Los sin nombre

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Por "sin nombre" califico a todas aquellas personas que no tenemos a un amigo o amigo de amigos metido en los círculos de poder políticos o económicos. Los "sin nombre" son aquellos para los que se hacen las leyes y se les obliga a cumplirlas. Porque las leyes no están hechas para todos, sino porque los políticos tienen inmunidad parlamentaria y diplomática.

Si tienes nombre puedes poner un gran macetón en una calle estrecha y sin acera para "¿embellecer la fachada?" y que el peatón espere cuando pase un coche.

Si tienes nombre puedes subir la cantidad de pisos que estimes oportunos sin tener en cuenta el plan urbanístico.

Si tienes nombre puedes acceder a las obras municipales.

Si tienes nombre tienes derechos no obligaciones, te crees con poder y obtienes poder.

Y nosotros los "sin nombre" tenemos mucha culpa de que existan, porque no denunciamos, sólo protestamos en nuestro círculo íntimo y nos quejamos de que nadie haga nada.

Los políticos son nuestros representantes, deben trabajar para y por nosotros, no les debemos sumisión. No entiendo esa superioridad manifiesta en todos ellos cuando deberían ser personas cercanas al pueblo y entregadas a los problemas de los ciudadanos.

"La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" Artículo 1.2 de la Constitución.

En parte, nuestra apatía es la que nos ha traído esta crisis, les hemos dejado hacer todo, nos han convencido de que nosotros en su lugar haríamos lo mismo, defraudaríamos, pondríamos a nuestros familiares y amigos en altos cargos y el dinero negro tan sólo es un bonito color con mucha elegancia. Han querido que les envidiemos y han creado un muro entre ellos y nosotros y nos han hecho creer que no somos nadie.

No, yo no quiero ser como ellos, quiero inculcarles a mis hijas otros valores, ante todo el honor, una palabra perdida en tiempos de mi abuelo que lo significaba todo. Quiero que luchen por lo que consideren justo y que crean que la sociedad algún día cambiará. Pero para que puedan luchar necesitan las armas de la educación, de la cultura…armas que los políticos se han encargado de destruir para no tener oposición ni rendir cuentas a nadie.

Como padres les debemos un mundo con nombre, que sean ciudadanos de primera porque no existan más categorías. Para ello debemos pedir un cambio en la ley electoral y un cambio en la educación, como mínimo. Y por cierto, tengo nombre me llamo Ana María Andréu Celma, soy una ciudadana de este país.

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