; y el mío propio sobre la revista de cine zaragozana “Pantallas y Escenarios”.

Y ya que me cito como autor de letra impresa debo pedir disculpas por haberles herido la vista en una anterior columna al haber escrito nada menos que "ha hacer".

Quiero recordar aquí a Don Emilio Márquez, un maestro con familia numerosa que ejerció durante muchos años su magisterio entre los niños de Chiprana, y luego los de Caspe, y que me enseñó a distinguir el “a” preposicional sin h, del “ha” verbal con h, con una sencilla regla, que sin embargo se me olvidó aplicar esta vez: “con h, me dijo, cuando le puedas poner detrás una n y tenga sentido”. Don Emilio Márquez  era un maestro con oficio y trucos ingeniosos adecuados a la cerrazón e indolencia infantil de algunos de sus discípulos.

 


 

 

Tiempos sombríos

Es una generación la de mi madre (nacidas en los años 20) que se topó con una guerra cuando lo suyo era aún jugar y comenzar a enamorarse. Su juventud fue dirigida desde el confesionario y la sacristía por curas devotos o fanáticos, y sus diversiones juveniles las misas, la adoración nocturna y el Santo Rosario.

Tocaron con mantillas sus cabezas, achicaron sus escotes, y fueron importantes para ellas la largura de las mangas y las faldas en aras del pudor. Las películas, a pesar de la censura, tenían un tamiz más fino, numerado, el de la “clasificación moral de espectáculos”, pues no todas debían verse si se quería ser piadosa al uso y no estar en boca de la “buena sociedad” del pueblo.

Así, en estas  condiciones, creció la generación de mi madre: sin ninguna responsabilidad ni opinión sobre lo que les toco vivir. Es la generación para la que el franquismo, y su nacional catolicismo, fue inevitable. Ni lo habían hecho surgir (eso podía haber sido cosa de sus padres o parientes) ni pudieron rebelarse tibiamente contra él, como ya ocurriría luego con la generación de sus hijos. Su coherencia ideológica se formó a tenor de la que imponía el entorno; incapaces de opinar al encontrarse en esa edad en la que se está obligado a obedecer: la infancia y primera adolescencia.

Merecen estas mujeres un reconocimiento por parte de todos, pues fueron el sostén emocional de las familias cuando los tiempos eran no ya revueltos, si no oscuros y sombríos. Dedicadas a los hijos o a las labores y asuntos del hogar, propio o ajeno, como casi único trabajo y ocupación, vivieron su plenitud vital dedicadas al marido y a los hijos. Atenazadas por una rigurosa moral que a sus cónyuges hacía incluso sonreír, pues los hombres de esos tiempos estaban en otras cosas. Ellos podían visitar un burdel, tener una “querida”, “correrse” una juerga, o participar en una timba de casino. También sin libertad, desde luego, pero anímicamente más sueltos: no se sentían atenazados por curas, frailes y rígidas convenciones morales.

Al hombre se le perdonaban los pecados con más indulgencia: no había adúlteros, ni maltratadores, ni poco virtuosos. La virtud, la piedad y la honestidad eran cualidades exigidas a la mujer, como el  ser hacendosa y saber guisar, coser y bordar.

Tanto a cambiado el mundo que si algún joven me lee pensará: ¿de qué o quién habla este hombre? Y yo quiero decirle: de tu abuela ó bisabuela y de sus años mozos, de eso hablo.

 


 

 

La lengua española y Aragón

El nombramiento de José Manuel Blecua Perdices como director de la Real Academia Española ha traído a mi memoria una persona que para los de mi generación, si estudiaron en Caspe, tuvo gran influencia. Se trata de don Francisco Alloza. Fue, en el Colegio Ntra. Sra. del Pilar, profesor del área de literatura y lengua española, así como de las clásicas latina y griega.

Tratándose de un colegio humilde todos los profesores impartían diversas materias. Así pasaba, también, con Manuel Campos en las ciencias, que, además de química (en la que era licenciado), nos enseñaba matemática y física. Quedaban para “doña Goyita” las de su licenciatura: historia y geografía. Estaban también otros profesores, mas ocasionales, como Ramió para la lengua francesa; u Octavio Jover (con sus cuadros sinópticos) para la Formación del Espíritu Nacional (la “educación para la ciudadanía” de aquella época totalitaria) y la gimnasia.

Pues bien, el alcorisano ex seminarista F. Alloza Belenguer, ahora nonagenario, ya nos decía, en los años en que fueron pontífices Pío XII o Juan XXIII, que “había grandes lingüistas y filólogos aragoneses ó vinculados a la Universidad de Zaragoza”. Pensaba en el navarro Francisco Ynduráin Hernández, en J. M. Blecua Teijeiro (padre del nuevo director de la R.A.E.), en Ildefonso Manuel Gil, maestros ellos del ahora director; o en una laboriosa y relegada archivera llamada María Moliner, hacedora por aquellos años de un utilísimo diccionario; o en jóvenes como Manuel Alvar y Lázaro Carreter (que llegarían ambos a presidir la Docta Casa). La huella aragonesa en la R.A.E. o en diversos aspectos del estudio de la  lengua española ha contado, igualmente, con el médico y escritor Bajo Aragonés Laín Entralgo, y continúa con el cineasta J. L. Borau, profesores como J. C. Mainer, o la escritora Soledad Puértolas.

Si “la lengua es la patria”, no cabe duda de que “la patria aragonesa” es el idioma español, al que tantos eminentes estudiosos a dado. Si un maestro que hizo brotar en sus alumnos el amor por la literatura en Caspe me ha motivado la columna me atrevo a ponerle colofón también local recordando la deuda que Caspe tiene con los libros y con personas como Emilio Jover Aguilar o Francisco Alloza, a los que se les rendiría merecido homenaje potenciando la actual Biblioteca Municipal. Potenciación que pasa por dotarle de nuevas, modernas y adecuadas dependencias e instalaciones de archivo, almacén, lectura y conferencias, así como de unos encargados profesionales y eficientes.

 


 

 

Año en blanco

Hablaba hace días nuestra directora de la página en blanco, de su vértigo e incertidumbre; es tema recurrente del que escribe. Al modo en que se dice que en el bloque de piedra de un escultor “esta” la estatua, en el folio en blanco se puede decir que están todas las historias posibles, siendo esa blancura el océano abierto y despejado para navegar hacia cualquier puerto.

De igual forma, ahora, que comienza, tenemos por delante un año en blanco: 2011. Un taco calendario de 365 hojas; un océano de 365 días que asusta por las tormentas habidas en 2010. Y algunos, tempraneros, ya han echado un borrón con excusa y motivo asturiano.

En los viejos almanaques se representaba al año entrante como un niño desnudo. Un niño inocente y candoroso que desconocía su porvenir. El Año Nuevo es páramo y solar, terreno virgen para todo -también para la esperanza- aunque sepamos que nada nuevo ocurrirá, realmente, si no que todo devendrá de las semillas sembradas.

Y eso es lo que nos atormenta en éste recién entrado 2011, que está sembrado de muy malos augurios o malas hierbas.

Los Sindicatos, en un ejercicio con lógica interna pero desprovisto de razón coyuntural, se van a enfrentar a un Gobierno que se ve obligado ha hacer lo que le mandan en aras (dicen) de lograr una recuperación necesaria. Si todo es como dicen y el Gobierno no tiene alternativa, los Sindicatos deberían apoyarle; y, si por el contrario, el Gobierno tiene otras alternativas posibles debería aplicarlas, para ser consecuente con su ideología, programa y  promesas. Alguien no se explica bien en estos momentos, ó algunos no obran en consecuencia con la situación real.

Yo, si la directora me lo permite, voy a tener que rellenar 52 folios en blanco. Algunos, como los destinados a las fiestas cíclicas, me van a ser fáciles si recurro al tópico; otros, sin embargo, me van ha hacer pensar: buscar un tema y decidir cómo exponerlo. Me gustaría poder opinar siempre con sonrisa. Pero el horizonte no se presenta despejado y las nubes oscuras se ven cercanas.

A todos pido indulgencia si en el transcurso de este año, ahora en blanco, mis ocurrencias no les son gratas. Desde aquí, yo me apunto al milagro.

 


 

 

Guiso nacional

Tortilla de patatas o paella. Ahí está el dilema español. La primera, supone un continuo dar la vuelta; la segunda, la amalgama de los más diversos componentes. De cual guiso elijamos como “nacional” dependerá el futuro: inestable, de tanto ir y venir del pasado al presente y viceversa; o estable, añadiendo ingredientes al guiso según la temporada u ocasión.

La primera, necesita huevos y patatas, y, como dije: darle la vuelta de vez en cuando. La segunda, arroz, especias y decenas de tropezones a elección: carne, pescado verduras, legumbres, y sosegado reposo mientras cuece. Como metáfora, prefiero la paella: da ocasión a más ingredientes, más nutrientes; supone algo más elaborado. La tortilla supone algo elemental, que tiende a dejar fuera lo que no sea patata; como mucho admite cebolla, pimiento y chorizo o queso, pero siempre dominado por la patata totalitaria. La tortilla, democrática, acaba siendo sectaria: el clan de la tortilla. La paella, ácrata: la paella nacional de Berlanga. Y los comensales siempre son los mismos: la ciudadanía española, que acaba tragando con lo que se guisa en las altas cocinas del poder. La tortilla, dicen, nació de la necesidad en una campaña militar carlista; la paella, supongo, de la sabia intuición del pueblo levantino, mediterráneo.

Por otro lado en el ruedo ibérico hay otros platos: el gazpacho, el codero asado, la trucha con jamón, los escabeches, el cocido, el lacón con grelos, la butifarra, el morteruelo. Nuestros son el churro (madrileño, pero también: “lo que está mal hecho o de cualquier manera”) y el chorizo (de Cantimpalo, además de decirse del ladrón). Y cada uno de ellos está relacionado con una región diferente de las “españas”. Nuestros dilemas vienen pues de esa riqueza en el momento de elegir.

Y para enredar las cosas llegan las “nuevas cocinas”, sobre todo en Cataluña y Vascongadas, y ya todo se complica a base de (por decir algo) “espuma de espárrago con centollo “deconstruido” del Cantábrico, con un toque de sal marina mediterránea a la albahaca”. Las nuevas cocinas y sus procedimientos son una experiencia culinaria a veces límite, y ya ha habido cocineros tradicionales que han reaccionado contra la que consideran “gastroquímica”.

Parafraseando un ingenioso eslogan publicitario de los antiguos chocolates zaragozanos Aladrén, de cuando aún teníamos colonias en África, diría que “por mantener esta rica y variada gastronomía merece la pena la existencia de España, tal cual”  Felices Fiestas.

 


 

 

Feliz Navidad 2010

Desprovista de su vivencia religiosa, todo son tópicos en Navidad, la fiesta del consumo. Desde que existe Internet somos más conscientes de lo relativo que es todo: cuando aquí transcurre la Navidad con frío y nieve, en Chile (por ejemplo) lo hace con calor y sombrilla.

Internet nos ha hecho sentir la globalización y poder vivirla no como concepto si no como realidad. Yo, desde que no voy a la Misa del Gallo (que además ya no es a media noche y por tanto tan sugerente como antes), veo bien claro que esto de la Navidad (tal como se vive ahora) es un invento para estimular el consumo de cosas  inútiles, como los falsos abetos, el espumillón y las bolitas y bombillitas de colores.

No obstante parecen necesitarse, en el libro de la vida, marcapáginas que nos vayan señalando donde estamos en cada momento, y para eso la multitud de fiestas religiosas de nuestra cultura ancestral son perfectas. Por otro lado el microcosmos de un Belén o Nacimiento no ha sido superado por maqueta o juego tridimensional alguno, por lo que bienvenidos sean los puestos de figuritas que, además de dar de comer a unas decenas de artesanos, casi todos de Olot, sirven para construir unos deliciosos dioramas con los que poder jugar los belenistas y todos los aficionados a crear mundos y ciudades de ilusión y concordia.

El otro componente de la Navidad son los regalos. Pero, si seguimos las pautas de las autoridades económicas, como hay que ahorrar hay que consumir con moderación. Esto lo deben decir porque, al no haber trabajo, en gran parte de las familias no hay dinero y entonces no pueden consumir. Porque si de lo que se trata es de reactivar la economía (al menos para la de los fabricantes de objetos de regalo y similares) lo que habría que hacer es consumir mucho. Pero, ya me dirán ustedes cómo partiendo de la falta de trabajo.

Los turrones y el resto de productos culinarios relacionados con estos días (del pavo a la lubina pasando por el marisco) se encuentran en la misma tesitura que los regalos: en la de que la mayoría los va a poder ver en las vitrinas y puestos del mercado pero no en sus mesas. Surgen así los sucedáneos, y, a falta de angulas, buenas son gulas. Vista así la Navidad (y exceptuando sus conciertos) comienza a ser un asco y sólo a los niños les ilusiona; pero vean ustedes porqué: por basarse en una soberana ilusión.

Pese a todo esto, y como el cariño y la amistad pueden no necesitar del dinero si son sentimientos sinceros, pasen ustedes una Feliz Navidad.

 


 

 

Una de humor

Llegamos hoy con humor, componente de las columnas y que yo toco muy poco. El humor tiene de bueno que a su través lo puedes decir todo. O nada,  diría Rajoy al instante. Y tiene de malo que es muy difícil, tanto que es digno de admirar quien lo practica. El humor tiene que ver con el punto de vista, y una cosa que por delante es muy sería, por detrás no lo es tanto: nadie sabe, cuando ve a alguien de frente, si lleva el culo al aire, por ejemplo.

Todo viene a cuento de ese proyecto de poner en orden los apellidos por sorteo. Va uno y piensa que, si por si acaso la vida no tuviera ya bastante de aleatoria con eso de que millones de espermatozoides compiten por un menguado número de óvulos, va ahora el Ministro de Justicia y le añade una pizca más al guiso. Sólo se me ocurre que corremos el peligro de que salga agrio. Si al desconcierto general de nuestra época le añadimos un mayor grado de  incertidumbre podemos terminar por no entender nada; que también puede ser de lo que se trate, pienso yo ahora, en un momento de extraña lucidez. El hecho es que el sistema de apellidos español tenía de bueno su claridad y no olvidaba a la mujer, frente, por ejemplo, al usual en Francia. Y puesto que en un par, si va uno tras otro, siempre tendrá que haber uno delante y otro detrás, o viceversa, siempre se acabara relegando a alguno. Claro, se me dirá y con toda razón, que precisamente por eso nuestras mentes pensantes vicarias (es decir, los gobernantes) han pensado en eso del sorteo. Y visto así parece bien ideado. Pero, mira por donde yo en esto de los apellidos, y una vez establecido que primero viene el del padre y después el de la madre (o viceversa si se decidiera como regla general lo contrario) veo un esquema que me aclara cosas sin tener que preguntar, y como soy de por si tímido pues me parece útil. Ya digo que me parece igual el orden de prevalencia (y admito excepciones “de cajón”). Lo lógico podría ser que primero fuese el de la madre, por eso de que es señora (y sufre el embarazo, sobre todo), y detrás el del padre, por galantería (y no sufrir nada). Pero mire usted por donde en este caso estoy seguro que estaríamos cometiendo un gran agravio, al considerar a la mujer como algo diferente al hombre, razón íntima por la que le cedemos el paso, le dejamos el asiento, o le decimos un piropo, y por lo cual es mal visto todo esto por el feminismo. Ya dije que esto iba de humor, y es, también, que a mi edad hay esquemas que son difíciles de cambiar y las reglas “de toda la vida” nos acaban pareciendo más lógicas. Esto del orden de los apellidos nos parece, al menos, algo clarito en época tan confusa. O no.

 


 

 

Quintos del 66

El pasado sábado día 4 no pude asistir a la cena que celebró “mi quinta”. Desde que se suprimió la mili obligatoria en 2001 la expresión “los quintos” ya no dice nada a los jóvenes, y, a decir verdad, tampoco la entendíamos en su originaria acepción (el sorteo de un mozo por cada cinco de los previamente alistados) los que tuvimos que hacer el servicio militar obligatorio, puesto que ya no se seleccionaban en esa proporción.

Mientras fue obligatorio, cada “quinta” ó reemplazo tenía a bien hacerse notar en cada pueblo. Se organizaban sorteos para recaudar fondos para la fiesta de despedida, se escribía en las paredes eso de “vivan los quintos del…”, y, en los aniversarios, incluso se solía hacer algún regalo al consistorio para que quedase recuerdo de cada quinta e incluso rivalizar unas con otras. Todo eso se ha perdido, pero mientras haya “viejos quintos” perdurará en su memoria aquella aventura castrense obligatoria (canción del verano incluida), que suponía la iniciación social de los jóvenes, y se reunirán para evocarla.

Y así lo han hecho éste año los de mi quinta para celebrar nada menos que el sexagésimo quinto aniversario. Entonces (esto también varió con el tiempo) la mili se hacía el año en que se cumplían los 21, que suponía la mayoría de edad, y la celebración de ahora coincide con la llegada de la edad de la jubilación oficial.

Cuando hicimos la mili ésta era “cosa de hombres”: ni había mujeres en el ejército ni ellas celebraban fiesta alguna en el pueblo, pues no sufrían sorteo de selección alguno; pero ahora en el 65 aniversario la celebración se ha extendido (como ya ocurrió al festejar el 60) a las mujeres nacidas en 1945, en consonancia con la reglamentación  de la igualdad entre hombres y mujeres.

Sí que asistí a la cena-fiesta que celebró el vigésimo quinto aniversario de mi quinta, cuando estábamos en el otoño de la plenitud de nuestra vida. Ahora, ya entrando en su invierno, la celebración en el Magallón habrá sido muy alegre, pero más quejumbrosa: hay ya más achaques, hay ya más huecos en la lista (de ahí la previa celebración de una misa en Santa Lucía), está ya la certidumbre de que “casi todo el pescado está vendido”.

Sea como fuere quienes asistieron a la fiesta lo pasaron muy bien, dieron buena cuenta de un menú en el que se podía elegir carne o pescado, recordaron, y se regalaron con un obsequio que yo, al no poder asistir, no podré disfrutar. A Ros, Fortuño, Bielsa y Gonzalvo,  felicitarles por su entusiasta organización y, como al resto de “mis quintos”, un cordial abrazo.

 


 

 

Siglos de historia

Un lugar con tantos siglos de existencia como Caspe es normal que guarde recuerdos en sus entrañas. De ahí lo importante de hacer catas arqueológicas cuando se derriba una casa del casco antiguo o se emprende una obra en él. Creo que, por estar, todo está reglamentado, que vivimos en tiempos de ordenación y reglamentación minuciosa (a veces excesiva) de las cosas, costumbres y acciones. Otra cosa es que se cumplan con  rigor y efectividad las leyes y reglamentos, o, incluso, que sean los mejores.

Ahora aparecen restos de una antigua industria medieval en la replaceta de la Virgen, justo frente al lugar más significativo de Caspe, el altozano en que se dio lectura solemne a la sentencia del Compromiso. No lejos de allí, dentro de una entidad bancaria, unos arcos apuntados nos recuerdan también el pasado medieval de Caspe, y su destrucción en guerras y conflictos. Enfrente de los restos arqueológicos ahora descubiertos un arco solitario, ya de la Edad Moderna, añora los otros tres que deben permanecer ocultos en la fachada de una casa muy interesante. La Historia, tejedora de un tapiz interminable, aparece por doquier. A veces, si no se la sabe aprovechar, resulta molesta, pues cambia los planes de unas obras y, lo que es peor, las encarece. Ahora mismo, el  prosaico soterramiento (higiénico, útil y moderno) de los contenedores de basuras ha dado como resultado la aparición de lo que parecen ser las piletas de una tenería ó curtiduría. Con buen criterio el concejal correspondiente ha adelantado que se dejaran a la vista acristalados. Es esta una práctica ya habitual en este tipo de descubrimientos subterráneos, y en Caspe tenemos un buen ejemplo con el trujal conservado en el restaurante al que da nombre, frente al lateral de la ermita de San Roque. Bien aprovechados los restos arqueológicos pueden servir como realce de un ambiente y como estímulo de una visita turística de la ciudad, además de ser recordatorio de cómo fue la Villa en tiempos pasados. Todo esto es básico para una cultura ciudadana y debería servir para valorar y afianzarnos en nuestro territorio. La fuente conmemorativa de un pleito tan extenso como lo  fue el de los montes de Valdurrios junto a los vestigios de una vieja industria debería servirnos para estimular nuestra autoestima colectiva.

 


 

 

La cruda realidad

La noticia del cierre del espacio cultural “Atrivm” en Acañiz, antigua iglesia de Santo Domingo, nos coloca frente a la cruda realidad de nuestros pueblos.

Aspiramos a crecer, a tener equipamientos de gran ciudad, y luego, cuando los conseguimos, no podemos mantenerlos. Un ejemplo caspolino es la magnifica fuente de la plaza de Aragón, que (mejor o peor rematada, eso si) ya la querrían tener muchas ciudades de mayor rango y población. Y sin embargo en foros, tertulias, cafés y en el sentir general muchos son los que opinan que “es demasiado para Caspe”. Obviando que en algunos esto se debe al signo de quien propició su construcción, la verdad es que su mantenimiento resulta muy oneroso para las menguadas arcas del consistorio.

Yo siempre defendí esa fuente, y creo que nos debería dar a los caspolinos autoestima, y que el problema de su mantenimiento hay que buscarlo de manera ingeniosa. He visto en otras ciudades que alguna entidad bancaria colabora en el mantenimiento de espacios similares, y algo así habría que buscar, compensando su aporte con un aparente y permanente reconocimiento publicitario. Todo menos convertir nuestros pueblos en algo romo, sin ningún atisbo de modernidad instalación de altura, o actividad cultural.

La otra consideración es, respecto a las actividades culturales, que bien se podrían mantener si la asistencia a las mismas fuera más numerosa de lo que es. Y ahí la solución está en nosotros mismos, en saber responder a los esfuerzos de los programadores y animadores culturales y dejar, por unas horas, nuestro cómodo sofá del cuarto de estar para acercarnos (y educar a nuestros hijos en ello) al teatro, el cine ó las salas de exposiciones y similares.

El magnífico “Atrivm” (con su muestra de historia) no recibía muchos días ni una sola visita. Es claro que algo hay que hacer, y tal vez la solución no pasa por cerrarlo si no por utilizarlo de otra manera, con actividades más amplias y no sólo como se concibió. No cuentan nuestras pequeñas poblaciones con suficiente número de habitantes, visitantes, ni población flotante, como para mantener una exposición permanente de esa naturaleza.

A mí dicho lugar siempre me recordará aquella Iglesia (con un inolvidable Michelin en la fachada) convertida en garaje sin que nada tuviese que ver ese hecho con lo que nos contaban paso con las de Caspe en la guerra civil. Lo que para mí, con una infancia inserta en el nacional catolicismo, suponía un insondable misterio.

 


 

 

Preparando la contienda

Mientras en Zaragoza el PP aun  no ha decidido quien va a ser su candidato a la Alcaldía, en Caspe y Alcañiz ya lo sabemos. Y lo sabemos casi el mismo día en que la Real Academia nos adelanta su renovación ortográfica. O sea, en ambos casos se opta por la modernización, sea de la manera gráfica de escribir, sea del talante de las personas que representan al ideario del PP. En ambos caso no se toca la esencia, si no los signos.

Pero, al igual que “el medio es el mensaje”  y cada vez más el envoltorio es por lo que compramos un producto, ó un marco eclipsa a veces al propio cuadro, aquí, “mutatis mutandis”, puede pasar lo mismo. En nuestro imaginario tenemos un PP caspolino poco menos que con camisa azul y añoranzas fascistas, y, estos chicos que ahora lo representan están lejos de esa imagen estereotipada que cristalizó en Caspe. A Nestor Fontoba, tantos años amable director de SER Caspe, nadie puede identificarlo con veleidad fascista alguna. Más bien muchos se habrán llevado una sorpresa al verlo en esas listas; si no se la habían llevado ya al verlo marchar hace unos meses “hacia las gaviotas”, como portavoz y asesor de imagen del PP local.

Muchos pensábamos entonces que su afición por las aves era solo para fotografiarlas y lo de su acercamiento al PP se debía al legítimo derecho de poder desarrollar el periodismo a través de la faceta de relaciones públicas, tan habitual en todos los partidos. Pero no, resulta que su marcha hacia los horizontes azul naranja del PP tenía más altos vuelos. Vamos, que tanto siguió a las gaviotas que acabo volando con ellas. Y ahora pretende nada menos que ser su guía municipal.

Con lo complicado que es vivir en un pueblo, y tal como se divisa el panorama político caspolino, no queda otra cosa si no felicitar a Néstor por la valentía de embarcarse en  una aventura democrática de inciertos resultados. Ahora es el PSOE quien debe sorprendernos, si puede, con alguien que ilusione a su bienintencionado maltrecho y desencantado electorado, pues a los fieles de la secta los tiene seguro. El CPC, con su olivo y su líder incuestionable, ya lleva tiempo preparando el asalto al poder, y se dice que “a la tercera va la vencida”. Y el PAR  tendrá que aclarar su errática deriva. Sea como fuere, y de corazón, felicito a  todas y todos  los que en Caspe se dedican a la política, pues, siendo necesaria ocupación, tiene en estos momentos tan mala fama y es, objetivamente, tan dificultosa, que merecen un apoyo y agradecimiento sincero. Pero se los digo ahora, antes de que la contienda electoral les haga sacar, a unos y otros,  los cuchillos cachicuernos y rasgar todo lo que se les ponga por delante y los podamos ver como sangrientos gladiadores en post de la consecución del poder municipal, capaces de “morir matando” y, por tanto, merecedores de ser criticados.

 


 

Nostalgias, homenajes y quejas

 

Comienza noviembre con el día de Todos los Santos. Le sigue el dedicado a los difuntos (o sea, también a todos) en el que los cementerios se llenan de vida y flores. Vida y flores de los parientes y amigos que visitan a los muertos. Como aragoneses, y en representación de todos los que cada uno lleva íntimamente en su memoria, recordemos a Alberto Sánchez, fotógrafo, gastrónomo y cineasta, y a José Antonio Labordeta, cantautor, político y profesor.

Comienza el mes, en otro orden de cosas, con la Feria Agrícola, Ganadera y Comercial, que cumplió 30 años; y Caspe (la Ciudad del Compromiso y, si Dios no lo remedia y es benevolente, pronto “del Pectoral de Clemente VII”) adquiere aires de ciudad comarcana. Comienza noviembre, también, nombrando hijo predilecto de Andorra a Eloy Fernández Clemente (uno de los pocos que siempre que me ve me recuerda que lee esta columna). Pero a Eloy le tengo cariño porque se lo merece. Trabajador infatigable, a él le debemos mucho los aragoneses. Ni más ni menos que Andalán. Este periódico aragonés de finales del franquismo y comienzos de la democracia sería su obsesión, su buque insignia, su estrella Polar. Pero, hizo radio, cabalgo la docencia, y sigue con la investigación histórica, sobre todo en su vertiente económica. Y sobre todo este andorrano ha hecho, a lo largo de su vida, amigos entrañables; y los va a seguir haciendo, porque es incansable y bueno. Ahora resulta que le han nombrado “hijo predilecto” de su pueblo, y hasta va a tener una calle. Se lo merece. Felicidades.


Por lo demás, el mundo gira, Obama se resquebraja, y en España seguimos ejerciendo de cainitas: unos frente a otros, la casa sin barrer, y todos tan contentos.

En Caspe los chicos que frecuentan los aledaños de la calle dedicada al pediatra don Julio García Hidalgo, en lugar de aprender de tan educado y culto personaje, se dedican a dañar (y en forma grave) el moderno edificio de Miret para centro ocupacional. Claro que dicha calle tampoco está muy cuidada por quien debería hacerlo, y ya crecen yerbas en su reciente asfalto.

La cultura puesta en valor por Labordeta, Fernández Clemente o Julio García Hidalgo es menospreciada por muchos de los caspolinos más jóvenes. De seguir así, no vamos a ninguna parte. A ninguna parte que suponga verdadero progreso. Como mucho llegaremos a espectadores gamberros y vocingleros de un partido de futbol o de una carrera de motos GP en la cercana Motorland.

 

 


 

 

Turismo de reliquias

Las religiones son una mezcla de fe y espectáculo. Tal vez su vigencia esté en lo que tienen de “teatro” (liturgia), pues la doctrina (al menos en la religión mayoritaria en occidente) está puesta en cuestión por los propios creyentes, que entran en contradicción al tener que adaptarla  a cada época para que no se anquilose. Como por  definición las doctrinas deberían ser inamovibles surgen en su seno, cuando se quieren hacer cambios, los llamados ortodoxos e integristas.

Con el paso del tiempo las religiones acaban siendo imaginario histórico. ¿Quién piensa hoy que los griegos creían en sus dioses? Para nosotros son bellas fábulas o hermosas imágenes. Dioses y figuras míticas como Apolo, Hermes, Poseidón, Electra, Edipo ó Casandra, son arquetipos de conceptos que nos siguen siendo útiles, pero que ya no son vistos dentro de lo religioso si no de lo  literario o artístico. En Caspe, cuyo imaginario es medieval (Compromiso, moros, judíos, cristianos…)  estamos en plena euforia de convertir la religión en turismo, sin ningún tipo de pudor. Pero observen que para que el invento funcione debemos seguir manteniendo, al menos formalmente, las creencias y los principios religiosos, aunque sea dentro de esa contradicción denunciada por la propia jerarquía religiosa, pues no olvidemos que Cristo echó con cajas destempladas, del templo, a los mercaderes.

Ahora no sólo no se los expulsa si no que se los fomenta. La industria turística, en su modalidad  religiosa, no hace si no crear desde dentro del propio templo el negocio. Y, para más INRI, se basa, en este caso, en el vidrioso, turbio y nunca bien aclarado viejo  negocio de las reliquias. No quiero hablar por mi boca, que es bastante lega en muchas cosas, si no por la de otros que estudiaron el asunto. Roger Peyrefitte, embajador francés en el Vaticano además de escandaloso escritor, en su libro “Las llaves de San Pedro” dedico muchas páginas a las reliquias. Allí se habla de cosas tan pintorescas como del prepucio de Cristo (guardado, no se sabe muy bien por quién, tras la circuncisión) venerado en catorce iglesias; de las plumas de ángeles y arcángeles; de huesecillos, miembros y masas varias; además del madero de la crucifixión o “Lignum Crucis”. La de Caspe.  Aquí tenemos una atestiguada, sin duda, “verdadera reliquia”, al proceder de un pectoral papal. Pero de ahí a que su contenido sea del tronco de la cruz del Calvario hay un trecho. Pero bueno, no habrá que hacerse preguntas: todo vale si sirve para atraer visitantes. Aún así mis dudas no solo se relacionan con la propia reliquia si no con el hecho de que “un producto turístico religioso” tan nuevo pueda despertar interés en el siglo XXI.

 


 

 

Breve encuentro

Madrid, “rompeolas de todas las Españas” en épico poema de Neruda lo sigue siendo, incluso cuando el centralismo borbónico se hace trizas, y la España de las Autonomías de Don Juan Carlos se centrifuga (para bien ó para mal) de tal forma que hay 17 Gobiernos en colaboración y competencia con el Central del Estado. Pero Madrid es ahora más que nunca una atrayente ciudad (pese a que su título oficial, que presenta con orgullo, sea el de “Villa de Madrid”).

Madrid sigue siendo el lugar donde se alzan importantes museos; se desarrollan interesantes ferias; se representan magníficos espectáculos; y sigue con una vida callejera y popular, en sus barrios y grandes arterias urbanas, digna de contemplar.

Por eso no me extrañó toparme en plena centenaria Gran Vía (ya cercana la media noche) con un numeroso grupo de caspolinas (y algún caspolino). Los saludé y me uní a su garbeo. Acababan de salir del espectáculo musical que triunfa en el Teatro Coliseum, “Mamma mía”. Se dirigían a dar una vuelta (el garbeo que antes dije) por el Madrid nocturno, ese que con los años va cambiando de aspecto pero que, en el centro de la capital, no desaparece nunca. En su mente llevaban los nombres que toda ciudad tiene como representativos, difundidos por la literatura, el cine y la TV, y que en nuestro caso son,  por la zona donde se encontraban, Chicote, Café de Gijón o Chueca. Podrían también serlo el Café de Chinitas, la plaza de Santa Ana o los bares de Huertas, pero esos caían, y a esas horas,  muy a desmano.

Así que hasta la plaza dedicada al compositor de la zarzuela La Gran Vía nos dirigimos, pasando por la puerta de sitios tan característicos del lugar como La Bardemcilla, (feudo “copero” de la familia Bardém), o el restaurante del televisivo, guapo y polémico, Jesús Vázquez.

El grupo, casi se me olvidaba decirlo, lo formaban integrantes de la Asociación de la Mujer Caspolina; parte de los que, llenando un autobús, habían llegado a Madrid con la intención de ver el mencionado musical y visitar Toledo.

Cumplidos esos deseos, cansados de un día intenso con madrugón caspolino, mañana madrileña, y vespertinos paseos turísticos toledanos, se atrevían aún con una noche “de humilde farra”. Yo me sentí contento al encontrarme con paisanos y departí con  ellos ese inocente recorrido por uno de los lugares con “más marcha y ambiente” de Madrid.

 


 

 

Añoranza de la pocilga

Escuché decir al sociólogo Amando de Miguel que el éxito de las hamburguesas, los bocadillos y los pinchos está en que se comen con las manos. El hombre, decía, añora la primitiva manera de tomar los alimentos. Me he acordado de esta reflexión al ver en los periódicos agosteños el éxito de actos festivos como la “tomatina” de Buñol, el Cipotegato de Tarazona, y otro –muy similar al de Buñol-  consistente en echarse encima y manchase con uvas.

El hombre parece añorar el sentir en su piel lo húmedo y pegajoso, la porquería, que lo convierte en activo participante de sucios rituales lúdicos. Los cuerpos de los mozos -bien tintados de rojo o de añil- parecen integrantes de un rito ancestral dedicado a Dionisos,  rey de la orgía y el exceso. En la misma línea significante habría que añadir la creciente manía de lanzarse harina y cava en las fiestas de Caspe tras el cohete iniciador, que convierte al mocerío caspolino en húmedos espectros albos; o la guerra de la gaseosa de Ejea, en busca de más pringue.

A esta afición por revolcarse en lo sucio y pegajoso de los racimos deshechos, los detritus de los tomates, ó la harina acompañada por el vino espumoso o la gaseosa, es a lo que he llamado” añoranza de la pocilga”, para la que veo hasta un aprendizaje infantil en los baños de espuma para los niños. En estos actos festivos la parte apolínea del hombre parece vencida por la dionisíaca.

Ya vemos cómo algo en apariencia tan vulgar como estas costumbres de diversión nos ha llevado a la obra de Nietzsche. Y es que el hombre es demonio y ángel, y puede tender a potenciar uno u otro aspecto. Parece ser, por estas modas, que es más fácil tirarse al suelo -cual cerdo alucinado y alienado- que ascender a las alturas del espíritu. Por eso en nuestras  fiestas se potencia lo más irracional y brilla por su ausencia lo llamado culto, que incluso sufre  desprestigio. Habrá que aceptar esta faceta -a veces salvaje- de la vida pero siempre complementada por la que busca y valora lo bello y racional puesto que lo apolíneo y lo dionisíaco son modos diferentes de entender la experiencia vital en pugna. Pero hora es ya de ser más exigentes con nosotros mismos.

 


 

 

El mimbre y la caña


Transcurre felizmente la Expo de Shanghay. Aún recuerdo cuando en 2008, y puesto que debían organizar la próxima Expo Universal, los chinos visitaron la que tenía lugar en Zaragoza. Como todo lo que se hace en China la muestra y su arquitectura es desmesurado; los países participantes compiten en a ver quien sorprende más.

El “Miguelín” forma parte de eso. Para el pabellón de España se ha contado con creadores tan variados como la arquitecta italiana Benedetta Tagliabue y los cineastas Isabel Coixet, Bigas Luna y Basilio Martín Patino. Una panoplia variada en la que no prima precisamente la juventud cronológica, si no la singularidad creativa de los autores.

Dicho pabellón español me pone en bandeja hablar de Caspe y de un caspolino. Resulta que la cubierta de aquel ha sido realizada con mimbre y se inspira en la labor de cestería, antaño tan habitual y que ahora (sus obras) han quedado relegadas al desván o a la obsolescencia. Y resulta que en las pasadas fiestas, en el local del CPC de la calle Mayor, se mostraba la obra en caña de Juan Pedrola. Allí, junto a la didáctica explicación de cómo se hace un cañizo -elemento fundamental durante mucho tiempo en la construcción  popular de muchas regiones de España, y por lo tanto de su arquitectura -,  Juan, el de la Vuelta del Cañar, explicaba a quienes se acercaban el proceso de conversión de una caña en el elemento fundamental del cañizo: la tira, y en cómo se teje aquel a base de las cuatro que se obtienen de cada una por medio de un ingenioso y sencillo instrumento que allí mismo se mostraba. Conocedor de sus secretos por haber sido cañicero durante muchos años, no se ha quedado en el cañizo y ha aplicado las características y propiedades de la caña para elaborar otros objetos, emparentados sustancialmente con el Pabellón Español en Shanghay, pues son objetos (construcciones las de Pedrola reducidas, pero con su estructura, su forma y su espacio) que aprovechan un material natural, la caña en un caso y el junco en otro. Las del caspolino, de agradables formas basadas en curvas parabólicas, creadas con la función de ser lámparas, revisteros, cestillos, bandejas o sencillos elementos decorativos. La capacidad creadora autodidacta que hay en “los pedrola” (no olvidemos a su hermano Jesús, pintor) se manifestaba en estos objetos que, humildemente, se mostraban a los caspolinos; ajenos a que la afamada  arquitecta Tagliabue utilizaba los mismos principios naturales de resistencia y flexibilidad para la cubrición del encomiado Pabellón Español de Shanghay.

 


 

 

Customizándome

Tal vez haya llegado la hora de customizar mi columna. Y para ello puedo tratar de  implementar un estilo ininteligible. A ver si así me coloco en la pole de los artículos de opinión de éste magazine. El idioma es como un chicle, y acaba deformándose por las babosas dentelladas de los hablantes. ¿Dónde quedo jeriñac, otrora admitida por la RAE para designar a los licores aromáticos espirituosos españoles? ¿Y quien dice ya perillán, pollo pera o chica de Serrano? El idioma cambia con el paso del tiempo, y éste es a veces galopante.

El nuevo diccionario de la lengua admite cosas como “buñueliano”, del apellido calandino Buñuel, que no de buñuelo, relegado aún a la repostería; ni del pueblo navarro homónimo del apellido del realizador. Por cierto que realizador, como restaurador, presenta bastantes ambigüedades: puede serlo quien realiza cualquier cosa, pero se supone que si es una película puede ir solo. A su vez, un restaurador ha pasado de serlo de muebles, antigüedades o porcelanas a de quien  restaura nuestras fuerzas dándonos de comer. Y “emilio” ya no es, precisamente, el restaurador más popular -que no del PP- de Zaragoza, si no el mensaje escrito y enviado o recibido por Internet. Pero no me pregunten por avatar, hipervínculo ó formatear, que con las cosas de la informática no se juega y no se sabe nunca: la PC es en España “un PC” a secas, y no hay que confundirlo nunca con lo que era antes “el partido” (comunista). La “laptop” o el celular son neologismos que tenemos que acabar aprendiendo, como terminamos sabiendo lo que era un occiso, parquear ó rentar, por causa de los seriales de los años setenta. ¡Ay, el Spanglis, que maravilla, que ni Sevilla!

Y, mientras, Don Quijote cabalga con la andorga vacía y la bacía como yelmo a juego con la rodela o adarga cuidando de nuestro idioma atacado por los molinos de la La Muela, que también son de viento y huelen a podrido por corrupción (y no idiomática). Y al final ese chicle del idioma acaba pegado debajo de una mesa o en la puerta de un colegio, esperando que lo sigan masticando. La Academia, que dicen “limpia, fija y da esplendor”, es verdadero cuarto de limpieza del idioma, en el que las escobas ya no son de palma y anea, si no de silicio y fibra óptica. Y un aragonés zaragozano, como lo es José Luis Borau, se pasea por sus salones cargado de cajas de celuloide rancio, mantecadas de Astorga (enviadas por Leopoldo M. Panero), y cientos de cuchillas de afeitar La Palmera por si hubiera que sajar –y con urgencia- ciertos brotes bordes al idioma, como hizo Don Luis sin miramiento con un ojo en El perro andaluz.

 


 

 

El río de la vida

Rubén Darío habría hecho muy bien esta columna: “Ya rugen los fieros motores” “ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”. Paladines son sin lugar a duda los correspondientes equipos, “escuderías”,  de Rossi, Pedrosa y Lorenzo. Y todo aquí, en el Alcañiz del Guadalope: descreído, suspicaz y escéptico. Y no digo si miramos Motorland desde Caspe, donde la envidia no deja ver el bosque. El bosque común en que nos ha tocado vivir a todos: el Bajo Aragón.

El Circuito Aragonés es ya una realidad, y está aquí al lado. Habrá pues que no echarlo a perder. Cosa ésta muy dada en nuestra tierra, “dura y salvaje”. Nos dejó Labordeta sin que podamos saber que opinaría de la competición de Alcañiz. La metáfora de la vida, que no es si no un devenir de la nada a la nada dejando rastro, se hizo patente ese día 19 de septiembre: mientras una etapa se abría para el Bajo Aragón, unos ojos y una mente se cerraban definitivamente para todo nuestro terruño. Nos queda leer su obra y recordarle al contemplar una de sus guitarras en el Centro de Interpretación de la Autonomía de Aragón, en Caspe.

Recuerdo ahora cuando en Caspe también se soñaba con las carreras. Recuerdo a los hermanos Fontoba y aquel circuito formado por las posibilidades que ofrecían las salidas hacia Zaragoza. Recuerdo, y tengo fotos, de aquellos coches “fórmula quinta”. Alcañiz, por las mismas, fechas comenzó con su circuito urbano “Guadalope”, lleno de dificultades como ese puente infernal que debía ser un reto para aquellos pilotos que se atrevían a competir. Pero ya sabemos que la vida es aventura, maravillosa utopía. La afición de Alcañiz no cejó. La de Caspe duró lo que la afición (y la vida) de unos pocos entusiastas. Caspe y Alcañiz pusieron juntas dos huevos gemelos. El de Caspe se malogró antes de llegar a pollo. El de Alcañiz (arropado por Biel, todo hay que decirlo) ha crecido y ya es un hermoso gallo. Gallo que canta, gallo que ruge, gallo que atruena, gallo con olor a gasolina, gallo que pavonea su ciudad. Gallo cuyo corral ha sido diseñado nada menos que por Tilque y Norman Foster.

Gallo al que todos deseamos larga vida y que esperamos nos traiga también, al menos, riqueza y prosperidad para todo el entorno.

Quiero remedar a quien nos dejó, tristes y ensimismados, y que de buen grado se sumaría, también, a mi atrevimiento de cambiarle, para la ocasión, una palabra a su verso: “habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga bienestar”.

 


 

 

Locuras de verano

No en balde se llama también columna a la de mercurio de un termómetro que marca la temperatura, como así mismo estas de palabras marcan la temperatura de la actualidad. Por eso no es extraño que coincida con frecuencia nuestro asunto con el de otros columnistas y algunas semanas sean tantas las semejantes que se pudiera hacer un templo. Aunque unas veces se coincida en la uniformidad de la opinión y otras en la diversidad.

Hace unos días mi amigo (y maestro en esto de la opinión) José Luis Trasobares escribía en uno de sus recuadros veraniegos del Periódico de Aragón sobre un asunto que a mi también me tienta tratar. M e refiero a esas modas, incomprensibles para mí, de tomar el riesgo como ocupación placentera protagonizadas por tribus urbanas que hacen de arriesgadas acrobacias callejeras su seña de identidad.

Tirarse de un puente con un arnés (puenting) acabó derivando en saltar de un balcón a otro (balconing). Tirarse en paracaídas (lo hizo la señora Ferrrusola, esposa de Jordi Puyol) derivó en tirarse a una piscina desde la fachada de un hotel. En todas estas actividades está (además del exhibicionismo posterior en Youtube) el sentir emociones fuertes, el descargar adrenalina -dicen-, y son -eso lo digo yo- motivadas muchas veces por no saber qué hacer. Si la señora Ferrusola hubiera tenido que llevar a sus nietos al parque Guell, o si quienes se zambullen desde los balcones tuvieran que actuar al día siguiente en la orquesta joven de su pueblo casi seguro que no estarían con ganas de destinar su tiempo a esas peligrosas actividades que llaman de riesgo o de aventura.

Claro que tal vez esté totalmente equivocado y se puedan alternar las actividades que denigro con las que alabo, y una abuela pueda el martes lanzarse en paracaídas y el jueves llevar a los nietos a comprar un globo de colores (o un barquillo) al parque. Y el joven que se tira a la piscina en sus vacaciones o salta de un balcón a otro en su viaje de estudios (si no se descalabra) bien puede deleitarnos con una sonata de violín de Mozart en el auditorio de su ciudad europea.

Al fin y a la postre yo soy un miedica que no se ni conducir. No tengo capacidad de comprender éstas cosas del deporte arriesgado que en estos años ya no es solo una locura si no un negocio, y seguro que estará contemplado en alguno de los puntos del plan comarcal de dinamización turística, por lo que mejor callarme no vayan a decir que politizo las cosas desde mi fácil circunstancia de estar medicado con un beta bloqueante.

 


 

 

Probar y tirar

Hace muchos años que el mundo de la televisión se ha convertido en jungla. Los directivos de las cadenas van detrás de productos baratos que les produzcan mucho beneficio. Los programas se encargan a empresas de servicios audiovisuales que les evitan tener plantillas propias de guionistas, directores o cualquiera de los numerosos técnicos necesarios para realizar un producto audiovisual.

Jóvenes ilusionados por el medio son aprovechados por su ingenio, inventiva e imaginación para que no dejen de aportar ideas para nuevos programas. Una condición sine qua non para que se lleven a cabo es su baratura. Surgen así cantidad de formatos, o de variantes dentro de los existentes. Esta temporada ha tenido gran éxito el formato de entrevistas a gente normal que nos cuenta su vida. Títulos como “Españoles en el mundo” ó “Destino, España” son dos ejemplos clónicos y especulares de un mismo producto. Si son  perspicaces se darán cuenta de que a los protagonistas de los mismos no se les paga ni un euro. Tenemos cerca para preguntarle a Manuel Garcés, que fue protagonista como chileno afincado en Caspe. Otras veces los que nos muestran su vida son marginados, cuanto más desgraciados y abajo de la escala social, mejor. En estos casos algo les deben de dar para conseguir vencer las lógicas prevenciones que todos tendríamos de dejar entrar una cámara en ambientes no muy presentables. Pero de eso se trata (en este caso al precio que sea), de mostrar a gente que, en momento de crisis y penuria, está peor que la mayoría de los espectadores.

El hecho es que desde aquellas -hoy inocentes- cámaras ocultas que Antena3 comenzó ha realizar en los 80 (en una de los cuales caí como un pardillo); o de los cortos en plano secuencia de Cinema del Callejón, se ha llegado a estos productos de “probar y tirar”. Caspe ha sido víctima de uno de ellos, el Mega Playback. Tenía a priori los ingredientes para ser un éxito; pero, tal vez por su ingenuidad y limpieza, no le ha gustado a un público acostumbrado a la picardía y la sal gorda, no logrando la audiencia apetecida. Y Antena3 TV -sin miramiento hacia quienes se afanaron en su realización y aportaron muchas horas de trabajo- suspendió, y luego reubicó, su emisión. Quiero felicitar a Pedro y a Jesús por su buen y abnegado trabajo, al final despreciado -a pesar de su selección como uno de los mejores- por quienes quisieron beneficiarse del mismo.

 


 

 

Chapeau, señor Laguens

Hay mujeres a las que no les gusta el maquillaje. Lo mismo le ocurre a la arquitectura moderna. Durante muchos siglos en occidente la arquitectura vivió del desarrollo de los llamados órdenes clásicos, griegos y romanos, y de sus respectivos componentes constructivos. Sólo como nota exótica se tomaban elementos de otras culturas, como la egipcia o las del lejano oriente, y casi siempre dentro de lo decorativo, es decir,  como maquillaje.

El siglo XX, con sus nuevos materiales y planteamientos estéticos, cambió todo esto y la arquitectura se lavó la cara. Continuaron el arco, la bóveda y los contrafuertes, pero se abominó de las hojas de acanto, las palmetas, las molduras y la escultura. Del perifollo, vamos. Se llegaron a esas casas -definidas como máquinas de vivir- y edificios que la gente ve como “cajas” al predominar el volumen. El ojo de algunos aun no está acostumbrado a ellos, y aún los perciben “feos”.  Pero, poco a poco y a veces a través de arquitectos del lugar (como es el caso de la caspolina Gómez  Guallar), las calles y urbanizaciones caspolinas ven aparecer edificios bien compuestos, limpios de decoración, en los que la funcionalidad y la volumetría es lo que importa.

La funcionalidad en la arquitectura es como la naturalidad en un rostro sin maquillar. Se consiguen obras más frías, más directas, prácticas; pero sin el encanto y calidez del artificio decorativo, considerado innecesario.

Hablé en otra columna de cómo Caspe va contando con arquitectura moderna: el parque de bomberos, los juzgados, la ampliación del Ayuntamiento, el museo de la pesca, algunas casas particulares, y, sobre todo, el inconcluso espacio museístico. Creo que esos edificios son los que hacen mantener la esperanza del crecimiento de Caspe, de su continuidad en una región, Aragón, donde la mayor parte de su territorio es un desierto demográfico. Allí donde se construye algo moderno puede germinar la semilla de la continuidad.

Visité el que será Centro de Interpretación de la Cultura Funeraria Íbera con una pareja francesa y quiero decir chapeau a su arquitecto, Miguel Ángel Laguens. Mi curiosidad por ver como resolvía una planta tan complicada como escasa se ha visto satisfecha de forma satisfactoria. Creo que de ambas cosas ha sacado partido, consiguiendo un moderno espacio expositivo que aumenta el equipamiento cultural de la ciudad con un salto cualitativo.

 


 

 

Hasta el año que viene

Las Fiestas de Caspe son de aluvión. Al igual que las almazuelas, esas colchas hechas de retazos y que acaban siendo una labor muy satisfactoria e incluso original. Como en la sierra de Cameros con esas colchas de retales, los caspolinos hemos sabido confeccionar unas fiestas de Agosto variadas cogiendo de aquí y de allí festejos y actos que han potenciado su primitiva austeridad.

Si escuchamos (o leemos) a quienes han recordado cómo transcurrían antes de 1936 vemos que lo más destacado era, junto a los gigantes y cabezudos, la dulzaina y el tamboril, las rondas, y los festejos religiosos con la procesión de la Virgen y San Roque como guindas. Lejos la jarana de ahora, cuando hay que remover Roma con Santiago para encontrar cuatro portadores para llevar las andas del santo copatrón.

Que sean fiestas con festejos escogidos de diversos lugares no quiere decir que carezcan de personalidad. Pese a ese origen foráneo de la mayoría de los actos se ha logrado en poco tiempo el asentamiento de muchos de ellos. Y es que se adaptan a lo que espera la mayoría de las fiestas de los pueblos españoles. Las de Caspe cuentan con charangas pamplonicas; pañuelos al cuello del “tótem”local a lo oscense o turolense; ofrenda de flores valenciana-zaragozana; toros de fuego a la mediterránea; carrozas a lo europeo; e incluso (a temporadas) “tomatinas” de la huerta valenciana ó corridas de toros como éste año. Toda una ensalada festera para disfrute, sobre todo, de los más jóvenes y con menos exigencias. Al final, la “calzoncillada” -que ignoro de donde se sacó- acaba siendo una de las cosas más características (tanto que se incluyó en el reciente y mal tratado por Antena3 Mega Playback) y que acaba reflejándose en Internet por el empeño que ponen en Caspe en lucir slips, boxers, “truzas”, bragas, “cuecas”, “gayumbos” o calzoncillos en (por lo general) calurosa noche agosteña. Desenfado, alegría, comicidad, “sana diversión, no exenta de picardía” que diría un cronista del antiguo “El Guadalope” son la clave del éxito del festejo que éste año se vio perjudicado por la fría temperatura de la noche.

Las terrazas de “la plaza”, llenas, volvieron a poner la nota más peculiar de éstos días caspolinos: reunir alrededor de un velador a parientes y amigos que regresan a Caspe para estas fechas y que dejan el día después de las fiestas un sensible vacío en el corazón, sus calles y establecimientos.

 


 

 

Del Compromiso al Megaplayback

No otra cosa si no alabanzas tengo para las pasadas Fiestas del Compromiso. Las vi nacer, allá por 1999, y recuerdo quienes fueron sus padrinos (Prado Murillo y Javier Sagarra). Pero los que han amamantado y han hecho que la criatura crezca y siga con vitalidad es todo Caspe. Sin la comunión (qué en este caso se ha dado) entre una idea y casi todo el pueblo no se habría conseguido que lo que fue una obrita histórica de Alfonso Zapater representada por el grupo La Taguara se haya convertido en un espectáculo de interés turístico que concita la participación de cientos de caspolinos y logra el reconocimiento de miles de espectadores. Sería el ejemplo de que con el apoyo y concurso de todos se pueden lograr muchas cosas.

Claro que también recuerdo cómo en la primera representación la oposición política del momento no vibró precisamente de entusiasmo, y -creo recordar- ni siquiera se sentaron sus representantes en las primeras filas de la plaza del Compromiso, que ya fue el magnífico escenario para aquella recreación histórica que entonces comenzaba; sería para marcar distancias, pero así fue. También es cierto que al año siguiente, ya en el poder, hicieron suya la idea y rivalizaron para que se desarrollase mejor que el año anterior. Y así, con esta dinámica de bola de nieve que comienza a rodar y consigue inercia propia, las Fiestas del Compromiso figuran ahora en el calendario festivo aragonés entre los espectáculos de su índole dignos de ver.

Porque digno es de ver a un campesino, a un director de banco, a un profesional universitario, a una ama de casa -que además puede ser dueña de una boutique o una popular castañera- haciendo sus pinitos como actores y quedar a buena altura. El maridaje de la historia, el espectáculo, el mito y el entusiasmo por hacerlo bien consigue el milagro. Habrá quienes no gusten de tanto disfraz y medievalismo de guardarropía; o que consideren (porque es cierto) que el papel de Caspe en el Compromiso tan sólo fue ser escenario (como Alcañiz para la previa Concordia). Pero, sea como sea, y puesto que el ser humano necesita de superestructuras en las que poner a cabalgar sus ideas para saltar por encima de su menguada importancia, bienvenidas sean estas fiestas si han conseguido mover a tanta gente -casi siempre pasiva- y hacer subir al escenario a personas de por si tímidas y apocadas. Y, lo que es más importante, que se vuelquen en un proyecto común que necesita ensayos, trabajo y disciplina. Sea pues lo hecho ejemplo de que con una buena idea y la voluntad de muchos en llevarla a cabo se puede lograr algo importante. Como también ha ocurrido con el MegaPlayBack, por cierto.

 


 

 

Alegría y felicidad

Al grito de “España, entera, es una borrachera” (con el sonsonete de aquello de “España, mañana, será republicana”), Madrid era una monumental verbena en la que la calle parecía arder con los colores rojos y amarillos de la bandera. Miles de madrileños y visitantes se echaron a la calle, como ya lo habían hecho cuatro días antes cuando la victoria sobre Alemania.

Nunca antes había visto a la gente tan alegre, tan feliz, tan complaciente. Haciendo como hago fotos no es extraño que se incomoden cuando ven una cámara delante; pues bien, en estos días de celebración del triunfo de España en el Mundial a nadie le parecía desagradar; al contrario: solicitaban ser fotografiados, como deseando dejar constancia y ser inmortalizados en el día más importante de sus vidas. No lejana la fiesta del Orgullo Gay había transexuales que parecían continuarla exhibiendo sus encantos de silicona con prodigalidad y posando con turistas y transeúntes en general, orgullosas de participar de esta fiesta del futbol, componiendo sus posturas descocadas con las banderas y las camisetas. Toda esta marea de tonos rojos y amarillos se extendía a través del eje de Gran Vía, cortada al tránsito. Pero aún había de llegar el día grande, aquel en que la Selección se pasearía por Madrid en autobús descubierto después de sus visitas al Palacio Real y al de la Moncloa. La noche anterior había sido una noche de acostarse tarde, pese a ser domingo. La Plaza de España, atestada de jóvenes, era un gran botellón. Inmensamente feliz se me acercó un joven y me dijo: “oiga, como le veo mayor tengo curiosidad por saber que ha supuesto para usted el triunfo de España. Pienso que si para mi ha sido lo mas grande que he vivido, supongo que para usted ha tenido que ser inconmensurable, pues, supongo, llevaría toda la vida suspirando por esto, y al fin lo ha podido ver”. Yo me quedé perplejo; pero comprendí con claridad lo que era para muchos ese día. Nunca hubiera imaginado que pudiera ser tan importante. No pude por menos que reflexionar sobre si esta sociedad no se habrá pasado en su valoración del deporte; o en si es el refugio ante tanta mediocridad en otros ámbitos y tantos problemas acuciantes en las vidas. Pero el hecho es que aquel joven no concebía una vida plena sin ver ganar a su país un mundial. La noche aun me traería más sorpresas, como la de conocer a un  nieto de Héctor Rial. La gente estaba con tantas ganas de  hablar que aprovechaba cualquier circunstancia para contar su vida, abrazarte o gritar eso de “soy español, español, español”. Aquel muchacho, orgulloso de pertenecer por familia  a la aristocracia del futbol, no podía dejar de decir que era “nieto de Rial”, aquel argentino que jugó en el Real Madrid hasta 1961. Década esta de la Eurocopa en la que  Marcelino le dio el triunfo a España con su gol a Rusia. Otro día, aquel de 1964, en que la gente, salvando las distancias, también fue muy feliz.

 


 

 

Días de orgullo

Se han juntado en el calendario conmemoraciones que llevan por denominador común apelar al orgullo: orgullo caspolino por las fiestas del Compromiso y por el Mega playback; orgullo gay; y orgullo de ser “español, español, español”. Tres maneras de auto afianzarse en la inseguridad. Nadie apela al orgullo de lo que tiene muy claro. Pero en momentos de zozobra de lo español, de reivindicación de una condición sexual denigrada, o de ver cómo un pueblo no logra alcanzar sus aspiraciones, se acaba llegando a las costas del orgullo; allí donde las palabras grandilocuentes, los gritos, los disfraces y las pinturas tribales enmascaran una carencia: la de la seguridad en uno mismo. ¿Estará Caspe a la altura de las circunstancias?, ¿será mi sexualidad satisfactoria y conveniente?, ¿ganará España el Mundial? Caspe quiere ser la mejor; España quiere ganar; y el gay quiere vivir tranquilo. Y, ante la dificultad y los obstáculo, cada cual presenta su orgullo: el de querer ser quien es y como es.

Días de orgullo, pues, estos de finales de junio y comienzo de julio. Calor e ilusiones en el mismo cucurucho, como aquellas dos enormes bolas de helado que, de reclamo, se alzaban en el balcón de la Pastelería “El buen gusto”.

Días, también, de orgullo y banderas. Las de de los gays y las de “la roja” o de España. La del arco iris, y la roja y gualda. Y frente a ella, en el desfile del Orgullo Gay madrileño, la izquierda tradicionalista exhibiendo obstinadamente la bandera tricolor de la II República (que no la de la I, pues Mariana Pineda la que bordo, también republicana, fue roja y gualda). El sentido común debería dejar la enseña tricolor para honrar a quienes murieron por ella defendiendo unos nobles ideales dentro de una República que, sin embargo, no puede considerarse a los ojos de la Historia como ejemplar.

En una España donde los gays son reivindicados por partidos para los cuales, y no hace tantos años, la homosexualidad era un “vicio burgués” (consúltese si no me creen los manuales al uso), asumida la homosexualidad por siglas que tenían como modelo a países en los que se les internaba en psiquiátricos si osaban serlo abiertamente o si era descubierta su tendencia por celosos camaradas que les delataban, creo que ha llegado el momento de cambiar también otras cosas y no dividir por lo que para algunos no es si no un trapo, pero para la mayoría (y como comprobación ver como, por otra parte, se exhibe con orgullo y profusión la bandera del arco iris) es un símbolo de pertenencia a un mismo grupo social que convive bajo las mismas reglas, leyes, costumbres, tradiciones y aspiraciones. Sólo en España, y en un momento muy concreto, se les ocurrió la mala decisión de confundir el símbolo de una Patria con el de una forma del Estado.

 


 

 

Conservación  del patrimonio arquitectónico ( II )

Solo en un caso –el de la restauración y reconstrucción de la Torre de Salamanca- la obra de recuperación de un edificio antiguo en Caspe ha sido perfecta. No podemos dejar de recordar el desastre que supuso el cambio de rumbo, sobre la marcha, de las obras de restauración de la Casa Palacio Barberán. De hacer caso a uno de los que participaban en la obra la opinión de un más que influyente político de la época varió el rumbo de la misma, y se mandaron destruir elementos que se habían estado conservando durante mucho tiempo, como molduras de yesería y pinturas murales, todas de la época originaria del edificio. Se cambió también de sitio la puerta, pero no se dotó de ascensor a la obra nueva, que se hizo sin saber muy bien a que iba destinada.

Parece ser que la historia de las dudosas restauraciones se ha cebado en Caspe con los edificios donde la tradición y la historia colocan sus sucesivos hospitales. Ya hablamos del de Santo Domingo, destrozado, como gusta decir a Miguel Caballú, “más por la desidia que por la metralla carlista”. De hace muy poco es la reciente y más que dudosa actuación en la casa de la replaceta del Cantón de los Mártires; y hace unos días se ha desmontado (¿o derribado?) la fachada y el caserón de la calle del Hospital, edificio anexo al que albergó en parte al Círculo Católico. Si preguntan ustedes a nuestras autoridades municipales seguro que les dicen que “se va a recolocar esa fachada”, cual si de una arquitectura de Lego se tratase. Pero el hecho es que ya se destruyó otra casa de trazas similares, pero más humilde, en la calle Huerta de la Herradura, y nada menos que dentro de lo que va a ser (trascendiendo esa exclusiva primitiva función) un centro de interpretación de la cultura funeraria  ibera. Doy fe de que aquellas piedras no se desmontaron, si no que se derribaron, sin miramiento ni clasificación, ni numeración siquiera de los elementos tallados con molduras, como el alero, los rollos de desagüe del mismo al modo de gárgolas, o los dinteles y alféizares de las ventanas. Todo lo vi en el suelo, desordenado, hasta que otro día, y ante las críticas de algunos, aparecieron en unos “palés”, pero sin numerar ni ordenar. ¿Y si eso ocurre a la hora de levantar un centro público para dignificar la historia antigua y la prehistoria ¿cómo vamos a estar esperanzados cuando lo que preocupa del solar de las calles Alta y Hospital es crear plazas de aparcamiento?

Atañe a las autoridades municipales el buscar un uso adecuado a ciertos edificios (caso de la Rosaleda), pues de otra forma acabaran siendo demolidos por la iniciativa particular, estando en su derecho. Es el caso de la vieja Harinera de la Civán, que estuvo en venta durante muchos años y nadie desde ninguna institución pública se interesó por ella para situar allí algún servicio que posibilitara salvarla.  Son edificios que si no es de esa forma no tienen otra solución que la de entrar en la dinámica del desarrollo que Caspe permite. Y este, desgraciadamente, no es muy amplio.

 


 

 

La vida empieza hoy

Les adelanté que dedicaría tres columnas a repasar los avatares de la conservación del patrimonio arquitectónico caspolino; y a sí va a ser, pero no van a ser contiguas. Varias circunstancias: la conferencia “El secreto de la eterna juventud” del farmacéutico Luis Hernández, la esperada terminación de la Residencia de la Tercera Edad, y el premio ASADICC al Hogar Santa María la Mayor me hace recomendarles una película que acaba de estrenarse. Se titula “La vida empieza hoy” y trata, en tono de comedia cotidiana, de cómo vivir la afectividad (sexualidad incluida) durante la eufemísticamente llamada “tercera edad”, último segmento de la vida que todos veremos llegar si cumplimos años y que no se percibe ni es igual ahora que hace lustros.

Los pueblos como el nuestro presentan una evolución demográfica que los lleva al envejecimiento. Si no fuera por la población inmigrante Caspe tendría más personas mayores que jóvenes. Se vería abocada al descenso de población porque la mayoría de  adolescentes caspolinos en cuanto dan el salto a la juventud no les queda más remedio que marcharse del pueblo en busca de un trabajo que aquí no encuentran, y acaban formando una familia en el lugar donde lo encontraron que a veces no está muy distante  pero ya no es nuestra ciudad.

Por otro lado, en Caspe ciertas gentes hacen que no sea muy agradable vivir en él, y se da el caso de que a algunos (supongo que con maliciosa ironía) se les defina como “personas entrañables” (tal vez por ir con camisas de leñador y estar jubilados) y se les presente como “ociosos”, “críticos”, “severos” e “improductivos”. Y -en un pueblo donde siempre quedan  asientos vacíos en el teatro, en el cine o en las conferencias y demás actividades con aroma de seriedad cultural y donde la política municipal (y general) no interesa más que a los protagonistas de la misma (beneficiados de ella, supongo, ya que no siendo obligatoria la ejercen)- se apunta en el debe de esos tildados de “entrañables” el “frecuentar tertulias”, “asistir a los plenos municipales” -atreviéndose a ejercer su derecho a participar en ruegos y preguntas, añado yo-, e incluso, (en la era del ciberespacio) se les reprocha “ser asiduos de los foros virtuales”.

Los caspolinos, a juzgar por todo lo dicho, somos pocos, mal avenidos y tenemos mala leche. Parece que algunos desearan quedarse solos en el pueblo, ser cabeza de ratón y lograr una sociedad homogénea, afín con ellos, sin ningún atisbo de crítica, discrepancia ni diferencia.

Yo desde aquí quiero pasar de todo esto (no sin antes reseñarlo, claro) y recomendar la película de Laura Mañá, interpretada por Pilar Bardem, Rosa Mª Sardá, Sonsoles Benedicto y Osvaldo Santoro (entre otros) en la seguridad de que pasaran un buen rato y se olvidaran del mezquino politiqueo local, infructuoso, interesado e inquietante.

 


 

 

Conservación  del patrimonio arquitectónico caspolino

Vean, queridos lectores, si este periódico se preocupa por ustedes que la directora me ha llamado la atención por la longitud de mis columnas, que, en lugar de acercarme al Cielo con ellas, resulta que les voy a estropear la vista dado el minúsculo tipo de letra que ha de colocar el  maquetador para que quepa todo el texto. Vamos, que peligra su vista en el esfuerzo de leerme. En parte me halaga la advertencia, al presuponer lectores, pero en mal momento llega pues el asunto que hoy traigo en el pensamiento puede ser prolijo y abundante. Por ello voy a optar por darlo en dos, o incluso tres, entregas. Como en los tiempos gloriosos del folletín periodístico.

Resulta que -no se si se habrán dado cuenta- es abundante la merma de edificios con interés en nuestra pomposa Ciudad del Compromiso: ya no está –tampoco- la que dicen fue sede del viejo hospital.

Hagamos memoria de más desapariciones: al lado de esa fachada de piedra (ahora desmontada) está la iglesia de Santa Lucía, antes capilla barroca de una sola nave con unos curiosos arbotantes como resolución a la descarga del empuje del muro de su nave central. Cuando la parroquia decidió aprovechar el solar y construir sobre la iglesia viviendas para los curas y una serie de despachos y dependencias parroquiales se autorizó a destruir la antigua cubierta y a modificar la arquitectura original del templo convirtiéndolo a la modernidad. Pasamos de las curvas sensuales del barroco, con óculos, bóvedas y arbotantes,  a las estilizaciones de la imaginería de Amadeo Paltor y las rectas del aparejador municipal del momento, aun no resueltas convincentemente en la fachada.

En  los últimos años del franquismo se destruyo, sin el menor miramiento ni sonrojo, la cuarta parte de las ruinas de la  iglesia del convento de Santo Domingo, así perdimos su hermosa y bien conservada puerta monumental en fina labor de ladrillo.

Por los años de la transición, más o menos, se emprendió una lenta reforma “talar” (por el traje de quienes lo impulsaron y por lo que tuvo de poda) de la barroca iglesia de San Agustín, sin encomendarse sus bienintencionados promotores ni a Dios ni al Diablo; quiero decir, sin asesoramiento de verdaderos técnicos en restauración.

También fueron desapareciendo, casi sin darnos cuenta (a medida que sus propietarios arreglaban sus casas), viejos arcos estructurales medievales, sin que nadie asesorase, subvencionase o se preocupara por su conservación dentro de las nuevas (y necesarias, por otra parte) reformas de esas casas. Y es que quienes en teoría debían velar oficialmente por la buena conservación del patrimonio cultural arquitectónico de la ciudad, han dado hasta el momento escaso ejemplo de bien hacer.

 


 

 

Todos en camiseta

Es a través del deporte como en España se obtiene la excelencia. Basta ver los periódicos para comprobar que los españoles que suenan en el mundo son deportistas. Hasta a nivel local -en nuestro Caspe entrañable- y aunque podríamos añadir a Víctor Rivera y sus travesías por el desierto, es Abel Mustieles el único caspolino joven que figura como ilustre en Wikipedia. Es tal la importancia de lo deportivo en Caspe que, además de ser referencia de la marca Adidas contamos con un “Centro de Tecnificación” del F.C. Barcelona: ¡Ahí es nada!

A los chicos y chicas de hoy no les motiva ni la ciencia, ni el arte, ni la literatura sino (exceptuando los cantantes y el efímero mundo de los actores de TV) el deporte y los deportistas y por eso les parece normal (e incluso elegante) vestirse como ellos. Les gusta lucir por la calle los uniformes de sus equipos. Han dejado mal a aquellos dibujantes con pretensiones visionarias que durante el siglo XX se dedicaban a mostrar como sería el mundo en el siglo XXI y que dibujaban a las gentes vestidas con sofisticadas chaquetillas y ceñidos pantalones de fibras similares a los plásticos recién inventados. Ninguno intuyó que en el XXI se iba a ir por la calle a la manera en que iban en el campo Di Stéfano, Kubala o Ramallets.

No es lo mismo, por supuesto, practicar un deporte (que conlleva mantenerse en forma al tener que realizar ejercicios y entrenamientos diarios) que ser espectador de cualquiera de sus múltiples modalidades (lo que acaba en lo contrario, en hacer aumentar nuestro peso; precisamente por el tiempo dedicado a estar sentado ante el televisor o en las gradas del estadio). Pero, bien se sea sano practicante deportivo o tan sólo sedentario espectador, el deporte es en España  algo socialmente importante: Juegos Olímpicos, Mundial de Futbol, plantel de deportistas jovencísimos dedicados al motor, trofeos de tenis y golf, están haciendo que el “chunda” “chunda” musical de nuestro brioso himno nacional sea ya reconocido por el mundo.

No obstante valorar todo ese lustre del deporte y reconocer el esfuerzo diario de las páginas y periódicos deportivos por mantener el índice de lectura, creo que no debemos olvidar ni dejar de lado otras formas posibles de desarrollo del ocio y el interés juvenil. Ante tanta camiseta, tierra batida, esférico y pódium con himno,  me alegro de que haya jóvenes de Caspe que les de por otras cosas, como es el caso de Isaac Náguila, que toca la guitarra como los ángeles; y no sólo porque la haya tocado en la Colegiata, si no por como le suena y por el interés y reverencia que pone en ella.

 


 

 

En junio, a concursar

Anda Caspe enfrascada en una canción de Amaral. Amaral me cae bien porque le gusta a mi madre. Amaral tiene un nombre que siempre me sonó extraño, pero con él se ha hecho un hueco en el panorama musical español. Y ahora si uno se pasea por Caspe no hace si no notar que son muchos quienes tararean una de sus canciones. Todo es culpa de la televisión. Exactamente de un concurso.

Por esa causa muchos caspolinos no dejan de decir “por que este mundo no lo entiendo…” En eso están como el resto del planeta, como cuando dicen también: “…No se que pinto yo aquí”,  ó, “qué le voy ha hacer, si mañana nadie sabe…” De un tiempo a esta parte la Ciudad del Compromiso no deja de hacerse estás transcendentales preguntas, como si les hubiera dado a todos por hacer un acelerado curso de existencialismo.  Pero la causa no es filosófica. Ya la dije antes: un concurso de televisión, exactamente de Antena 3, tiene absorbidos a miles de caspolinos. Por eso repiten esos estribillos,  como  “mantras” tibetanos o letanías del Santo Rosario: para aprenderse la canción.

Hace unos días apareció en las paredes de la ciudad un anuncio por el que se convocaba a los caspolinos en general a una reunión informativa sobre un concurso de televisión a celebrar en Caspe. A la reunión acudieron  cientos de personas  que casi llenaron el graderío central del polideportivo. Allí, desde la Alcaldesa a Héctor Ráfales pasando por un servidor, estábamos (niños y grandes)  expectantes por saber a qué se nos convocaba. Nos enteramos de que -pasado mediados de junio- un equipo de Antena 3 vendrá a Caspe a grabar lo que aquí, a partir de esa reunión,  se han comprometido hacer un numeroso grupo de vecinos: la realización de un audiovisual consistente en interpretar una canción en “play back” y  plano secuencia (es decir, de un tirón, sin parar la cámara en ningún momento, sin empalmes, sin trampa ni cartón, vamos) pero para la que sí se va a tener hasta entonces tiempo para ensayar, medir, modificar, mejorar, etc, etc, el guión que desde la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento (con Jarque, Sacris y Pedro Palacio al frente del proyecto) se ha preparado, al hacerse los responsables de la participación de Caspe, como pueblo, en dicho concurso. Esta participación se ve desde dicha Concejalía como una forma de dar a conocer nuestra ciudad de cara al 2012. No les desvelo más del asunto, pues en estas cosas es bueno ir de sorpresa en sorpresa. Solo les advierto de que si ven a algún pariente repitiendo como poseso “que voy ha hacer si el futuro está en el aire” no piensen que se refiere a la crisis, si no que se ha apuntado a lo del concurso; que está jugando a tener unos segundos de gloria en la tele a partir de junio, vamos.

 


 

 

Hola!

Ya es hora de que salude a mi paisano Álvaro.  Escribía yo el 15 de enero que, como caspolino, me quedaba solo en las páginas de La COMARCA. Ya no; desde hace algunas semanas me acompaña Álvaro Clavero. A él lo han puesto compartiendo espacio con otros opinantes en ordenado mosaico, precisamente donde me pusieron a mi el día que escribía “Inventario interno: bajas sin altas”, refiriéndome precisamente a que, con la marcha de Jesús Cirac Febas y Alfredo Grañena, me quedaba en soledad. Está bien que haya contraste de pareceres, posibilidad de tocar asuntos caspolinos desde diversos puntos de vista. En definitiva (y como él es pintor usaré ese término) perspectivas variadas.

En una sociedad plural es necesaria la disparidad de opiniones si se quiere representar a todos. Y los periódicos suelen tener a gala dar la palabra en sus páginas a representantes variopintos de la sociedad. Por eso encontramos en El Mundo a Luis Antonio de Villena, o, durante un tiempo a Juan Antonio Belloc en La Razón. Ahora La COMARCA, en lo referente a Caspe nos tiene a Álvaro y a mí. Y yo ya no me siento tan sólo.


Por eso no entendí por qué los de IU de Alcañiz dejaron su lugar en éste periódico. Por mucho que la línea editorial del mismo no fuera afín con ellos, deberían haber defendido su pequeña trinchera, su puesto, desde su columna. Pero cada cual tiene su táctica y va hacia su estrategia como mejor le parece siendo libre de hacer cosas que los demás no entiendan. Expresar opiniones desde una posición ideológica determinada es tan necesario en un periódico como el hacerlo desde la libertad personal. Así, mi compañero se manifiesta como miembro de la Asociación Cultural Compromiso, y esa proclamación facilita mucho la comprensión de lo que escribe. Y yo, más escéptico y pasota, no me guío por ningún “argumentario”.

Me hace gracia esa palabreja puesta de moda por los políticos. Para facilitarles las cosas a quienes desde un grupo deben convencer expresando opiniones, les elaboran desde las altas esferas del mismo los argumentos que han de argüir. Eso hace que no se tenga que pensar y evita confundir al personal con declaraciones contradictorias; pero -sobre todo- uniforma los argumentos de los que se derivan las opiniones, que acaban también uniformadas. Además permite que esos  dichosos “argumentarios” estén pensados, redactados y concebidos por especialistas en psicología y publicidad, en manipulación de conciencias, vamos. Y si a Rodríguez Zapatero se le vendió como ZP (que luego no se queje si otros le llaman “circunflejo” pues el es quien se dejó representar por un signo gráfico) y dio resultado, ahora todos van buscando fórmulas que llenen en los políticos su interior vacío. Ahora para convencer ya no hacen falta argumentos si no machacones “argumentarios” (que no son lo mismo; sutilezas del lenguaje).

Por eso son más necesarios que nunca los “opinadores” independientes. Para, por lo menos, contrastar con esas opiniones y argumentos en conserva, manidos y repetidos por los partidos. Espero que en mis muy posibles desbarres haya al menos algo original,  libertad y espontaneidad.

 


 

 

La calle gumá

Ahora que Madrid celebra el centenario del comienzo de las obras de su calle más significativa -la Gran Vía, que dio origen incluso a una Zarzuela - quiero yo pensar en si Caspe tiene -a su escala- alguna actuación urbanística comparable. Por supuesto que no, pues la Gran Vía madrileña supuso la rotura de una gran extensión de malla urbana secular, y en Caspe, por su propio desarrollo, no ha propiciado de ninguna manera una posibilidad tal.

Pero, no obstante, encuentro una calle en la que veo ciertas similitudes con lo que significó la creación de la Gran Vía: desarrollarse a caballo del siglo XIX y el XX, hasta bien entrados los cincuenta, y suponer la llegada de la modernidad. Considerando esto último recordemos que esa calle caspolina está dedicada a Francisco Gumá, el ingeniero responsable de la llegada del ferrocarril a Caspe. Y si para la Ciudad del Compromiso Mosen Antonio del Cacho y Tiestos fue su Mesonero Romanos (en ambos, curiosamente, sus apellidos son transparentes y forman casi una frase), Miguel Caballú ha sido su Pedro Répide, y a su estudio sobre las calles caspolinas hemos de remitirnos para conocer la historia de las mismas.

El número 4 de la añorada revista Empelte fue en realidad el primer fascículo del callejero caspolino; en él se da razón del por qué de ese nombre a la que era de toda la vida calle La Balsa. Pues a la balsa de la Villa llevaba directamente la continuación de la añosa calle Santa Lucía.
Nuestra humilde “gran vía” tiene, como la madrileña, varios tramos (que de considerar en ella la citada Santa Lucía, serían también tres), y desembocarían ambas en una gran plaza (la de España en Madrid y la de Aragón en Caspe, algo muy consecuente). Ambas son ejes este-oeste con una digna continuación en las avenidas de la Princesa y de Chiprana respectivamente.

Otra similitud sería que el segundo tramo se diseño más amplio que el primero, decisión -discutida en su momento- que se debió a la iniciativa del entonces alcalde, Fermín Morales, que construyó su vivienda y clínica oftalmológica en el primer tramo.

Para que cobrara sentido dicha vía se tuvo que derribar la interesante balsa de la Villa antes citada, que le cerraba el paso hacia poniente. Pero supuso poder contar con un semieje amplio por el que entrar y salir de la ciudad. La calle Gumá en su primer tramo tiene edificios con historia o interés, como el número 7 y el 9. El primero fue sede del Santo Oficio y el segundo es un caserón neoclásico de aspecto palaciego, con escudo, y unas bellas pilastras adosadas corintias, en yesería, al modo de muchas edificaciones madrileñas de finales del XVIII.

En su tramo segundo, hecho ya plaza, está  lo que podría ser, de restaurarse, una pequeña joya urbana: la casita y jardín romántico de La Rosaleda, todavía en peligroso litigio. En el otro extremo, la Casa de Cultura con la UNED.

Leer Caspe desde Madrid puede permitirme juegos como este. En definitiva, excusas para poder recordar, valorar y reafirmar lo nuestro con cariño.

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