Los bajoaragoneses han mostrado una actitud ejemplar históricamente cuando han recibido a visitantes con motivo de las competiciones de motor. Ese trato y capacidad de acogida hizo que la ciudad de Alcañiz y todo el territorio que la rodea se convirtiese en único por su encanto sencillo y amable. Es una de las pocas artes con las que el Bajo Aragón puede competir.
Ya lo dijo Juan Fernández en el pregón de las fiestas de Alcañiz, "nunca tan pocos hicieron tanto". Ayer, los pilotos colgaban en su Twiter, en Facebook o en blogs, frases y fotos realizando turismo en Alcañiz. "En el arco de Loreto, haciendo turismo", "tomando unas tapas en la ciudad", "Love forever Alcañiz", etcétera. Esto es lo que permitirá generar una rentabilidad social a Motorland, que es distinto a todos los circuitos del mundo por encontrarse en un pequeño pueblo de la provincia de Teruel. Un circuito con carácter. Este espíritu, que nació en el Circuito Guadalope, es el que deben retomar las nuevas generaciones con suficiente energía para que el nombre de esta tierra suene en las bocas de todos los aficionados al motociclismo. El encanto patrimonial de Alcañiz, el de los pueblos del Matarraña y Maestrazgo, los montes, los valles, los ríos, los deportes acuáticos en Caspe, la historia minera de Andorra, y la fiesta nocturna también. El verdadero reto ahora es conseguir que los aficionados se queden con ganas de volver durante el año para conocernos más e, incluso, labrar amistades en el territorio. La sociedad bajoaragonesa debería salir a las calles este fin de semana para sonreír a los visitantes, no solo por Moto GP, sino para invitarles a volver. Ya se sabe el impacto del Gran Premio, superior a 30 millones el año pasado. Ahora, hay mucho más, y dudar de su potencial de desarrollo, sería desaprovechar una oportunidad única.





