Los sabios, “Las Vegas” y el tabaco
Acaba de conmemorarse el Dia Internacional sin Tabaco, una de las pocas iniciativas concebidas para beneficiar a la Humanidad sin ninguna contrapartida, aunque ese altruísmo esté motivado en parte por el aumento de los gastos sanitarios que esta generando el cáncer.
Y parece que gracias a las denostadas medidas contra el consumo de la “Nicotiana tabacum”, ha descendido un veinte por ciento su uso y que, después de los mas apocalípticos y oscuros vaticinios, los ciudadanos han entendido que llenarse de humo los pulmones (invento de la Naturaleza para oxigenar la sangre) es, con todos los respetos al que fue mi gremio, una majadería.
No obstante, el benemérito promotor de un paraíso del juego, la droga, la prostitución y como oferta menor también el tabaco, va a conseguir que se modifique la legislación que estorbe sus propósitos --que no son honestos ni generosos--, en beneficio de sus intereses. Un lobby contra el Estado. Por lo menos la mafia lo hacía guardando las formas. Ya sabemos quién manda en España. Ahora hay que saber cómo se da uno de baja, si con Rajoy, la “Espe”, González, o el asimismo “honorable” Mas, que porfió por el negocio. ¿Pero es que ya no hay gente honrada?
Y aguarden ustedes porque, además, el señor Gallardón pretende recuperar la censura, con otro nombre, para evitar que en el futuro podamos decir inconveniencias. De la misma manera que en el último consejo de Ministros implantarán un supergobiermo para emergencias con plenos poderes como en Estados Unidos para situaciones de guerra o terrorismo en nombre de la globalizacion. Lo que la dictadura de Primo de Rivera con Alfonso XIII. Me temo que este guión ya tiene argumento.
Los únicos que se divierten de veras en esta nave sin rumbo, sin marinería, sin oficialidad y sin cartas de navegar, son los piratas, los aventueros, los logreros y los espontáneos que cambian todos los días de opinión. Porque a los políticos, mal que bien les piden cuentas, aunque no responsabilidades, pero a los economistas, los expertos, los profetas y “los sabios” como les llaman ahora, nadie osa contradecirles. Ellos estan entre la Dinividad y la Astrología, metidos en sutiles experimentos financieros y conceptuales. Pero no han de rendir cuentas porque tienen la arrogancia de proclamarse miembros “del pueblo elegido” como el sionista Sheldon Adelson.
Tenemos la prueba en que la economista mas influyente del mundo, Carmen Reinhart, y su colega Kenneth Rogoff, ambos de la Universidad de Harvard, que hasta ayer mismo predicaban la austeridad financiera, han reconocido haber cometido un error al confundir un programa. ¿Qué dirán ahora Rajoy y sus mariachis de la solvencia y seriedad de sus ocurrencias? Que los experimentos solo deben hacerse con gaseosa.
Alarma social
No sé a ustedes, pero a mi me produce, además del consiguiente desasosiego, una profunda perplejidad que quienes tienen que velar por la seguridad de nuestras carreteras cuidando de nuestra integridad coloquen en algunos puertos de montaña aquello de “Peligro, desprendimientos”. Algo así como: Esto está chungo, señores, allá ustedes si pasan. Nosotros nos lavamos las manos, que el que avisa no es traidor.
Bueno pues ese nuevo Centinela de Occidente, el ostentoso vaquero cargado de revólveres que dice pretender defendernos, se descuelga diciendo que van a caer sobre sus conciudadanos -y sobre los incautos figurantes del coro y de “la clak”- las siete plagas de Egipto en forma de calamitosos atentados, la mayor parte de ellos invisibles, con toda suerte de virus y bacterias. Pero el que, según parece, puede detener el curso del sol, no es capaz de evitarlo. Válgame Dios. Cuerpo a tierra y sálvese quien pueda. Menuda manera de infundir moral a la tropa y de crear moral de victoria.
Siempre se había pensado que una de las tareas del gobernante era mantener el sosiego de la población y trabajar en silencio sin provocar alarma, siempre que ese silencio no supusiese ocultación de informaciones necesarias a los ciudadanos u obstrucción de la labor de la Justicia. Pero, no. Parece que la Administración se propone crear toda la alarma posible con objeto de favorecer el terror -que es lo que dice querer evitar, con lo que han dado ya la victoria a los terroristas-, limitar la libertad de los ciudadanos sin resistencias, y acumular un poder sustentado en la arbitrariedad y en el capricho sin tener que rendir cuentas a nadie porque los disidentes son tachados de antipatrotas. ¿A quien beneficia ese estado de cosas? No desde luego al gobernado sino al gobernante, que puede hacer mangas y capirotes con los poderes que graciosamente se ha atribuído asegurando que nos hallamos en guerra. Un gran fraude; una merienda de negros; una estafa descomunal.
No quiere decir esto que haya que permanecer inactivo ante una amenaza actual o potencial, presente o probable, de la comunidad. Quiere decir que las medidas adoptadas deben ser proporcionadas, y por ello eficaces, contra los peligros reales o imaginados.
Para realizar una labor eficaz contra el terrorismo no hacen falta más armas, ni mas publicidad de policías decapitados en plena calle, sino más inteligencia; no son precisas acciones espectaculares, sino averiguaciones discretas; no manifestaciones histriónicas ante la televisión, sino muchos cautelosos silencios. En resumen, poco ruido y muchas nueces.
El "Fraking" siniestro
Ha llegado el momento en que lo más egoísta es ser solidario. Ese pensamiento pueblerino y garrulo de "yo, a lo mío" ha dejado de ser eficaz desde el momento en que "lo mío es lo nuestro".
Los existencialistas que brotaron al desamparo de la más cruel postguerra, ya lo anunciaron con aquella fórmula estremecedora de "todos somos culpables": no todos iguales en el confortable anonimato del grupo, sino iguales en la comisión y la expiación personal del pecado. Pero la gente de a pie somos un rebaño que no se hace preguntas y va despacio, tan despacio que no suele llegar a tiempo. Y así jugamos a hacernos trampa con el Protocolo de Kyoto y los sucesivos compromisos, incumplidos por la estupidez y la estulticia de tres tripulantes ignaros, incapaces de comprender que en esta nave en que viajamos, o nos salvamos todos o todos naufragamos.
Hace unos treinta o cuarenta años, un grupo de aguafiestas entre los que humildemente me contaba, dieron la voz de alarma porque sucedían fenómenos desconocidos y al parecer estaba reduciéndose el espesor de la capa de ozono y el grosor de los casquetes polares al tiempo que se operaba un ligero ascenso de las temperaturas contra todo pronóstico, pues que nos hallábamos al inicio de una nueva glaciación.
Han pasado los años -pocos en el milenario cómputo cosmológico-, y la capa de ozono ha desaparecido en amplias superficies de a atmósfera; se funde e inmovilizan los glaciares; algunos icebergs se adentran en aguas cálidas y peligra la subsistencia de la fauna marina, hasta el punto de que, a este ritmo, en cincuenta años habrá desaparecido el oso blanco.
No se trata de dejarse vencer por el sentimentalismo. No va a arrancarnos una lágrima el luminoso osito de peluche acurrucado junto a su madre en el atardecer boreal, pero él ha comenzado a morir. Somos nosotros quienes debiéramos entender que vamos todos en el mismo bote y que nuestra vida depende del cardumen oceánico, de las amebas de la gruta, de las bacterias que pueblan nuestras mucosas (¡qué asco, verdad!) y de los mosquitos que tanto arritan y que a veces nos causan la muerte. Hasta los microorganismos que combatimos local y tópicamente con los antibióticos, son necesarios para que sobrevivimos: si el profesor Fleming hubiese tenido el poder de acabar con todos, veríamos comprometida nuestra vida.
Pero ahora que el carbón, el petróleo y la minería han arrebatado los bienes de la tierra con relativa inocencia, el gran capital sin piedad y sin conciencia quiere exprimir los últimos recursos geológicos contaminando las aguas subálveas con metales venenosos tales como el plomo y el mercurio, explosionando grutas para extraer gases y hundiendo el subsuelo mediante imprudentes seísmos inducidos por la "fractura hidráulica". Un crimen que debería evitarse y acaban de autorizar.
El crimen del “Frackinf”
Ha llegado un momento en que lo más egoísta es ser solidario. Ese pansamineto pueblerino y gárrulo de “yo, a lo mío” ha dejado de ser eficaz desde el momento en que “lo mío es lo nuestro”. Los existencialistas que brotaron al desamparo de la más cruel postguerra, ya lo anunciaron con aquella fórmula estremecedora de “todos somos culpables”: no todos iguales en el confortable anonimato del grupo, sino iguales en la comisión y la expiación personal del pecado.
Pero la gente de a pie somos un rebaño que no se hace preguntas y va despecio, tan despacio que no suele llegar a tiempo. Y así jugamos a hacernos trampa con el Protocolo de Kyoto y los sucesivos compromisos, incumplidos por la estupidez y la estulticia de tres tripulantes ignaros, incapaces de comprender que en esta nave en que viajamos, o nos salvamos todos o todos naufragamos.
Hace unos treinta o cuarenta años, un grupo de aguafiestas entre los que humildemente me contaba, dieron la voz de alarma porque sucedian fenómenos desconocidos y al parecer estaba reduciendose el espesor de la capa de ozono y el grosor de los casquetes polares al tiempo que se operaba un ligero ascenso de las temperaturas contra todo pronóstico, puesto que nos hallábamos al inicio de una nueva glaciación.
Han pasado los años, muy pocos en el cómputo cosmológico, y la capa de ozono ha desaparcido en amplias superficies de la atmósfera, se funden o inmovilizan los glaciares, algunos icebergs se adentran en aguas cálidas y peligra la subsistencia de la fauna marina, hasta el punto de que, a este ritmo, en cincuenta años habrá desaparecio el oso blanco.
No se trata de dejarse vencer por el sentimentalismo, no. No va a arrancarnos una lágrima el luminoso osito de peluche acurrucado junto a su madre en el atradecer boreal. Él no sabe que ha comenzado a morir. Somos nosotros quienes debieramos entender que vamos todos en el mismo bote y que nuestra vida depende del cardúmen oceánico, de las amebas de la gruta, de las bacterias que pueblan nuestra mucosas (¡qué asco, verdad!) y de los mosquitos que tanto arritan y que a veces nos causan la muerte. Hasta los microorganismos que combatimos local y topicamente con los antibióticos, son necesarios para que sobrevivamos: si el profesor Fleming tuviese el poder de acabar con todos, veríamos comprometida nuestra vida.
Pero ahora que el carbón, el petróleo y la minería han arrebatado los bienes de la tierra con relativa inocencia, el gran capital sin piedad y sin conciencia, quiere exprimir los últimos recursos geológicos contaminando las aguas subálveas con metales venenosos tales como plomo y mercurio, explosionando grutas para extraer gases que nadie desea, y hundiendo el subsuelo mediante peligrosos seísmos inducidos por “fractura hidráulica”. Un crimen que debe evitarse a toda costa.
Fracking y autonomía
La última razón de la Autonomía, el último motivo que la justificaba como pacto entre la fuerza esclerotizada y centrípeta de la ciega maquinaria administrativa y el albedrío de los territorios con buen juicio, ha dejado de tener objeto. Antes, Alemania hizo superflua la Unión Europea, ahora el señor Rajoy se ha hecho prescindible “presidido” por la señora Merkel, y después el gobierno central ha mostrado la vacuidad de las autonomías, decidiendo por ellas y dejándoles que se distraigan con los parlamentos.
Vean si no: mientras las Cortes de Aragón vetaban “por unanimidad” el “fracking” o fractura hidráulica del subsuelo para obtener hidrocarburos, y el Gobierno de la señora Rudi denegaba coherentemente cinco solicitudes que le han presentado, el Ministerio acaba de autorizar en el consejo de ministros del pasado viernes 26 de abril, un primer “estudio previo” que afecta a los términos de Cortes, Gallur, Magallón, Pedrola, Remolinos, Fuendejalón, Tauste, Alagón y el entorno.
Ignoro si alguien en la Corte se ha tomado la molestia de mirar sobre un mapa qué ignotas tierras riega el Ebro antes de llegar a Zaragoza, pero los residuos inocuos de metales pesados, se tornan inicuos y severamente tóxicos cuando el mercurio, el plomo, el cadmio, el vanadio, el tungsteno, el plutonio, el aluminio, el berilio, el arsénico y ciertas sustancias necesarias para tratarlos, así como los explosivos con que fracturar los sedimentos, terminan penetrando en los acuíferos, los manantiales y los ríos.
Dicen, igual que las compañías depredadoras –como las petrolíferas, las diamantíferas y las extractoras del apreciado “coltan” (columbita+tanta-lita) también tóxico-, que no es nocivo para la salud. ¡Qué respiro para la conciencia!
Tan tranquilizante es que, como “no conlleva riesgos importantes”, no merece la pena ocuparse de ellos. Por eso es muy posible que desde Madrid se autoricen también las explotaciones previstas en los Monegros, el Bajo Ebro, el Bajo Aragón, y el Maestrazgo pese a la contestación social que ha suscitado. Dos más aguardan en la frontera de Navarra y cuatro en la de Cataluña, que tal vez se libre exhibiendo la “senyera estel.lada” si CiU y ERC no están ya compradas. Porque no se trata de la ocurrencia de un chiflado, sino de una acción con mucho dinero en juego. La compañía “Frontera Energy Corporation S.L.”, participada del grupo “San Leon Energy”, posee otros tres permisos concedidos y uno de sus portavoces ha manifestado que “los datos geoquímicos de afloramientos cercanos demuestran que se trata de un yacimiento de rango internacional”.
Así es que habrá que prepararse como los “potiguara”, los “caraca” o los “tupinambá” de Brasil despojados de sus territorios por las grandes compañías. Porque algunas comarcas harán el avestruz.
El milagro del doctor Repollés
El 30 de marzo habría cumplido cien años y hace mucho que los aficionados al motor esperaban rendirle un homenaje para honrar su memoria y su obra, que fue mucha, relevante y decisiva. Como la iniciativa “desmedida y suicida” –pero posible con voluntad- de promover una prueba automovilística por el circuito urbano, en una ciudad de poco más de 12.000 habitantes entonces, al lado del Gran Premio de Mónaco.
El doctor Repollés -o don Joaquín- fue el laico artífice de un milagro y el apóstol de una adicción que no ha dejado atrás el tiempo: inoculó la dependencia del motor a decenas de aficionados desde el año 1965, en que creó el “Trofeo Virgen de los Pueyos” poco después de haber dado vida al “Automóvil Club Circuito Guadalope” -que es otro topónimo emblemático de la ciudad-, al 2003. Ni el estruendo de los motores arredró a una población que ama el ruido y lo echaba en falta desde los años 50, en que los tambores de su Semana Santa dejaron de atronar las calles con la adopción de sintéticos parches de plástico, y de cuerdas por llaves.
El Trofeo se repitió durante casi cuarenta años partiendo siempre de nada, ya que sobrevivía por un reiterado acto de fe y el esfuerzo de un puñado de hombres, algunos apenas adolescentes, que, solo al final, en un par de ocasiones no llegaron a tiempo de cumplimentar las exigentes condiciones que Madrid le imponía gracias a las iniciativas de la Federación Española de Automovilismo que se obstinó en ser la FEA para aquellos valerosos “profesionales de la improvisación” que empezaban todos los años de cero con un nuevo reto, como si el presidente de su directiva no fuera, desde tiempo inmemorial, precisamente aragonés.
Tampoco la prensa zaragozana demostró mas interés, al contrario que los asombrados medios nacionales. Y cuando el 7 de septiembre de 1985, la mala fortuna se cobró dos vidas y diez heridos sin que ello fuese imputable a los organizadores, tuvieron que duplicar su energía apenas a unos meses del fallecimiento de don Joaquín porque ciertos forasteros próximos daban la batalla del circuito por perdida. Pero él venció después de muerto como los grandes campeones y como El Cid, gracias a los mejores aficionados, convencidos de que su proyecto solo sobreviviría si eran capaces de ser más ambiciosos y superar los personalismos y los enfrentamientos, que han hecho fracasar tantas iniciativas.
Ahí es donde nació Motorland, de la simiente del veterano Circuito Guadalope y el empuje de aquellos aficionados abnegados que hubieron de sacrificarse y abdicar, para que el proyecto al que habían consagrado tanto esfuerzo, tanta dedicación y tanto sacrificio, se consolidase para siempre.
Ellos, y los aficionados que ahora frisan la cincuentena, se merecen una crónica pormenorizada de aquel empeño.
Ramos de Bienquerer
De cuanto hemos pretendido rescatar con la evocación legendaria del Día de San Jorge en Alcañiz, hay un elemento histórico enternecedor: la tradición del ramico de Bienquerer con el que los hortelanos obsequiaban a las mozas a las que amaban, tal día como hoy.
Se ignora de cuándo arranca la inveterada costumbre, pero sabemos que en el último tercio del siglo XIX se hallaba vigente, por testimonios orales de personas como Ramona Mir Rigabert (1879-1964), Miguel y Josefa Vidal Plo, Manuel “Simbanda”, los próximos antepasados de Antonia, Pilar, Maruja y Llanos Moya, y el doctor José María Maldonado, profesor de Historia y autor de “Alcañliz. 1938. El bombardeo olvidado” y “Aragón bajo las bombas” entre otras obras de investigación.
La tradición alcañizana parece no tener la raíz wagneriana y heróica de la victoria sobre el dragón --transmutada la ponzoñosa sangre de su herida en una rosa fragante--, sino en el humilde homenaje de un hombre del campo (“giorgos”, jorge) a una hortelana como él, a la que obsequia con las primeras flores silvestres de las lindes de su campo, porque quienes andan enzarzados en la guerra sueñan en la paz, al revés que los poetas épicos. En el Principado se veneraba entonces a San José y San Jaime aunque que se conociese desde el siglo XI al martir de Capadocia, en tanto que el anticastellanismo de Pedro IV el Ceremonioso, dispuso que en sus pendones luciera “el señal del señor San Jorge” en sus luchas contra Pedro I de Castilla porque la Corona sentia especial devoción por el que a su juicio había vencido en Alcoraz. Hizo falta que el monarca incluyese el 23 de abril entre las fiestas solemnes para que la acatase la “Generalitat”. Por entonces en Alañiz existía ya la Cofradía de nobles, caballeros e infanzones del señor Sant George con sus cultos y festejos.
Pero volviendo a nuestras flores, los hortelanos alcañizanos optaron –tan arraigada estaba la devoción-- por festejar a sus chicas con flores de las mas puras, silvestres y espontáneas de cuantas brinda la naturaleza, sin artificios ni ni ornatos más que una atadura de hierba para fijarlas. Y no importaba que danzando en la fiesta dominical, cruzando por los caminos o en la ronda se fuesen de la boca, porque nadie podía medir el grado de entusiasmo ni el fervor etílico que pudiese sustentar un piropo. Pero una cosa distinta es que el zagal se plantase ante una chica en tales días para ofrecerle un ramillete de flores todavía llorándoles rocío para no decir nada, para entregar el obsequio, porque los chicos en general no eran largos de palabras, ni doctos en letras, ni expertos en oratoria. Se quejaban muchas veces las mujeres que habían ido al altar muchas veces sin oir un “Te quiero”. Algo hemos avanzado..
«Plus ultra»
Parecía que después del desorden Zapatero no era posible ir más allá pero “la ciudadanía” que diría aquel, se quedó corta. La ciudadanía no se había ocupado de leer “El Principio de Peter” (1969) del catedrático de la Universidad de California Laurence J. Peter y desconocía que cuando una cosa parece que no puede ir peor, empeora.
Es el difícil milagro que logra Rajoy cada mañana, apoyándose en el sofisma de que la mayoría absoluta legitima a un candidato aunque haga lo contrario de lo que ha prometido, que es por lo que le votaron. Lo que los estudiantes de Lógica expresarían con la perversa proposición “A = no A” que les abismaría inevitablemente en la esquizofrenia.
Probablemente Zapatero y Rajoy han sido ya víctimas de ese fatal desorden que ha minado la credibilidad de Rubalcaba después de mil y un cambios de rumbo. Y ya no sabemos si la política les ha tornado el seso, si son unos cínicos, o si han llegado a una esfera que no podían alcanzar según la formulación del “Principio de Peter”: “En toda sociedad jerarquizada cada miembro tiende a ascender de rango hasta alcanzar su nivel de incompetencia”.
La incompetencia, según se me alcanza, “cursa” con inseguridad, mediocridad, temor a perder el estatus, apocamiento, seguidismo, recelo por la innovación y otras muchas actitudes, que no ignoramos sobre todo los anárquicos e imaginativos latinos cuando nos conviene no pensar para salir en la foto. Y en ello estamos.
La Administración Merkel, usurpadora del Parlamento y el Gobierno europeos y también de su autoridad, se ha arrogado la potestad de roturar campos, convertir en dehesas tierras no escrituradas, prestar dinero al interes que le convenga y aplicar la Ley de Linch a Irlanda, Grecia y Portugal, y juicios con jurados obsequiosos para Italia, España y Francia, como en el Far West, mientras silencia la historia y el valor de ese altivo y digno “llanero solitario” que es Islandia, resuelta a no dejarse humillar y, sobre todo, a tomar gallardamente las riendas de su destino, pagando lo que tiene que pagar cuando lo tenga que pagar, ateniéndose a sus ingresos y no a las urgencias o el capricho de Alemania y sus banqueros –algunos en bancarrota pese a su insultante arrogancia-- porque fueron estos los que nos hicieron endeudar a los europeos con ofertas y “rebajas” de mercancías que muchas veces no necesitábamos.
Ahora, después de esperanzarnos y desesperanzarnos a razón de tres veces por semana como a niños, los banqueros opinan que España debe otra vez subir impuestos. Pero este país está exhausto, se siente burlado y sabe que Rajoy es solo un alguacil obediente al servicio del “IV Reich”. Y para eso no lo necesitamos. Nos sobra el intermediario.
Los encenegados
“Encenegado” es una corrupción de encenagado con A, que es en puridad como deberíamos decirlo. Porque encenagado es el que se halla embarazado en el cieno, atrapado en un barrizal o urgido por muchas tareas que hacer al mismo tiempo y que demandan toda la atención. Una atención gustosa y deseada. En el Bajo Aragón dicen “encenegado” haciendo de la corrupción un neologismo.
Pero eso es lo de menos. Lo que importa es el concepto y saber qué es lo que produce “encenegamiento” en la gente de esta tierra. Un buen estudiante puede “encenegarse” resolviendo un problema sin acordarse de comer; otro, bordando una sábana; quien, solucionando el cubo de Rubik; un cinéfilo, viendo una película de suspense, y todos, jugando. Pero cuando más manifiesto es el embebimiento, la concentración y la abducción de los devotos (”abductio - nis”, separar, aislar) era cuando tocaban el tambor en Semana Santa. Y ahí queria llegar.
Decían hace muchos años, cuando las mocitas iban a la iglesia todos los domingos, que las que asistían a misa de ocho, iban a ver a Dios; las que acudían a la de diez, iban a que las viera Dios, y las que se acercaban a la de doce acudían a que las viera todo dios. Y eso es lo que sucedía “mutatis mutandi” con los nazarenos tocadores de tambor. Unos iban porque va Vicente; otros porque en estas fechas parecia pedirlo el cuerpo, como las tortas de Pascua o del Santo Entierro, y otros porque sentían la llamada de la afición como una dependencia. Mi bisabuelo Julián Andolz Mora “El Gaitero de Alcañiz” y por mal nombre “El Tieso”, aguardaba todos los días a la comida y la cena tocando sobre una tabla de madera.
Es verdad que entonces no había televisión ni existía la radio. Las pequeñas noticias locales las pregonaba “el Voz Pública” y las que no se podían difundir, las murmuraba en voz baja todo el mundo. Pero existían mil actividades no vinculadas al tambor –que llaman ahora “tamborradas” para imitar a los vascos-- a las que aquellos tocadores encenegados prestaban una atención muy secundaria, como mi padre mismo, Félix Roca “Mallorquín”, José Paricio Ruiz, Ángel Bardavío, “Angeler El Cureta”, y otros sobrevivientes de la Guerra, devotos de Los Tambores a pesar de que ya conocieran la exigente apelación mediática.
Observo que, como en todo, parecen estar reñidos lo extenso con lo intenso, tal vez porque “quien mucho abarca poco aprieta”. Y mientras los de mi quinta --obligados a vérnoslas con los parches de piel, los aros y los arillos de madera, el tránsito de las cuerdas a las llaves y los bordones de tripa por el metal--, vivíamos “encenegados” pero temiendo “romper” y quedarnos sin procesiones, los chicos no tienen ahora qué temer, pero esa seguridad les priva de riesgo, entusiasmo y emoción.
Turismo piadoso
Pues, nada, que hemos hecho 326 fotografías, hemos recorrido varios pueblecitos y hemos visto yo no sé cuantos “nativos” curiosos –penitentes creo que les llaman-- haciendo cosas disparatadas como acarrear peanas, cargarse con cruces, arrastrar cadenas con los pies descalzos lo mismo que los fantasmas y competir por la primacía de cada una de esas procesiones que, según ellos, se iniciaron hace mil años por lo menos. Qué gracioso. Los cofrades se han convertido en comparsas de una extraña coreografía y los concejales de turismo aseguran que han acogido a 8.243 visitantes con 920 pernoctaciones, lo que supone un incremento del 12 por ciento en relación con el año anterior y han aportado unos ingresos todavía no completamente evaluados, de no sé cuantos cientos de miles de euros más.
Hemos convertido los sentimientos en espectáculo y el hábito secular en representación. Queda poco del adentramiento “numinoso” en el mundo de la trascendencia y el misterio. Y lo mágico se ha vaciado de contenido.
Dicen algunos que nada en la vida es estático, incluida la tradición. Y es cierto. Todo evoluciona y se acomoda al perfil de los tiempos y de las gentes. Pero hay “progresos” que afectan no al ritmo de los cambios sino a la naturaleza misma del fenómeno y a su significación. Decía Heráclito que el agua no vuelve a pasar nunca por el cauce del mismo río aunque el río permanezca. Pero lo malo es cuando el agua transforma la naturaleza del agua misma y del cauce, para hacer de ellos otra cosa. Y eso es lo que sucede cuando las tradiciones se adulteran.
La tradición pura no tiene propósitos. Si acaso, la pervivencia de una efeméride se relaciona con la fiel rememoración de una fecha. Del mismo modo que la virtud no demanda recompensa: si una actuacion noble, un sacrificio o una acción abnegada pretenden el reconocimiento, se desvirtúan y, lo que es peor, truecan monedas de oro por calderilla. Pero estamos en tiempo de competiciones, de records y de marcas. El top del “Guinness” es una aspiración compartida, porque confiere valor a los datos y los hechos que nuestra adolescente falta de criterio no alcanza a discernir.
La reiteración “mántrica” del toque de los tambores como plegaria sonora compartida, no representa para los mirones distraidos más que una actividad pintoresca, un guirigay de agitadas caperuzas rizadas, un barullo de imágenes y una discordante matraca, que invita a la huida a pesar de la atracción hipnótica de la llamada colectiva. Los turistas no pueden entender los rictus de los tocadores, las muecas crispadas muchas veces, los rostros encendidos y sudorosos, ni el arrobo o la furia de los tamborileros, que ignoran las más de las veces que están rezando,
Pero desde la pasividad y partiendo de tan dispares niveles de conciencia, no es posible comprender nada.
Jornadas de pasión
El cielo se oscureció desde mediodía a media tarde, la tierra tembló y un trueno horrísono y aterrador recorrió los montes de uno a otro confín mientras se rasgaba la cortina del templo y se abrían los sepulcros. Así cuenta Matéo la agonía de Jesús, aunque mejor dicho, dando razón del estrépito de una ruptura: del cataclismo telúrico que acompañó al tránsito humano de Dios para crear un nuevo orden.
En aquellas jornadas las almas devotas repetían ese pasaje del escrito del evangelista y las personas creyentes evitaban la exteriorización de la alegría; las imágenes de los templos estaban cubiertas por paños morados o negros para expresar el luto; no sonaban las campanas porque incluso el lúgubre tañido de difuntos parecía alegre para notificar la muerte de Jesús. Y el gozo de la primavera se ponía entre paréntesis los días de Pasión, para expresar tal vez la contradicción de la vida. No sé si los teólogos y los expertos en la santa liturgia se habrían puesto de acuerdo para enfatizar el pesar precisamente cuando comienza a renacer la vida. Aunque habrá que pensar que sí, porque la Santa Iglesia no ha dado nunca puntada sin hilo.
No sabré decir si es mejor o peor el modo de afrontar la existencia ateniéndose a los tiempos litúrgicos como antaño, o igualando los días con el rasero de la uniformidad global como ahora. No lo sé. Pero no hay duda de que el sentir de los otros, el vivir de los vecinos, la convivencia con los prójimos –próximos- nos ayudaba a compartir los sentimientos de alegría y de pesar y la existencia tenía un aroma y una condición muy diferente. Hoy hemos sustituido ese solidario compartir, que nos hace gozar también de la Fiesta como una alegría de todos, con la dispersión de las vacaciones, que nos impelen a huir. Porque asi como las fiestas son centrípetas, las vacaciones centrífugas. Y competitivas. “¿Donde habeís ido vosotros estos días …?”
Por eso en estas fechas que empiezan a rebautizarse como Fiestas de Primavera, resulta más chocante (clocante de “shock”) que pugnemos por desnudarlas de su vertiente mágica (o si lo prefieren, “mistérica”) para contemplarlas como el excipiente laico de una efeméride trascendente, que atañía por igual a creyentes y gentiles y que ha caído en desuso. Nunca fui excesivamente piadoso pero no puedo ni deseo zafarme de mi nativo atavío trascendente. Porque nuestra historia no tiene contenido, porque nuestro existir carece de sentido, si no nos comprometemos si no más con nuestra misma mismidad.
Puede ser que lo que nos ancla a un aquí y un ahora no vinculado necesariamente al inmovilismo sino más bien enraizado en los cimientos que nos impelen a crecer y progresar, sean esas cosas que no nos atrevemos a reconocer como compartidas. Pero cuando no queremos reconocernos nos hallamos expuestos a copiar, para ser algo.
Tiene dos y cuelgan bien
Hasta el siglo XVII, uno de los tramites más humillantes que debía superar el cardenal elegido para suceder a Pedro –como los monarcas que habían de consumar el matrimonio ante el notario real- era la exploración de su virilidad a través de una suerte de discreta y recatada gatera que daba frente a su entrepierna, no fuera a ser un caballero deforme, lisiado, eunuco o ciclán –esto es, carente de un testículo en arábigo español «siqlab»- lo que equivaldría a no ser puro -«casher»para los judíos-, o lo que sería aún peor, poseedor una húmeda vagina inmunda.
El destinado a perpetrar el santo magréo, en la llamada con desdén «sedes stercolaria», era un diácono «ad hoc» que debía informar al colegio cardenalicio de sus pesquisas manuales aunque apartando púdicamente la mirada, acaso con invencible repugnancia o quién sabe sin con rijoso deseo, según fuera su inclinación natural. Superado el trance, declaraba: «Duos habet et bene pendentes». Tiene dos y cuelgan bien. A lo que los cardenales respodían con santa unción: «Laus Deo». Alabado sea Dios.
Es bien sabido que a la feligresía no le gusta que le sopesen el badajo pero al pontífice «in péctore» no debía pesarle en exceso la afrenta porque diría para sí, como Enrique IV de Navarra en trance de abjurar del calvinismo para acceder al trono de Francia, que «París bien vale una misa».
Al parecer esta medida precautoria se adoptó en el siglo IX y está relacionada con la fábula de la llamada Papisa Juana –una travestida que mantuvo la ficción un par de años- que, según la leyenda, dió a luz durante la procesión del Corpus, entre la basílica de San Pedro y el templo de San Juan de Letrán con el consiguiente escándalo y desconcierto, aunque debe tratarse de un bulo sin fundamento porque ni se ha documentado tal suceso ni ha podido establecerse la secuencia temporal de los hechos. De lo que no hay duda es del acta de virilidad que precedía a la coronación del pontífice, porque en el Museo Vaticano se exhiben varios asientos para tal cometido.
Lo que sí está documentado es que el último papa que pasó la prueba fué Inocencio X pues su sucesor Adriano VI la suprimió hacia el siglo XVII
Probablemente después de 1655. Así es que no hay que temer por el pudor de una futura Papisa en el milenio que se inicia. Nadie habrá de mostrar sus escondrijos íntimos ni desvelar sus secretos. Si se conmueve la Sede Romana no será por pingo de más u oquedad de menos. Hay motivos mas graves de que preocuparse.
Discúlpenme esta excursión por la anécdota, pero estamos hasta lo que cuelga del vuelo gallináceo y alicorto de los políticos de aquí y sus mentores flamencos y tudescos. Sería mejor meterlos en la carcel y dejar de hacerles el juego, para evitar la tentación de un desinteresado salvapatrias dispuesto a sacrificarse por nosotros.
Bacterias fecales
Ahora es más fácil acabar en el hospital por ingesta de metales pesados o detergentes, que por una infección fecal. La gente se lava las manos y está obligada a ponerse guantes de latex para manipular alimentos. Pero a veces surge la rústica alarma de un colerín de establo que nos hace pensar en la proximidad del fiemo pajizo de la vaca y el caballo, de moda estos días por el fraude de la carne de equino.
Aunque la causa de la patología más dañina no es la desidia rural del desaliño –salvo con el “vibrium coli”- sino la audacia irresponsable de unos malos biólogos, aprendices de brujo por dinero, que pusieron en peligro la salud pública fabricando piensos para rumiantes con residuos animales, hasta provocar la temida “encefalopatía espongiforme bovina” o mal de las vacas locas (“crazy cows”) de infausto recuerdo.
Sin embargo con la carne de caballería mezclada con vaca para abaratar los “filetes rusos” -llamados ahora “hamburguesas”-, no se muere nadie, por lo menos súbitamente, pero se enferma según lo que se les da de comer o los fármacos que les administran. Si nuestros alimentos albergan priones, hormonas y otras sustancias emboscadas como polizones, cabe malpensar de los productos manufacturados que se etiquetan en clave –en clave para que no nos enteremos los usuarios- escondidos tras sus envoltorios de celofán sintético y rotulados abigarrada, llamativamente y, según para quienes, de modo apetecible.
No hablemos de la deslealtad de merendarse a un asno o un caballo, o de trocear en lonchas a un perrillo, que es como guisarse a la tía Lola o almorzarse a un amigo. Quién se desayunaría un mono sin sentirse caníbal.
Mas lo novedoso y sorprendente, por ya olvidado, ha sido la detección de bacterias fecales en las tartas de almendra y chocolate que elaboraba una fábrica sueca de mobiliario, este misma semana. Quién le manda hacer tartas de cacao a un leñador. Parece que nadie esté conforme con su trabajo y no es descabellada aquella prudente advertencia de “zapatero, a tus zapatos” que tal vez desconocen los escandinavos, aunque parece que no ha llegado a España la mercancía emponzoñada. No han tenido al parecer tanta suerte en China donde, según el “Shanghai Daily”, han decomisado dos toneladas de estos “Chokladkrokant” por haber hallado en ellos “altos niveles de bacterias comunmente presentes en el tracto intestinal humano”. No quiero pensar lo que habrían dicho de los orientales chapuceros o los sucios mediterráneos si hubiesen sido bálticos los cocineros del pastel. Aunque este tropiezo después de las salchichas, las albóndigas y las hamburguesas de la misma marca, es ya excesivo.
Nosotros no aspaventamos para ir de civilizados, pero exigimos más higiene. Detestamos los postres excrementicios.
El Bisfenol A y las trazas del Apocalipsis
El yo no había oído hablar nunca de los disruptores hormonales ni de sustancias favorecedoras de la alternancia de género. Jamás me habían contado nada de los residuos tóxicos de la química que, flotando en el polvo, se meten en la sangre a traves de los pulmones que debieran servir para oxigenar y regenerarnos.
Si no fuera porque a la Organización Mundial de la Salud (OMS) le ha asaltado un vestigio de remordimiento, nada sabríamos de esto ni de la agresión taimada del Bisfenol A, cuya toxicidad aconsejó prohibirlo a las autoridades sanitarias de los Estados Unidos en la fabricación de «tetinas» o «mamaderas», biberones y otros envases plásticos. Toda una deferencia, pues no está prohibido para la elaboración de otros plásticos como los recubrimientos interiores de las latas metálicas de conservas o las tuberías domiciliarias de PVC. Herbicidas, pesticidas, germicidas, aerosoles, hidrocarburos y productos de síntesis ideados por el hombre, que habitualmente no se hallan presentes en la naturaleza, llueven mansamente sobre nuestras cabezas y la superficie del planeta, constante e ininterrumpidamente, mientras crecen nuevas formas de cáncer, aparecen alergias atípicas y se extiende la lista inabarcable de las llamadas «enfermedades raras», de origen por completo desconocido. Nadie ha olvidado a los bebés con malformaciones por habérseles administrado «Talidomida» a las madres gestantes, sin que nadie se haya responsabilizado. Ahora hay que esperar el aumento de los residuos venenosos de metales pesados y los reactivos necesarios para fracturar y disolver las sustancias de la esquilmación del subsuelo utilizando la técnica homicida del “fracking” que nos amenaza.
A esa lluvia de partículas que va colmatando el vacío de las cosas con el polvo que se deposita lentamente en la superficie de la vida –los campos, las ruinas y las vasijas que desentierran los arqueólogos- va a sumarse ahora al polvo y la materia interestelar ya conocidos, los detritus químicos activos de materiales inventados hace muy poco por ese animal incómodo, avariento, carente de imaginación e irresponsable, que se proclama inteligente sin pudor, aunque esté arruinando su propia morada.
No hay que ser catastrofista, ni agorero, ni pesimista, ni paranoico para temer al Apocalipsis si no enmendamos el rumbo, supuesto que nos quede tiempo. La misérrima naturaleza humana no se mueve ya por la soberbia o la lujuria sino por la avaricia, que es la apetencia de los que quieren sólo dinero porque no han aprendido a soñar ni desear nada. Recuerdo al niño que quería pedirles un «Tampax» a los Reyes. «¿Pero tú sabes lo que dices?» « ¡Claro que lo sé!: Sirve para ir en bicicleta, para jugar el tenis, para montar a caballo, para nadar...»
El fin de los tiempos
El Gobierno no manda en el gobierno; en ninguno. Los Gobiernos son gobernados –o desgobernados- por los bancos (el propio Botín corrobora desde los tiempos de ZP que «todo va bien»)
En Francia se ha desmoronado «la Grandeur» mientras Hollande trata de mantener el tipo, al tiempo que en la novísima Italia de los vetustos estados ingobernables, los partidos andan confusos ante un Berlusconi-Frankenstein dañado, añadido, reparado y restaurado que amenaza con revivir de entre los muertos.
En España qué decirles que no sepan ustedes. Las bufandas se tornan ovillos que remiten a las madejas más abigarradas y variopintas: una pugna de todos contra todos que recuerda la pelea a garrotazos de los dos gigantes goyescos zurrándose despiadadamente la badana. No es preciso recurrir a las profecías mayas sobre el final de los tiempos. Hasta el obispo de Roma «ha huído de la Cruz» urgido o espantado por los poderes del Anticristo. El primer síntoma fue el Banco Ambrosiano y luego los «lobbys» de industrias «non sanctas»: la del sexo, la farmacia y la armamentística. Unas tan firmes ataduras demoníacas, que un solo hombre, aunque sea el Vicario de Cristo en la Tierra, no puede desbaratar ni con la astucia ni con la fuerza, como sucedía con los vasallos de aquél labriego anatolio llamado Gordio, que ató su destino al nudo que lo hizo rey de Frigia y que ni Alejandro Magno lo pudo desbaratar sino de un certero sablazo.
Según las profecías de San Malaquías, el Papa actual Benedicto XVI es el penúltimo antes del final de mundo. Le sucederá Petrus Romanus que vivirá la turbación de los últimos días, antes de la venida de Cristo. No se sabe hasta qué punto un Cónclave dominado por la Mafia italiana, la Masonería y el Opus Dei con otros grupos menores, será capaz de leer los designios del Espiritu Santo, pero a la vista de lo que vaticinan los tiempos va a ser cuestión de prepararse para lo que venga. Que no será poco.
Si el dinero, como se ha dicho, es el excremento del diablo, puede que nos hallemos a las puertas del Averno esperando ya el advenimiento del Anticristo. Porque el hedor a corrupción, a materia descompuesta y a moribundia, deja poco lugar a la esperanza.
Lo que en el periodo de entreguerras se tambaleaba, cedió al fin. Y los Estados Unidos despertaron a Leviatán en Hiroshima con el auxilio de físicos nazis alemanes. Ahora el monstruo evacua sus esporas por todo el planeta, como ayer mismo con la explosión nuclear en Corea del Sur. «En la persecución final de la Santa Iglesia –concluye Malaquías- reinará Petrus Romanus, quien guiará a su rebaño en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo». Final.
San Valentín, Pistorius y don Juan
No sé si la causa es la falta de un pensamiento riguroso desterrado por la clandestinidad académica de las Humanidades, o es el renacer de un pensamiento mágico durante mucho tiempo proscrito, pero el caso es que nos comportamos según patrones religiosos, en lugar de atenernos a criterios lógicos.
Este año ha llegado San Valentín, abogado de los enamorados --que reivindicó como invención aragonesa el ilustre medievalista Martín de Riquer-, con ruido de protesta. En lugar de celebrar la efeméride gozosamente, alguien prefiere rememorar la fecha con cadenas de mujeres bailando contra la “violencia de género”. Pero ese no es el método: ahí está la trágica celebración de Oscar Pistorios asesinando ayer a su novia Reeva.
No hay actitud mas odiosa que la imposición ni ser más despreciable y abyecto que el que impone su voluntad por la fuerza. Pero la violencia de género se remite a la Violencia en general, que se origina en la falta de respeto al prójimo –el próximo--, sea mujer, marido, criado o militar sin graduación. Y eso no se combate jugando al “corro de la patata” por las calles, ni con “batucadas”, ni con estridentes eslógans feministas. Basta comparar el contenido axiológico de la voces “machista” y “feminista”, tan radicalmente alejados del equilibrio y la justicia.
Hace unos días pudo verse un espectáculo de explícito deseo; de apetencia carnal casi paroxística, hasta más allá de los límites que pueden satisfacerse fisiológicamente, en la que un coro de oficiantes, o bacantes, todas mujeres y algunas incluso encinta, se manifestaban “contra el acoso machista de los hombres”, que hojeaban distraídamente los periódicos desde la cristalera de la barra con curiosidad sorprendida. Parecía talmente que aquellos tipos tan lujuriosos, obsesivos y rijosos, estuviesen abstraidos u ocupados de otras cosas, como la noticia que aparecía en los periódicos sobre la arqueta con la calavera del mártir San Valentín, decapitado en Roma y custodiada en la Colegiata de Toro por el párroco Alberto Castaño.
Cada generación parte de la inocencia en materia de emociones, y puede que sea más deleitoso. Pero los educadores y los padres harían bien recordando la naturaleza combustible y comburente de chicos y chicas. Y la distinta manera que tienen unos y otras de iniciar la combustión, los unos por radiación y las otras por convección: en la parrilla urgente, súbita y efímera, o en la honda marmita a fuego lento, sofocante e inextinguible. De ahí la insatisfacción de tantas mujeres, defraudadas por los hombres. Y por eso tantas muchachas juiciosas sucumben ante los donjuanes.
Los avisados directores espirituales decían queda y maliciosamente aquello de que “el hombre es fuego / la mujer, estopa, / viene el diablo ¡y sopla!” El diablo es la energía de activación.
“Fast food” para una librería
Aunque no tuviese otra cosa que agradecer a mi padre, me hallaría siempre en deuda con él no solo por abrirme al mundo de los libros sino por haberme tentado con ellos desde la preadolescencia. Un día apareció con una tarjeta y me dijo que con ella podía comprar los libros que me apeteciese, sin condiciones ni límites.
Nunca me impuso una lectura, manipuló mis gustos ni censuró una obra. Se limitaba a supervisar discretamente mi naciente biblioteca y a pagar los desperfectos.
Imagino que alguna vez daría un respingo cuando entré en “la edad difícil” pero aunque no cayó en la negligencia de adormecerse, nunca tuvo la tentación de prohibir. Entendió que lo que no estaba en sazón de comprender, no podía dañarme. Y como quien no lo quiere, fue dejándome en manos de un excelente librero y gran lector, el respetuoso y eficiente señor Edreira, capaz de intuir mis gustos y anticiparse a mis inclinaciones mientras lo necesité. Viví como un tránsito su jubilación y acogí en su lugar al señor Mateu. Pero éste no era un maestro ni un mentor sino un igual, incapaz de disipar una duda ni sacar de un aprieto.
El ascético, distante, servicial y culto señor Edreira me dió a conocer a Stevenson y a Verne pero también a Berceo, La Celestina y Lázaro de Tormes, que fue el hallazgo memorable de un niño como yo, que aprendía a vivir sobreviviendo en un país asfixiante. Luego me proveyó de autores y títulos como “El Libro Rojo” y Hugh Thomas con el sigilo y la cautela de un vendedor de droga. Fue entonces cuando “Librería Central” recuperó su primitivo nombre de “Libreria Catalònia”, no se si antes o después de la fecha en que Manuel Fraga Iribarne presentó “Las Leyes” recién llegado de Londres con sombrero hongo, bastón y unos discretos tirantes con la bandera española cruzándole el pecho: el día –lo recuerdo-- en que le dejé plantado, porque había concertado una exclusiva desde la embajada en Londres y al llegar a la “Catalònia” me encontré a toda la prensa y la radio barcelonesas convocadas a una conferencia de prensa.
Claro que “arrieros somos” y cuando años después convocaron por vez primera los premios que llevaban su nombre y fui galardonado, omitió mi nombre en la cena de gala del palacio nacional de Montjuich y se lo concedió a Carlos Sentís Anfruns, el veterano periodista, ante la desolación del jurado y la contrariedad del director de “La Vanguardia”, Horacio Sáenz Guerrero, que actuaba de secretario y hubo que modificar las actas.
Deploro esta expansión de abuelo Cebolleta, pero no puedo evitar que la Historia tropiece conmigo. Ahora entenderán mi duelo y mi tristeza por la desaparición de una excelente librería de referencia que tuvo buena parte en mi formación, y que, para colmo, va a ser sustituida por uno de esos “comederos” de basura rápida. Todo un síntoma.
El ejemplo de la infanta
Da no sé qué reconocer lo que tanto hemos temido. Hasta una infanta de España anda ya entre lenguas. Tal vez ella no lo sepa y es verdad que tampoco lo ha elegido, pero en la ciega ruleta del destino a doña Cristina de Borbón le tocó ser princesa con la misma fatalidad irrevocable que haber sido muda o celíaca. Acaso lo hubiera preferido. Pero el destino la liberó de ser indigente, inculta o doliente, lo cual no es poco para ponerse a caminar.
Ha podido incluso elegir compañero, cosa que habría sido imposible hace unos años, por razones de estirpe, conveniencia y protocolo. Y menos mal que el fatum la ha apartado de la línea sucesoria. Porque si el heredero al trono sucumbiese a tentaciones tan terrestres como las del villano venido a más, temeroso del futuro, el presente habría sentenciado, no sé si para bien o si para mal, el destino de la Dinastía.
La falta de grandeza de los próceres convierte en más miserables sus rasgos de mezquindad. Y puede que la infanta haya menospreciado el papel que le impone su alta dignidad. Se ha dicho que los cargos se traducen en cargas hasta en los puestos mas humildes, y yo he visto cómo un sargento se crecía hasta el capitán que le faltaba, sin aspirar mas que a que las cosas saliesen. Ni más honores ni más dinero. Aquel pobre diablo era un lider tal vez a su pesar, que habia asumido el cargo/carga sabedor de que alguien había de hacerlo y que sus compañeros necesitaban un jefe, un modelo y un ejemplo.
El entendió no sé si reflexiva o intuitivamente que todo el mundo necesita modelo y que con su arrojo se exponía a la crítica, a la burla y al fracaso. Pero que su puesto era necesario. Todos, aun el mas sobresaliente, se refugia en un comportamiento gregario cuando está en grupo, incluso al margen de la edad. Cuando dos o mas arrostran la responsabilidad del lider surge el conflicto, pero si nadie lo asume se disuelve el grupo.
Excluyendo la vertiente ética que comporta el liderazgo, no sólo los niños sino tambien los adultos solemos buscar la excelencia estética del gesto noble y la acción irreprochable entre los que elegimos como modelos, para hacerlos ejemplos a los que admirar, hasta el extremo de que incluso en los niños de parvulario se opera muchas veces una atracción hacia la persona que manda, decide, castiga, alienta y acaricia, manifiesta en una suerte de arrobo que es expresa en la dovoción, la admiración, la emulación y la adhesión a la "Seño" que constituye muchas veces el primer casto, candoroso, decidido y entusiasta primer amor de nuestra infancia.
Chicos y grandes necesitamos modelos en que mirarnos. Pero no hallamos empresas, instituciones, corporaciones ni personas que nos den ejemplo. Como Ana Mato. Es una deficiencia ètica sociológicamente letal. Un vacío parecido a la muerte.
Urdangarin y los parados
Cada vez que se destapa el puchero de Urdangarin hiede más el aire. Esto no es una equivocación, un error, un desliz ni acción alguna que pueda calificarse como una torpeza. Es categoricamente una mofa a los españoles y una traición al Rey que intentó, no una sino varias veces, acotar las iniciativas de su yerno, pedirle cordura luego, y desautorizar su comportamiento mas tarde enviándolo al destierro.
Y he aquí que el “olímpico” se ciscó en las advertencias y prohibiciones del monarca para burlarlas. Y además, ha vuelto.
No enumeraré sus fechorías ni ponderaré su catadura, conociendo la de sus iguales. Pero se sabe que utilizó incluso las redes y la cobertura de la Casa Real y sus recursos para blindar su relación con las oenegés de niños discapacitados que decía gestionar, naturalmente sin conocimiento de su suegro y dejando creer a su peronal que “El Patrón” estaba al cabo de la calle. ¿No ha podido mitigar su codicia la condición de los niños a los que estafaba? ¿Y su esposa? ¿Andan tan faltos de espíritu o cortos de imaginacion para no representarse a sus niños –Miguel, Pablo, Juan e Irene-- con parecidas necesidades y carencias?
Cuando un individuo adolece de la ejemplaridad y el liderazgo que convierte a una persona en acreedora a la nobleza, no puede ser noble. De manera que si piensa de tal modo su consorte, después de tantos años de predicar la ejemplaridad y el sacrificio para aprender el oficio de princesa, este país puede considerar malagrado el empeño de don Juan Carlos para restaurar la Monarquía.
El consorte no tiene ya remedio, y su socia Cristina, copropietaria de varios negocios compartidos, administradora de algunos de ellos con remuneración mensual y firma reconocida, no puede correr un destino diferente. Es muy doloroso, pero la situación supuestamente delictiva no induce a la piedad, sobre todo en una larga época de depresión en que España ha llegado a los seis millones de parados y muchos de ellos han sido condenados a la indigencia crónica, vergonzosa o vergonzante, hasta el extremo de hozar en las basuras para remediar el hambre y revivir la penuria de la posguerra –comérselo todo, utilizar las camisas como trapos, no dejar el pan, aprovechar los corchos-- y perder los bienes, los muebles, la casa y el cobijo hasta tentar el suicidio porque el banco no perdona y no hay trabajo. El único horizonte previsible para una tierra que parecía redimida es otra vez la miseria, y al tornarse ancianos aquellos niños sin niñez, despues de tantas privaciones y tanto sacrificio, se hallan con que no tienen sitio, ni recursos, ni opcion a su descanso, porque sus pensiones se han gastado y no les espera al final del camino sino el invierno solitario e implacabe de los cuatro jinetes ateridos.
Dientes de tiburón
Un día, después de muchos años, nos vemos y parece que se imanten nuestros ojos. “A este tipo lo conozco. Pero no sé de qué”. También él nos interroga con la mirada. Cuando se trata de “una” y “uno”, la cosa se complica con el género, pero alguien termina por decir: “Yo a ti te conozco de algo”. Y el otro suele responder: “También lo estaba pensando de tí”. Y ya está.
Lo cierto es que, en ocasiones, la multitud municipal y espesa nos da motivos para el despiste y no solo por la tinción capilar (hace unos días vi a un especímen de cabellera azul y barba roja, bastante mas que la del pirata famoso) sino por algunas otras iniciativas desconcertantes. En algunas fotografías de esas del “piercing” y los tatuajes, hemos visto la estampa inquietante de personajes con dientes de tiburón. Sí, sí: dientes limados hasta dejarlos puntiagudos y triangulares como los de estos adorables pececillos pelágicos. Da que pensar. ¿Alguien se imagina condenado a comer, hablar o reir exhibiendo esa crispada imagen devoradora?
Esos rebeldes humanoides ferinos tal vez no han entendido que la boca y los dientes son las facciones más expresivas del rostro. Casi tanto como unos ojos y desde luego mucho más que una nariz o unas orejas, aunque todas estas piezas formen parte también de la fachada.
Seguramente todos hemos vivido la experiencia desazonante de topar de un día para otro con un conocido irreconocible. “¡Chico, me encuentro raro con esta boca, qué quieres que te diga!” Y entonces repara uno en que su amigo ya no es suyo y ha de reconquistar la familiaridad desde la desconfianza. Cómo se puede confiar una confidencia a tal desconocido.
No daré consejos a dentistas ni protésicos, pero salvo en casos de dificultades para la masticación o problemas de salud, los dientes debieran “restaurarse escrupulosamente” por respeto a la personalidad de cada cual. Uno tiene las palas mas anchas y su rostro sugiere la ingenuidad candorosa de un niño; a otro los caninos agresivos le dan la apariencia traviesa de un diablillo; y a quién la morfología y el gesto burlón le confieren la picardía de un bromista o un “bon vivant”. Porque nadie sabe si somos causa o efecto de nuestras facciones, y son los gestos y no la morfología lo que nos predispone a ser perseguidos o predadores. Cabe pensar si no serán en parte nuestras muecas las que nos hacen burlones, ingenuos, traviesos, mordaces, pícaros o divertidos.
Y uno está mas inclinado a predicar la “heterodoncia” que a plegarse a la “ortodoncia”. Me pasmo viendo lo monas que están las chicas ahora. Y lo fisiognómicamente uniformes y vacías. Botox, rinoplastia, ortodoncia como la blanca esponjilla dental del boxeador y a envolverlas para el bazar de las muñecas.
Qué fue de la “intelligentsia”
Fernando Savater acaba de escribir en el “El Pais” un artículo sobre la carencia de Pensamiento. Lo titulaba “Sin filosofía” y parece preocuparse menos de sus orígenes que de sus resultados. Supone que la inexistencia del hábito reflexivo nos conducirá al aturdimiento religioso y nacionalista. No lo sé. Carezco de opinión en ese aspecto. Lo que sí me preocupa es el pensamiento plano de nuestros días, favorecido por el yermo intelectual que han propiciado tanto la izquierda como la derecha, con la intencionada supresión de las Humanidades en el plan de estudios.
La miopía de la izquierda europea contemporánea ha dado en suponer que el pensamiento es reaccionario. No sé qué dirían Hegel, Marx, Engels, Lenin y los ideólogos del socialismo real. Aunque barrunto que todos los partidos sin excepcion, a la izquierda y la derecha, coinciden en menospreciar la reflexión porque constituye la raiz del pensamiento crítico. Y el razonamiento independiente es un “peligro” para los partidos dogmáticos, que lo son casi todos.
Por eso muchos lamentamos haber perdido el asidero de la filosofía, aunque el profesor Savater puede hacer, desde la cátedra y el libro, mucho mas que nosotros. En un momento como éste se echa en falta el debate de las ideas y la confrontación civilizada. No es comprensible este silencio. Cuando se estaba fraguando la última confrontación bélica --que nadie echa el falta por supuesto--, campeaban en el ruedo ibérico Salvador de Madariaga, José Antonio, Negrín, Azaña, Alberti, Lorca, Aleixandre, Max Aub, Bergamín, Miguel Hernández, Buñuel, Sender, Pablo Picasso, Ortega y Gasset, Marañón, Laín Entralgo y María Zambrano entre tantos otros. Cada cual con su argumento y su opinión.
Aquel puñado de intelectuales concordes o discrepantes, devorados en tantas ocasiones por las fauces de Saturno, debatían un modelo de nación que malogró la Guerra, en parte por el acomodaticio flirteo de los socialistas y la obtusa cerrazón del separatismo miope. Ahora por el contrario no hay debate. Y no hay “intelligentsia”, ese sustantivo latino que procede de “intellígere” --de entender-- aplicado en la más noble acepción, que abarcó a los reyes sabios, a los custodios de la república platónica, a los magos babilonios y los monjes medievales, hasta que en el siglo XIX Vasili Zhukovski y mas tarde Pyotr Boborykin vertieran al ruso el concepto de qué es una élite pensante –en nada favorecida por el poder-- que actúe como estímulo ético y una suerte de conciencia colectiva orientada a la defensa y la difusión de la cultura desde un sistema de valores e intereses propios.
No esperamos una Filosofía separatista porque es una antinomia pero ignoramos qué ha sido de nuestra inteligencia.
El soñador de Sierra Maestra
Le había llevado dos o tres veces a la televisión y sus relatos siempre me dejaban boquiabierto. Enrique Meneses era un narrador hipnótico no solo por el argumento de sus historias de corresponsal de guerra sino también por sus maneras, su triste mirada de torero tremendista que auguraba no salir vivo de la próxima corrida, y su voz perjudicada de fumador empedernido que le llevó a contraer la EPOC de la que ha muerto hace unos días.
Enrique, que sufrió la ocupación nazi, llegó a cubrir aún la guerra de Sarajevo después de contarnos las de Rhodesia, Angola y Bangladesh entre otras, y haber convivido, fotografiado y narrado la epopeya de Sierra Maestra en solitario durante meses para ser el primero en entrevistar a Fidel para Paris Match y France Press, lo que estuvo a pique de llevarlo ante el pelotón de ejecución de Fulgencio Batista. Como todos los que conviven con el peligro y la muerte, Enrique era un solitario y un nostálgico, un excelente fotógrafo, un perpicaz reportero, y para mi un querido amigo de los que nunca te sacias, que por fortuna no cayó airadamente por la metralla o el pelotón de fusilamiento gracias a su aplomo y su buena fortuna. Tampoco Manu Leguineche, el vasco bueno, grande y cachazudo que renunció al amor según me confiaba para no tener el remordimiento de «dejar viuda», lleva trazas de dejarse vencer por el sino adverso, y bien que me alegro, aunque ronde sus pasos la alimaña del cáncer que va capeando con la misma eficacia que en Argelia, Vietnam y Nicaragua.
El secreto inductor de las desgracias que narraron ha sido siempre el poder político y financiero, que ha manejado muchas veces a los pueblos como marionetas y valiéndose de los periódicos cuando ha sido preciso. El día en que el dibujante Frederic Remington, aburrido de que no sucediese nada en la campaña de Cuba, manifestó a William Randolph Hearst propietario del New York Journal –el «ciudadano Kane» del cine-- su deseo de regresar a casa, el patrón se limitó a decir: «Usted ponga las imágenes, que la guerra la pondré yo». Y vaya si la puso. Con sus «crónicas amarillas» de señoritas yanquis violadas por los oficiales españoles, y «marines» salvajemente degollados, sumadas a la voladura del USS Maine por sus propios servicios secretos, consiguió arrebatarle Cuba a España, cosechar miles de muertos entre ellos los marineros del buque americano, enfrentar a dos pueblos, y acabar con la flota española.
Ahora, como entonces, ciertos gobiernos persiguen la palabra y en este 2012, ciento cuarenta y un periodistas han muerto por proclamarla. Tal como pudo suceder en 1957 cuando el tirano Batista resistía al dictador Fidel. Sí, algo no ha cambiado son esos soñadores locos que mueren por la verdad.
Los Reyes de Cataluña
Después de la Noche del Rey y la de los reyes de Oriente, ha llegado la de los reyes de Cataluña. Como lo oyen. Claro que los reyes catalanes llevan hábito republicano y van de la mano de don «Arturu». Y ya saben que si la mentira se repite muchas veces, se convierte en verdad. O así piensan los que relativizan impúdicamente los hechos.
No hace mucho me refería en ‘Domesticar cerebros’ a la política concertada por Jordi Pujol sr. para adulterar y falsear lo sucedido no ya con la inmersión lingüística sino con la asfixia histórica en las escuelas sin que nadie contradijese sus embustes, mientras los aragoneses callaban no sé por qué culpable cobardía. Es tan delincuente el violador como el consentidor.
Salvando la meritoria labor del profesor Guillermo Fatás, no solo como historiador, sino como articulista, divulgador y autor de obras tan didácticas como ‘Aragón para tí’, y del malogrado medievalista Antonio Ubieto y su hermano Agustín, aparte de algún otro en que haya podido no reparar, ninguna otra voz se ha alzado para proclamar la verdad.
Estos días de encuentros navideños, me contaba un aragonés cuyos hijos han permanecido en la Cataluña que él dejó, que se han declarado abiertamente independentistas en el momento de tomar partido, apelando a argumentos tan peregrinos como que España vive de robar sus recursos y parasitar a Cataluña. Nada dicen de la demográfica herencia migratoria que culmina ahora con una planificada emigración intelectual. No constituye una sorpresa sino un propósito cuidadosamente diseñado el 11 de julio de 1961 en que Murial Casals, Lluis Carulla, Joan Cendrós, Félix Millet y Pau Riera fundaron el ‘Omnium Cultural’ que ha sido desde entonces el ariete del independentismo radical.
Desde los albores de la pre-autonomía los muchachos se nutren de textos concebidos para adoctrinar, no para informar, y por eso apelan mas a la emoción que a la razón. Decir que las barras de Aragón representan los lemniscos de las bulas papales, alude a un gris episodio administrativo de 1164, que no tiene el atractivo épico de la leyenda de Wilfredo el Velloso de poco después de 840, que fue invención tardía y exitosa de Antoni Beuler en 1551.
Pero ese Aragón abúlico e inerte, sin meta, sin proyecto ni modelos, que consiente ignorar su patrimonio documental depositado en el «Arxiu» de la Ciudad Condal y no ha dado un paso para evitar que la ministra zapaterista González-Sinde haya robado de Simancas su memoria de la Guerra Civil, no se siente aludida por la epifanía de un «estado catalán»que nunca existió, una «confederación catalano-aragonesa» que le oprobia y unos condes que nunca fueron reyes, como ignorando lo que dista la nobleza de la realeza y lo real.
Un Nobel para Europa
Esto de condecorarse a sí mismo, me parece más obsceno que la moral de Juan Palomo, porque él se lo guisaba todo a su gusto para gozarlo a su sabor, en tanto que otorgarse un premio a sí mismo en público, es reconocer un mérito y ponerse como ejemplo de los demás. Es lo que va desde la humilde inmanencia a la soberbia trascendente.
Vimos a Isaac Rabin y Yaser Arafat exaltados al Príncipe de Asturias como artífices de la Concordia, para crear un cauce de cooperación entre Israel y Palestina.
La dialéctica no sirvió sino para encubrir embustes. Pero, cuanto menos, el propósito era plausible y no parece que fueran ellos quienes patrocinaran la iniciativa. Lo indignante ocurrió años antes cuando le otorgaran el Nobel de la Paz a Henry Kissinger.
Inspirador de un “anticomunismo” radical y maniqueo que acusaba de revolucionarios a los desheredados famélicos. El “Doctor K” escapó a la Interpol, que en 2002 instó a su detención a las autoridades británicas, del mismo modo que evitó la acción penal de Dinamarca, Francia, Bélgica, Argentina y Chile, no solo por el caso Pinochet sino por otros crímenes contra la Humanidad, tal que el alargamiento del criminal conflicto de Vietnam después de haber hecho fracasar las conversaciones de Paz de París de 1968, y de sabotear la creación de un Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra, o haber decidido los bombardeos de Camboya y Laos en 1969 que provocaron respectivamente seiscientas mil y trescientas cincuenta mil victimas; a más de haber alentado el golpe de estado “anticomunista” del general Yahya Khan en Bangladesh que supuso el asesinato de quinientas mil personas el año 1971, y de auspiciar la carnicería de Timor Oriental en que el Ejército Indonesio aniquiló a doscientos mil campesinos en 1975.
Con estos y otros antecedentes, no creo que el Nobel de la Paz sea un timbre de gloria ni motivo de orgullo para los propios europeos. Europa no es un espacio de libertad, sino rompeolas para la miseria subsahariana. No es una democracia sino un fraude que recurre a la designación directa de los cargos; no es un foro de debate en libertad porque solo tres estados se reparten el lucro de los restantes, y no han conciliado los intereses de las naciones del continente, a las que Alemania ha arruinado como otras veces en 1914 y 1939, aunque esta vez sin caer en la ordinariez impopular del derramamiento de sangre.
Esa apelación maloliente a la solidaridad europea; ese tinglado de abyecta ingeniería financiera que está provocando la ruina de los europeos hasta el límite del hambre, la desesperación y el suicidio; esa “Blitz-Krieg” sin “stukas” capaz de excluir a la Hélade de Europa, no puede ser motivo de orgullo ni para los suecos. Que se guarden su premio.
La escalada del engaño
No cometeré la estupidez de pensar que estamos peor que en la vida, porque los españoles pensamos eso por lo menos una vez cada generación. Pero cada vez la desazón es más inabarcable y mas global. Visto con la perspectiva actual, tiene uno la tentación de acogerse a la desgarrada definición de Cánovas, según la cual “español es el que no puede ser otra cosa”. Solo que antes éramos parias de los caciques y ahora somos criados maltratados de los alemanes y sus amos. Buen negocio.
El caso es que aunque nuestra soberbia –o nuestra dignidad- nos impida reconocerlo, sobrevivimos aislados. Tal vez fuimos culpables un día y tampoco hemos hecho por arroparnos entre nosotros. Es curioso que mientras somos tan generosos en la ayuda, tan solidarios en la desgracia y puede que los más humanos en la donación de órganos sin reparar en los receptores, nos desentendamos del vecino, obstinados en odiar al prójimo como a nosotros mismos.
Pienso que ese singular comportamiento merecería alguna reflexión de sociólogos, psicólogos y etólogos del comportamiento hispánico. Como también la merece la reverencia de lo ajeno y el desprecio de lo propio. Aunque esto último puede rastrearse, a mi juicio, en la cadena de fracasos y desencantos que jalonan nuestra andadura desde hace tres centurias.
Rajoy ha incumplido la última de sus promesas. Ha anunciado ya que los pensionistas no cobrarán este año por el desvío anual por el IPC del pasado. Ya no le falta nada por incumplir. Y en los hagares más humildes, con presupuestos milagrosos, humillantes y ofensivos, se instala la desolación y el desánimo. Sobre todo cuando ha comenzado a utilizar el fondo de reserva de la Seguridad Social, al tiempo que se recapitalizan con el dinero de los estafados, los bancos de los estafadores que vendían “preferentes” y otros “productos” criminales y delictivos.
Se plañe don Mariano el escribano de que las arcas del Reino estaban vacías, pero ni fue una sorpresa ni le obligaron a arrostrar la gobernación. Y los ciudadanos sabíamos que se avecinaban tiempos adversos. Pero no sabíamos que iba a dejar hundir incluso a los suyos en lugar de aligerar la administración, ni que ignorase –como nosotros entonces- que las operaciones contra Irlanda, Portugal, Grecia y ahora España, fuesen una maquinación del “Deutsche Bank” prácticamente quebrado, para expoliar a los mercados del sur utilizando información privilegiada con que pagar a los bancos anglosajones –neoyoquinos y londinenses- que habían financiado sus fraudulentos negocios sin respaldo financiero. Debía haberlo sabido, don Mariano.
Devuelvan lo robado
No me mueve el deseo de venganza sino la exigencia de Justicia. No pido cárceles sino restitución. Y no veo –no se ven-- más que aspavientos y coches celulares, ni oigo más que sirenas y palabras de denuncia.
Pero no hay nadie, absolutamente nadie, que solicite a los galopines de la condición de Urdangarín, a los estafadores como Díaz Ferrán, a los cuadrilleros como Correa, a los “políticos a la violeta” como Paco Camps, a los aquejados de vanidad hiperplásica como Garzón, a los protagonistas de la corrupción política, policial, empresarial o periodística, y a todos los sinvergüenzas en general, que suelten la guita, que aligeren la valija, o más llanamente que apoquinen lo que han robado. Porque lo que ha robado es de todos.
Según la Ley de Moisés, Dios benevolente y magnánimo estaba pronto a perdonarlo todo, pero luego de que el pecador reparase las culpas y restituyese lo robado.
Tengo la convicción de que ello bastaría para dejarnos respirar, y que si a Rajoy le diese la gana de poner orden en la inoperante administración sobredimensionada, hipertrófica, irracional y duplicada, este país estaría en disposición de navegar en seis meses o un año. Pero hay que ponerse a ello con cabeza, con corazón, con integridad y con determinación. Sin excepciones. O habrá que pensar que lo que reputábamos salvable, está también tiznado como los arrabales de la Corona. Y muchos han dejado de tener casa por la especulación de los promotores inmobiliarios y los bancos.
No les convoco a una fiesta porque no es posible sumirse mansamente en la miseria que no hemos generado. Es necesario alzar al sur de Europa como hizo Islandia –tan silenciada después de su victoria-- y, puesto que Alemania no nos da tregua ni aligera sus exigencias, vamos a olvidarnos de sus bravatas y decir que no vamos a pagar porque no podemos. No importa que Rajoy nos lleve al matadero. Que Alemania se arregle con los EE.UU que fue quien originó las operaciones “sub prime”. Y que cada palo aguante su vela. Que aprendan que el negocio entraña un riesgo en que se puede ganar y se puede perder. Pero sin hacer pagar al primo. Que pague gallarda-mente el que pierda pero no el inadvertido.
Entretanto nos sentimos burlados como párvulos mientras el Fondo Monetario dice que vamos bien, dándonos una palmadita benevolente, y el Banco Europeo augura a este paso no vamos a crecer hasta dentro de diez años, al tiempo que “Moody's” altera la prima de riesgo y sufrimos ya toda clase de privaciones, al par que la reelegida presidenta de un pais asociado como Angela Merkel, se inviste con la púrpura imperial de la U.E, da instrucciones y formula vaticinios que contradicen los que apuntó el día anterior. Pero quién manda, a qué jugamos y con qué criterios se gana o se pierde en el “IV Reich”. ¡Que devuelvan lo robado!
Gallardón o el burro del gitano
Le es igual la derecha, la izquierda o el centro siempre que tenga ocasión de dar un titular. Y a fe que tuvo motivos a lo largo de su vida, pero ahora no es un “boss” solista y tiene que tocar de acuerdo con la orquesta. Es que Ruiz Gallardón no puede vivir sin el fulgor de los “flashes” y busca pretextos para nimbarse con el resplandor de los focos. Está aquejado por lo que los psiquiatras denominan “furor de candilejas” como las “prima donnas”. El expresidente y exalcalde de Madrid piensa, como Cela, que lo mejor es que hablen de uno, aunque sea bien.
Esa compulsiva preferencia a estar “antes muerta que sencilla” de los politico-adictos y la duplicidad de últimas instancias como el Supremo y el Constitucional --que consagran la vocación maniquéa de este Estado dificilmente gobernable--, posibilitan caprichos, abusos, trampas, excesos y ocurrencias como la creación de las nuevas tasas judiciales --abusivas y arbitrarias-- sancionadas por su Ministerio.
El señor Rajoy –duro con los débiles y sumiso con los altivos-- esta pudiendo con nosotros mediante su dieta de enflaquecimiento. Antes de él sobrevino el paro --todo hay que decirlo--, pero tras él llegaron las siete plagas de Egipto. Con amigos como él, no hacen falta el Anticristo ni la amenaza franquista del contubernio judío-masónico. Estamos ya en ello.
El conspicuo Registrador compostelano no ve dificultad en hacer entrar a un contribuyente por el ojo de una aguja: basta con hacerlo adelgazar. Y así, su jefe se ha puesto a suprimir pagas extras, a reducir salarios, a congelar sueldos, a subir impuestos que es tambien una forma de someterse a régimen. Aunque solo ha actuado sobre los impuestos indirectos, por juzgarlos tal vez más equitativos. Nadie en este pais, ni los registradores de la propiedad, alcazan a entender que los tributos, si son justos, no han de notarse: si para comprar el pan hay que ir sin calzoncillos, no hablamos ya de una exacción sino de otra cosa. Y aquí, ruboriza reconocerlo, hay personas que recogen comida de la basura y otras que no tienen ya ni casa, porque se la ha robado el banco cuando estaba a medio pagar, mientras los chicos mas preparados se exilian.
Menos mal que el Gobierno de Rajoy ha decidido evitar la tentación de los litigios judiciales instando a Gallardon a subir la tasas hasta que sean prohibitivas. Aunque para compensar no demanda los capitales evadidos, ni exige la devolución de lo robado, ni acomete la reforma administrativa porque las comunidades autonomas están gobernadas por su partido. Nos ha dejado sin Sanidad, ahora sin Justicia y con más familias en paro.
”Un gitano enseñaba a su burro a no comer... ... y cuando ya estaba consiguiéndolo… “
¡Ay de los vencidos!
Siempre me ha parecido que hay dos ámbitos que no sobreviven a la burla. No se puede hacer el ridículo ni en la política ni en el amor. Cuando parecen risibles esos empeños, se hacen precisos la oblación o la muerte. Así de exigente es la vida. Sólo quien perece en el empeño es respetable para los demás. “¡Vae victis!”, musitaban los romanos. ¡Ay, de los vencidos! Por eso cuando las madres despedían a sus hijos para el combate, les animaban: “Vuelve con el escudo, o sobre él”, esto es: vencedor o muerto. Una recomendación que aconsejaba la prudencia para medir las fuerzas sin sucumbir a los caprichos, y la bravura para luchar con determinación hasta el límite. A Larra le desengañó su amante de lo baldío de su empeño por seducirla, en presencia de una amiga: nada de lo que él le había ofrecido, ni sus mas delicados sentimientos ni sus obsequios, valía nada. Cuando se despidieron, él salió de casa con una pistola.
No abogo por el suicidio real o imaginario. Ya pasó por fortuna el tiempo de la cicuta y de los duelistas al amanecer. Pero el decoro exige el “ostracismo” o un exilio interior si la vida nos desmiente.
Pero en los tiempos sin pudor, en las épocas de liquidación y saldo, en las fases finales de desaliento en que se diluyen los periodos históricos, los políticos no prodigan esos gestos. Ahí tienen al “president” Artur Mas, al que va a costar defender la honorabilidad de su tratamiento superlativo de “Molt Honorable”, después de haberse propuesto como “mesías” para escindirse de los restantes españoles y haber prometido después que haría de Cataluña un estado independiente, de acuerdo con la ley o pasando por encima de ella. Una provocación “sacrílega” para ser proferida por el mas alto representante del Estado en una Comunidad. Tampoco es “digno-de-ser-honrado y respetado” quien utiliza la mentira y los datos amañados en su provecho, o quien urde infundios y propala intrigas para enfrentar a sus vecinos seculares, o elige conspirar contra la concordia para enmascarar la incompetencia, la mala gestión, la ilegalidad, el fraude y la venalidad.
Por fortuna, el común de los mortales, a quienes quisieron hurtarles incluso los apellidos para sustituirlos por otros catalanes, es capaz de discernir cuando una idea o un dirigente traspone las lindes de la paranoia, que tan amarga memoria dejaron en la reciente Europa del siglo XX con el fascismo, el nazismo, el comunismo estalinista y los nacionalismos cantonales de nuevo en auge. Sabemos que cuando se toma el nombre de Dios en vano (la Patria, la Justicia, el Pueblo, la Verdad) se suele bordear el crimen. Si no se incurre en el fraude mas despreciable.
Los catalanes, tan cercanos a nosotros en la “rauxa” y en el “seny”, han desenmascarado a ese narcisista querulante que pretende separarnos de nosotros mismos y secuestralos también en este siglo.
Demà, Catalunya lliure
Los políticos y ‘Estat Catalá’, ‘Centre Nacional Catalá’ -luego ‘Unió Catalanista’- ‘Lliga Regionalista’ y ‘Esquerra Republicana de Catalunya’ son más o menos las etiquetas del pre-separatismo y el secesionismo que se cocieron en la Marca Hispánica desde 1812 con la proclamación de ‘La Pepa’ y los sucesivos años de decadencia que marcaron ‘El Año del Desastre’ en 1898. Allí se desgajaron las colonias convertidas en estados nacionales por la gracia de los masones criollos, y allí fue a desembocar la apetencia política de una parte de la burguesía catalana.
Una vez más, los burgueses, que habían medrado a la sombra del Estado en ocasiones tejiendo y cortando los uniformes de los soldados españoles (también vascos y catalanes), que se implicaban en las contiendas coloniales en América, Asia y África, como los ‘bizcaitarras’ que fundían y armas ligeras en Eibar, eligieron medrar con la secesión. Pero ni unos ni otros pertenecían a la nueva sociedad mestiza, sino que eran hijos de los fundadores de la vieja España fundida, refundida y refundada en todas las adversidades y victorias a lo ancho del mundo, en hazañas en que también participaron generosamente.
Mas las Españas se quedaron aparentemente sin tarea desde el descalabro de Cuba y Filipinas, con un ejército diezmado y destruido y una bizarra flota de madera, sin presupuesto y más apta para el museo que para hacerse a la mar.
Unos, y con ellos la mayor parte de los catalanes, como el resto de españoles, asumieron que venían tiempos difíciles y habrían de atravesar el desierto ‘sin apartar de sí aquel cáliz’, pero algunos prefirieron travestirse de ‘indianos’ e inventarse una nueva patria desgajándola de aquella que entre todos edificaron. En su apoyo llegó el tardo-romanticismo inventor de mitos, algunos tan sugestivos como falsos, tan hermosos como falaces, y en la Torre de Babel tocaron a romper filas. Y unos por lucro, otros por medro y los de más acá para hacer posible lo deseado a deshora, se pusieron a demostrar tesis tan estrafalarias como las del inefable doctor Robert –no el de los Beatles precisamente sino Bartomeu Robert Yarzábal- trasvasado desde Méjico a Barcelona como tantos burgueses ‘gachupines’ criollos de la última parte del XIX, luego alcalde de Barcelona, médico, rector de la Universidad, presidente de La Lliga y sesudo investigador, quien demostró científicamente que la ‘raza catalana’ (constituida por la mezcla de fenicios, judíos, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, bereberes, árabes y un creativo ‘cocktail’ del resto de españoles e iberoamericanos) era la más inteligente del mundo porque su masa encefálica pesa cien gramos más que el resto de los mortales, cosa que le agradecieron sus paisanos de adopción con un monumento de doce metros. Lástima que no quede ni un libro suyo. Pero todo se andará.
Cuando huele a podrido
Hay un pasaje hilarante y enjundioso en “El Lazarillo”, como tantos otros que nos hemos esforzado en olvidar, que constituye una lección de experiencia. Es aquel en que el ciego y Lázaro se reparten un racimo de uva que les ha llegado a las manos por la generosidad de un benefactor.
“Huélgate con la uva, hijo”-, viene a decir el amo tomando un grano y llevándoselo a la boca. Comienzan a comer en paz y concordia, hasta que tentado por el hambre o lo deleitoso del manjar, el mendigo empieza a coger los frutos de dos en dos y aún de tres en tres. Pero sorprendido por el silencio del criado ante un comportamiento tan desigual del ciego, se malicia el fraude y le da un bofetón al mancebo. “Ah, bellaco –le reprende-- si yo tomaba tres uvas sin que protestases ¿cuántas estabas cogiendo tu?”
Esto es lo que explica el silencio de La Moncloa en lo que llevamos de Democracia, y el desmedido interés de los políticos por servir al pueblo. Tú no me descubres a mi y a cambio yo no te descubro a tí. Es la honesta práctica de la “Omerta”. Y he aquí que el gobierno decide que los bancos no puedan condonar a los partidos más de cierta cantidad, lo que demuesta que antes había “barra libre” y la banca era tolerante con el capricho o la vanidad de los políticos. ¡Quién podía negar algo a los banqueros! Pero la banca siempre cobra.
En el pasado Consejo de Ministros se ha acordado restringir el parque automovilístico, que los directores generales compartan vehículo y que se utilice estrictamente para actos oficiales; que vayan amotizándose teléfonos móviles y “tablets” de ministros, consejeros, diputados y concejales que no se renovaran por pérdida ni avería; que se controlen los gastos supérfluos...
Y finalmente los tribunales de la Unión Europea han fallado contra la práctica abusiva de los bancos españoles, que condenan a los clientes que no pueden hacer frente a las hipotacas, a ser “deudores perpétuos”, aunque hayan satisfecho parte de la deuda y se hayan desprendido del bien que apetecían.
Pero ha sido preciso que un damnificado haya recurrido a la Justicia europea contra el gobierno de su país, que se hayan producido suicidios, --dos de ellos ampliamente repudiados por la sociedad--, y que hayan caido en la humillación y la desesperación miles de familias deshauciadas –dicen que cuatrocientas mil-- para que los dos partidos mayoritarios se avengan a debatir la situación. Hasta los mismos jueces, profesionalmente impasibles, se han significado contra la injusticia de esta Justicia inspirada por la usura y aprobada en el Congreso por los políticos lacayunos a los que sus amos condonan las deudas.
No seré mas explicito pero por ahí se debió empezar.
Mas curará el cáncer
Eso de los nacionalismos está teniendo deletéreos efectos sobre la fe de la población. Y no me refiero ya al llamado pueblo cristiano, porque los catolicísimos "capellans" de la pretendida nonnata conferencia episcopal de Cataluña, que suprimió el Día del Pilar por razones eclesiales (?) en los años noventa y que hoy se pasa por el arco del triunfo la sentencia vaticana que exige la devolución de los bienes eclesiásticos usurpados a las diócesis aragonesas de Huesca y Barbastro, con menosprecio de la verdad, del Derecho y la Ley de Dios defraudando a los aún creyentes. La jererquía ya ha manifestado que se pondrá del lado de Artur Mas, cuando se independice Cataluña. ¡Los seminaristas ya no van al Seminario!
Algunos recordamos un texto iluminado que se titulaba algo así como "Teoría y Doctrina de la Información" que daríamos algo por tener ahora. Era del entonces Ministro de Informacion y Turismo, Gabriel Arias Salgado, padre del ministro de Aznar del mismo nombre. El piadoso don Gabriel publicaba, a finales de los cincuenta, que se había probado estadísticamente que desde la "Cruzada de Liberación" iban menos españoles al Infierno. ¡Que portento de información! Por supuesto los estudiantes nos partíamos el culo.
Pero no las considerábamos más que un exceso entendible dentro de una sociedad iletrada, creyente, mágica y piadosa, que andaba en carro, mula o bicicleta, que se sometía aunque fuera de mal grado a la "inquisición" de la censura y la confesión sacramental; que tenía que "cumplir con parroquia"; que había de privarse de carne los viernes "sensu stricto", y en Caresma también de la carne "lato sensu"; que no bailaba "el arrimao" porque era "pecado mortal"; que podían negarle los sacramentos si cometía adulterio ademas de incurrir en delito, y que se fichaba a las parejas que se besaban. En fin, era una sociedad convaleciente de un conflicto, que había luchado con fiereza y a la que el clero del momento no había dejado salir del siglo XIX.
Pero superados casi los tres primeros lustros del XXI, con todo lo que ha llovido y ha caido –y cae aún--, no puede aparecer un político como Artur Mas a decir que si le votan a él no contraerán el cáncer, los ancianos serán mas longevos, subirá la renta per cápita, y su territorio será el más próspero del Europa. Eso es tan insultante, que merece no ya que no le voten, sino que le inviten cortesmente a abandonar el local. Porque lo logrado hasta ahora ha sido endeudar a la comunidad hasta la ruina gracias a una administracion irresponsable y un ego pueril, en detrimento de la ocupación, la sanidad y la imaginación, mientras los pobres vergonzantes buscan ya entre las basuras. Nadie quiere fantasias de diseño. Se conforma con poder trabajar.
Los malos sueños
Alguien ha dicho que hay que temer cuidado con lo que se desea porque los sueños pueden hacerse realidad. Es lo que le sucedió a Hitler y lo que le puede pasar a Arturo Mas el de la mesa camilla redonda. Nos sugiere esta reflexión le tendencia perversa de los estadounidenses a idear monstruos, a concebir catástrofes, a urdir aterradoras catástrofes y malos sueños, que es lo que les ocurre a los adolescentes sin historia hasta que descubren que los compañeros de juego pueden enfermar gravemente, que los abuelitos se les mueren y que nunca fue de color de rosa ni siquiera Blancanieves.
Cuando las torres del World Trade Center volaron estrepitosamente por los aires, hubo personas que creyeron que aquello era una ficción como la de Orson Welles en su radiofónica “Guerra de los Mundos”, porque habían visto también por televisión un par de películas en que las torres gemelas se desplomaban con horrísono fragor por obra de “los malos”. Y no sólo eso sino que de tardar dos o tres días más habrían asistido a estreno de una superproducción con el mismo asunto. No se si sera superstición pero da la impresión que con los malos sueños se invoca la desgracia. “Eso no lo digas; esas cosas ni se nombran... “-- decían las abuelas.
Pues bien, en ese rincón del Nuevo Mundo descreído e insolente, pasan el día tentando a la fortuna y profanando los sueños. No aprenden aún ahora, que no es preciso idear a un malo “muy malo” que quiere adueñarse de la galaxia –menuda estupidez--, ni inventarse un Proyecto Manhattan para borrar del mapa a Hiroshima y Nagasaki con todas sus gentes, sus niños, sus jardines, sus museos, sus proyectos, sus sueños y su Historia –qué crímen--, porque la Naturaleza puede hacer eso mil veces “mejor” sin necesidad de provocarla.
“Nadie sabe como ha sido” pero hace unas horas el Huracán Sandy que parecía juguetear por el Caribe hasta el pasado jueves, superó el viernes su condición de tormenta tropical y se convirtió en una peligrosa “tormenta perfecta” que avanzaba a ciento cincuenta kilómetros por hora en dirección a Nueva York. No eran precisos extraterrestres ni enfurecidos marcianos. Una brisa en la rompiente de la playa, puede convertirse en un devastador huracán que levanta techos, arrasa chimeneas, se filtra en las alcobas, revuelve los enseres, las ropas y los pequeños fetiches como aquella fotografía feliz con nuestro amado, arruina el jardín, inunda la casa, destapa la techumbre del garaje como una caja de bombones y cuelga los coches de los árboles como regalos del abeto de Navidad.
Y no es culpa del hado, de la mala suerte o de “nuestros pecados...” O tal vez si. Si no maltratásemos al Planeta no sufriríamos su enojo. Pero no haremos nada. Si acaso, otra película.
“Senyeres” e “ikurriñas”
Hoy es el día grande del independentismo. La jornada alborozada en que todos los separatistas de España celebran su coincidencia en el desacuerdo, ondeando “senyeres” e “ikurriñas”. (“¿Es usted español?”. “No”. “Hombre, entonces somos compatriotas”). Si algo no puede obtenerse con dinero son los afectos: la adhesión, la amistad, la fidelidad y el amor, pertenecen a esos sentimientos superiores que no admiten la permuta.
“Solamente lo barato / se compra con el dinero”-- advertía Facundo Cabral. Pero cuando se relaja la fuerza centrípeta de los comunes proyectos compartidos sin coerción, sobreviene la disgregación de las partes. Es lo que sucede cuando los seres vivos se convierten en carnuz y los buitres se aprestan a revolotear sobre la carroña.
Sin embargo nadie puede alejar las sabandijas a bastonazos. Es preciso volver a enamorar a este país proponiéndole nuevas empresas colectivas y renovados empeños, cuando ha pasado la hora de las quimeras, las conquistas y las hazañas heróicas. Ha sonado la hora de la Política, de las políticas ambiciosas, creativas y exigentes. Es preciso olvidar esa cantinela acomplejada, tercermundista y subalterna de que tal línea de investigación o tal producto industrial “nada tienen que envidiar” a los de otros países. Y que el Maestrazgo es “la Toscana española” o los meandros del Ebro en Caspe son “el Mar de Aragón”.
Nada de envidiar, de plagiar, ni de ir a la zaga. Hay que conquistar la excelencia como comenzamos a hacer mediada la transición. Aunque es cierto que, al abrigo de la incertidumbre, comenzó a incubarse la larva de la defección. Algo había nacido podrido en la democracia auroral.
Hoy, verdadera jornada de reflexión, mientras un iletrado jovencito extremeño del partido de Cayo Lara ocupaba las aulas de los salesianos de Mérida con otros cuarenta colegiales, al grito de “Dónde están los curas que vamos a quemarlos” (¡Cuándo habrán oído eso!) y Artur Mas aguarda agazapado a ver en qué para esto, las víctimas del terrorismo lloran la victoria de Bildu, moderada por la derecha permisiva de los nacionalistas de Urkullu, con quienes se constituyen en la mayoría vasca, al tiempo que Antonio Basagoiti ha obtenido los mediocres resultados previsibles tras el suicida alejamiento de María San Gil y Jaime Mayor Oreja, el único augur que nunca yerra, por el empecinamiento de Rajoy.
Al señor Rajoy también le convendría meditar, aunque se hunda el PSOE con Rubalcaba a bordo --al que Bildu debe su existencia, su persistencia y su subsistencia-- culminando el mal negocio del alquimista metido a aprendiz de brujo, con el colosal descalabro de Patxi López, que ha culminado su pésimo mandato con un estrepitoso derrumbamiento por falta de lealtad a los populares, de tacto y de oportunidad.
Separatismo coyuntural
Nadie es el argumento de la HisPues, bueno: el señor Mas, don Arturo el de la mesa redonda, ya dice que no habló en el Parlament de independencia sino de autodeterminación. O sea que no se refería a dejar plantada a España –o a que el resto de los españoles dejen plantada a Cataluña, cosa que ya contemplan algunos-, sino de preguntar si prefieren ser sólo catalanes, o ser también españoles, o constituirse en un «estado libre asociado» como Puerto Rico, tal como ha sugerido mas recientemente.
Sin embargo, algo ha debido cambiar porque ha elevado la apuesta después de que Joan Puigcercós de ERC le haya invitado a que trace una hoja de ruta y ponga fecha a la Liberación, sin que parezca importarle que la aventura portorriqueña no sea cosa tan mollar, porque van a celebrar ahora un «referendum» a ver si continúan.
Da por sentado don Arturo el Honorable (el digno de ser honrado) que la cosa depende solo de él y de «CiU». No contempla la posibilidad de que el resto de sus compatriotas, que son también los nuestros, no deséen esa escisión desde el propio Principado –que ya no lo sería si no tuviera rey- o desde el resto de los territorios, que son necesarios para legitimar un plebiscito. Y podría suceder que el resto de los españoles, después de un siglo y medio de tira y afloja coincidiendo siempre con los periodos de penuria, de acoso, de guerras, de crisis o ruina de esta patria común –más honorable es la patria que la traición- decidieran invitar a un territorio insolidario a abandonar el terreno de juego, en vista de que nunca está cuando se le necesita. Aunque eso no es posible porque hay siempre catalanes sin «ismos» que están a las crudas y las maduras compartiendo la fortuna y la desventura de todos.
La cosa viene del XVIII y se manifestó al fin de la lucha colonial, tomó cuerpo en «el año del desastre» y las guerras de África, y se expresó con toda virulencia en la contienda civil del primer tercio del siglo XX, que se saldó con un millón de muertos de todas las regiones, afiliados al PSOE, al PC, a la FAI, a la CEDA, a Falange, al Requeté y a otras varias formaciones menores, además de una multitud atónita de obreros, artesanos y otros trabajadores, que vieron cómo les arrollaba el inevitable, fatal y patético «tsunami» de la violencia y el odio. Y si es cierto que las culpas están siempre repartidas, algo tuvieron que ver en todo ello las vacilaciones de los socialistas y la puerilidad de los nacionalismos catalán y vasco, que creyeron llegado el momento de una Gloria irresponsable tapizada de muertos tan inocentes como los que podría generar hoy el mentecato de Artur Mas. Eugenio D'Ors narraba cómo el asistente de un tal capitán Escosura, arruinó la fiesta a sus invitados cuando descorchó un champán francés agitándolo. «¡Qué has hecho, estúpido!» «Es que creí que saldría mejor». «Pues los experimentos, con gaseosa. ¡Inútil!»
Colonizar cerebros
Nadie se sorprenda de que los niños de algunos territorios cambien el argumento de la Historia. También lo hacen sus padres. Cuando se repite una falsedad durante más de treinta años hasta en los colegios, los embustes se tornan verdad. Es culpa del fanatismo separatista, de la cobardía de los historiadores y de la resignación conformista de los que “no quieren meterse en líos” porque “eso no va con ellos”.Entre todos erigen el mas vergonzoso monumento a la Cobardía. Encubrir la verdad y falsear los hechos es el más imperdonable crimen de la Historia. Un crimen que muchas veces acarrea guerras, sangre, muerte y sufrimientos. Y confusión, que es la actividad diabólica por antonomasia, aunque la practiquen también los frailes de ciertos monasterios, sin que puedan escudarse en la ignorancia. Según ello, jamás hubo campos de exterminio nazis para los neo-nazis; ni “chekas” para los paleo-comunistas; ni fusilamientos políticos para los franquistas, ni “paseos” hasta la tapias del cementerio para los socialistas. De la misma manera que nunca hubo catalanes franquistas, ni republicanos de derechas, ni vascos que no fuesen “abertzales”. En nuestra propia casa, cada cual ha ido moviéndose en la dirección conveniente, hasta vaciar el Franquismo de franquistas, desde el 20 de noviembre de 1975.
Entretanto los propagandistas han utilizado la “inmersión” para borrar todo vestigio del pasado, colonizando los cerebros como se rotura la tierra virgen. De modo que si ese proceso se opera a edad temprana, la huella que deja es indeleble. He contado alguna vez la respuesta que dio un joven anarquista asturiano en 1938 a un empeñado catequista: “Mire, jefe, si yo no creo ni en la religión católica que es la única verdadera ¿cómo voy a creer en la protestante?”
Cuando una propuesta intelectual se acoge no como una opción sino como una “fe”, el espíritu se apresta a vaciarse para acoger esa epifanía, y los iniciados son misioneros y profetas. Así ha sucedido con las religiones y con el comunismo, alguno de cuyos devotos pasó por el seminario en su etapa auroral, dejando no solo interpretaciones doctrinales del propio Marx sino escolios y comentarios propios. Y, lo más amargo: un inservible repertorio de datos falsos en la desternillante “Enciclopedia Soviética” a la mayor gloria de la Revolución, alterando biografias y maquillando sucesos hasta hacerlos irreconocibles. De tal modo que el Partido creó una partida de inválidos mentales, con ficheros atestados de datos falsos e inservibles, que los “abducidos” defendían con uñas y dientes para no perder la razón, como les sucederá a los catalanes de buena fe cuando sepan que nunca hubo reyes de Cataluña y que Miguel Catalán, Ruperto de Nola, Miguel Servet, Ramón Llull y tantos otros, no eran catalanes.
Las galdrufas
Como jugar a “las tabas” -ocupación de noble ascendencia romana-, que consistía en lanzar los astrágalos del cordero para determinar la suerte de la partida según cómo caían los huesecillos, en según qué época del año los niños jugábamos a la peonza -trompo, perinola, pirindola, moninfla o peón-, que en Aragón llamábamos con la palabra redonda, henchida, gorda, llena y barroca de “galdrufa”. Y había de dos especies: la tartera y el tarul.
La parcelación de los juegos del año parecía trasunto de las labores del campo y evitaba que cayésemos en el aburrimiento y la rutina. Cambiábamos con los meses de preferencia lúdica y recorríamos la época de las chapas, de los alfileres, las forcachas (tirachinas), las pistolas de “ganchetas” con que desnudábamos las cortinas de los comercios para usarlas de munición, las jeringas o “chiringas” de caña con trapos anudados para impulsar el agua con más fuerza y, por supuesto, las galdrufas, que era el único juguete que no éramos capaces de fabricar. Venían a “las mesetas” dominicales, las tiendas de ultramarinos y el bazar, pintadas de vivos colores, alternados con las vetas originales de noble madera pulida. Pero, eso sí, teníamos que contrapesarlas cuidadosamene como quien afina un instrumento, porque el peso del tarugo de corazón de madera prieta no tenía la misma densidad en todas sus partes, y la galdrufa cabeceaba, brincaba (“iba torrotroca”) o se desequilibraba, y entonces resultaba muy difícil “dormirla” para poder cogerla sobre la palma de la mano con garantías para lanzarla contra las peonzas competidoras y matarlas.
Quiero recordar el orgullo de los propietarios de una buena galdrufa que fuera “pajeta” y rodara “a bonico”. Y la admiración que despertaban las pausadas “tarteras” de carrasca y el girar solemne y elegante que eran los acorazados en nuestras bélicas pedencias, debido a su mayor peso y su centro de gravedad mas bajo, que las hacían difícilmente vulnerables a los ataques de los “tarules”, más ligeros, vivaces y nerviosos, pero más inestables. Otros no tenían nada. Pero eran felices porque no sabían qué era una crisis como el autor anónimo de una coplilla de chicos que decía: “Ni tengo 'tarul' / ni tengo 'tartera' / pero tengo una / cordonadera”. O sea, que el muchacho del cuento se conformaba con tener el “zumbel”, cordonadera o “encordonadera”, que es tanto como tener algo tan aparentemente inmaterial como la energía.
Evoco el tarul, la tartera y el onomatopéyico zumbel, porque veo que se han puesto de moda entre los chicos unos tarules de plástico, con un mecanismo para modificar el centro de gravedad, que permiten obtener prestaciones casi profesionales. He visto incluso un programa de acrobacia.
Lo malo es que ahora las estaciones no limitan los juegos para hacerlos más apetecibles, ocasionales y misteriosos. Los niños ya no aprenderán que en la vida, como en el amor, lo mejor es lo deseado.
"Demi-Vierges"
El honorable Tarradellas era un catalán con todas las letras, con historia y sin complejos. Pujol no tenía historia pero sí todos los prejuicios, “tics”, manías y complejos: los suficientes para “fer la Puta y la Ramoneta” dándose a Dios y al diablo según conviniese a sus intereses o su humor.
Artur Mas, que sabe inglés para entender las comunicaciones que se presentan a la consideración de los ponentes en los congresos –Catalan or English only-- es un ejemplar arquetípico de los “sí pero no”, como don Mariano Rajoy, que por algo es gallego. Uno de esos individuos que han superado el estadio de “Dr Jeckyll y Mister Hyde” para ingresar en el de “Mitja Virtut” o virtud-a-medias, que es lo que llaman los gabachos, “demi-vierges” o medio-vírgenes. Con lo que, por no contentarse a estar sólo con Dios, se precipitan con frecuencia en los abismos del Infierno.
No crean ustedes que estas disquisiciones semánticas son una diversión banal de filólogo. Nada más lejos. Están en la raíz misma de la conspiración nacionalista. Del mismo modo que lo esta la elección de un enemigo: el maniqueísmo consustancial a su primitivismo ideológico.
Hitler culpaba de lo malo a los hebreos; Stalin al Capitalismo; Franco al “contubernio judeo-masónico” concertado con los “rojo-separatistas”; y los “abertzales” y catalanistas centraron su odio en Franco.
Pero al morir el general se quedaron sin enemigo ni objeto al que odiar y hubieron de sustituirlo aprisa y corriendo por el resto de los españoles –que entonces les caían bien-- aunque les llamaran peyorativamente castellanos pese a que fuesen asturianos, andaluces, vascos, gallegos o aragoneses, porque hablaban español, idioma que en unas épocas había de llamarse español y en otras castellano (“porque el catalán es también una lengua española”) sin que “els estrangers” supieran nunca a qué carta quedarse. En ese sentido, “el President” ha clarificado el “fet diferencial” con su discurso y la convocatoria a la independencia, de modo que queda muy poco que objetar a sus propósitos, si son realmente compartidos.
No es fácil saberlo. El partido y sus afines ideológicos, constituyen un régimen capaz de proponer nombres y vetar a personas sospechosas, que son todas cuantas no hablan la lengua con soltura o no muestran una adhesión entusiasta a los dirigentes y sus tesis. Ahí tienen el caso de Montilla a quien Marta Ferrusola nunca perdonó que siguiera llamándose José y no cambiara a Josep, contraviniendo la sugerencia “convergente” de catalanizar los nombres, e incluso los apellidos traducibles. No es broma. Los nacionalistas hablan siempre en serio. El simple ejercicio del humor es en si mismo una profanación y un sacrilegio. Por eso la independencia de criterio de un cómico tan sutil e inteligente como Albert Boadella no podía caber en los estrechos cauces dialécticos de la gente del régimen.
Dispóngase a perder
E l Finanacial Times decía la pasada semana que Rajoy está mas preocupado por su partido, al instar la excarcelación del etarra canceroso "por razones humanitarias", que por resolver los problemas de España.Lo dije hace ya unos meses y mi propuesta fue acogida como una “boutade” ingeniosa.Los políticos al uso, se limitarían a discutir entre ellos, “largar” en los medios, proponer sandeces, inaugurar estatuas, entretener al auditorio, marear la perdiz, y opinar los viernes en un Parlamento reducido. Pero sin distraer a los ministros, porque parafraseando al sabio de la Juventud, la Política es una actividad tan importante que no debe dejarse en manos de los políticos, ni elegir españoles por serlo, o vetar extranjeros por no serlo.
Nadie, salvo algún rezagado, se sentiría tentado a revolver entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Y la prensa, si se equivocaba, se equivocaría “sin ayuda de nadie”. Pocos se imaginan la cantidad de energía y de esfuerzo baldío que nos ahorraríamos en acosos, trampas, conjuras, intrigas, conspiraciones, “mobbing”, hostigamientos, envidias y psiquiatras. Y lo que nuestros administradores ganarían en eficacia y trabajo productivo, sin distraerse por temor a que los vecinos les “hiciesen la cama” o les dinamitasen la pata de la silla en un descuido o un error (“quien fue a Sevilla / perdió su silla”) ¿Imaginan lo que cundiría el tiempo, dedicando la jornada solo a trabajar? La gestión, sólo para los políticos de alquiler.
Exhumo esta propuesta, tal vez disparatada como todo lo novedoso, porque a principios de año, el propio Rey convocó a los empresarios en la Zarzuela para exhortarles a crear empleo. Es verdad que ese cambio de actitud no es fruto sólo de la voluntad. Pero lo cierto es que la destrucción de puestos de trabajo va en aumento.
Ahora el Monarca ha mantenido un nuevo encuentro con catorce de los los diecisiete miembros del CEC –menos Botín, Lara y Huertas-- pero da la impresión de que la cosa no vaya con ellos y algunos dijeron incluso que estamos mejor de lo que dicen los periódicos. La Bolsa, las primas de riesgo y las agencias de rating deben ser puro espejismo. Lo que si parece cierto es que esta gente incapaz de prever, innovar e inventar, no nos llevará a ninguna parte. Hay que fichar políticos por temporada.
Montoro estaba al loro
Suponíamos con angélica inocencia que mientras las agencias estadounidenses de “rating” maniobraban en las cloacas financieras para alterar el precio del dinero y elevar la prima de riesgo española artificialmente, con el propósito de que el Estado no pudiese cumplir los plazos de amortización, el único que no se enteraba de nada era e titular de Hacienda, don Cristóbal Montoso. Nos parecía al común de los mortales que los vaivenes de la fortuna fueran un capricho del “fatum” y no obedecieran con docilidad a los dictados de Bruselas para que se tambalease el gobierno español. Craso error: el señor ministro se hallaba perfectamente al loro.
El señor Montoro ha estado al corriente de todo porque se halla vinculado a Moody´s, estrechamente emparentado con Standard and Poors, como el hoy presidente del BCE Mario Draghi, que fue palmero de Goldman and Sachs tiempo atrás. De ahí la sonrisa leporina de Montoro que, cuando Aznar, parecía aquejado de dispepsia. Cuán mudable es el mundo muchacho.
Quién fuera don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, «hidalgo a cuatro vientos, caballero huracán, encrucijada de apellidos, galán de noviciado y estudiante de profesión» para que el Diablo Cojuelo destapara el pastelón de la Corte con objeto de mostrarle sus entresijos. Quién lo fuese para que lo le asombrara que el ministro de Economía alemán Herr Wolfgang Schäuble conversara con la administración estadounidense condicionando su ayuda a que España efectúe nuevos recortes en los ámbitos de Sanidad y Educación.
No basta con reducir los presupuestos para que cuadren las previsiones de nuestro adelgazamiento, no: es preciso que lo hagamos precisamente a expensas de la salud –tal vez porque nos consideran demasiado longevos- y de nuestra formación académica, para reducir así nuestra competencia a ocupaciones subalternas y de peonaje.
Pero he aquí que ese risueño ratón “colorao”, ese múrido feliz de don Cristóbal, ha coincidido en que a nuestra economía le sobran las partidas de Educación y Sanidad. Qué rara coincidencia. No es posible creerlo si no nos lo explica un experto versado, porque la felicidad radica en el bienestar físico que comporta la salud y el goce intelectual que nos procura la cultura. De modo que sin una y otra podemos despedirnos del estado del bienestar. Aunque si nos demuestra que nos sobran salud y cultura, pediremos disculpas y nos adheriremos gustosos a sus tesis.
Es difícil coincidir en ciertos criterios, pero imagino que ninguno de esos dos capítulos son negociables. ¿Están nuestros políticos con nosotros o contra nosotros? Uno tiene el perverso barrunto de que el asesino es el mayordomo. Aunque el mayordomo no sea lo bastante inteligente como para que no lo sospechemos.
La tercera guerra
El 28 de julio de 1914 los alemanes iniciaron la Gran Guerra contra el Imperio Austro-húngaro, un conflicto que implicó a todo el Continente y perdió Alemania dejando nueve millones de combatientes.
El primero de septiembre de 1939, cinco meses después de acabar la de España, se desencadenó otra mucho más mortífera y generalizado, con la invasión alemana de Polonia, que produjo sesenta millones de víctimas y Alemania fue otra vez derrotada, aniquilado el “III Reich”.
Pero algo hemos debido hacer mal o el Planeta ha crecido más de lo que aconsejaba Thomas Malthus, el clérigo anglicano que clamaba contra la loca superpoblación de los estados, porque Alemania ha desenterrado otra vez el hacha de la guerra para someternos, aunque de modo mas sinuoso, solapado, “civilizado” y pacífico que en las guerras precedentes, mas espectaculares, wagnerianas y ruidosas.
El caso es que en la centuria mal contada que va de 1914 a 2012 –algunos datan el evento en 2009-- los alemanes estan intentando por tercera vez someternos y hacernos súbditos del “Reich”.
Lo malo en esta ocasión es que los frentes no estan bien delimitados y que las líneas se hallan infiltradas de “quintacolumnistas”. Y eso impide actuar adecuadamente. Nombres prestigiados como el de Rato ha resultado estar en la cúpula de una organización tóxica, nociva, basura y pestilente tal que Bankia, mientras algunos protagonistas imputados por diversos deslices finacieros, como Botín, aparecía con unos bermudas y un polo de riguroso rosa con radiante sonrisa a juego, en la recepción del Rey en Brasil dando por finalizada la temporada, en lugar de desapercibirse con discreción. (“¿Donde está el dinero, matarilerilerile, / donde está el dinero matarilerilerón, chis pum?” “El la prima de riesgo, matarilerilerile,/ en la prima de riesgo matalilerilerón, chis pum.”) Nada ha cambiado desde que le decía a Zapatero que la economía iba muy bien. No sé qué le dirá a Rajoy.
El marco alemán ha sido sustituido, tras la caída del patrón-oro, por el euro-alemán de la señora Merkel en cuyas oscilaciones basan la prima de riesgo las agencias USA de crédito como “Standard & Poors”, “Moody's” y “Fitch” entre otras. Entre tanto, aquí los partidos turnantes –y tunantes-- viven con la ficción de que mandan, De Guindos como si le cupiese todo en la cabeza --que no diría yo que no--, y Montoro con la sonrisa maliciosa de roedor, encantado de haberse conocido, sin escuchar ni oir siquiera la voz de los mineros que claman dignamente su razón de indignados después de cruzar España desde todos los confines.
El tío Timoteo mi amigo, sabe muy bien como evitar la tercera Guerra aplicando el pensamiento del alcalde de Zalaméa: “Que no revuelvan nada: que paguen lo que han robado y que los encierren a todos”.
Viejos usureros conocidos
No es cosa nueva. Banqueros alemanes, flamencos y holandeses eran viejos conocidos de Carlos de Gante, que anduvo como las putas en Viernes Santo toda su asendereada vida, por combatir con la cruz y la espada las nefandas proposiciones heréticas que un rebelde fraile agustino hizo fijar en las puertas de la catedral de Worms.
Pasados los siglos y justificado ya el pretexto para zurrarnos la badana protestantes y católicos durante años, se descubrió que no era para tanto y que las mínimas diferencias dogmáticas no eran causa bastante para tal baño de sangre, y menos en el nombre de Dios que seguramente estaría pensando: “¡Mira que son burros!”
Lo cierto es que aquellas irreligiosas Guerras de Religión fundieron el oro de Indias, diezmaron la población de la Península, esquilmaron el campo y diezmaron la ganadería, reduciendo el que era todavía un imperio pujante a una estructura de poder solo formal, que se mantenía con gestas desmedidas, capitanes alucinados, empresas imposibles y miseria general de la que dio testimonio un género narrativo llamado Picaresca que convirtió en arte las mañas para afanar un queso o robar una gallina que quitase de penas y ayuno al menos por un tiempo al grupo de los camaradas.
Y mientras aquellos penitentes de piel cetrina, rostro enjuto, barba enmarañada y fieros mostachos se habituaban a las ropillas negras de los muchos lutos y el ayuno, los banqueros teutones y flamencos, envueltos en sedas y brocados,, adinerados, rubios, lampiños y nutridos, cosechaban los doblones del hambre, confirmando la teoría de la predestinación luterana, que daba por sentada la perdición de los menesterosos, por el puro desaliño de su parvedad de recursos. Y ahí estamos aún las sórdidas gentes del sur desde Grecia a Portugal, perezosas, desnutridas, ociosas, pendencieras, desaseadas y miserables, dando teológico testimonio, con nuestra pobreza, de que tampoco Jesucristo nos llamará a su diestra. Una premonición fatal que nos niega la holgura en esta vida y la Redención en la otra.
No puede extrañar que la gente sin esperanza se tire al monte. ¿Qué se puede hacer cuando la Salvación es imposible? ¿A qué poder, a qué iniciativa, a qué santo puede recurrir quien se halla de antemano condenado?
Pasan las horas, los días y los meses, y el destino se abate sobre nosotros de modo fatal e ineluctable como en una tragedia griega. Y al tiempo que Rajoy, que “no puede elegir”, cercena derechos, impone recortes y crea pobreza con obediencia perruna a los amos --”¡Muy bien, muy bien!”, jalean en Europa-- la prima de riesgo sigue disparada, el dinero es más caro, las bolsas bajan, el crédito mengua, los impuestos indirectos suben produciendo una inflación encadenada y el señor Botín sugiere que vamos por el buen camino. El mismo de la Europa apulenta de Carlos V.
A ver si nos cabreamos
Me llega por la pantalla de Internet, la súplica desesperada de que nos cabreemos. Que nos enfademos cuanto podamos para que nos tengan un poco en cuenta los políticos. Tienen que saber que esto no es una huelga lúdica de fin de semana. Aquí se ventila más que el cierre de una clase.
No es un mensaje de derechas ni de izquierdas, sino del noventa y nueve por ciento de los asfixiados contra el mínimo porcentaje de los astutos, los insolidarios, los enteraos, los más egoístas y los caraduras.
El número de políticos que pacen y medran en España supera supera a los de Europa. Resulta que tenemos el doble del que mas tiene, que es Italia.
Alimentamos a trescientos mil políticos más que Alemania pese a que nos dobla en población y está tan descentralizada como España. Aquí tenemos Municipio, Comarca, Diputación, Provincia, Comunidad Autónoma y Gobierno Central. Y en Alemania, Municipio, Mancomunidad, Distrito, “Länder” y Gobierno Central. Según datos de 2011 –y aquí siempre crecen los números-- tenemos 445.568 ciudadanos que se dedican a la política. Más que médicos, policías y bomberos juntos. Vean por gusto: frente a los 445568 políticos, tenemos 165.967 médicos ejercientes, 154.000 policías. Y solo 19.854 bomberos. ¿Hay alguien que se atreva a evaluar la carga de trabajo que soporta ese casi medio millón de individuos paseantes, parlantes, diletantes e intrigantes, y a qué empresa dedica su esfuerzo sino a si mismos? Su único propósito es medrar. ¡No digamos ya haciendo trampas!
Internet nos hace meditar en que un maestro cobra 1.400 € por preparar a los niños para toda la vida; que preservar el Orden, arriesgarse y jugarse el hato le cuesta al Estado 1.600 €, que es el salario de los policías; que a un bombero como los que hemos perdido estos días en el Ampurdán y Las Hurdes se les pagan 1.800 € por salvar vidas y preservar bosques y viviendas, y que la Seguridad Social remunera con 2.200 € a los médicos que tienen encomendada la tarea de restituir y preservar la salud de la población día y noche. Mientras que un diputado cobra 30.000 € por no hacer otra cosa que pulsar el botón que le indican en cada ocasión. Y aún a veces se equivoca.
Un policía ha de tener el bachillerato y superar una oposición igual que un bombero; un maestro necesita el bachillerato, un título universitario y ganar una oposición; un médico, el bachillerato, la carrera (6 años), con MIR de 4 cursos para Medicina general y 5 para especialidad (11 años con suerte).
¿Qué se le exige a un político para ejercer de político? Nada. Ni título ni elección, porque las listas son cerradas. ¿No cabréa?
Empeorar mejorando
Una de las prácticas más elementales en que se sustenta la ciencia, es en la de “prueba y error”. La credibilidad se funda muchas veces en verificar empíricamente una teoría para confirmarla o desecharla.
Pero he ahí que mientras Rajoy, asistido por De Guindos y Montoro, cumple escrupulosamente los dictados de Frau Ángela Merkel y su mariachi comunitario con docilidad canina va ya para siete meses, la economía española no solo no se estabiliza, sino que sigue cayendo a velocidad uniformemente acelerada hacia el abismo.
El Fondo Monetario de doña Christina Lagarde al parecer no puede hacer nada excepto fatales vaticinios, de modo que sabe ya cuánto vamos a arruinarnos más en los próximos años. Y “los sabios” de la aleatoria ciencia financiera dan por sentado que los recortes no aliviarán la economía española --¿para qué entonces los recortes señor Rajoy?--, mientras otros observadores contemplan la progresiva anemia de los españoles, como los estrategas de la “Luftwaffe” evaluaban los efectos del aterrador aullido de los “Stukas” --que también se experimentaron en los campos de España-- cuando efectuaban bombardeos en picado sobre la población civil.
Es otro modo de guerra pero su objeto es el mismo: la sumisión y el empobrecimiento del enemigo --sin sangre, eso sí, porque mancha y es muy escandalosa--, pero sin ahorrar víctimas incluso físicas, ni enferdedades que ya no atenderá la señora Mato, que no mató pero va a matar, y el hambre de los “pobres vergonzantes” que desde puestos decorosos han caído en la indigencia y rebuscan disimuladamente en los mercados y entre los cubos de basura.
No, no es un cuento de Navidad del Dickens más lacrimoso: es ya una realidad actual; una historia del 18 de julio de 2012. Pero todo el mundo quiere ocultarla con sonrojo, porque creemos, no sé por qué, que la pobreza es un mal contagioso. Nadie se avergüenza de estafar, timar, defraudar, robar y apropiarse de los ahorros de los ancianos enfermos, mermados o iletrados con las “participaciones preferentes” como aquella de un banco gallego aparecida en una foto del periódico, que vencía no sé en qué mes del año 9.999. Un crímen urdido no por un anónimo desalmado común, sino por una organización, una empresa, un banco para más señas, cuyo cometido debió haber sido custodiar esos costosos ahorros fruto de mil privaciones y fatigas. Cuando se valora el dinero sobre todas las cosas, se está a pique de justificar cualquier infamia.
Por eso cuando la avaricia usuraria hizo caer a Lehman Brothers, los alemanes reclamaron el dinero prestado a los bancos españoles para los especuladores del ladrillo, y el Gobierno nos lo exige a nosotros. Así es la cosa mas o menos.
El Chantre de Mondoñedo
No sé quien ha hecho sonar las trompetas de la Gloria, pero los bronces de la resurrección anuncian que Álvaro Cunqueiro ha salido del Purgatorio, cumplido el luto del ‘Dies irae’. Y como nunca es mala hora para rendir homenaje a un maestro, me place tener ocasión de manifestar mi devoción por él. Porque, hasta para mostrar adhesión a alguien, es preciso que la ocasión nos dé pretexto. El hecho es que se han cumplido cien años del nacimiento del escritor y el Instituto Cervantes lo ha incluido en el centro virtual de Nombres Propios.
No sé en que empeño anduve afanado el 28 de febrero de 1981 en que dieron tierra a don Álvaro Cunqueiro y hubo de rendir cuentas ante su Divina Majestad. Pero mi devoción siempre ha sido tan firme que muchos años después, en el 1999, abordé un libro titulado ‘Cierto Sabor’ tan anárquico como gustoso para mí, tomando como lema una cita de ‘La cocina cristiana de Occidente’. Él fue un confundidor de leyendas y creencias que dejaba al lector colmado mas siempre con sed; un inventor de hazañas; un urdidor de inventos; un fabulador de mitos, de historias fascinantes, de ficciones nostálgicas, de sueños soñados y de realidades mágicas -que preferíamos sustituir por lo narrado- y de realidades ciertas, contando con que la realidad no siempre es verdadera. Y dejémoslo ahí.
Alvaro Cunqueiro es un escritor culto sin vanagloria y un erudito sin pedantería. Un autor adictivo que hace anhelar sus saberes, deliberadamente fantásticos muchas veces para que sean más bellos, más misteriosos y sorprendentes, pero no hueros ni falaces. Y sobre todo, confiere a su cuento la calidez de una vieja conseja, sahumada con roble y castaño del rescoldo de los leños consumidos. Trae siempre la saudade de sucesos que nunca vivió y que son el fermento de la mas honda nostalgia. Dice que «la imagen última que de Bretaña uno conserva, es la de una vieja encendiendo los candiles de un Calvario de piedra, en las afueras de una villa amurallada, al atardecer. Llovizna un poco. Pasa un viento silbador que apaga las débiles lucecillas. La vieja se santigua y reza un Padrenuestro por el alma del difunto señor vizconde de Klöemel, que acaba de cruzar a caballo».
Una chispa que enciende la imaginación mas holgazana aunque no aparezca la complicidad de la bruma. El señor de Mondoñedo no solicita el auxilio de tramas macabras, ni intrigas sinuosas, ni un charquito de sangre bajo un cadáver para justificar su argumento. No necesita la sal gorda de una alarma planetaria por un cliflado que pretenda volar la galaxia, ni el terror de un monstruo mutante o un arma que se activa sin control. Apela, por el contrario, a la sencillez de lo inmediato, lo vivido o recordado, aunque exige la verificación de los hechos para no adormecernos en la fantasía sin renunciar al ensimismamiento. Ahí reside su grandeza.
El milagro Calixtinum
No es preciso ser experto en Criminología. Basta con apelar a la lógica para entender que no se entiende el milagro del “Codex Calixtinum” perdido y hallado en Compostela -¡voilá!- tras dos años de desaparición.
Enrique Jardiel Poncela escribió una novela, hilarante como todas las suyas, titulada “El sexo débil ha hecho gimnasia” que debiera aplicarse a leer la Curia Romana, o cuando menos la compostelana, en vista de que tanto los varones como el público en general se han quedado rezagados en lo suyo. Antes, los varones y los curas mandaban callar y punto en boca. Y cuando se dignaban dar una explicación, a la piadosa grey de los creyentes les bastaba con la intención para acatar las razones. Ahora nos hemos vuelto un poco mas descreídos. No sé si recuerdan que hace cosa de veinte años desapareció una talla románica en un pueblecito de Lérida –lástima de desmemoria- y cuando la feligresía amenazó con denunciar la desaparición a la Policía, el párroco y el sacristán convocaron a unas rogativas a todas las almas devotas, por las distintas partidas y términos del municipio hasta que -¡oh, milagro!- apareció bajo el suelo de un corral de ganado pulcramente embalada. A veces la Providencia muestra un regocijante sentido el humor. Pero cada día resulta todo mas difícil.
Hace dos años la cosa fue en Galicia y el azar o la picaresca se pasaron de frenada, porque lo desaparecido no era un cáliz parroquial o una imagen de ermita, sino una joya como el ponderado “Códex Calixtinum”, custodiado en cámara acorazada y con apertura concertada, cuya falta destapó una serie de desapariciones del tesoro catedralicio que nadie había detectado en varios decenios.
Pero hete aquí que un alguacil astuto aplicó, con fortuna al parecer, la demoledora técnica de Gila para descubrir delincuentes (“¡aquí se le va a caer el pelo a alguien y él sabe a quien me refiero!”, “¡yo sé quien es el asesino y no señalo a nadie...!”) hasta que el pobre criminal terminaba declarando. En este caso, el agente dijo como quien no quiere la cosa: “Un día aparecerá el códice quemado...”. A lo que el “pobriño” Fernández Castiñeiras respondió conmovido que “eso era imposible porque estaba...” “¿Dónde estaba, rapaz?” Y ahí se vino abajo la fortaleza del electricista de la Catedral, dejando más interrogantes que respuestas.
¿Por qué el portavoz del cabildo había manifestado hace dos años que pronto aparecería el culpable? ¿Por qué que iba a declarar bajo secreto de confesión?¿Qué significa el millón doscientos mil euros metidos en cajas de cartón que había junto al libro robado? ¿Cuántas piezas del tesoro han desaparecido y cuándo? ¿Cómo podía convivir con esas joyas día a día alguien al que se le había retirado la confianza? Y, sobre todo, ¿quién confió las llaves al ladrón?
Apuesto por el obispo
Estoy con el obispo. ¡Quién lo dijera! Pero la Verdad es la verdad, y además es verdadera. Qué vamos a hacerle si el gran Juan de Mairena razonaba que, en materia de veracidad, no cabe distinguir entre Agamenón y su porquero.
Estoy de acuerdo con el magisterio episcopal por los menos en dos cosas: en valorar como un sarcasmo y un pillaje la negativa a devolver los bienes eclesiaticos oscenses detraidos/sustraidos por la diócesis de Lérida pasándose por el arco del triunfo los sucesivos dictámenes vaticanos (ya no se obedece ni a Dios, por lo menos en Cataluña) y la segunda, en calificar como un error grave del Gobierno la instalación de un garito –lujoso, valioso y ostentoso, pero garito al fin-- en “Eurovegas”, sea en Barcelona, en Madrid o en los Monegros.
Ya está dicho.
Pero no porque constituya moralmente una “podredumbre” como opina el obispo de Getafe don Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, que es un argumento dialécticamente discutible, sino porque Las Vegas –y más llamándole “Eurovegas”-- es una iniciativa mercantil que atufa, que hiede, que apesta, que asfixia, sofoca y provoca arcadas. Y no ya por razones solamente éticas, sino por causas estrictamentde sociológicas, y una concepción metafísica del existir que excluye la trascendencia.
El rabino Adelson no cortejaba el enclave menegrino --¡qué risa, tía Luisa!-- pero sí las capitales suntuosas de España, como insinuó hace unos días jugando al “pique pueril y provinciano” entre las dos ciudades más populosas del entorno.
No se trata de crear un proyecto industrial de vanguardia con mucha producción y pocos residuos; no de favorecer el establecimiento de una universidad de élite en investigación avanzada; no de concebir una suerte de centro de alto rendimiento deportivo, para acometer empeños desmedidos como unas perpetuas “olimpiadas”, ni tampoco de concebir una unidad de pedagogía avanzada para estimular a alumnos “superdotados” desde las primeras letras hasta el doctorado...
Nada de eso. Madrid y Barcelona están haciendo el ridículo mientras el neoyorquino señor Adelson agita la zanahoria para ver quien da la zapateta más vistorsa y divertida de la exhibición. Una pugna en que las ciudades no van a porfiar por la excelencia ya que no competirán por nada. Su mundo va a ser una caja vacía que nada va a contener ni va a aportar. Me opuse a este proyecto en los Monegros como ahora en cualquier lugar.
Aquí la materia prima será lo que la plusvalía: ocio, vicio, droga, juego, delincuencia, mafias, redes gangsteriles, lujo fácil, trata, sexo a todos los precios, crimen organizado y delincuencia espontánea.
Amor a España
Decían nuestros curas que teníamos que amar a Dios sobre todas las cosas y lo que sobrase podíamos repartirlo entre nuestros padres, nuestros hermanos, nuestos deudos y nuestros amigos.
Como nunca he hablado con los ángeles y no sé de Teología, lo he hecho piadosamente a la inversa. Primero he amado a mis padres y a los míos, y después a ese Ser, esa cosa, esa energía inefable que ha permitido que me quieran y yo quiera también.
Decía Aristóteles que el Ser –“lo que Es”, sin referirse a Dios-- puede decirse de muchas maneras, y a mi me parece una proposición muy plausible. No es lo mismo el amor a los abuelos, a los padres, a los hermanos y a una mujer, por mucho que los queramos. Los abuelos son el tronco y las raíces; los padres, el nido; los hermanos, los compañeros, el aprendizaje, la emulación y la competencia, y “la amada”, la aspiración, el deseo y la pugna. Y nadie aspire a querer o ser querido de modo distinto.
Lo mismo puede decirse de la aldea, el terruño, el camino, las breñas, las colinas, los regatos y la patria. Pero nada excluye a lo demás.
Solo los nacionalistas recurren a esa opción reduccionista y pueril de los parientes añosos: (“Dime a quien quieres más: ¿a papá o a mamá?” “Pues mire usted: cada cual a su modo, doña Elisa”. “Uy, que rico es ¡y qué listo!”)
Se puede amar al paisaje y su concepto, al caserío y la organización urbana, el habla local y las maneras de expresión verbal o antropológica, sin desdoro de la realidad más abarcadora. Ambos cauces no se excluyen sino que se complementan.
No he visto estos días ni una pantalla gigante para que los catalanes pudieran comulgar en su españolidad compartida, durante los encuentros eliminatorios de “la roja” con Irlanda, Croacia, Italia y Francia. El gobierno del catalanismo intransigente, beligerante y rampante de Convergencia y Unión –el mismo que quiso rebautizar los apellidos “españoles” como Labrador, Domingo, Espartero, Espada y Carpintero por Llaurador, Domènec, Esparter, Espasa, y Ferrer– y no permitir la celebración de la Fiesta del Pilar en Cataluña para preservar la unidad eclesial del País, ni devolver los bienes diocesanos de Huesca y la Ribagorza que permanecen retenidos en Lerida, no sabemos por que razón. Tal vez por la misma que las comunicaciones en Congresos sólo pueden darse en catalán y en inglés. Cuánto tiempo esteril, invertido en odiar.
Pero ya en 1939, los “escamots” se rindieron a los fascistas italianos en lugar de a sus compatriotas españoles. Del mismo modo que Mas el Honorable, (el que merece ser honrado) demanda, en vista de la situación económica, ponerse a salvo alejándose de España.
El ejemplo de Dívar
“¡La economía, estúpidos; es la economía!”--, sugirió James Carville, estratega de campaña de Bill Clinton cuando pugnaba por la presidencia con Bush en 1992, mientras la población continuaba distraída con los últimos coletazos de La Guerra Fría.
Ahora los usureros el nuevo milenio, con aquella lección aprendida, no reparan en otros motivos. “La causa sigue siendo la Economía”. Y puede que no. Cuando los especuladores financieros, cada vez más audaces pierden el control de los sucesos, los hechos tienen el cariz de un cataclismo ingobernable que afecta incluso a las “aprendices de brujo” y los “gurús” de la Bolsa. Algunos no saben, o han olvidado, que tras los avatares de 1929 que provocaron ruinas y suicidios, el propio Rockefeller perdió mas del ochenta por ciento de su patrimonio. Cuando se practica la “magia negra”, se sabe cómo se empieza pero nunca como se acaba.
No soy hombre piadoso ni profesor de Ética, pero creo no pecar de mojigato si manifiesto mi convicción, humilde pero firme, de que la raíz del problema en nuestros días debe buscarse ahora no en la Economía sino en la falta de respeto a uno mismo, a la carencia de autoestima y el deprecio del honor. Nuestros abuelos cerraban los pactos con un apreton de manos y en el curso de una centuria se han quedado viejas “la palabra”, los contratos y las letras de cambio. Si hace poco más de un siglo acusaban a alguien de faltar a un compromiso, habría exigido inmediatamente la reparación de su buen nombre, y en ocasiones batirse en duelo “a muerte”. Los estudiantes posromámticos alemanes, duelistas impenitentes, llevaban el rostro cruzado de cicatrices, recuerdo de los tajos y cuchilladas con que habían pretendido lavar su honor con desafíos “a primera sangre”, vinculados casi siempre al talle de tal o cual señorita. (¡Los machos, siempre tan burros!)
Mas, como no hay mal que por bien no venga, ese culto al honor de la palabra dada, preservó la confianza de los acuerdos y los negocios. Se hablaba incluso de “la seriedad comercial” que se nos antoja hoy una antinomia. Cómo puede ser serio un comerciante. Pero entonces la seriedad era como un sacramento, mientra ahora “todo tiene precio”. Y ahí está la raíz de la Crisis. Nada tiene más valor que el dinero, que es el recurso postrero cuando no se cree en nada. En 1936 --la última guerra romántica--, se vivió una contienda wagneriana y sangrienta. Los líderes se reirían hoy de esos planteamientos idealistas y poco prácticos.
Pasen la mirada por los comerciantes avaros, los sinvergüenzas con fracasos indemnizados, las Cajas traicionadas por políticos sin principios, los estrategas del tránsfuguismo, los oscuros jueces estrella, los diputados garrapatas afiliados/aferrados al partido y, en la cúpula, gentes ejemplares como Carlos Dívar, con el ropón pringado de sopaboba.
El rescate
Pues, señor, en qué quedamos. Yo diría que quieren confundirnos. En las mismas fechas y a pocas horas, fuentes afines nos hablan de defensa numantina de nuestra soberanía económica («¡Miau...!»), de la necesidad de un rescate financiero auspiciado por la señora Merkel pasando por encima de la jerarquía europea –que desairado el papel de Van Ron Puy y Durao Barroso-, mientras determinados miembros del Gobierno dicen que habrán de estar a lo que digan los miembros de esa comisión que piensa examinarnos de Selectividad...
Entretanto la bolsa sube -lo que es bueno-, la prima de riesgo sube –lo que es malo- y el Ibex va a su bolita como hipnotizado. Mientras unos dicen que hay que recuperar las viejas monedas nacionales para utilizarlas según convenga, como el Espacio Schengen; otros abogan por «mas Europa», y unos terceros van de mediopensionistas como el Reino Unido que, cuando no tiene juego, «pide tiempo» como los del baloncesto, o nosotros mismos cuando, jugando a correr y pillar, gritábamos sofocados: «¡No se vale, no se vale...!» Saben hacerlo bien estos ingleses.
Unos dicen que tenemos suficientes recursos para sacar los pies de las alforjas sin bajarnos los pantalones, porque exite liquidez suficiente aunque mal administrada; otros aseguran que cuanto mas pospongamos la solución más dura será la caida. Y un humilde y sumiso político alemán, de los que reconocían nuestra proceder disciplinado y ejemplar hace una semana, se quejaba ayer de «la soberbia, la arrogancia y la hybris blasfema de los españoles» que impiden ver la realidad.
No pase del halago al vilipendio en «solo horas veinticuatro» porque nosotros, como somos de inteligencia tarda, necesitamos más tiempo que ustedes para aclimatarnos a esos súbitos cambios de presión y temperatura. No somos capaces tampoco de intuir por donde van a ir los mercados de un día para otro. Como si la bolsa fuese impredecible y que cada día nos sorprenda las cotizaciones más allá de todo pronóstico. ¿Quién maneja esos hilos y por qué? Bueno, eso no lo digan; eso lo sabemos.
Mas, ya de madrugada, me alerta la radio –con la que me acuesto todas las noches- de que un rescate es inmiente, aunque los mas optimistas creen que se trata de una acción entre bancos y no entre paises, si bien la señora Merkel no parece aceptar la fómula. Por qué, si hace una semana éramos un gobierno disciplinado y ejemplar en una nación disciplinada y ejemplar. No voy a opinar. Voy a formularme, más modestamente, todas las preguntas a que da lugar esta crisis. Hay datos que desconocemos, y Barak O bama, desde la diestra del Padre, aconseja respetar la buena disposición de España e Italia, porque un estornudo de ellas podría desequilibrarnos a todos.
Romance de ciego
En el nombre del Señor / y de la santa María / que han de juzgar la verdad / de lo que aquí se diría / voy a contarles, vecinos / lo que aquí nos sucedía. / Señores, esta es la historia, / esta es la Historia, señores,/ de un discípulo pascual / que Carlomagno se creïa. / Iba con unos cofrades / libando por la Avenida / más alegres que chupillo / previendo que ganarían / nuevamente la alcaldía. / Tres de los más convinieron / que no pasaran la calle / ni moriscos ni cristianos / por ver quien mandaba aquí. / Y como ninguno es jefe / y ninguno manda más / el Consistorio está al borde / de echarlo todo a rodar. / Todos saben que es suicida / paralizar la ciudad, / mas rojatas y fascistas / se aplican al “chufla, tú”, / cual si no hubiera otros más / que piden mejor gestión / y que les dejen en paz. / Son los pobres, los paganos, / pecheros y alcabaleros / que “aflojan” sin rechistar / lo que les mandan los amos / y lo único que desean, / es que no les hagan mal / las cuentas de los impuestos/ que les hacen los demás. / pues no son ya los ediles / (ni los probos funcionarios) / quienes rigen el trajín / sino cuatro mercenarios / a los que les da un Ardit / que cuadren o no las cuentas / de esta ciudad infeliz / que deja de tener patria / pues “no sienten los colores”/ ni del Efe Ce Alcañiz. / ¿Que otra cosa explicaría / al piadoso vecindario /(llamado “ciudadanía”) / que le retengan las perras / que lleva tiempo esperando, / mas que joder la marrana / para demostrar quien manda? / Muy bien podrá quien quisiere / conocer estas razones : / que la facción popular / juró pagar a deudores / pese a que las vacas flacas / pacen en muchos rincones, / más cuando los ricos de ICO / a socorrernos fluían, / el resto de los partidos / al credito se oponían / aunque los mandara Dios / y bendijese María ./ Conozcan pues los presentes / de quién se pueden fiar / y si es juicioso y prudente / ceder bienes “al amprau”. / Yo se bien de un primo mío / --“primo” con toda razón-- / al que le robó una finca / un alcalde, gran felón, / con un secretario calvo / y un arquitecto harto ruín. / Y tan ignorantes eran, / o tan cínicos tal vez /que afirmaban no saber / que tenía propietario / aquel florido vergel / surcado por cuatro cauces / arboleda y un jardin / con frutas, melocotones,/ dos higueras y un nogal / donde hicieron construir / un colegio a toda prisa / en Campaña Electoral. / Así hurtaron su terreno / en julio de dosmil dos / en el silencio de Estío / a mi primo Buenafé / y a cincuenta primos más / que a su costa han aprendido / que robar no es delinquir. / Pasaron dos Olimpiadas / en medida de los griegos / y ahora que iban a pagar / a algunos proveedores / la Oposición dice nones. / ¡Válgame la Pilarica / que es la Virgen de postín! / Válgame la de los Pueyos / porque también es de aquí, / patrona de concejales / y vecina muy afín. / Porque si ellas “no nos valen” / y nos defienden así / habrán de inscribirse al paro, y procurarse trabajo / para amamantar infantes, / embolsar prescos tardanos / o ejercer de “cicerones”/ por las ruinas de Alcañiz.
Confusión de lenguas
Cuentan que, cuando un Jueves Santo de los años veinte se acercó a Alcañiz don Miguel Primo de Rivera no se con qué propósito, algún edil adulador y oficioso contrató a unos “flamencos” traidos de no sé dónde para que cantasen unas saetas desde los balcones de la plaza Mayor. Pero la gente del pueblo, que percibió aquella “juerga” como una profanación del respetuoso silencio de los penitentes, la emprendió a gorrazos con aquellos “espontáneos” y tuvo que intervenir la fuerza pública para reducir el bravo motín. Es una pena que la propia Administración del Estado no haya llegado a entender la pluralidad de talantes de las Españas, donde unos conocidos pueden gritarse “hijoputa” en prueba de amistad, mientras en otro lugar u otro trance esa expresión significa un reto a muerte.
Ni la ignorancia de la Eso ni el paso de los años parece habernos acercado a la comprensión de los dispares talantes españoles. Un aragonés puede vincularse a un disímil gallego y aún hermanarse, y un morisco valenciano de porte suntuoso asociarse a un andaluz si tienen suerte, pero que nadie ose confundir un pueblo con el vecino porque en ese punto la afinidad puede tornarse tumulto y herejía. Solo a un registrador gallego como don Mariano Rajoy, capaz de conciliar la pertenencia a una “aldéa”, un “concello” y una “parroquia” mansamente, puede ocurrírsele la provocación de despojar a un pueblo de su municipio sin prever el sordo rencor de los despojados. Ríanse ustedes del motín de Esquilache.
La iniciativa mariana tiene la ventaja de generar mucho ruido aunque coseche pocas nueces, porque el alboroto distrae siempre y hace suponer que se hacen muchas cosas: cosas sonadas. Aunque nada cambie.
En los vastos despoblados de esta tierra probablemente hay poco que hacer, pero la infraestructura administrativa copiada por pereza de las áreas de aglomeración, deben corregirse para elegir entre Municipios, Comarcas Diputaciones y Provincias, adecuando los medios a la tarea. Por no hablar ya de las Autonomías, con su pueril boato provinciano, cuya efectividad se ha desvirtuado con la triplicidad de cometidos, la proliferación de funcionarios y recursos, y la aspiración pueril de reproducir un Estado pequeñito, contradiciendo el principio fisiológico de que “la función crea el órgano” y logrando que se créen órganos sin función y por tanto inútiles, con presupuestos innecesarios, personal subempleado, “mobbing”, intrigas, y todos los vicios de un colectivo que carece de ocupación y pierde la percepción de la realidad contemplando su propio ombligo.
Puesto que hay que ajustar las costuras, ajústense por donde deben. No basta con que el seis por ciento fuese el ocho por ciento. Lo malo es que el nuevo gobierno comience ya a mentir.
El principio del caos
No se una palabra de economía ni de estrategias financieras, pero intuyo que cuando una actividad esta regida por el azar y parece escapar a todo control, alguien ha manipulado la ruleta. Es posible que no conozcamos el truco que utiliza el malabarista para que desaparezcan los objetos, pero de lo que no cabe duda es de que hace trampa. Ayer mismo, sin que nadie previera la catástrofe y en vista de que Grecia ya está quebrada, la prima de riesgo de España rebasó los 500 puntos y se puso en niveles de rescate, aunque aquí nos resistamos a darnos por vencidos.
Matemáticos y físicos teóricos andan estudiando lo que llaman “Teoría del Caos”, para desentrañar el comportamiento azaroso de la realidad aparentemente “imprevisible” de la Naturaleza. Y el descubrimiento de las ecuaciones fractales parece dar razones a su intuición de que lo que llamamos casualidad no es más que causalidad aunque todavía no hayamos descubierto su íntimo mecanismo. Ya que todo va siendo penetrable por la inteligencia humana excepto esa actividad aparentemente reservada sólo a los genios, llamada Economía. El fenómeno espòntaneo y fatal, más imprevisible que el tsunami, el tornado y la erupción volcánica,como si no fuera el guiñol de un un usurero caprichoso al que un avaro mueve los hilos.
La voracidad criminal de los especuladores no tiene ni la decencia del disimulo, carece hasta del pudor de no mostrar la sinrazón de la inoportunidad de hacer crecer la deuda aún cuando no existe ningún pretexto para agitar el lodo en que hozan y prosperan los paquidermos.
No tiene sentido lamentarse cuando vamos despojando de sus vestidos al azar. Todos los sucesos obedecen a causas racionales, previsibles, evitables y mensurables aunque desconozcamos todavía sus orígenes.
¿Quíen ha dicho que es imposible detener la ruina si sabemos que con seis meses de paz el Departamento de Defensa de los EE.UU podría acabar con la hambruna del mundo? Pero alguien impide la Paz porque es más rentable la guerra. Ya no basta con desangrar al Tercer Mundo: Leviatán insaciable demanda nuevas víctimas, que parecen no afectarnos porque no nos aluden. O no nos aludían, puesto que la ruina no señala ya a un ámbito “virtual e inexistente” como el Cuerno de África o Camboya, sino a un objetivo “presene y real” como Grecia. Sucede como en la fase final y crítica de la desnutrición, cuando una vez quemadas les reservas de grasa de un organismo vivo, éste recurre a alimentarse de sus propias proteínas.
Nadie frenará esta agonía sin una acción energica el Fondo Monetario, pues también el FMI está penetrado de especuladores como el que alentaba a Zapatero diciendo que “todo iba bien” mientras se hinchaba de sangre como las garrapatas, sin apiadarse de los que ya no tenían pan.
Lástima que no haya Infierno.
La cobardía
“No tenemos poder, mas que ante los que hemos otorgado autoridad sobre nosotros”, decía Hermann Hesse como les he comentado alguna vez. Y es cierto. Lo malo es que en España hemos dado poder sobre nosotros a Angela Merkel, que está a punto de acabar con Sarkozy; que ha provocado la dimisión del gobierno holandés; que ha arruinado a Grecia, Irlanda y Portugal predicando la “Europeidad” y, lo que mas nos preocupa, ha dejado a España sumida en la recesión en los ultimas horas, a pesar de los recortes, los sacrificios y la sumisión del Gobierno. ¿Y que tiene que hacer para ponerse a salvo si se hunde por obedecer? Porque ¿a quiénes hemos otorgado poder los españoles, a la Cumunidad Europea, o a Alemania?
Aparte de la absolución judicial, anteayer mismo, del primer ministro de Islandia Geir Haarde por el colapso del sistema bancario, que llevó al país a la bancarrota en 2008 por una pequeña falta de “negligencia” sin importancia (¡Que vergüenza!) que acaba por consolidar la impunidad de los poderes económicos, las maniobras de los banqueros; las indicaciones de los economistas; las previsiones de los politólogos y las profecías de los gurús, nos han cubierto de ridículo, de vergüenza y de indignación. O son unos impostores y unos inútiles, o son algo peor como creen aún los bienpesantes.
Esta sociedad no puede más. No tiene más. Y, sobre todo, no es responsable –y menos culpable-- del despilfarro, el derroche, el pringue y la desvergüenza de los que se han arremangado para amasar la pasta.
Ayer me distraje aquí sin encarar el problema como si no hubiera que tomar medidas, asumir decisiones y arrostrar los errores, Pero pensábamos que lo había hecho por nosotros el equipo de gobierno. Y ahora, solo unas horas después, los directores de esta pamplina colosal que guionizan con la mayor frivolidad cuatro estafadores en el océano de Poniente, dicen que el barco se hunde sin remedio y que la España del milagro, fagocitada por la especulación ilimitada, está en quiebra. Entre todos la mataron y ella sola se murio. Nadie lo vió, nadie lo intuyó, nadie lo previó, nadie lo atajó. El señor Aznar abrió el veda de los parcelamientos salvajes para que otros levantaran complejos como el de “El Algarrobico” en el Cabo de Gata, al borde mismo de la playa, burlando la Ley de Costas, en Carboneras, Almería.
Si hay que enmendar las cosas, háganse con rigor, priorizando las acciones, haciendo que el dinero torne a sus administradores, enmiende su hiperplasia –en autonomías, diputaciones, comarcas-- y reconvierta a los funcionarios --con asesores, despachos, parques móviles y asignaciones de libre disposición-- en empleados productivos; haciendo que aquellos no sean más vitalicios que estos, y estos respondan de sus actos penalmente si fuere preciso. Y solo entonces, si es necesario, se recorten los presupuestos para investigación, Educación, Sanidad y pensionistas.
Por mi conciencia y honor
Oíamos ayer a José Antonio Griñán prometer en radios y televisiones –¡ya no se jura!- por su conciencia y honor, cumplir y hacer cumplir las obligaciones propias de su cargo, que tampoco son tantas ni tan onerosas como para exigir un solemne compromiso explícito. Bastaría con aceptar el cumplimiento implícito del séptimo y el décimo Mandamientos, aunque imagino que debe producir cierto sonrojo comprometerse a no robar.
A nuestro conocido “Urdanga” no le hicieron jurar y eso ha salido ganando. Debió pensar que, como no se había comprometido a nada, no era responsable de que se desviasen los fondos de las ‘oenegés’ para niños enfermos que administraba. Claro que él no era noble, la noble era doña Cristina de Borbón y Grecia. Aunque ella, que es una chica de su tiempo, debe pensar que esas monsergas son cosas medievales y que por ese camino no se va a ninguna parte. Se explica ahora que el Príncipe Felipe, que renunció al amor adolescente de Isabel Sartorius y al más maduro con Eva Sannum tras una seria crisis familiar contrariando por razón de Estado su inclinación, se haya distanciado últimamente de las Infantas. Dijo que no renunciaba a elegir esposa para que nadie se la impusiese, por lo que estableció relaciones con Victoria de Carvajal, Isabel Sartorius, la estadounidense Gisella Gigi Howard, la paquistano-canadiense Yasmin Gahuri con quien coincidio en las Olimpiadas, Gabriela Sebastián de Erice, hija del embajador en Alemania, Marcela Cuevas, Viviana Corcuera, Viviana Dellavedova, la modelo checa Alicia Krezjlova, la modelo noruega Eva Sannum, y Diana Martínez-Bordiú, hasta contraer matrimonio con Letizia Ortiz Rocasolano que está siendo el amor de su vida, al decir de los observadores y la propia Zarzuela.
Da la impresión de que el compromiso personal de Su Alteza ha sido asumido con la misma seriedad en el terreno dinástico. Si es así, merecen la pena los años de formación, de estudio y preparación sosegada para reinar. Aunque quienes no sean nobles no puedan comprender la renovada exigencia de ejemplaridad, esfuerzo, liderazgo y generosidad que demanda el oficio de «Princeps». Por eso el nuestro no es tiempo de príncipes. Todo el mundo es capaz de dejarse abrir la puerta del coche con cierto porte de lider, pero soló los líderes son capaces de elegir, decidir, dirigir y asumir las responsabilidades. Y no hablo de Nobles sino de Hombres –de personas si se prefiere- capaces de convocar a los otros en su torno sin solicitarlo ni mendigar en las elecciones para «prometer lo que no se ha de cumplir».
Según la vieja acepción de «Nobleza» que inspiró a los primeros reyes, sólo el excelente puede ser «princeps», principal, ejemplo, modelo, líder, caudillo, depositario de la responsabilidad asumida hasta el sacrificio. Por eso Urdangarín no será nunca noble.
Firmeza de mantequilla
Hace poco tratábamos algunas actitudes guiadas por la cobardía. Pero nada dijimos de cuando la cobardía conduce a la traición. Y eso acaba de suceder ahora con la noticia cobardemente filtrada desde el Ministerio del Interior por don Jorge Fernández Díaz con los etarras que sean buenos chicos se confiesen, hagan propósito de la enmienda y “abjuren” de la ETA. ¿Será posible que un adulto normal haga tal exhibición de estulticia? ¿Cree alguien que es más eficaz el arrepentimiento que la entrega de las armas y el desmantelamiento de los “zulos”? ¿Tiene algún político el candor de creerse la palabra de honor de un criminal sin honor, sin piedad ni compasión, capaz de asesinar en alguna ocasión a un conocido que había arriesgado la vida por salvarle?
Se puede ser bueno pero no tonto, con perdón. Es difícil ceer en un político que se deja arrastrar por el voluntarismo antes que por el análisis. Y, al parecer, el señor Fernández se orienta por lo que le gustaría que fuera más que por criteros objetivos. Los gestos melífluos, la firmeza negociable, las decisiones de mantequilla, la bondad profesional de los expuestos y dispuestos siempre a equivocarse, es inobjetable si afecta solamente al individuo, pero inhabilita para decidir por los demás. Tal vez sea muy cristiano exponer la otra mejilla a la acción de la bofetada sacrílega, pero una persona no tiene potestad para poner de rodillas a una nación entera
Siempre desconfiamos del prógnata estrábico popular, pero creíamos que nadie podía hacerlo peor que su predecesor socialista. Nos equivocamos. Dice Murphy que cuando pensamos que ya nada puede ir peor, todo puede empeorar. Su odio africano, su rencor sonriente, su alarma taimada ante la competencia, no da opciones a nuevos dirigentes sino a becarias, secretarias y milltantes dóciles y ahormados. Aunque no es achaque sólo suyo. También Zapatero sacrificó a Nicolás Redondo Terreros. un valor seguro, por “Patxi” López, llamado en la Agrupación significativamente “el chico del botijo”.
No ha sido más generoso el registrador compostelano con la eficacia de Esperanza Aguirre, el buen juicio y la experiencia de Jaime Mayor Oreja, la lealtad y el sacrificio de Maria San Gil tan fríamente marginada y la imaginación crítica del barcelonés Aleix Vidal-Quadras.
En menos de seis meses, Mariano Rajoy Brey “el Deseado”, no ha cumplido con una sola de sus promesas. Pero tampoco ha corregido el rumbo del país ni enmendado ninguna de las disparatadas y suicidas actuaciones de la pasada legislatura. Se ha aplicado el cuento del Viejo Profesor para que las promesas electorales esten para no cumplirse. Y lo ha hecho muy bien.
Ahora, en lo más recio y encrespado del temporal, tenemos que hallar una fórmula legal para apartarlo del gobierno sin demora. “Delenda est Carthago”.
Será cuestión de matar
A veces el azar responde con sorna a sus más sutiles incógnitas. Estoy seguro de que la ministra de Sanidad, doña Ana Mato Adrover, como los otros, se habrá preguntado muchas veces en los últimos meses cómo cuadrar el puzzle del trabajo, el empleo, la restricción de créditos y la urgencia de financiación. Decían los rústicos de mi tierra que «trasnochar y madrugar no caben en un costal», para significar la fatalidad de una antinomia.
Es verdad que don Zapatero, que aceptó el sobresueldo de 70.000 doblones de Consejero de Estado, -estipendio que rechazaron en su día los ex-presidentes González y Aznar al cesar en tanto que él lo reclamó-, cerró la tienda con la concesión de varias subvenciones «por traspaso y cierre del negocio». Pero el señor Rajoy parece dispuesto a competir con él por el ‘Guinne's’ del descrédito. Ahora mismo, don Mariano ha decidido recortar hasta la Seguridad Social incluso en lo que se refiere a los ancianitos. Dos desafueros en uno, que, después de los ya perpetrados, le han dejado con la misma fiabilidad que la verdulera del mercadillo. Parece que el PP de los proyectos rigurosos no ha aprendido tampoco de los titiriteros del PSOE que es torpe, e incluso criminal según los casos, traicionar el candor de los niños y frustrar a un pueblo que cree confiado, porque es una vileza dificilmente perdonable. Bien está que se burlen los chalanes, se chasquéen los tratantes, que se líen los truanes, que estafen los tunantes y que se «guinden» los garduños, sin aludir a don Luis de lo mismo. Porque nunca un político debe engañar a la gente de bien, aunque no le haya votado. La gente respetable no puede mentir, ni el pueblo merece ser defraudado. La coherencia es tan exigente como el honor.
Imagino el contornillo en que andarán los Ministerios para encajar esa diabólica cuadratura del círculo. («A mi me sobran licenciados». «No se preocupen ustedes, que esos se darán vida en Europa». «Pero significa una descapitalización». «Eso tiene arreglo ¿pero qué me dicen del nicho de clase media con niños en edad escolar?» «¿Y han pensado en los enfermos y los pensionistas?» «Algo se le ocurrirá a Ana Mato». «¡Mato!¿...Piensan lo que yo...?»)
Hablan en sentido figurado, por supuesto. Pero es ley de vida. («¡Es ley de vida, Pepita, y ha vivido como una reina!» «Todo tiene su fin y acabamiento, Mercedes» «Es la vida, que no se detiene don Esteban. Ya se sabe: el muerto al hoyo y el vivo al bollo»)
Recordando la advertencia de que «en este humilde portal no vive ningún Cajal» proferida por el doctor Mata, y la pulla de que «Vive en esta vecindad /cierto médico poeta/ que al pie de cada receta/ dice Mata, y es verdad», mi admirado Antonio Gala escribió anteayer: «Aquí, en esta Sanidad/ una médica poeta/ al fin de cada receta/ dice Mato, y es verdad».
El destello
Se han percatado ustedes de que cada vez estamos más refunfuñones y malhumorados? ¿Se han dado cuenta de que muchas veces abrimos ya los ojos con ganas de reñir? No sé qué sucede, aunque carguemos la culpa a «los recortes», a la factura de la luz, a la hipoteca, o a la colega que prefiere estar en la cama con Gran Hermano en vez de con nosotros, que también son ganas, o escuchando las guarrerías de Ayanta Barili que cuenta con risa urgente, frenética y nerviosa cómo montárselo con dos contribuyentes macizos, auxiliadas de cuatro penes de látex y seis vibradores, para no perdonar ninguna sensación ni desaprovechar un sólo estímulo, excitando comisuras, inervando pliegues, exaltando oquedades y colmando orificios. Reconozcan que es para cabrearse, hablando mal.
Pero a mi se me antoja que esta actitud inamistosa y rugiente de la «ciudadanía» zapateriana –o la sociedad de Guindos que parece alertarnos de algún guinde- no es consustancial a nuestra naturaleza, lo que alienta mi esperanza en el género humano. No sé si lo perciben pero aún es posible sucumbir a una sonrisa. Porque una sonrisa es el heraldo de la complicidad.
Hará cosa de un año, saliendo de un kiosco de periódicos en una gran ciudad, vi por el retrovisor que un caballero de mediana edad corría detrás de mí. Quise creer que la cosa no iba conmigo, pero cuando aminoré y se disipó la competencia, deduje que el aludido era yo. («¡Que coño querrá este pelma! Se ha equivocado o quiere venderme algo, como si lo viera...») Me detuve y tropecé con el rostro jadeante de mi perseguidor. «Perdone, pero me parece que se le a caido esto», dijo alargándome un fajito de billetes. Me palpé el bolsillo y estaba vacío. «Me ha parecido verlos caer cuando usted recogía las vueltas», me confió como quien se disculpa.
«¡Qué borde soy!», me avergoncé contrito. Y descendí, le di las gracias con torpeza y sentí sonrojo de mi mezquindad. No sabía qué hacer. No iba a darle unas monedas como al acomodador; ni a decirle que adonde quería que le llevase, porque tal vez pudiera responderme que gracias pero que tenía el chofer en la otra acera; ni era cosa de «pagarle» con un café, que habría sido como darle propina. Nada. Le estreche la mano con toda sinceridad, me ofrecí consciente de que no retendría ni una sola palabra y nos despedimos. Pero estoy seguro de que este episodio nos alegró la mañana a él y a mí.
Cuando esta mañana salía del garaje, una riada de coches se pegaban a la cola del otro «a tapar la calle / que no pase nadie». Llevaba ya un buen rato esperando cuando se ha detenido un desconocido y ha dado un destello. Un segundo; quizás menos. Pero es la actitud lo que vale. Y como aquella vez, me ha alegrado el día.
La bestia 'massaí'
"Es como dar una patada a la lata para mandarla más lejos», --ha calificado un economista las iniciativas españolas para alejar el riesgo financiero, mientras debemos 4' 25 billones de euros en este momento. Es la estrategia de los expoliadores del siglo XXI.
No desean matarnos sino hacer de nosotros unos indigentes y reducirnos a la pobreza para que no podamos devolver el dinero que nos prestaron, mientras la renegociación de la deuda engorda cada día los intereses. Es un fatal nudo corredizo que permite al aire entrar lo suficiente como para no asfixiar por el momento, pero que impide cualquier movimiento autónomo de ventilación. De ese modo arruinaron el más bello proyecto, unos banqueros supernumerarios («Servir a Dios desde los puestos más altos») y la prima de riesgo de España alcanzó así los 433 puntos ayer, apenas unas horas después de que los ministros económicos Luis de Guindos y Cristóbal Montoro comparecieran ante los medios para acallar los temores.
Hay demasiados intereses, expresados en chantriendo de par en par las puertas del paro.
Los especuladores financieros hacen lo que los pastores ‘massaí’. No sacrifican a las vacas porque eso equivaldría a descapitalizarse. Los ‘massaí’ chupan la sangre de sus reses como vampiros, practicándoles una incisión en la carótida en tanto pueden aguantar de pie y aguardan que las más flacas, desnutridas y macilentas se repongan de la sangría.
Nos preguntábamos quién se escondía tras las maniobra orquestada de Islandia primero, y luego de Portugal, Grecia, Italia y España, que amenazó incluso al socio francés Sarkozy en varias ocasiones. Nadie lo sabe o dice saberlo, pero el dinero y el amor suelen manifestarse con insolencia y ya ven que mientras las bolsas españolas han ido descendiendo doce puntos, la de Frankfurt -que hace unos meses quiso fusionarse con la de NY y no le dejaron, porque también manda alguien más -, está trece arriba.
Alemania va a lo suyo, mientras el nacionalismo ibérico más paleto, observa el hundimiento de España con ojos codiciosos como en ocasiones precedentes, a ver si encuentra flotando la tablazón de cubierta, una tapa de regala o un trozo de la quilla astillada, para aprovecharlas.
Con todo, lo mas desazonante para el común de los españoles es que ninguna medida de austeridad parezca modificar la tendencia, y el desplome de la economía describe una curva progresivamente acelerada. Personas no versadas en economía han sugerido suprimir decenas de gastos superfluos, pero hay quienes se aferran a sus pequeñas vanidades cuando no a sus chicas o grandes prebendas para impedirlo.
Esperanza Aguirre sugiere recentralizar Justicia, Educación y Sanidad, pero Mariano Rajoy no quiere hablar de ello, al tiempo que Artur Más tensa la situación para exigir la independencia. Y Patxi López y los de ‘Bildu’ quieren hacer a Arnaldo Otegi lehndakari. ¿Les suena a ustedes esto?
Los espectros del «Muértere»
Los teólogos fundan la divinidad de Jesucristo en la creencia de la Resurección. Vista así, la Pascua se tiñe de esperanza con la promesa del renacer y el retorno. Pero la Semana Santa hasta después de la Edad Media fue un tiempo de miedo, disciplinantes, ayunos, penitencias y tétricos presagios de condenación.
De ella heredamos un terror a la muerte, mitigado ya en Oriente y alimentado por la incertidumbre y el misterio.
Unos santos varones carpetanos, tal vez no más que humildes ermitaños celtas, evangelizaron en los siglos V y VI la conquense comarca de Garcinarro, cuyos habitantes se hallaban entregados a cultos animistas en rios, fuentes, árboles y peñascos, mediante ritos propiciatorios que no excluían el sacrificio de animales e incluso de semejantes que agonizaban, con objeto de que el cuerpo todavía vivo comunicase sus virtudes y su energía al que heredaba su cráneo. En los primeros concilios de Toledo se condenaban estas prácticas y todavia hoy se ven en los campos abundantes esqueletos de otras épocas y pequeñas hornacinas en el dintel de algunas cuevas y abrigos donde caben justas las calaveras. Si se añade a ese capricho decorativo que los druidas de estas tribus de cortadores de cabezas utilizaban las vísceras y las entrañas aún tibias y humeantes en ritos de adivinación y apropiación, pueden imaginarse las escenas truculentas de despojos mutilados y ensangrentados alumbrados por las antorchas que alimentaron los pavores de ultratumba.
Este es el decorado de las torturadas formaciones rocosas abruptas y cataclísmicas, que llaman con exótica concordancia «el Muértere» o «el Muerte» en la Sierra de Enmedio entre Cuenca y Guadalajara. Un territorio habitado de más de 3000 años, cubierto de petroglifos y de enterramientos profanados, erizado de fracturas, abismos, rendijas y la quietud solitaria de un silencio estremecedor. Ni lo pájaros vuelan por no inquietar.
La conmemoración del Viernes trae al recuerdo la muerte sacrílega de los Justos, no disipado por la gloria de la Pascua. Tal vez la humana miseria no permite a la conciencia el goce limpio del renacer, privándonos de la alegría. Aunque probablemente en una época cobarde en que se silencia la vejez, la decrepitud y la muerte, resulte higiénico que evoquemos el instante en que la historia Natural se hace historia Sagrada y que, al margen de la teología, los prejuicios mágicos, o los anhelos místicos, abordemos el suceso incuestionable de nuestra desaparición personal como una realidad de primer orden, al margen de un posible destino sobrenatural o la carencia de futuro.
Las tumbas del cabezo de Alcañiz el Viejo o la loma del Tarratrato que investigó don Vicente Bardavío, tan próximas en el tiempo, nos acercan a la fúnebre promesa, no diré que con júbilo pero si con un pagano alivio, sin el temor reverencial a los ornamentos, los cánticos funerales y las prédicas elegíacas. Esta es la reflexión de Semana Santa.
La Juerga
No se ofendan los juerguistas, que el adjetivo está puesto en razón. La huelga, aunque se escriba con mayúsculas, proviene del verbo ‘holgar’ que significa «sobrar algo” en primera acepción; «estar ocioso” y “descansar divirtiéndose». Aunque tiene también la misma raíz que ‘holgazán’, que es el poco inclinado al trabajo.
Aunque la huelga toma un atajo menos pasivo, si se aspira la hache y se relaja la ele como los andaluces, y se vuelve una actividad jocunda y gozosa como la «juerga» propia del juerguista. Por eso las huelgas son una comunicación entre iguales y tienen un aire festivo si no las monopolizan los «comandos» que siempre estorban.
Nadie piense que voy a predicar contra la huelga. He secundado con frecuencia huelgas, encierros y manifestaciones cuando eso era difícil, pero siempre sin barras, palos, bates ni gasolina, como la mayor parte de los que se manifestaron el jueves cívicamente. Mi trabajo o mi holganza han sido fruto de una opción personal y libérrima. Pero cuando algún capataz ha pretendido convertirme en manada, me he dado la vuelta.
Los capataces incendiarios barceloneses, muchos de los cuales han sido identificados como el comediante Guillermito en Madrid, -no voy a hacerle la publicidad que mendiga- debieran estar guardados mientras las personas normales se expresan, o dejan de hacerlo, en las calles, las oficinas o los tajos. Sospecho que les tiene sin cuidado mi punto de vista, pero aún así he procurado guardar silencio hasta pasado el evento, porque nunca me perdonaría haber contribuido a que se equivoquen. Para meter la pata se basta uno mismo. Y para acertar, también. Como ven, pienso lo contrario que los políticos al uso y los capataces de manada, porque creo en las personas.
Después de decir esto, debo manifestar que no respaldo los recortes, que me parecen injustos; que la situación en que nos han metido otros habría de resarcirse con su peculio y –supongo- que sus cuantiosos ahorros, porque hasta el Cristianismo supedita el perdón a la devolución de lo robado, y que respaldo la iniciativa de que ninguna institución se endeude por encima de sus recursos, aunque sea «por el Partido». Por supuesto que exigiría las responsabilidades penales pertinentes a todos los gestores públicos, aunque no fuese mas que para evitar la impunidad de los sinvergüenzas como aquel alcalde que, después de robarme una finca de mis bisabuelos para redondear cierta operación urbanística, me dijo cínicamente: «Si quieres, queréllate contra mí, pero ya sabes cómo anda la Justicia y yo ya no seré alcalde».
Sin embargo, y pese a esos argumentos, no he secundado la huelga porque, como no se enmendaron las cosas a su tiempo, ya no sirven las medicinas: ahora hay que recurrir a la cirugía. No podemos hacer como los médicos del primer tercio del XX, que empezaban recetando purgas y sangrías debilitantes. Si apelamos a la huelga nos enterrarán.
Ragú de Ternera
El fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce ha activado, a instancias de las víctimas del terrorismo, la orden de detención contra Josu Urruticoetxea Bengoetxea, alias ‘Josu Ternera’, que vivía hasta ahora con su mujer Elena Beloki Resa y su hijo Egoitz muy cerca de Venecia «en paradero desconocido».
Ternera, militante de ETA desde joven e incorporado al Frente Militar en 1971 tras su primera huída a Francia, es autor de varios asesinatos y atentados como el de la plaza de la República Argentina de Madrid con doce guardias civiles fallecidos y el séxtuple infanticidio de la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza con varios agentes más, y numerosas «ekintzas», que es como se llaman las acciones –las malas acciones- de los terroristas, siendo máximo dirigente de la banda en dos ocasiones, y simultaneando este cometido con el de diputado del parlamento vasco del que ha sido, para mayor escarnio, miembro de la comisión de Derechos Humanos. Se opuso a las conversaciones de Argel y las hizo fracasar en tiempo de Felipe Gonzalez, tramó el atentado de Carrero Blanco mucho antes, y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos lo incorporó a la lista de terroristas peligrosos, para congelar sus bienes y cuentas bancarias.
Veremos qué se les ocurre a Segi, Sortu y Bildu. De momento, como no andan sobrados de imaginación y Josu Ternera parece que está otra vez en la comandancia, han vuelto a las andadas de la «kale borroka». Pero ya no están ZP ni Rubalcaba para hacerse de nuevas, y la policía ha identificado a dos de los heróicos «gudaris» de Amurrio y los otros dos están detenidos. Eso de trabajar sin red es lo que tiene. Mal momento aunque la banda no hable, pues quien más quien menos, tiene en estima la vida. Pero los reveses continuos, las detenciones, las delaciones y el descontento en los «makos» donde los reclusos se han cansado de cumplir penas mientras los suyos se ponen a salvo, han provocado notables escisiones y sorprendentes «cambios de sensibilidad».
Pero siempre quedará el ala más radical, irreductible e intransigente que escudándose en la pureza de los idales, abogará por la línea dura, que es la coartada perfeca para que los líderes sucumban a la seducción revolucionaria asegurando que la iniciativa es obra de sectores marginales incontrolados de los arrabales «abertzales» ultramontanos. Pero han gastado ya todas las bazas y no podemos quedarnos boquiabiertos. Desde el veterano al aprendiz; desde el huído, al que se nutre de las publicaciones de Martín Garitano, desde Bildu a los piadosos catecúmenos de ‘Zutabe’... Todos son etarras y por supuesto asesinos en potencia, si no lo son ya en acto. Unos y otros son del mismo modo responsables. Son el mismo guiso.
La impunidad es fraude
Cuando los madrileños aún eran «gatos» y más ocurrentes, saludaban la presencia del valido de Carlos de Gante, Guillermo de Croy o alguno de sus alguaciles, -entrando en la Corte como jenízaros para retirar las monedas de oro-, con esta devota jaculatoria: «Gúardeos Dios, ducado de a dos: que el señor de Chevres no tope con vos».
Bien está, don Mariano de mi alma, que hayamos de ahorrar no ya sólo ducados sino incluso maravedíes y aún «chavos morunos» de los que he visto rodar por Aragón, y puede que sea preciso excusar dispendios aunque enfade. Bien está ser prevenido, mas, según parece, no nos queda ni un real de vellón.
Bien estuvo la advertencia de los sacrificios venideros aunque no mejoró el gesto gallardo y valiente de augurar la sangre, el sudor y las lágrimas que vaticinó Churchill; aunque lo entendimos todo. Lo que no comprendemos es por qué el cauteloso don Mariano amaga cada día con un nuevo castigo.
No soy quién para advertir a presidentes avisados de por dónde sopla el viento, ya que no he pretendido nunca una presidencia aunque me hubiera servido de humilladero y enseñanza cierto lance que pasé una tarde estival a propósito de unas huebras en barbecho y el «aladro» que un amigo decía emplear. No sé por qué, cometí la grosería involuntaria de sugerír que sería mejor decirle «arado», tal vez confiando en nuestra amistad infantil, la soledad y el hablar quedo. Pero el tipo se me quedó mirando de hito en hito: «¿Cuantas veces has labrado tu?». «¿Yo? Ninguna», respondí sorprendido. «Pues mientras tanto ¡aladro!», zanjó la cuestión.
Decía que no soy quién para vender consejos. Pero amenazar cada día con un nuevo descalabro mina la confianza en el Gobierno. Son tan nocivos aquellos brotes verdes como estas invocaciones a la penitencia. Pero es peor que la firmeza actúe en sólo un sentido y, después de anunciar justicia, decida alguien que no va a investigar el crimen terrorista del 11-M, una sangrienta hecatombe, no de ganado sino de seres pensantas, sufrientes, existentes con conciencia de futuro y con Historia. No solemos pensar. No suelen pensar como humanos. De otro modo, los ministros y los jueces percibirían que pasar por encima de determinados crímenes, les contaminan; que no es posible desentenderse de las cuestiones de conciencia, porque nos incumben hasta el punto de hacernos cómplices.
Un pueblo puede sacrificarse por un proyecto, por una idea o por una causa que estime justa, pero se rebela colectivamente ante la injusticia y la prebenda. Pudiera sufrir incluso las penalidades que le impone el fraude del cual no es culpable, si percibe una inspiración ética. Pero no está para aguantar mucho más.
Esperanza y aporía
Qué hacer?, nos preguntamos ahora. Los «gurús» de la Economía nos han instalado en una disyuntiva sin salida como aquella del viejo cantar, que «si me miras me matas, y si no me miras, muero». Es una situación que niega la esperanza y atemoriza porque desemboca en lo que los filósofos llaman una «aporía».
La actividad económica nos lleva a la catástrofe, pero la inactividad nos condena a la parálisis. Por ello nos urge la esperanza. Es preciso entender y creer, e indispensable ponernos todos a la tarea. Porque esta no es sólo misión de los teóricos. Mas para aunar voluntades es imprescidible conocer el camino. Moisés ignoraba la senda pero sabía a dónde ir, y ello justificaba el riesgo, el hambre, las penalidades y el peligro.
Por ello, cuando después de la estúpida inconsciencia de los brotes verdes, se ha reconocido, como es sensato, que estamos al borde del abismo, el señor Rajoy tiene que esforzarse en hallar un camino y proponer unas metas que cumplir entre todos, viendo lo por venir y lo que queda, que es como se construyen las naciones, los partidos y los equipos de fútbol.
Pero es también necesario que ilusione con su proyecto. No basta con pedir sosiego y sacrificio. ¿Qué podemos hacer los de infantería, señor presidente? ¿En qué podemos ayudar? Bien está atreverse a formular un diagnóstico, pero el pensamiento tiene que acompañarse con la acción para ser operativo y eficaz. De ahí la necesidad de la esperanza.
Mas la espera supone la viabilidad de un proyecto. «Lasciate ogni speranza», advertía Dante a los réprobos cuando se encaminaban a la puerta del Infierno. Abandona toda esperanza. De aquí en adelante toda la vida estará teñida de gris y carecerás de deseos, de ilusión y de futuro. Es la maldición mas atroz que quepa formularle a un humano. Es el dramático proyecto de un agonizante para conformarlo a morir.
Para motivarnos a vivir hacen falta psicólogos más que economistas. Un conocido empresario formuló esa carencia en 2011, diciendo que «hoy estamos peor que ayer y mejor que mañana». Una profecía –¡Dios no lo quiera!- capaz de poner espanto en el ánimo mejor templado.
Estamos instalados hoy en una aporía –un camino sin salida lógica- que parece irresoluble si no derrochamos ingenio, imaginación y audacia.
Y coraje, y entusiasmo, y pertinacia, y fe. Como el viejo Zenón de Elea al «demostrar» que el veloz Aquilex nunca ganaría a correr a una tortuga, ateniendose a la silogística. Ahora tenemos que profanar todos los dogmas sin errar una vez, para romper el imposible nudo de la aporía e invertir ahorrando y guardar gastando. Ahí es nada.
A ver quién me ata esa mosca por el rabo.
Burlar a la muerte
Nadie piense que es una reacción gremial. Me alegro del rescate de Javier Espinosa y sus compañeros no solo por ellos, sino porque miles de lectores han recobrado su capacidad de saber y de opinar.
Pues existe el propósito de no dejar testigos sobre el terreno en Homs. El designio de los tiranos es matarlos a todos como se ve en las últimas acciones, ejecutando operaciones anónimas y fortuítas. Cuando sabíamos que Edith Bouvier y Javier Espinosa estaban saliendo de su ratonera en Homs, teníamos noticia de que los hombres de la IV División Acorazada, o «de los Monstruos», de la Guardia Republicana siria, la unidad de élite del hermano del presidente Bashar, Maher al Asad, cuyos blindados tienen orden de rebuscar resistentes –y periodistas- entre los escombros del barrio de Bab-Amro, arrasadas mezquitas y hospitales, inutilizadas las bolsas de suero y de sangre para transfusiones, negando la asistencia a los heridos, impidiendo las evacuaciones y habiendo bombardeado las conducciones de agua y los depósitos de alimentos, sin pan, luz, vendas, antibióticos y calefacción, tras decomisar las radios, las grabadoras, las cámaras, los micrófonos y teléfonos digitales, la consigna era no dejar vivo a nadie.
El mismo propósito que formuló Hafez al Asad, padre del actual tirano, cuando hizo aplastar en 1982 las revueltas de Hama a su fiel hermano Rifaat al Asad, lo que costó la vida a 30.000 compatriotas. No sabemos a cuánto ascenderán las víctimas –hasta aquí son 8.000- cuando dentro de unos días se haga balance de la represión ejercida por Maher al Asad, «el carnicero de Deraa» hermano menor y jefe de la actual unidad de élite, por orden del hermano mayor Bashar al Asad, el actual dictador. Una siniestra historia que amenaza repetirse.
A estas horas se ha iniciado el asalto final a la ciudad de Homs con varia fortuna, porque el encarnizamiento «baazista» corre parejo a la bravura de la población desarmada, aunque Rusia y China hayan cerrado las puertas del Consejo de Seguridad de la institución más venal e inoperante del Planeta. Dios no depare a las víctimas mala hora.
Murieron 13 hombres en las 26 horas que duró la evacuación del fotógrafo británico del ‘Sunday Times’, Paul Conroy. Despues de varios ataques entre campos de minas, con dos bombardeos y una emboscada en que cayeron 23 sirios, se dividió el grupo, llegando éste al Líbano, aunque habiendo de retroceder hasta Homs el integrado por Edith Bouvier de ‘Le Figaró’, que vivió oculta durante 25 dias de asedio con una pierna rota, a Abú Maha y a Javier Espinosa de ‘El Mundo’ hasta lograr por fin evadirse anteayer al Líbano.
Ójala esos periodistas hagan ganar a los sirios.
Los coranes de Bagram
No ha remitido la agitación por los coranes profanados en la base militar afgana de Bagram. Solamente se ha desplegado la policía autóctona para aislarla de los musulmanes irritados, con la promesa de que los blasfemos norteamericanos serán entregados a las autoridades afganas para que paguen su pecado en la horca. Acaso un punto radical.
Pero no se trata de un capricho supersticioso, sino de una ofensa contra un pueblo creyente, piadoso y devoto; una comunidad que levanta sus miradas al cielo tres veces al día para pedir orientación, solicitar piedad e impetrar apoyo a Dios en todas sus cuitas graves y menudas. Y he aquí que unos invasores, unos extranjeros, unos impíos y unos «paganos», se apropian de su tierra y blasfeman de Allah y de Mahoma su Profeta. Y supuesto que no hay nunca motivo para denigrar lo sagrado que atenta contra lo mas hondo de cada cual, resulta doblemente grosero profanar lo divino, con propósito de ofender. Más pierden, por supuesto, los que no van creyendo en nada.
Pero vista la cuestión desde la otra perspectiva, solo un patán adornado con la incultura más culpable, es capaz de proceder como los «boys» de la base estadounidense de Bagram, so pena –y aún así- de ir cargados con unos cuantos decálitros de whisky.
Realmente también nosotros nos hallamos en camino de no entender nada, como pasa al coger con las manos impuras el pan sacramental, o al arrojar nuestros muertos al fuego como los hindúes a las piras del Ganges, o los «salvajes» sioux amerindios en el túmulo en la pradera hasta devorarlos los buitres, convirtiendo así en normales, acciones o ritos que constituyeron el ápice de la vejación, el desprecio, la blasfemia y la impiedad. ¡Quién no se ha sentido desamparado al oir el relato de ciertos proscritos condenados a ser quemados y aventadas sus cenizas!
No cabe duda de que estos rituales son expresiones de una cultura, y que esos cambios de hábito son un síntoma de aculturación y sincretismo. No sé si por razones más profundas o simplemente porque el terreno es cada vez mas caro en los cementerios, sumado a que la cremación representa un nuevo negocio, sobre todo ahora que ciertas empresas pueden hacer con el carbono residual del fallecido un brillantito que permite exhibir a los muertos con orgullo («¿Ves? Este es Terry Jones, el pirómano. Y este es su santo abuelo petrificado. ¡Pero qué piedra! Hace un año daban no se cuantos millones!») Los musulmanes parecen tener mejor memoria.
Matar periodistas
Tengo una deuda con mis amigos los corresponsales de Guerra. También con los desconocidos. Porque yo he hecho de todo en ese oficio, por humilde que fuera.
Mas un director acobardado y cobarde, vanidoso y lleno de complejos, que no nombraré porque ya se ha ido, frustró mi propósito de trabajar en el sudeste asiático, aduciendo que había decenas de agencias de noticias que nos inundaban de despachos todos los días, sin necesidad de molestarnos. Una ocurrencia que fue muy celebrada.
No iba yo para héroe como no iban mi admirado Manu Leguineche, que renunció a algún amor para no condenar a nadie a la viudez, o el veterano Enrique Meneses, o Gervasio Sánchez al que he visto por su tierra en alguna ocasión sin conocerlo, o Miguel Gil, o al académico Pérez Reverte que ha escalado de otra manera la inmortalidad. O Alfonso Rojo, Mercedes Gallego, Ramón Lobo, Olga Rodríguez o Jon Sistiaga, con mejor suerte que los que no volvieron, como Luis Espinal que se quedó en Bolivia; Juan A. Rodríguez que cayó en Panamá; Jordi Pujol Puente que fue abatido en Yugoslavia; Luis Valtueña que dejó la vida en Ruanda; Miguel Gil Moreno que desapareció en Sierra Leona; Ricardo Ortega que no pudo regresar de Puerto Príncipe; Julio Fuentes muerto durante una emboscada en Afganistán; Julio Anguita Parrado, bombardeado por sorpresa cuando se hallaba «empotrado» en una unidad estadounidense, y José Couso, destrozado por el cohete de un tanque americano desde el Hotel Palestina de Bagdad, donde se alojaba con otros periodistas internacionales, por una tripulación culpable, por conocida, identificada y «amiga».
Los reporteros de guerra comenzaron teniendo la protección de los militares, para considerarlos luego civiles neutrales, pero los EE.UU. no han firmado todavía los protocolos de 1977. No puede extrañar por ello que sean culpables de cuatro de las ocho muertes registradas entre españoles desde 1988. De los extranjeros, mejor no hablar. Porque aquel cuidado hipócrita se ha tornado tan peligroso como sus intenciones. A los poderosos no les gusta la Historia, sobre todo cuando la verdad esconde rincones oscuros y acciones culpables. Difieren en poco las consignas del sanguinario Bashar al Asad. Y no se trata de proteger a los civiles. Al contrario. Los que cuentan los hechos más objetiva y desapasionadamente son las gentes de la calle; los ciudadanos ‘neutrales’ que presencian los hechos, los aterrados vecinos de la ciudad resistente de Homs (Siria), donde el mando elige al azar los edificios civiles que han de ser desventrados cada día.
Van a permitirme que rinda homenaje hoy a todos los periodistas sacrificados por nosotros, en el joven fotorreportero francés Rémi Ochlik y la veterana periodista estadounidense residente en Londres, Marie Colvin, herida en varias acciones de guerra, como aquella en que perdió un ojo en Sri Lanka por una emboscada tamil, muertos ambos ayer.
Martes de carnaval
No entiendo -claro que nadie va entendiendo nada- que vistamos a los niños de máscaras. Los niños han sido siempre la inocencia, el candor y, sobre todo, la sinceridad.
No es cierto que los niños mientan; los niños sólo fantasean. No extrañe oirles decir que tienen un amigo con el que hacen los deberes en casa, ni que hablen con alguien en su habitación. Yo, por no ir más lejos, tenía dos: un tal Antonio y un Fernandito con quienes jugaba y consolaban mi desamparo de niño solo.
Al niño lo enrolan en el Carnaval sin embozo ni antifaz porque juega a travestirse; el adulto se disfraza para ocultarse y confundir. Se cubre el rostro cuando conoce la tentación y la lujuria como hacían los sumerios hace muchísimos siglos al salir del invierno, y luego los romanos con las fiestas «bacanales» para celebrar al dios de la vendimia y las «lupercales» honrando al dios Pan y al fauno Luperco («lupus») azotando a las mujeres con tiras de cuero («februa», de ahí febrero) de estos animales, para que se purificasen y fuesen fértiles alternando la dicha con el dolor. Desde ese punto, el gozo primaveral del ocaso del invierno se bifurca a lo largo de la Edad Media hasta el delicado cortejo renacentista veneciano de disfraces fastuosos, que desemboca en el desenfrenado y lúbrico Carnaval de Rio en el Brasil de las escuelas de samba, y la «Rua» tinerfeña de ahora mismo. Y del otro lado, la ruta de la cristianizada Carnestolendas, que proscribe «la carne» en su más amplia acepción y ha representado la tradición mas tosca del libertinaje sexual, desde la clave implícita del lobo, el perro y el cabrón primigenios, se fijó en manifestaciones aparentemente mas ingenuas y alejadas de lo obsceno, como los Carnavales aragoneses.
Al margen del renacer último, en que han desfilado torneadas chicas en biquini con riesgo cierto de neumonía -merece tanto respeto la fantasía como abuchéos el plagio-, siguen prosperando las celebraciones de mayor solera secular, como las que se han consolidado a partir de ritos pre-cristianos como los del Sobrarbe que constituyen un tesoro antropológico valiosísimo, tal que en Boltaña, Jánovas y Broto; el de Bielsa con sus onsos, madamas, caballers, garretas, el ajusticiao Cornelio Zorrilla probablemente añadidos, y sobre todo sus temibles e impresionantes "trangas", hibridos de hombre y de macho cabrío que remiten seguramente al Neolítico; o el Tenedor de Torla que trae encadenado al buco de Ordesa; el Muyen de Gistain que es ajusticiado el Domingo de Piñata; el Peirot de San Juan de Plan vestido de andrajos y pidiendo para la fiesta hasta su quema en la Plaza mientras los mayordomos y las madamas bailan vigilados por «lo Melitá» para que no se propasen, y El Carnuz de Nerín quemado tras el baile en medio de una gran «esquillotada». Todo un repertorio de castos Carnavales, o no tanto, y chivos expiatorios que demandan estudios e interpretación.
Del pluriempleo al paro
Un «mozo viejo» como llaman en los pueblos, de esos que estudiaban para solterón con intención de aprobar después de haber recorrido varias facultades sin licenciarse en ninguna disciplina y haber tentado varios trabajos según decía, les confiaba en una ocasión a los amigos con cierta amargura teñida de cinismo y aparente despreocupación, que iba a pasar de la eyaculación precoz a la impotencia -la famosa disfunción eréctil de la crisis y el estrés-, sin haber conocido nunca la normalidad.
Había sido actor de varias vidas, alguna de ellas de intriga y una pizca de misterio. Era uno de esos individuos de los que se enamoran la mujeres para no casarse, que son los más divertidos y los que más se divierten. Tenía una idea consumista de la existencia concebida como un producto de uso, que exprimía, sorbía y succionaba, para arrojarla luego al alcorque de algún árbol sin ningún remordimiento. No lo imagino en estos adustos días de penitencia. Fue el diletante ocurrente, la última cigarra, el ejemplar único, el último estudiante de profesión, el bohemio rezagado, el pícaro postrero. «Malos tiempos para la poesía», que diría aquél.
Me acude al recuerdo tal vez por el contraste entre la dispendiosa oferta del pluriempleo de entonces y la penuria de puestos de trabajo de este momento. Aunque, como saben, nunca llueve a gusto de todos. Por eso a los pluriempleados les tildaban algunos entonces de acaparadores de trabajo -de trabajo pero no de enchufes- y demandaban tarea para todos, cuando todos teníamos donde trabajar. No sé por qué. Tal vez se trataba de algun precoz liberado sindical que codiciaba el estipendio sin tener en cuenta el esfuerzo que impedía gozar de los ingresos, ya asignados. Estos críticos eran los apóstoles de la igualación por abajo, que es lo que ha conducido a la Enseñanza y a nuestros estudiantes a su actual estado.El personaje que me ha llevado a evocar su recuerdo no tenía envidia. Le interesaba únicamente vivir. Era un nihilista, un ácrata carente de egoísmo, de vanidad y de ambición. «No somos sino un pensamiento fugaz e imperceptible del Absoluto», decía. Jesús, se llamaba. Y un abuelo suyo fue el propietario del primer automóvil que se matriculó en una gran ciudad. Un día me enseñó una foto reviejida y amarillenta en que se veía un carruaje sin tiro ni caballerías, profuso en brillos de latón, con una placa grande en que se leía aproximadamente: N-1.
Cuando iba a anotar mi teléfono, leí en la libreta en que escribía sus impresiones singulares: «Pena capital: Procedimiento administrativo por el cual la Sociedad se ve privada de muchos de sus miembros mas originales, audaces e imaginativos».
Un día dijo que no se encontraba bien y lo no he vuelto a verlo. Será el paro, digo yo. O la mediocridad.
Pregúntenle a Garzón
Hace unos años, antes de que Felipe González frustrase su ambición ministerial, escribí varias veces de él como quien reza, para desearle suerte y encarecer que se cuidase de narcotraficantes, rufianes, mafiosos, sicarios y terroristas.
Baltasar Garzón era entonces, a juicio de la gente de la calle, el paradigma de la Justicia, la integridad moral acrisolada y la salvaguarda de nuestra libertad: era como un santo laico.
Tiempo después vivimos perplejos alguna instrucción sorprendente y luego la sospecha de que su móvil no era tanto la exigencia de Justicia como la necesidad de espectáculo. Y para remate, comenzaron a menudear los artículos, los libros ditirámbicos y las biografías hagiográficas. Aquel afán de equidad, aquel celo casi religioso y aquel valor heroico no eran cosa de este mundo. Fue un espejismo. Hasta tal punto que grupos difusos, confusos y anónimos han comenzado a pedir firmas para exonerarle de tres procesos por prevaricación contra él y convocan manifestaciones antes de cada vista con el claro propósito de intimidar y chantajear a sus colegas los jueces.
No seré yo quien juzgue, acuse o defienda al juez Garzón, que doctores tiene la Santa Iglesia. Pero quisiera denunciar la tergiversación que han perpetrado sus palmeros entusiastas de Izquierda Unida, como Gaspar Llamazares del PC, Pilar Bardem, Pedro Zerolo, Ana Belén, Cayo Lara, Víctor Manuel, la candidata socialista Carme Chacón, y otros personajes.
Desearía únicamente delinear el estado de la cuestión. Las tres causas contra el juez Garzón son: una por prevaricación en la causa general sobre crímenes del fanquismo, por no tener competencia sobre el asunto propuesto, haber fallecido los presuntos responsables de las acciones delictivas y haber acordado antes las partes una amnistía general sobre la Guerra Civil; otra de prevaricación y cohecho por inadmitir la querella presentada contra él por solicitar apoyos y subvenciones a distintas empresas, para pronunciar una serie de conferencias y matricular a una hija suya en la Escuela Internacional de las NNUU en Nueva York y no dar curso a las denuncias que le afectaban, y finalmente otra de prevaricacion e interceptación ilegal de comunicaciones entre procesados incomunicados y sus abogados, generando una grave indefensión jurídica y descubriendo la estrategia de los letrados.
Lo más grave, con todo, es la tergiversación de los argumentos con que se han difundido los hechos en los medios de comunicación, porque hacen suponer que se ha querido lavar la cara del franquismo para no denunciarlo, en vez de reconocer que la instrucción estaba mal construida y se apoyaba en fundamentos sin valor.
Los jueces dirán. Pero la dinámica asamblearia le favorecerá muy poco.
El Concordia se tumba al sol
He dudado un tiempo si referirme o no al naufragio del crucero ‘Costa Concordia’ en la costa siciliana, pero me ha arrastrado a hacerlo lo que el hecho ha tenido de burla o de comedia bufa, que solo un suceso protagonizado por italianos puede garantizar.
Hasta la batalla de Las Termópilas sería desternillante dirigida por un cómico italiano. Y eso es lo peor que puede suceder. Ahora, el episodio trágico de los ahogamientos se desenfoca ante la peripecia ridícula de un suceso que no puede equipararse a la tragedia del Titánic, aunque se haya producido en el aniversario del hundimiento de aquel.
El «trapacero y liante» Alberto Sordi no resultaría tan gracioso y tan creible como este comandante Francesco Schettino, que quiso pasar rozando la costa de la isla de Giglio en homenaje de la hermana del jefe de comedor.
Tienen en común los dos sucesos -aparte de las eses líquidas del Cap. Smith y el Cap. Schettino-, la imprudencia de una decisión. La del Titánic, inducida con toda seguridad por la arrogancia de los armadores para acortar el recorrido y mejorar los tiempos de la travesía inaugural del buque, acercándose con mala mar al círculo polar ártico a pesar del riesgo de icebergs. Y la de Schettino -una estupidez de ‘Guinne's’-, que puede ser la apuesta de un beodo ocioso y aburrido, con mar y viento en calma chicha. «¡Qué te juegas a que paso rozando la arena de la playa!») Mas cuando se olió la tostada desembarcó para «ayudar a los pasajeros desde tierra», aunque tardó mas de una hora a dar la alarma y buscar una coartada. Las autoridades, sin embargo, prefieren saber qué se había metido dentro.
«¿Qué hacemos?», debía decir el primer oficial desde el bote. «Déjame pensar», contestaría el capitán dando la alarma a la Costera de que se hundía ante las casas de la islita de Giglio. «¡Cómo! ¿Que no está a bordo? ¡Y dónde esta entonces!», gritaban en la Capitanía de Marina que le ordenaba volver a bordo, sin saber si había de organizar un salvamento marítimo o un rescate terrestre.
Por primera vez he pensado en qué curriculum debe exhibir un capitán como el de ‘Costa Concordia’ o el ‘Titánic’, aunque medien cien años entre uno y otro, y es posible que hayamos avanzado trescientos en tecnología y estemos bajo cero en valores éticos.
El capitán del ‘Concordia’ es el personaje más odiado de Italia y la red. Le llaman el Cobarde y el Embustero. Pero además es «el traidor que ha dado la espalda al código del mar» abandonando a los suyos. El tipo arguye que ha salvado cientos de vidas y que no huyó sino que se cayó en una balsa salvavidas con el segundo y el tercer oficial. Y decidió seguir allí. Aunque en Comandancia se desesperaban: «¡Suba a bordo, carajo, que hay gente en peligro!»
El odio del futuro
Un reguero de luto va dejando la biografía de ciertos chicos y chicas como Marta del Castillo en los últimos años. Tiene un sutil argumento antes apenas perceptible, pero termina siendo perfectamente pronosticable y ,ya puestos, sobradamente predecible.
Chicos –y chicas- sin proyecto, sin orientación, sin dirección y sin modelo, porque los padres no adquieren tampoco ningún compromiso. No se trata de humillar ni azotar a los hijos, pero sí de educarlos con firmeza.
Ayer estuve oyendo a Ramoncín -el ‘enfant terrible’ de los '80- abogando por la autoridad, la disciplina y el esfuerzo. Unas horas antes, decía un padre que le había ido a buscar la policía por dar una bofetada a una niña que había movilizado a toda la familia porque llevaba todo el día desaparecida y a la que después preguntaron si deseaba denunciarlo. Unas horas antes, la psicóloga Pilar Muñoz hablaba con Adriana Rey de los enfrentamientos que suscitan el consumismo y los juguetes digitales. Y la cajera de un supermercado relataba cómo una niña se puso a tirar una a una las viandas adquiridas porque la madre no quería renovarle el móvil.
Decía la experta que los padres, que han sido desautorizados, huyen de los encuentros con los niños para no enfrentarse a los ‘marrones’ y las madres, superadas por la responsabilidad, pueden agredir, como vemos, a los jefes de estudios mientras sus niños ponen gotas de Super Glue en los trajes de los profesores para inutilizarlos. ¡Cosas de críos!
No es mejor el comportamiento en el colegio. Decía un profesor profundamente fatigado que casi cada semana sufre alguna humillación y muchas veces serias amenazas. Una jóven profesora narró que un grupo de alumnos la arrinconó hace unos días en un aula y le enmarañaron el cabello con ‘garruchos’ (los pequeños frutos del 'Xanthium Spinosum'). La sometieron a la misma humillación que se reservaba a ‘las rojas’ en los ‘años triunfales’: la vieja práctica de la ‘decalvatio’ cuando se deseaba desnudar de dignidad a una mujer entre la población visigoda.
La ‘decalvatio’ o decalvación había conducido al suicidio de ciertas personas y consistía, como ustedes deben saber, en mondar las cabezas de las mujeres que suelen cuidar más su melena o su peinado, complicado en aquel tiempo. No es lo mismo ahora, pero hasta los reclutas nos sentíamos desnudos y uniformes mientras existió el servicio militar obligatorio.
El año pasado se les ocurrió tirotear con pistolas de aire comprimido a unos profesores en Zaragoza, pero nadie pudo denunciar la vileza de los agresores anónimos aunque esas prácticas constituyen un crimen de torturas y lesiones, en ocasiones muy dolorosas.
¿Cosas de críos? Dentro de poco estos chicos asesinarán.
Fraga Iribarne
Manuel Fraga Iribarne, el hombrón que se ha apagado la víspera de San Antón, barrido por el manteo del primero de los Santos de Capa, era un balcón que porteaba. Era una ventolera que podía romper todos los cristales. Una furia desatada capaz de intimidar no ya a los adolescentes misacantanos de ‘Formación del Espíritu Nacional’, la asignatura que constituía la tríada de las Marías, con la Religión y la Gimnasia, sino incluso a los barbados veteranos que habían vivido el purgatorio de la Guerra.
Don Manuel va a ser la referencia que nos falte a partir de ahora. Como se echan de menos el viejo roble o el vetusto refugio junto a la higuera rumorosa. Pero no lo rememorarán con amistad sino con miedo, que es lo que inspiraba su testa de Frankenstein, sus toscos zapatones de segarra y su voz penetrante de mandón. Hablan de la ternura de sus exabruptos y la tolerancia bajo su gesto intemperante. Había personas tan tiernas como mi abuelo Miguel, que actuaban con dureza para que no los creyeran débiles. «Un hombre –me decía el abuelo- no llora ni con las tripas fuera».
El primer recuerdo que conservo del ministro fue trepando con paso excesivo por el cerro del castillo de la Orden de Calatrava que convirtió en parador nacional de La Concordia, arrancándolo de las manos de los zagales con el tiempo justo para no dar con él en el suelo. De hecho, aquella hueste asilvestrada nos dedicábamos a contender a pedrada viva para conquistar los torreones. Y ya nada fue como entonces.
Muchos años después, cuando él iba a presentar «Las Leyes», obtuve la promesa de que tendría unos minutos para mí. Preparé concienzudamente la entrevista, pero antes de que apareciese, comencé a ver colegas con aire de «yo pasaba por aquí...» ¡Traición! Le afeé su falta de respeto a la palabra, no sé cómo, pese a su aire jupiterino y el pasmo de su equipo. Y dije, arrogante, que no me interesaba lo que pudiera decirnos en manada.
Volvió a pasar el tiempo y se puso a organizar Alianza Popular. A mí no me conocía. Regresaba de Londres con su impecable bombín inglés y sus ostentosos tirantes con la bandera española.
Y mientras andaba yo metido en una campaña sobre la desaparición de obras de arte, metido en pesquisas de detective, convocó el ‘Premio de Periodismo Fraga Iribarne’. Me presenté sin decir nada para ahorrarme el bochorno de la derrota, pero los colegas hablaban de mí. Dos días antes de la fecha, me llamó el secretario del certamen: «No puedo callarme más: te hemos otorgado el premio por unanimidad. Pero sé discreto».
Aquella noche noté en el rutilante Palacio Nacional de Montjuic que algo pasaba, o mejor, que algo no pasaba. Y al levantar las copas para brindar, lo hicieron por Carlos Sentís Anfruns, premiado por unanimidad. Para mí que Don Manuel me conoció.
Lo aprendido con Marta
Marta del Castillo ya no puede enseñarnos nada, pero la peripecia de la muchacha adolescente asesinada por un amigo puede mostrarnos lo que nadie debe hacer ni tolerar en el futuro; lo que nadie debió aceptar en el pasado.
Si las leyes son permisivas, tolerantes, comprensivas o veniales, son tan injustas como si optasen por el rigor, la crueldad o la venganza.
Lo que es inaceptable porque pesa sobre cada uno de nosotros, es que una criatura en flor que está empezando a vivir sea brutalmente desflorada y excluida de la existencia apenas iniciada, por el capricho de un jaque, un maltratador precoz, un aventajado asesino que decide borrarla del paisaje como si no fuese una persona sino un objeto de su pertenencia.
No hemos sido nunca partidarios de la pena de muerte por respeto a la vida y el derecho a la subsistencia y la historia personal, apeada del prodigio y el milagro por los que se atribuyen la prerrogativa de asesinar. Pero ese respeto ético y metafísico debe regir -rige- para todos, aun para los que ya han sido capaces de quitar la vida a un semejante. Sin embargo el respeto a la vida de quien tal vez no la merece, no es un salvoconducto para la impunidad, que es lo que está sucediendo desde hace ya demasiados años. Y más allá de las elucubraciones teóricas y las consideraciones escolásticas a las que tan aficionados son los juristas, hay que impartir justicia igual para todos, con «buen juicio» y equidad.
Cuál sea la manera de disuadir del cainismo y de castigar el crímen ya perpetrado, es cosa de penalistas, criminólogos y educadores en los casos en que el culpable muestre sincero arrepentimiento, no es cosa nuestra. Pero el sentido común no es cosa de especialistas y no repugna a la razón que el común de las personas sugiera penas justas, proporcionadas y progresivas para someterlas a la consideración de los legisladores. A esta altura de los tiempos nadie propondría vestir de Justicia la venganza, salvo en los primeros instantes de ira y enajenación transitoria. Pero ello no autoriza a reducir a una pena (negociable) de veinte años, un luto, una carencia, un duelo y una ausencia que va a durar toda la vida de los más próximos; y supone para el ser sacrificado, la usurpación del destino biológico, la extinción de los proyectos vitales, la quiebra de las esperanzas afectivas y la adueñación del resto de la vida previsible, por la voluntad impía de un ser que ejerce ilícitamente el Poder sobre otro, poniendo de relieve con toda la obscenidad y la impudicia, el ejercicio del poder entre iguales hasta gobernar la vida ajena. Una infamia a la que no dan derecho las mitras, los galones, los manteos, las estrellas, las togas ni la certera eficacia de un kalashnikov con doce tiros.
Por eso nos ha irritado la sentencia injusta, bufa e insultante de Marta del Castillo. ¿En quién podemos creer ahora?
Rajoy condecora a Zapatero
Les confieso que lo juzgue una broma. Los primeros rumores me llegaron hacia el 29 y pensé que se trataba del rastro de una ocurrencia de los Inocentes. Dijeron que iban a condecorar a los ministros salientes. («Con qué crueldad tratamos a los perdedores», pensé)
Un día o dos después me llegó por otro conducto que al ex-presidente Rodríguez Zapatero iban a concederle el Collar de la Orden de Isabel la Católica. Y deploré lo despiadada que es la gente con el arbol caído. Pero espoleó mi curiosidad lo que tenía de rareza, porque en la Facultad había estudiado el nacimiento y la gestión interesada de los rumores promovidos desde el Poder por aquel genio nazi de la comunicación del III Reich, que fue el ministro de Propaganda del Führer, Josep Goebbels, capaz de malear como cera o plastilina los bulos y los ‘soplos’ para darles la vuelta. Pero no me dió tiempo de más. Han confirmado en una emisora de radio esta burla, esta noticia grotesca e imposible. Este evento humillante que va a consistir en que Rajoy proponga a Su Majestad que galardone al saliente Zapatero y sus mariachis con reconocimientos y medallas, para que tomemos ejemplo y no olvidemos nunca los méritos de Leire Pajín. Bibi Aído, Ángeles Gonzalez-Sinde, Valeriano Gómez y Pepiño Blanco. No importa al partido que afecte. No tengo ‘carnets’, aunque sí buenos amigos. Pero la gestión de este gobierno no merece ningún elogio.
El equipo que ha desenterrado el odio fratricida; el que quiere exhumar a los muertos y destruir parte de un monasterio conocido en todo el mundo y turísticamente lucrativo; el que ha accedido a desbaratar los fondos de archivos y documentos segregándolos de un territorio como si no perteneciera a España; el que ha despreciado la equidad al repartir subvenciones aplicando la «discriminación positiva» -que por su otra cara es negativa--; el que ha argumentado con la mentira; el que ha colado en el Congreso a los terroristas de Eta por la puerta de atrás y el personaje que en resumidas cuentas debería ser imputado por alta traición, no puede erigirse en modelo de nada, aunque no nos hubiese arruinado también.
Desconozco qué quiere comprar o vender el señor Rajoy; qué favor pagar o qué conciencia adormecer. Pero se me antoja muy caro el envite. No importa que se haya establecido la despedida de ministros con medalla en las aburridas democracias en que nunca pasa nada. Pero aquí nos aburrimos tan poco, que un 23 de febrero, el de 1981, sentimos nostalgia de los pronunciamientos del siglo XIX. Aquí estamos siempre a pique de cualquier cosa, como reiniciar la Santa Cruzada de 1936 a la salud del Capitán Rodríguez Lozano, o dejarnos arrastrar por el contubernio judeo-masónico marxista. Por eso hay que domeñar los demonios, elegir los modelos y, sin pecar de arrogantes, actuar con coraje.
Rubalcaba cabalga de nuevo
El déficit público es mayor del previsto y el gobierno saliente nos ha mentido una vez más. No era de un 6 por ciento como manifestaron Zapatero y Rubalcaba a la nación, a Bruselas y al Fondo Monetario, sino del 8 por ciento.
«Después de mi, el Diluvio», dijeron llenos de fervor patriótico los dos. O, mutando la cita de Luis XV por la vieja sabiduría popular y castiza: «El que venga atrás que arrée». Lo que demuestra no solo la escasa calidad de este duo de inconscientes, sino también su estatura moral y la magra inteligencia de ambos. Pues una persona de inteligencia normal nunca creería que no iba a descubrirse ese pavoroso socavón.
Nos han dejado arruinados aunque tres días antes del traspaso de poderes, seguían repartiendo mercedes, subvenciones y prebendas como el munificente Rey Midas.
Pero RbCb, inasequible al desaliento -y al pudor- como las Falanges Juveniles de Franco, se propone nuevamente encabezar la secretaría general del PSOE en pugna con la Carme Chacón –que pertenece no al PSOE sino al PSC, partido asociado de matiz nacionalista que pretende constituir un grupo propio en el Congreso--, y enfrentado a los treinta alcaldes socialistas que abogan, en un reciente manifiesto para la militancia, por la regeneración o la refundación del partido.
Claro que este veterano dirigente sin brújula tiene argumentos de valor incuestionable si no hubiese sido vicepresidente con Zapatero hasta que se nos hundió el gobierno a profundidades que en el día de hoy, penúltimo del año 2011, desconocíamos. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría nos lo ha revelado sin anestesia. Estamos en la ruina. «¡Dios nos coja confesados!» -he oído musitar a un diputado.
Pero don Alfredo sigue en campaña sin inmutarse, o haciendo que no se inmuta, aunque no le llega la camisa al cuerpo. Su porte, su gesto, su rostro dan para un estudio completo de fisonomía y fisiognomía. Ha desaparecido el brillo de sus ojos, su sonrisa burlona, la voz firme y grave, su porte afectadamente campechano y humilde.
Impulsa las primarias que abortó para imponerse con el dedo a la Chacón; asegura que trajo las autonomías a España, en vez de la UCD; que siempre cumple lo prometido, y que aboga por un “socialismo nacional” porque antes –hace cosa de un mes-- se equivocaron asociándolo a los nacionalistas. Pero es imposible borrar esta legislatura y dar marcha atrás. Ahí están las consecuencias del nuevo «Estatut en Catalunya» y «el Caballo de Troya» de Bildu y Aralar que están desgarrando España. La Noticia es el robo de furgones para ETA en Francia. Como siempre. Dedíquese a otra cosa, Rubalcaba.
Nace un Niño
Cuando el domingo abrimos los ojos, había nacido un Niño. Un niño es siempre la expresión frutal del amor, porque, aun que no haya dado su primer vagido en Belén de Judá, viene siempre a redimirnos, a renacernos, a prolongarnos y a vengarnos de la muerte.
Un niño es un canto a la vida y la esperanza, y también la primera piedra en que se funda esa comunidad inspirada en el vínculo de la sangre, hoy en entredicho como siempre que una civilización se extingue. Por eso hay quienes se interrogan por ese desvalido cachorro de persona, sin futuro tal vez, como se preguntan por qué cosa es ser hombre y qué mujer, aunque sigamos celebrando inconscientemente esa Natividad que es la apoteosis de la vida y del amor que le da sentido, aunque a veces la mancillemos sacrílegos.
Sorprende que en un tiempo de reivindicación feminista no repare nadie, ni siquiera las militantes, en que el alumbramiento de un niño es la fiesta de la mujer, la exaltación de ese ser misterioso y roqueño al que la estúpida vanidad masculina calificó de debil y en que se funda la familia.
La Navidad es el homenaje a la hembra que concibe por amor para refundar el mundo cada generación. Alguien ha dicho que los varones andamos siempre urdiendo quimeras e inventando sueños porque solo somos capaces de engendrar y fecundar pero no de concebir y parir. Y esa limitación frustrante nos hace andar comprometidos en el empeño de trascendernos con nuestras obras. Desconocemos radicalmente el misterio de la inmanencia femenina, la paciente espera, el sereno acecho tan ontológicamente profundo que hace que la mujer nos venza siempre, no solo en lo que ustedes están pensando sino también cuando interpretan la vida como totalidad y como proyecto. Pese a que en este tiempo de confusión, algunas pretendan ejercer como varones porque creen ser menos que ellos, olvidando que la existencia reclama la tensión bipolar de fuerzas contrarias que se atraigan y equilibren. Así es que la crisis de la feminidad ha dejado a los hombres irremisiblemente huérfanos al huir de sí mismas. No hay hombre si no hay mujer.
Querría que esta reflexión en plena Navidad fuese hoy un homenaje a ellas, tan incomprendidas como secretamente admiradas por ellos desde la cuna, esa segunda matriz que desde la suya tan cálida nos parece inhóspita y constituye nuestro primer fracaso, porque representa el destierro de aquel paraíso carnal en que nuestro corazón comenzó a latir y el refugio al que nos pasamos la vida intentando regresar, porque la mujer es barro, es patria, es morada y tierra prometida. Y en su regazo palpitante y cálido, fértil o yermo, alienta siempre un niño a punto de nacer: un niño que representa la esperanza y el futuro, incluso en medio de la desolación y la guerra.
Desde esa perspectiva, solo aparentemente laica, quisiera desearles a todos una feliz Navidad.
Marionetas en la Bolsa
El dinero no es inocente. Nadie ignora que el capital tiene el alma negra y «pelos en el corazón» como decían los ancianos. Santángel prestó dinero a Fernando de Aragón para la aventura de América y los banqueros flamencos de la casa Függer financiaron a Carlos I de España para desplegar los Tercios de Flandes.
Siempre unas cuidadas manos blancas y atildadas cultivan el subsuelo del crimen, las pendencias, el abuso, el sufrimiento y la sangre. Pero nunca hasta ahora el dinero había usurpado tan impúdicamente el Poder.
Las petroleras, la industria armamentística y del acero, el "lobby" de los alimentos, la química y la farmacología han renunciado a los modales y se han quitado la careta. Y lo más grave es que la engañosa «industria de la bolsa» fundada en la especulación y el capricho, ha sido capaz de sustituir el sólido patrón-oro por criterios subjetivos y ha desbancado a la política.
No conquistan el poder quienes más inventan, más trabajan o más producen para la sociedad, sino quienes atesoran más papeles de colores como en el juego de las tiendecitas de cuando éramos niños. Un poder que se desvanecería con solo prender una cerilla, porque esos papeles no son ya cheques al portador, sino un juego convenido entre tahures. Por eso quienes pueden, adquieren oro. Así de sencillo. Así de grave.
Al ponerse a prueba seriamente por primera vez la Unión Europea, ha aparecido netamente la naturaleza de su núcleo primigenio: la Comunidad Económica. Y quien cifra su meta en solo el dinero y el medio económico convirtiendo el efecto en causa, se priva de los más altos empeños. Los españoles apostaron por la evangelizacion, como los británicos por la industrialización y el poder. Pero cuando los líderes carecen de ideología, el capital sustituye a los políticos por tecnócratas.
Lucas Papademos ha sustituido en Grecia a Giorgos Papandreu, y Mariano Monti en Italia a Silvio Berlusconi. Pero ¿saben quién es Papademos? Ex-gobernador de la Reserva Federal de Boston, ex-vicepresidente del Banco Central Europeo, miembro de la Comisión Trilateral desde 1998 y ex-gobernador del Banco Central de Grecia, cuando falseó las cuentas del déficit público que hundió en la crisis al país.
¿Y Monti? Director europeo de la Comisión Trilateral, ex-directivo del Grupo Bilderberg, y asesor de Goldman Sachs en el tiempo que ayudaron a ocultar el déficit insalvable al gobierno griego.
El sucesor de Jean-Claude Trichet en la dirección del Banco Central Europeo se llama Mario Draghi, ex-director ejecutivo del Banco Mundial y ex-vicepresidente para Europa de Goldman Sachs, que dirigió el falseo de las cuentas del déficit público de Grecia para hacerlo crecer.
Hace algun tiempo me llamó la atención un titular de diario que decia: «Goldman Sachs se forra creando hambrunas». Una afirmación repugnante y estremecedora. ¿Quién, o qué es Goldman Sachs?
The Goldman Sachs Group, Inc. está dirigido en la actualidad por Lloyds C. Blankfein y es uno de los grupos de especulación más grandes del mundo. Se le acusa de manipular valores en beneficio propio y de los mas poderosos. Y también de ser uno de los responsables de la acual crisis junto a la agencia de calificación "Moody's".
Vean «Capitalismo: una historia de amor», producida por Michael Moore. Y no den facilidades. No se duerman porque el dinero no es inocente.
Por imperativo legal
El fraude, la burla, la doblez y la traición son la garantía de la ejecutoria política de la franquicia etarra ‘Amaiur’, que no le ha dado la gana condenar los crímenes de Eta, ha urdido una trampa monumental para lograr grupo parlamentario en el Congreso y ha utilizado lo que los clérigos denominaban «restricción mental» para jurar sin jurar y prometer sin prometer sus obligaciones parlamentarias.
Gracias a la «restricción mental» se podía mentir sin pecar, y jurar que uno no tenía la tiza de la pizarra, el chicle o el sacapuntas sustraído si tenía la precaución de dejar en el suelo, sobre la mesa o alejado, el producto del hurto: «Le prometo, padre Ernesto, que yo no lo tengo». Pero se debía ser cuidadoso para no cometer pecado, porque el confesor, que no era tonto, podía replicar si no lo había tenido en las manos hace un rato. Pero estos delincuentes formados, o deformados, en las sacristías del separatismo abertzale, qué pueden hacer ataviados como excursionistas de domingo.
Porque el miedo, la precaución, o los «respetos humanos», como dirían los consiliarios de las asociaciones piadosas, favorecen las actitudes nacidas de la cobardía. La democracia de este tiempo no es altiva como la verdad, sino cautelosa, timorata y descreída. Los que deberían exigir transparencia y verdad, se pliegan. El «Promete o jura usted guardar y hacer guardar la Constitución....» se convierte en pura nada cuando se añade implicita y tácitamente que no existe otra opción para obtener el cargo. Equiale a: «Sí, pero únicamente por imperativo legal, y no porque me compromete a nada».
Y ya ven que, en el Congreso éste ha sido el compromiso de los etarras y también el de don Odón Elorza, al que han desalojado de la alcaldía de San Sebastián los «amaiures», a los que agradece el honor que le han hecho dándoles lametones, agachándose hasta el suelo y moviendo el rabito. A esta fórmula tan inconformista y arrogante se han adherido luego algunos valientes como ERC e IU, porque en este país en decadencia nadie exige respeto, rigor institucional y un juramento consagrado por la norma, la magistratura, el hábito consuetudinario o la tradición.
Se jura o promete un cargo -según sea la conciencia religiosa o moral del que se compromete- pero no se puede alterar la fórmula a gusto de los que se proponen infringir la norma. El que no quiera acatar la promesa que no se comprometa. Lo contrario me recuerda a los chicos tramposos que afirmaban: «Lo juro». Y añadían: «por la pata de un burro».
¿También tú?
Dicen que cuando Julio César descubrió el rostro de Bruto entre quienes le atacaban en la escalinata del senado, se envolvió en la toga y dejó de defenderse. Lo último que dijo fue: «¿También tú, Bruto, hijo mío...?»
Y antes de que los conjurados dejasen de herirle, Cesar había muerto: le arrebató la existencia el desamor, el desencanto y la decepción.
El «affaire» inimaginable de Iñaki Urdangarín supone una traición a la confianza del Rey, que exige un replanteamiento profundo del régimen, que no puede servir a "señores que se le puedan morir" como dijo Francisco de Borja en presencia del carnuz maloliente de la reina Isabel de Portugal esposa enamorada de Carlos V, a la que secretamente amaba.
Es duro, pero hay que amputar de todos modos aunque ya sea tarde.
Imagino que los súbditos allegados al Monarca no habrán revelado a don Juan Carlos que la amplia adhesión de los españoles a su persona no es consecuencia de su devoción dinástica -¡para que vamos a hablar de los Borbones!- sino de su afección personal a una persona que juzgan honesta, amable, sencilla y, al fin, querida de un Monarca, que tal vez no se repita, pero sin vocación ninguna de vincularse históricamente a la Corona.
Alguien -la casa del Rey tal vez- ha debido sugerir esta tarde al jugador de balonmano que desvinculase a la familia de sus trapacerías. Muy tarde para creer en la espontaneidad del mensaje. Pero el caso es que Iñaki ha dicho por teléfono que siente el deterioro de la imagen del Rey por causa de las informaciones -o comentarios- que se han sucedido estos días. Mas no es eso lo que queria la gente. Lo que querían oir los españoles es una explicacion a su comportamiento. Aunque si no la hay, es mejor el silencio.
No se trata de apelar a la mujer del César cuando el César mismo está en entredicho. Ni es oportuno referirse a "la honra" que se empañaba con el vaho, o al "honor" del que tanto hablaron nuestros clásicos, no sé si porque el orgullo pecaba de más o el honor pecaba de menos. Pero nuestro "sentimiento trágico de la vida" no admitía componendas ni enmiendas como advertía incluso a los villanos la sabiduría popular, pues "si el cántaro se rompe / ya no tiene compostura".
Eso quiere decir, Majestad, que la vida no esta terminada hasta el último día y que cada jornada puede desmentir toda la Historia. Los que acaso pueden hacer frente a un ejército son a veces vulnerables ante un roedor. Y quien puede ser inasequible a la amenaza, tal vez se doblegue ante una caricia. Por eso el costado mas vulnerable es el del corazón. Pero hay que recordar la sabiduría brahmánica cuando advierte que "»los dioses ciegan a los hombres a los que quieren perder». Así es que aunque nunca habeís de leerme, consentidme una licencia que no enfada: aunque el dolor os quiebre, es mejor no perder la cara al infortunio y encararlo de frente.
Otra vez González-Sinde
Angelines González, también conocida por ‘la Dama Boba’, ha querido dar un «golpe de mano» a dos pasos de las elecciones generales para hacer un servicio postrero a la Sociedad General de Autores de España, la nefanda SGAE de Teddy Bautista y sus mariachis.
El dicho Eduardo Bautista García, fundador de una partida venal de oficinistas a comisión en ocasiones, y autor de pelotazos insignes, negocios fantasma, contabilidades ‘B’ o inencontrables, estafas a autores, ‘rackets’ al mas puro estilo ‘Chicago años 20’, abusivos rastreos de melodías sin autor, canciones anónimas del XVIII, aires regionales recuperados en beneficio del amo, y benefactor para colmo del inefable Iñaki Urdangarin (postizo conde chanflón y a la violeta), ha realizado un obstinado postrer esfuerzo para que en el penúltimo consejo de ministros de Zapatero se aprobase la norma del atraco digital apodado Ley Sinde, antes de que el vetusto ‘cupletista’ de los sesenta, intérprete del papel de Judas en ‘Jesucristo Superestar’, imputado por malversación y otras minucias, acabe donde puede acabar presumiblemente.
La voluntariosa guionista, licenciada en Clásicas, ex-presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (2006-2009), y desde entonces ministra de Cultura, cuyo nombramiento consideró Enrique Dans, profesor de Sistemas de la Información, como «una provocación equivalente a designar a Teddy Bautista y llamar a la cartera Ministerio de la SGAE» ha enfrentado a Zapatero (siempre tan poco sutil para acertar con las demandas de ‘la ciudadanía’) con Blanco. Pero lo cierto es que el reglamento de la ley antidescargas en la red, que se había incluido subrepticiamente en la orden del día la noche anterior, quedó sobre la mesa al oponerse los departamentos de Industria y Justicia tras provocar una convulsión en las redes sociales.
Sin embargo, el percance no parece haberla inmutado: ha pedido la baja en la SGAE cuando la Justicia investiga a la sociedad por aparente fraude y se va a despedir del cargo con un viaje por el hemisferio norte, sin preocuparse poco ni mucho de que los magistrados estén realizando también una auditoría por presunta mala gestión. No importa: ella dice que quien hizo una gestión deplorable fue Esperanza Aguirre cuando la precedió hace mil años.
Nadie sabe si esta mujer tímida, callada y enigmática de 46 años, que acaba de romper este verano su relación con Javier Gil Álamo, de quien tiene a Valentina de 5 años, como se separó ya hace algunos de Ramiro Alonso, padre de Estrella, de 12, viajará oficial u oficiosamente al hemisferio norte con su familia o sola, ni si reanudará pronto su actividad literaria o de gestión. Pero las redes sociales rezan porque no se apruebe nunca el reglamento antidescargas y nos deje en paz.
Estrategia demoníaca
Es dificilmente concebible que el director de una orquesta, un concejal del distrito, el alcalde del pueblo o el presidente de la nacion se esfuercen en minar, romper, quebrantar, debilitar o socavar su terrotorio. Pocas son las ocasiones en que puede observarse tal comportamiento si excluimos los años de gobernación -o desgobierno-- de José Luis Rodríguez Zapatero, con su suicida pretensión de aniquilar el hábitat moral de España.
Hay periodos de construcción y destrucción, de progresión y regresión, de expansión y depresión, de vida y de muerte. Las sociedades, como las personas, no son inertes. Y en esa alternancia de sístole y diástole, de triunfo y de fracaso, hay epocas de edificación y exaltación, y las hay de destrucción, melancolía y aflicción. Pero el caso es que, quien en el oleaje de la Historia no es capaz de construir, termina destruyendo. Por eso en el discurso de los tiempos, emergen gloriosas crestas creadoras ("poéticas") y senos tenebrosos y abismales.
Acabamos de vivir uno de esos periodos "diabólicos" ("dia-bolé" es el que desune, enfrenta, encona y distancia) y deberíamos esperar otro de concordia y de luz, que excluya a "luzifer" para que el egoismo y la avaricia no prevalezcan en forma de recesión, confusión y primas de riesgo. Pero el peligro no habita fuera. Durante ocho años interminables se ha desarraigado minuciosamente lo que quedaba de los valores que nos eran próximos y desmantelado los paradigmas de esfuerzo, voluntad, trabajo, constancia, sufrimieno, coraje y recompensa. Todo lo meritorio y heróico que ha hecho personas a la gente y admirables a los pueblos esforzados, todo eso, ha quedado devaluado y obsoleto en el ideario de un individuo que se predicaba de izquierdas, y su mentor que no aspiraba mas que a sucederle.
Durante ese tiempo, con el halago de la inercia y la pereza, algún ministro de Educación estableció la ley del mínimo esfuerzo en la escuela y la universidad, sin que causase alarma la pérdida de competencia intelectual de la población discente, ni le preocupase la competencia de otros europeos mejor preparados que llevaría a los nuestros a emigrar, como así ha sido.
Lo que el ministro Rubalcaba pretendía en 1992 era el voto de los padres, complacidos con que los muchachos aprobasen sin trabajar, haciendo trampa a los programas de estudio como si fuera posible engañar a la vida, del modo que a ellos les engañaba el responsable de Educación, que no era un lerdo iletrado sino precisamente catedrético de universidad.
Mas allá del inmediato propósito mezquino, alguien se pregunta cual es la razón de ese derroche de talentos y el dispendio de recursos y dinero del Estado, aparte de la corrupción, y otros buscan una explicación paranóica incluso en las sociedades secretas.
El caso es que resulta dificil explicar tanta simpleza, tanta torpeza o tanta maldad.
El día del juicio final
No soy líder de opinión ni tertuliano radiofónico. Así es que no me ha dado nadie vela en este entierro. Aunque otros entierran peor que yo, modestia aparte.
Pero déjenme, si les parece, un huequecito para opinar en el día del Juicio Universal, porque no caeré en el ridículo grotesco y ñoño de solicitarles ningún «mimito» a ustedes, que me parecen personas críticas, cuerdas y con fundamento, como se los pedía Rubalcaba «el Alquimista» a esa enviada de Marte y de la Guerra que es la Carme Chacón (o mejor “Xacó” como la habria llamado don Jordi Pujol cuando pretendía catalanizar los apellidos) cuando el resentimiento les unió hasta el amor y la caricia poco antes de los comicios en el vacío de la soledad que se experimenta en los exámenes finales y suporgo que el día del juicio Final por la tarde. “Carme, fes-me un petó que tinc por”. No pueden ustedes imaginar el tétrico desamparo de los políticos en el huerto de los olivos cuando saben que se acerca la pasión de modo irremediable y nadie tendrá piedad de sus caídas.
El día 20 al atardecer –a esa hora que los memos posmodernos llaman en España “tardenoche”- tuvimos tiempo de intuir el terror del último acto de tragedia griega, cuando el arrogante Rubalcaba «el Alquimista», el que ha estado manejando los hilos del guiñol de la Moncloa hasta entonces con el mas impúdico cinismo, se encontró abandonado a su suerte cuando acababa de sonar el veredicto de la Historia. Miraba alrededor, buscaba un rostro amigo, un gesto de ayuda o una mirada de aliento y no encontró en el salón de las solemnidades más que caras extrañas, faces desconocidas de fontaneros y electricistas que repetían “Ru-bal-ca-ba, Ru-bal-ca-ba...” como una afrenta, como una burla, como un insulto exasperante que intentaba borrar manoteando (“¡Escuchad, escuchad...!”) sin que nadie le atendiera.
Porque del mismo modo que él quiso enterrar en vida a aquel tonto útil/inútil que dicen que un día fue Presidente del Gobierno hace muchos, muchísimos años, los que tuvieron algo que ver con él decidieron emparedar al candidato frío e insepulto. Si no fuese por el patetismo del momento –como el de la solicitud desesperada, urgente y casi procaz de “mimitos” unas horas ante- daría mucha risa comprobar cómo Dios, la gente, el diablo o el destino venga la traición y la maldad de los réprobos.
Zapatero, ninguneado y omitido, ha pasado hundido en el ridículo su calvario estas semanas difíciles de olvidar. Y ahora Rubalcaba, que se ha reído de quienes subsistían con dignidad y su trabajo y espigan ahora desperdicios en los basureros, que insultó a quienes creyeron desesperados que “él sabía como salir de la crisis” , que ha mentido una y otra vez a los ciudadanos y que ha negociado con Batasuna, Bildu y Amaiur para colarlos como polizones en una bodega que puede estallar, va a empezar a purgar su felonía.
Ha llegado ya el Juicio Final.
Van a vender una comarca de Madrid
Ya esta todo resuelto. Ya puede hundirse Europa, disolverse Grecia y aterrarse Francia. Un filantrópico negociante, un explotador planetario, un tiburón voraz, un depredador sin culpa ni piedad, va a beneficiar a Madrid, pasmada y sin aliento tras la acometida moral de los Zapateros, creando una réplica de Las Vegas en Europa.
No va a crear riqueza sólida, perdurable y defendible –tampoco lo pretende- sino empleos fáciles sin cualificación, esfuerzo, ni sudor. Ocupaciones bien retribuídas para salir del paso vinculadas a lo efímero, lo pasajero, lo temporal, lo contingente, lo gratuito, lo artificial y lo inestable. Puestos de trabajo para los que no hace falta sino docilidad, fidelidad al patrón y asentimiento sin dudas ni fisura.
A cambio, los empleados de la zona –de la amplia zona de influencia de Madrid- lo sabrán todo del hampa, el juego, la rufianía, la prostitución, el chantaje, el soborno, la trata incluso de esos bienes que no tienen precio, y del crimen. Un espacio que favorecerá el sombrío negocio de las mafias chinas, rusas, árabes y europeas que se han aposentado ya en la costa española, hasta emponzoñar el aire, diseminando lo más laxo de los peores ‘ciudadanos del mundo’ que es lo que a Zapatero le gusta ser.
Y me temo mucho que esa turbia actividad, puede ser saludada en este momento de crisis, por los políticos sin ideas –o con moral demasiado permisiva- para enmascarar la catástrofe financiera y acallar las protestas de la calle y los desempleados (cuatro por minuto en los últimos meses) que ya no pueden resistir más.
Cuando pensábamos que había pasado de largo el proyecto de Las Vegas que políticos aragoneses como José Angel Biel y Marcelino Iglesias, -los números uno del ejecutivo-, preparaban para Los Monegros, la amenaza vuelve a mostrar su faz. Su impulsor es ‘El Rey de las Vegas’, el multimillonario estadounidense Sheldon Adelson, que después del negocio portentoso de los macrocomplejos del juego y el ocio en los EE.UU, inauguró uno en Singapur y el más reciente en Macao. No es pues de extrañar que desee abrir su embajada europea en la verdadera Comarca de Las Vegas, al sudeste de Madrid.
Miguel Sebastián y Esperanza Aguirre estan ultimando los detalles para vender una extensión de 5.670 millones de m2, que ocuparán a 2.000 trabajadores -que serán 260.000 en 2025- y abrir seis casinos de juego, 12 hoteles, dos teatros, una cancha para 25.000 espectadores, decenas de restaurantes, tres campos de golf y 40.000 aparcamientos.
Algunos me tacharán tal vez de anticuado, estrecho, provinciano y apocado. No lo soy pero lo admito. Como Figueruelas. Pero no concibo un estado en otro estado dedicado al juego y el ocio.
¡Esto, amigos míos, no es Disneyworld!
Por qué no "Don Juan Tenorio"
Hace años corría por ahí un falso pareado con propósito definitorio y un punto ramplón, que tipificaba la melancólica estación de las hojas marchitas suponiendo que “castañeras y Tenorio: / eso es otoño”.
Lo malo es que en los pueblos ya no se comen castañas ni boniatos asados y nadie vacía calabazas para hacerlas vivir con el guiño de las velas. Y en las capitales de provincia han desaparecido las castañeras y no se representan ya en su teatro local -generalmente un “Teatro Principal”- el drama de Don Juan Tenorio. Puede que eso haga sentir mas modernos a algunos que confunden la velocidad con el tocino. Pero nada suma cuando se resta. Y como dijo cierto escritor de sutil ingenio, “lo que no es tradición, es plagio”.
La tradición es necesaria en toda comuniudad humana, aunque no sea mas que para tener referencias e identificarse como colectivo y percibir la pertenencia a un “nosotros”. Cuando un grupo se queda sin memoria singular, ha de apresurarse a copiar algo para existir colectivamente. Sé de una capital de provincia cargada de Historia que debe poseer mil tradiciones, desdeñadas porque les paracían vetustas, que se ha puesto a copiar las cruces de mayo, las fallas de Valencia y las procesiones de tambores.
Esa misma desconfianza en el propio valor, que lleva a uniformar y a devaluar lo plagiado, ha favorecido la implantación de los disfraces de Halloween mientras se pierde, o se ha perdido, la tradición secular del drama de Don Juan, en parte por la presión insistente de ciertas feministas radicales, incapaces de ver, más allá del pícaro, la grandeza redentora del amor de una mujer.
Resulta sorprendente que los que han conocido la peripecia de Don Juan y Doña Inés con Don Luis Mejía, “Ciutti” y Doña Brígida, añoren su reposición. Los románticos encarnan valores y contravalores que atañen a la vida y la muerte asumidas como proyecto, logro y veredicto, en tanto que la payasada heredada, que pretende arrinconar el Carnaval renacentista lleno de ingenio y fantasía, se remite a unos “muertos vivientes” que vuelven grotesca la muerte criminal, con degüellos explícitos manchados de cuajarones de sangre, rostros tumefactos, ojos hinchados o vacíos en sus cuencas, horripilantes lenguas de ahorcados y violencia. Violencia siempre. Cómo no vamos a ser violentos si nos nutrimos de violencia hasta la náusea en el cine, la tele, las fiestas, los bailes y la música.
No sería malo olvidarse de lo espurio, sobre todo si degrada, y exaltar el recuerdo de los que nos precedieron, endulzándolo con castañas, huesos de santo y el teatro agridulce de “Don Juan”.
Miedo de «Difuntos»
Halloween o «all hallow's eve"» (víspera de Todos los Santos en viejo anglosajón) ha degenerado en Norteamérica con la frivolidad que le caracteriza, en la noche de las brujas y los fantasmas. Nuestra sepulcral y atemorizada Noche de Ánimas es ahora la Fiesta del Miedo.
El paso del 1 al 2 de noviembre no convoca a los espíritus o las almas (las ánimas del purgatorio), porque hasta en eso vivimos la cultura de los cuerpos: el «body». Por eso es un miedo desprovisto de hondura, de magia y de misterio.
Dicen los antropólogos doblados de jefes de ventas y decoradores de grandes almacenes, que la cosa viene de los celtas.
Pero en Manhattan, donde deben quedar muy pocos, no saben entrever el remusguillo de las espaciadas campanadas de la medianoche, el tenue crujir de las puertas entreabiertas en la casa de al lado, el susurro de la corriente helada que mueve como unas hojas de árbol sobre el suelo del desván, el portear inesperado del ventanillo del tejado, el manso ulular del viento que trae a la memoria el de los lobos que comienzan a bajar al llano, o el sobresalto del cenicero que se estrella contra el suelo en algún sitio que no se identifica, sin acertar que puede ser la travesura de un gato burlado por su sombra o el espectro de una rata.
Pero qué sabemos ahora de miedo. El miedo verdadero a trasgos y demonios no se veía mas que en la danza de las velas o se intuía entre el opaco susurro de las telas.
Dudo mucho de que se pueda experimentar verdadero miedo, espanto interior, terror metafísico en un apartamento confortable y bien iluminado. Se lo que es aquello con su helor súbito por el vello erizado en el anochecer otoñal de las grandes catedrales que por cierto ya no existe: porque ahora los inválidos intelectuales le llaman la tarde-noche. «¡Qué dolor!»
Ahora no existe aquel miedo y hemos perdido una dimensión profunda del terror. No sé cuál es peor. Pero son distintos la incertidumbre de Colón; el miedo de Martín Alonso, Francisco y Vicente Yañez, y el de Pedro Alonso Niño, que desconfiaban de la esfericidad de la Tierra en 1492 y temían despeñarse por la gran catarata del «Océanus Ignotus» (el Mar de las Tinieblas poblado por grandes peces, horribles monstruos y espantables seres devoradores de cristianos, en que fueron pródigos los bestiarios renacentistas) y cosa muy distinta al temor de Armstrong, Aldrin y Collins, tripulantes del Apolo XI, el 16 de julio de 1969. Porque estos habían ensayado mil veces la maniobra, y habían visto a otros animales sobrevivir a ella como la soviética «Laika» y el chimpancé de la NASA que descreían en los demonios.
Por eso, una vez arruinada la inocencia, algunos falsifican el miedo dando sustos (que es cosa muy distinta) disfrazados de payasos, cadáveres y mamarrachos.
La Eta y «la gauche»
En el programa ‘Siluetas’ de RNE decía Ramón Tamames este domingo, a propósito de su último libro, que cuando ya nos parecía encauzada la reconciliación de los españoles, ha llegado Zapatero, que es un experto en crear problemas y no resolverlos, para ponernos a todos y ponerlo todo patas arriba.
El profesor Tamames, que es de izquierdas de verdad, autor de libros valiosos, economista, docente de prestigio y vecino de Carabanchel por algun tiempo -y no de «la gauche» fraudulenta como ZP y Rubalcaba- se refirió a la «memoria histórica», al Valle de los Caídos que debería quedarse como está ahorrando monolitos, ceremonias macabras de exhumacion, y dejar la historia como fué sin maquillarla.
No habló, porque no se lo preguntaron, del éxito inefable contra la Eta y la derrota del terrorismo. Basta para confirmarlo la manifestación proetarra del sábado en Bilbao solicitando alegremente la independencia de Euskal Herría. A quién pretenden confundir López y Pérez llorando por los muertos del partido, y cómo valorar a Rajoy cuando dice creerse la derrota, si Bildu es mas poderosa que nunca.
Ignoro cómo preferirán llamar ustedes a la última zanahoria que acaba de exhibir la Eta: si billete falso, talón sin fondos o simplemente moneda si valor de cambio. No tiene nada que ofertar. Basta con que se abstenga de matar. No hay nada de que tratar, ni «conflicto» que resolver. Si no acarrean explosivos ni incurren en tenencia ilcita de armas nadie los detendrá. Pero no parece que ese sea el propósito de quienes no se arrepienten de asesinar, de los que se niegan a entregar las armas -¿acaso para volverlas a emplear?-, de los que exaltan y agradecen los años de sacrificio de los matarifes, los que reclaman pensiones para los matones y los que hacen apología de sus actos más abyectos en cada ocasión. No debe tolerarse que se conduzcan con la arrogancia de los vencedores, que insulten en vez de disculparse, y que muestren tan poca piedad con los muertos.
Seguramente hayan pensado algunos que no debe haber «vencedores ni vencidos» para lograr la reconciliación. Pero sin tener piedad, sin pedir perdón, sin sentir la culpa, sin abominar del crimen no es posible encontrarse.
Después de la undécima promesa ahora mismo desmentida, después de haber defraudado diez veces anteriormente la confianza, después de haber mentido tantas veces como dedos hemos estrechado al principio sin recelo, no es posible tratar a estas sabandijas como a personas.
Carecen no solo de sentimientos y piedad sino también de racionalidad. Y no es posible hallar un punto de encuentro. No hay más remedio que derrotarlos, señor Rajoy.
Pensábamos cuál sería la penúltima trampa que tendería la Eta después de la fantochada del tratado de paz en inglés. Y no hay nada. Como siempre. El solipsismo y la estulticia estan reñidos con las ideas.
ETA quiere perder
Pero cree alguien que los que están ganando la partida deséen perder? No, ni por asomo. Nadie que juegue al mus, al golf, a la garrafina o al futbol lucha para perder. Otra cosa es que le venzan. Sobre todo si se trata de una estructura criminal jerarquizada como la guerrilla colombiana o los jémer rojos.
Hay demasiados intereses, expresados en chantajes, silencios, apoyos, complicidades, dinero, negocios, miedo a la exclusión del grupo, temor a denuncias de tibieza y, en algunos de los “novicios” misacantanos, el pugilato por el poder. Un modus vivendi idealizado por los jóvenes y alentado por “los misioneros” que no saben subsistir de otra manera. No, no quieren disolverse ni pueden.
Y los socialistas, estos socialistas separatistas que encarnan la íntima contradicción esquizofrénica que denostaba Marx, quieren que, aunque no se disuelvan, puedan decir los pistoleros que lo han hecho, para que Rubalcaba se apunte un éxito con que ganar algún voto.
Ahora se va a representar una mediación de paz entre los “gudaris” del tiro al blanco y los “sucios y perezosos maketos” (Sabino Arana) entre los que usted y yo nos contamos. La diputada vasca Rosa Díez de UPyD ha manifestado que los socialistas de ZP, con Patxi López y Jesús Eguigúren, han pasado de consentidores a “colaboracionistas” del totalitarismo. Y José Manuel Sánchez Fornet secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP), que algo sabe de todo esto, ha coincidido en que no cabe pensar que estos actos sirvan para que ETA desaparezca, si por el contrario obtienen publicidad y sacan beneficios. Este solo razonamiento serviría para disipar toda esperanza de los eternos bienpensantes, aunque no supiésemos que ellos continúan rearmándose.
Arturo Pérez Reverte escribió un artículo de despedida a Rodríguez Zapatero el pasado 22 de agosto que titulaba “Sobre imbéciles y malvados” en el que se explayaba sobre la cortedad, la inepcia y la maldad. Y decía o insinuaba una cosa que sugería lo que un viejo maestro que yo tuve, quien prefería contender con un inteligente a con un estúpido. Primero porque los inteligentes elevan el nivel y el prestigio del rival y, aunque son más peligrosos, son más previsibles; en tanto que el tonto de baba reduce el rango de la contienda, degrada al contendiente, minimiza el triunfo y además suele ser también muy mala gente. Pero no solo son tontos sino que, como dicen en mi tierra, hacen tontear. Como sucedió, según el Académico, con los que sabiendo lo que había ocurrido antes y lo que previsiblemente iba a pasar en el segundo mandato del nieto de su abuelo, le volvieron a votar, abriendo de par en par las puertas del paro.
Ahora ZP y el Alquimista volverán a vencer a ETA como siempre.
No es la crisis
No es la crisis. No es la crisis, señores, no es la crisis. Son ustedes. Una cosa es el seísmo financiero que sobrevino “nadie sabe cómo ha sido” inducido por unos poderosos que no tienen nombre –porque se ocultan en razones sociales que no conocíamos-- y otro el saqueo de bancos por sus consejeros, cajas de ahorros, instituciones –incluso musicales-- empresas e instancias políticas.
No es posible que este país con tanto paro y tanta desvergüenza y un Estado tan avaro que hace pagar hasta por respirar, tuviera con qué enriquecer a tantos. No se concibe la liberalidad con que algunos han metido las manos en la caja, si no fuese porque nadie es consciente de que lo que afana no es suyo: de que está robando bienes ajenos, aunque Zapatero dijera en días de vino y rosas, en tibias noches de resaca, que “el dinero no es de nadie sino del viento” .
No es la crisis, hermanos, no es la crisis, sino el espejismo de que ya habíamos llegado al “fin de la Historia” como si a finales de los ochenta se pudiese clausurar el paso del tiempo. ¿Que falso profeta auguró ese evento? Fueron muchos. Pero quedó claro que al anunciarse el final del mundo nadie se propuso ponerse a bien con Dios ni reconciliarse con los hombres, sino robar para ser los más ricos del cementerio.
Otros pujaron por un Fin de Fiesta impregnado de estupidez, rencor e indignidad diseñado por Zapatero, declarando que Eta ya no existe, aunque los terroristas no hayan aceptado arrepentrse, desarmarse y disolverse. Pero eso es lo de menos. Alfredo P. Rubalcaba cerficará que el terrorismo vasco se ha extinguido, lo digan o lo nieguen “Sortu”, “Bildu”, Garitano y los novicios de la “kale borroka” pendientes de graduación. Dirán como dijo Franco: “mas les vale viajar menos y leer mas los periódicos”. Pues eso.
ZP se despide sin haber logrado la excarcelacion de la madre española detenida por su esposo en EE.UU, ni la de los españoles en el corredor de la muerte, ni el procesamiento de los militares que asesinaron desde un tanque, en el Hotel Palestina de Bagdad, al fotorreportero José Couso en abril de 2003, pero habiendo vendido la Base de Rota para el escudo antimisiles de la US Navy, de espaldas a la soberanía española, mientras en Gibraltar sigue provocándonos la Royal Navy sin que la chica de Exteriores mueva un dedo y la de Defensa prepare un Dia de la Fuerzas Armadas un poco menos “light”. No se nos vaya a ofender alguien.
El Honorable dobla el presupuesto del catalán en el exterior, reduciendo el de Sanidad. Rubalcaba se queja de que ahorramos demasiado. Y el empresario farmacéutico Jorge Dorribo declara que el paladin de la honestidad y la transparencia, don José Blanco, le aceptaba comisiones ilícitas. ¡Y Leire Pajín ha concedido 400 mil euros a la residencia en que veraneó este estío!
¡No es la crisis, amigos, no es la crisis!
El dilema de Bután
El 3 de septiembre escribí sobre el Reino de Bután, su sabio monarca y el sano equilibrio de sus gentes. Pero dicen mis amigos que no tomo partido sobre sus opciones de existencia y que no saben a qué atenerse. A mi me sucede lo mismo, aunque estimo modestamente que los artículos no se han inventado tanto para impartir doctrina como para expresar perplejidades. Aquel día me refería a una población de 700.000 habitantes felices que pueblan un territorio de 46.500 km, algo así como Aragón, practicando su religión oficial, la "drukpa kagyupa", una de las ramas más primitivas del Budismo Mahayana en su forma tántrica, que no aspira a la abolición de los deseos sino a canalizar su energía para acceder a la Perfección. Y ahí reside la contradicción engendrada por la fidelidad a la tradición y la aspiración humana de cambiar, que exige un análisis constante del deseo para conciliar lo de antes con la vanguardia. Un perpetuo ejercicio de lucidez, desapasionamiento y equilibrio, que enfrenta a los que consideran que lo mejor es lo último, sin previa reflexión, y los que piensan que no hay nada como lo que heredamos, anclados en la tradición.
Probablemente los dirigentes necesitan todo el discernimento del budismo, que no solo es un estilo de vida en Bután sino que requiere toda la eficacia de la reflexión para hallar un camino que en otras partes hemos errado.
Solo hace treinta años que las carreteras se aventuran por aquellos despeñaderos antes hollados solamente por los yaks. Los relativamente anchos firmes de macadam asfáltico han traído el automóvil y el gasóleo. Hace pocos años ha arrancado la TV; no hará tres o cuatro que los ordenadores deslumbraron con el milagro de la interactuación y están descubriendo ahora las ventajas de la telefonía móvil.
El rey Jimge Dorji Wangchuc contrapuso al Producto Interior Bruto de los economistas, la Felicidad Nacional Bruta ("Gross National Happines") de sus sabios asesores, que reclama la atención sobre la convivencia entre vecinos y el grado de satisfacción afectiva de la comunidad. Y no es un truco de chistera ni de marketing porque el Rey -el único que posee apellido en el país-- hace tiempo que quiso apartarse del trono para que el pueblo instaurase una república, que no aceptó obligándole a continuar.
Estudian todos inglés y él se licenció en Cambridge, pero habla en su langua nativa, el "dzongkha", y viste el atuendo varonil por las rodillas, el "gho", como las mujeres la túnica "kira".. Compran -poco- y venden -menos- con su moneda, el "ngultrum". Y no se permite la apología del cristianismo, aunque toleran su culto privado, porque conocen el imperialismo monoteísta excluyente. Son aplicados, estudiosos y tienen el vicio de meditar: por eso saben que lo que no evoluciona, se marchita, y si lo nuevo destierra la tradición, peligra la Cultura.
Ni ellos ni yo sabemos elegir.
La dignidad de dimitir
Los miembros del Consejo de RTVE que hace unos días se propusieron acabar con la libertad de prensa, deben dimitir. No basta con sacar el pie del charco como si no pasara nada. El liberticidio no es un error, es un crimen. Y eso lo sabe bien quien urdió la fechoría, que ya impidieron tiempo atrás Luis Fernández y Alberto Oliart cuando ostentaron la presidencia.
Esta conjura contra la democracia y el derecho a la información en libertad que habría arrastrado a todos los medios informativos siempre amenazados, es obra de una periodista con treinta años de experiencia en TVE que no puede alegar ignorancia, como Rosario López Miralles, apoyada por sus correligionarios del PP Jesús Andrés, Manuel Esteve y Andrés Martín, a los que se sumó Josep-Manel Silva de CiU. Todos ellos deben dimitir, aunque ya es tarde porque los ha cesado multitudinariamente la sociedad española. Pero ellos no se van porque dicen tener derecho a ver las escaletas, a conocer los contenidos y a supervisar el trabajo de los periodistas. Y no es cierto. Los profesionales son los únicos responsables de unos contenidos veraces y plurales, sin que nadie fisgue en lo que escriben o hablan, ni mediatice su trabajo, ni les intimide con «comisarios políticos». Una cosa que no puede ignorar doña Charo.
Los consejeros señores Teresa Aranguren, de IU, y Santos Miguel Ruesga, de UGT, fueron los únicos que votaron en contra de la propuesta de los populares y los que en rigor merecen continuar dignamente en su puesto. Héctor Maravall, de CCOO, dimitió al percatarse del alcance de lo que habían decidido, y Miguel Angel Sacaluga y Mari Cruz Llamazares, del PSOE, asi como Francesc Bellmunt, de ERC, se abstuvieron. Ellos sabrán lo que deben hacer, supuesto que lo sepan, porque ya son adutos.
Sorprende que el mandato de todos ellos haya expirado aunque parecen dispuestos a sacrificarse para no crear un vacío de poder. No hay que pensar que lo hagan por los asesores, las secretarias y las «visas-oro» de que gozan cada uno, además de los ciento veinte mil euros anuales aunque sea una bonita cantidad. Pero quién piensa en eso.
Lo que llama la atención es que unos y otros se han retractado de su decisión porque reconocen que en plenas elecciones no es el momento oportuno. Ello sugiere que volveran a intentarlo. Y que han dado el paso atrás no porque hayan entendido que era lesivo para la sociedad y la democracia, sino porque la gente se lo ha tomado como una ofensa. O sea que no los ha movido la contrición por su ofensa a Dios, sino la atrición por no caer en el Infierno, como diría un catequista.
Julia Navarro escribe con razón en ‘Siglo XXI’, que «ningún político se siente cómodo con la libertad de expresión».
Onanismo motorístico
No adivinarían donde estoy. Me muevo por Alcañiz, la ciudad –ciudad desde 1652- en la que un grupo de entusiastas capitaneados por el doctor Joaquín Repollés inició una aventura “descabellada” como crear un circuito automovilístico urbano siguiendo el trazado perimetral del meandro que ciñe el río en que se asienta la población.
El objetivo era inventar, sin un duro pero con todo el entusiasmo del mundo, el Gran Premio Ciudad de Alcañiz que rodó todos los meses de septiembre los 3.900 metros del llamado “Circuito Guadalope” desde el año 1965, hasta convertirse en “Ciudad del Motor” y finalmente “Motorland”. Un lugar en cuya tribuna debiera rendirse homenaje al ilustre pionero, para que el bronce presidiese su labor. Del mismo modo que el aragonés Carlos Gracia, presidente “vitalicio” de la Real Federación Española de Automovilismo, responsable de las dificultades y la arbitrariedad que estuvieron a punto de terminar con el Circuito el año 2000, debería recordar siempre los abucheos que le dedican los aficionados cuando accede a la pista.
Por él hubiesen quedado en nada los cuarenta años de terca constancia de los alcañizanos que siguieron solicitando apoyo, ayudas, subvenciones y transportando el material como podían a través de las calles, montando y desmontando tribunas, trazando vías de escape, cercando “paddocks”, atornillando y destornillando una por una los miles de tuercas de los 7.800 metros de guardarraíles además de gestionar el evento multiplicando sus tareas.
Unos hombres que han merecido, aunque se la hayan ganado, la compensación de este circuito ahora ya profesional, a orillas de “La Estanca” y en un yermo impresionante al otro lado de las huertas.
Ha sido una árdua, una dura, una tenaz conquista, mucho más difícil de arraigar que la tradicion de “Los Tambores” de Semana Santa ideados en 1678 por el canónigo cuaresmero de la Colegiata de Santa María la Mayor, fray Mateo Pestel de Alcañiz, o la de “El Vencimiento del Dragón” con el descomunal mostruo en pugna con San Jorge y sus caballeros el 23 de abril, que era cuando los hortelanos declaraban su amor a las muchachas con un “Ramico de Bienquerer” hecho con humildes flores silvestres. Porque para que las iniciativas de hoy se consoliden en tradiciones, hace falta no sólo la adhesión de los vecinos y más próximos, sino apoyo oficial y dinero.
Por eso tal vez, al compartir las devociones con los que las observan desde fuera, es más fácil caer en comportamientos “heréticos” como el de los “moteros” que no corren en la pista y se refugian en las calles para hacer rugir sus motores sin rodar, hasta la estridencia, hasta el dolor, hasta el delirio, mientras vierten sustancias inflamables en el escape para provocar estallidos y llamaradas. Yo les diría que rechacen el onanismo y el miedo y que “lo hagan” de verdad.
Alcaldes en los pueblos
Recuerdo que, cuando de niño me oponía a una norma o discutía obstinadamente una decisión que me parecía injusta con el candor de quien cree en la Justicia, siempre había quien me replicaba con un argumento supremo de autoridad: «¡Como si no hubiera alcaldes en los pueblos!»
Pero a estas alturas observamos con estupor que ya no hay alcaldes en los pueblos, ni presidentes en las diputaciones, ni magistrados en las audiencias. Y si el hortelano sugiere que las peras eran suyas, es posible que los robaperas le denuncien por difamación y por calumnias. Ahí está, como ejemplo, la negativa de la Generalitat de Cataluña a acatar el dictámen de los jueces sobre la exigencia de que el castellano y el catalán sean idiomas vehiculares en la enseñanza, indistintamente.
Si éste fuese un país democrático como se dice con tanta insistencia, esa actitud se llamaría desacato de la ley: rebeldía, reto, provocación con publicidad, recochineo y ludibrio, que es lo que sucedió con las banderas constitucionales en los municipios del País Vasco y ahora en algunos catalanes.
Los nacionalistas han tomado gusto a jugar a policías y ladrones de su época preadolescente y han aprendido, sin riesgo, que se puede vejar al Estado sin necesidad de echarle güevos y que no es preciso jugársela como el irlandés Roger Casement, descubierto por muchos en "El sueño del celta" de Mario Vargas Llosa. Los políticos centrales y los jueces descentralizados se arrugan ante la amenaza de los activistas y quienes les financian, y se han acostumbrado a esa vida a medias en que consiste sobrevivir sin dignidad.
No sirve de nada el ejemplo heróico --heróico sin comillas-- de tantos ciudadanos vascos que arrastran la amenaza de vivir y de morir, de trabajar, de decidir y de comprometerse por seguir en su tierra, dando humildemente testimonio de un amor sincero, difícil y admirable por Euskadi, sin menosprecio de los otros compatriotas, teniendo que moverse entre las sombras como apestados y soportando insultos de los cobardes que envidian su entereza. Estos hombres y mujeres nos reconfortan y tendrán un reconocimiento en la Historia que avergonzará a muchos, aunque a ellos no les sirva de consuelo.
A otros, patriotas de boquilla a quienes vi en ocasiones disfrazados de otra cosa, a los militantes de «meeting», a los interesados muñidores de prebendas, a los figurines de alpaca y gomina -mecachis que guapo soy-, a los que desprecian a los otros y se plañen de que no les quieren y alardean sin riesgo y sin miedo porque juegan de farol, prestos a retractarse explotando el chantaje emocional y anunciando que no obedecerán a los tribunales si fallan en contra de sus designios, a esos valientes sin peligro les pediría decoro, puesto que ya no hay alcaldes en los pueblos.
¡Eso sí que es un político!
Saben aquel que dice...? No se si se acuerdan de cierto nostálgico del ejército de Pancho Villa que, ya anciano, meditaba: "¡General Motors, General Motors, ese sí que fue un buen general: tres mil quinientas revoluciones por minuto!" Bueno, pues tal cabe decir de Rubalcaba.
¡Eso sí que es un político y, lo demás, tonterías! ¡Tres mil quinientos desmentidos "en horas veinticuatro" que es lo que tardaba cierto poeta dramático del Siglo de Oro en llevar sus versos "de las Musas al teatro". Intenten llevar la cuenta de las idas y venidas de este lince, en relación con la reforma constitucional de este fin de semana y seguro que no coinciden. No sé si este Rasputín de Anís del Mono se ha precipitado en la sima de la desmemoria, si está vacilándonos, o si nos cree tontos de remate, que es lo que sucede cuando los listos son poco inteligentes y menosprecian la perspicacia de los demás.
La estrategia de desmentidos de estos días ha sido un portento de flexibilidad y transformismo, compitiendo con los mas hábiles ilusionistas, hasta dejar al "respetable" turulato.
Previamente, ante el pacto de Zapatero con Rajoy que le cogió fuera de juego, aseguró que el presidente le había convencido y, para no sentirse desmarcado, improvisó una conferencia de prensa de escuela primaria y muy didáctica, apoyando la oportunidad y la conveniencia del acuerdo adoptado a sus espaldas, mientras el martes fue un delirio de acomodaciones y renuncios. Salió al bar del Congreso a tomar un café "porque se dormía", aunque lo mas probable es que no recordase ya qué papel representaba en aquel momento.
Dió a entender a la ejecutiva de su partido que él había tenido un criterio mas restrictivo sobre el déficit público y que no hubiera hecho así la reforma constitucional, presentándose ante los suyos como una víctima de Zapatero, precisamente cuando había actuado como un "Pepito Grillo" del "boss" e inspirado muchas veces sus mas disparatadas iniciativas, antes de su decisiva actuación en las elecciones de 2008, y de hacer que se entretuviese con las ocurrencias de los inefables e inefables Bibiana Aído, Carmen Calvo, Magdalena Álvarez, Ángeles Gonzalez-Sinde, Leire Pajín, Miguel Angel Moratinos y Mariano Fernández Bermejo el montero de Garzón.
Desleal con los traidores, se confiesa traicionado por Zapatero. Decía el fundador de la Confederacón Española de Derechas Autónomas (CEDA), don José María Gil Robles Quiñones de León (¡qué más darán izquierdas o derechas si sólo son dos días!), nacido en Salamanca durante el primer Desastre, el de 1898, que para medrar en política "había que verlas venir, dejarlas pasar y, si se se te mean, decir que llueve". ¡Qué dulce sirimiri!
Perros y gatos
Me pareció oír un agudo y trémulo maullido de pocos días. Escuche un instante y confirmé la insistente llamada de un gatito que pedía algo o solicitaba alimento.
Abrí la puerta del garaje y al encenderse la luz estaba allí, diminuto entre los coches, tambaleante, con los ojos deslumbrados e inmensamente abiertos, el rabo enhiesto y caminando impávido hacia mi, sin conciencia del peligro que estaba corriendo con «Pirata», mi shih-tzu tibetana, tan inconsciente, insensata, loca e impulsiva como él, desbocada ya en un gozoso galope que tuve que «placar» para evitar un percance y hurtarla luego a aquel deslumbrante juguete autónomo que se movía solo, todavía sin experiencia, ni instinto de conservación, ni el saludable reflejo de huir, ni precaución alguna. Parece mentira que Dios deje a su albur a las criaturas más pequeñas y no las acune en su regazo.
El caso es que aquel tigrecillo de juguete dejó de pedir auxilio cuando lo cogí dulcemente para ponerlo a salvo metiéndomelo en la camisa que le venía muy grande porque le hubiese sobrado con un bolsillo si lo hubiese tenido. Pero cuando nos aposentamos en el coche y la perra intuyó que de allí no podía huir, la gatita dió en abrirse camino por mis mangas, entre los botones, aupándose al cuello -y ahí sí que hacía daño con los pequeños arpones de sus garras-para ir a su encuentro la inconsciente.
Fui a cenar a casa de unos amigos y aquella miniatura guapísima y perfecta constituyó todo un éxito. Allí improvisaron un biberón con el cuentagotas de una medicina bien lavada y le dieron alojamiento en la cajita de zapatos de un de los niños en que no se le veía de puro diminuto, y se quedó dormido al poco. Pero nadie quería quedárselo. Y además me conminaron a que silenciase el acontecimiento a las niñas que estaban ya dormidas porque sino tomarían represalias contra mi. Sabe el cielo que no he estado nunca tan cerca de caer en la tentación.
Pero era consciente de que el animalito no habría sobrevivido a las primeras caricias de «Pirata» que lo habría acabado sin voluntad de hacerlo y por ello sin remordimiento, dolor de su pecado, ni popósito de la enmienda.
Ofrecí luego aquel precioso cachorrito de felino, ahora tenuemente maullador, en dos terrazas de verano en que se hicieron lenguas -como antes se decía- de la astucia y la combatividad de aquella cosita menuda y vivaz luchando por sobrevivir, mientras a mi se me desgarraba el alma.
Me llevé el gatito a casa nuevamente y nos adentramos en el garaje dejando que maullase para observar el comportamiento de los gatos del tejado, sin resultados. Entonces llamé a una puerta como San José y la Virgen, y tuvieron la amabilidad de recogerlo para "presentárselo" de día en el tejado a la madre, si es que vive. Ahora estoy insomne y agobiado por la responsabilidad de una Vida diminuta.
El dedo en el ojo
No tengo, entre mis muchos defectos, la adicción al fútbol. Ello no me exime del error al juzgar, pero me exonera de todo partidismo. Veo algún encuentro cuando se promete competido o juega la selección, pero, salvo en este último caso, lo contemplo deseando «que gane el mejor».
Soy incapaz de distinguir un fuera de juego la mayor parte de las veces y, en ocasiones, de detectar un penalty. Tampoco soy experto en barruntar el origen de las «tanganas» como la del otro día, si no nos las descubre la diligencia del «replay» en los vídeos, mas soy capaz de descubrir entre el tumulto, mientras se halla detenido el juego, el paso decidido de un personaje que se dirige a meter el dedo en el ojo de un responsable del equipo contrario alevosamente. Un comportamiento que movería a risa en un alevín del jardín de infancia, pero no en un adulto que no ha superado esa edad mental. En Barcelona, no en Madrid, había oído decir a los niños como expresión burlona de la impotencia más disparatada, aquello de muérdele un ojo. Pero nunca había visto cosa parecida al incidente del 18 de agosto pasado, en que Mourinho pretendió vengar una derrota deportiva hiriendo en el ojo al técnico del Barcelona Tito Vilanova al que dijo desconocer, llamándole burlonamente ‘Pito’. No hubiera pasado, en otro tiempo, de la travesura de un juvenil enrabietado necesitado de educación, maduración y disciplina, pero temo que ya es tarde para quien cumplidos los cincuenta y uno, debiera ser adulto.
Son gustosas las cosas bien hechas sin fijarse en los protagonistas porque no milito ni en el equipo de mi pueblo que es «el único verdadero» como opinaba del catolicismo aquel anarquista asturiano. Tampoco deben ser apologetas de uno u otro equipo los editores de los periódicos. The Guardian juzga que el partido fue «un espectáculo empañado por las travesuras de Mou» y La Gazzetta dello Sport califica a Mou como «un técnico hundido por la prensa, sombrío y envenenado».
El supuesto señorío del Madrid y la autoridad de Florentino Pérez han saltado por los aires en un año, y el comportamiento en la segunda parte de la final y la huida de ‘Mou’ hacia el vestuario sin recoger su trofeo de subcampeón «han destrozado la imagen del Madrid». Hay muchos niños a los que ha dejado huérfanos.
Pero no era una flor de mi jardín sino idea de Enrique Vicente, desaparecido por desgracia hace ya unos años. Los que él me llevaba de lucidez, imaginación y perspicacia. Alguien escribió una vez que la Juventud era una cosa tan importante que no debiera dejarse en manos de los jóvenes. Tal vez pensaba lo mismo que Enrique cuando proponía que un jefe de Estado imparcial, objetivo y no militante --imagino que el Rey--, nombrase Gobierno comenzando por el primer ministro, atendiendo a la competencia y la trayectoria –perdón: el “currículum”-- de todos los miembros propuestos para cada cartera, que se someterían a una evaluación continua y la fiscalización financiera más estricta, a cambio de una remuneración sin posible competencia.
Pero del otro lado, parece que el lehendakari socialista del gobierno vasco Patxi López, ha mantenido reuniones secretas con el hasta ahora consejero de Interior, Rodolfo Ares, que lo representaba, y Rufi Etxeberría de la mesa nacional de Batasuna que defendía los intereses de "Bildu" y los etarras, con idéntico propósito. Así es que la izquierda abertzale sigue activa en todos los frentes, amparada por medrosos meapilas que presionan incluso al juez central de Vigilancia Penitenciaria, Jose Luis de Castro, para que excarcele a un tipo tan ejemplar como Josu Uribetxeberría Bolinaga, autor entre otras hazañas del asesinato de varios guardias civiles, y la construcción y custodia del hoyo minúsculo en que permaneció Ortega Lara durante más de 500 días, negándose a revelar el escondrijo para que se muriera de hambre (hay que pensar que "por razones humanitarias") antes de que la Guardia Civil diera con él.
Desde Europa, Alemania asegura que Rajoy aquivoca otra vaz las prioridades políticas. Y en el seno del PP se ha producido un cisma entre los que apoyan con docilidad de mantequilla la excarcelación del asesino Bolinaga, y los que defienden una política de firmeza y dignidad con los criminales presos, como es el caso de Mayor Oreja y Esperanza Aguirre.
Si Aznar hubiese escogido a don Jaime y no a Rajoy para sustituirle, se habría acabado hace años con la Eta. Pero quería descabezarla él mismo cuando volviese al gobierno, y no ha habido ocasión. Rajoy y el devoto Fernández Díaz no actúan por piedad sino por miedo. No han aprendido en tantos años que la piedad sólo es eficaz con los piadosos. Y que los asesinos y los verdugos no entienden mas lenguaje que el del rigor, el castigo y la firmeza. Los malhechores suelen juzgar como debilidad lo que sólo obedece a benevolencia. (¡Aunque en ocasiones no andan descaminados!). "El Mundo" publicaba hace muy poco, atribuyéndoselo a Einstein, uno de esos pensamientos proverbiales que preceden a su cabecera: "La debilidad de actitud --decía-- se vuelve debilidad de carácter".
Lo significativo de esta situación es que el "rajoyismo" se ha plegado cobardemente a las exigencias de la Eta contra el criterio del PP y el de las víctimas del terrorismo. Ha traicionado sin coartada lo que prometió en las elecciones, no solo poniéndose a las órdenes de la señora Merkel, que es de hecho la que gobierna la Unión Europea, sino sometiéndose a la Eta. Dice coincidir con el sutil análisis de Interior, que da por derrotados a los etarras, precisamente en el momento en que van a triunfar en las urnas. Tal vez sean menos torpes en las prácticas piadosas.



