Durante meses, los agentes sociales de la cuenca minera aragonesa han reclamado soluciones ante los recortes previstos, que condenan a muerte no solo a las minas subterráneas sino a cientos de familias que viven del sector en los municipios aragoneses. En las sucesivas reuniones de la Comisión de Seguimiento del Plan del Carbón se pidieron soluciones, sin obtener respuesta. Desde la pasada legislatura se han venido recortando los fondos, sin ofrecer soluciones alternativas para diversificar el sector. Cabe preguntarse porqué no se previó esta situación, pero lo que realmente urge es una alternativa laboral para los pueblos de la cuenca minera aragonesa. Hasta ahora, la acción sindical se había basado en movilizaciones pacíficas, cortes de carretera o manifestaciones, sin embargo la desesperación les ha llevado a ejercer la violencia, la coacción o los insultos a algunos responsables políticos. Lo acontecido durante el jueves en Las Cortes y el sábado en el Congreso Provincial del PP es totalmente reprobable.
Sin embargo, también cabe preguntarse porqué no se ha reaccionado en bloque y hasta ahora en defensa del sector minero aragonés. Los silencios han hecho más daño que las palabras. Por eso, la comparecencia de la presidenta del Gobierno de Aragón era tan necesaria. Cabe recordar que se ha llegado a esta situación tras la ruptura el lunes pasado en la mesa de la minería de Aragón entre gobierno y sindicatos; posteriormente el miércoles en la Comisión de Seguimiento del Plan del Carbón, a la que no pudieron entrar sindicatos; y el jueves en Las Cortes al presentarse por separado Proposiciones No de Ley en defensa del sector, una de la izquierda (PSOE, CHA e IU) y otra de la derecha (PP-PAR). Esa brecha solo hizo que azuzar la desesperación minera, que terminó en el bloqueo del Parlamento Aragonés y provocó que algunos manifestantes lanzaran improperios a diputados populares y aragonesistas. Si bien es del todo rechazable, estos enfrentamientos les han regalado al fin titulares, portadas y tribunas en la prensa regional y nacional. Cabe preguntarse porqué, pero estas posturas solo hacen que alejarles de ser invitados a las mesas de debate y de lograr sus propios intereses. No han de ser los mineros quienes pidan ayuda, sino el ejecutivo el que les tienda la mano, desde cada escaño, sin politización. El asunto es lo bastante grave como para establecer vías de diálogo y alternativas posibles con tolerancia en cada una de las partes implicadas.





