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La comarca

Ana Ariño, 16 años de ida y vuelta

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A sus 88 años Ana Ariño Millán puede decir eso de que ha dado la vuelta «a medio mundo». Ha recorrido todos los continentes salvo Oceanía y entre los cuños de su pasaporte figuran los de Japón, Egipto, Pakistán o Rusia, entre muchos otros.

 

Entre estos lugares tan singulares se encuentra uno al que vuelve cada año desde hace 16. Alcañiz es parada obligatoria en su trayecto de Lleida a Teruel, donde pasa unos días cada año. Allí recuerda sus orígenes turolenses. Sus padres emigraron de Ababuj a Barcelona en busca de un futuro mejor.

En el Parador alcañizano descansa dos días a la ida y otros tantos a la vuelta. Reconoce que la ciudad conserva una «magia» que le atrapa y que siempre le permite descubrir un nuevo lugar. El último, la casa Mainar, sede de la Comarca del Bajo Aragón. «Por las mañanas bajo al centro y me paseo por sus calles, siempre tengo algo que ver. Si fuera más joven... ¡hasta iría a Motorland!», comenta entre risas. La semana se la podía ver fotografiando el centro de Alcañiz con su cámara Vitomatic 7 del año 60.

Este viaje desde Lleida lo realiza a bordo de su Seat 132 de 1975. Pese a que ya tiene 37 años, Ana asegura que no tiene ninguna intención de «retirarlo». «Sin mi coche el viaje perdería la mitad del atractivo. No lo cambio por nada», cuenta Ana de «Tomasito». Con este nombre apodó al vehículo al aprobar el carné de conducir el día de Santo Tomás.

Pese a que su afición por los viajes es temprana, no así la de la conducción. Desde muy joven empezó a conocer mundo, pero siempre en avión. Su padre la apodaba «la viajera» por sus continuas rutas por todo el mundo. En 1975, cuando contaba con 50 años una alumna de la universidad le pidió permiso para faltar a clase debido a que tenía que presentarse al examen práctico. «En ese momento pensé, si la peor de mis alumnas consigue el carné, ¿yo me tengo que pasar la vida sin conducir?», admite Ana. Una vez con el documento en la mano, adquirió a «Tomasito», del que se enamoró al ver el modelo en un anuncio en el periódico. En estos 37 años tan solo le ha dado un pequeño «susto», cuando no le funcionaron los frenos y embistió a un coche y se rompió el esternón.

Asegura que «Tomasito» conserva el «encanto» de los vehículos clásicos, lo que origina que todos se paren a observarlo. «Me dicen que su padre o su abuelo tenía uno igual. Yo les contesto que ellos ya no lo conservan y yo sí», afirma orgullosa la turolense.

Criada en Barcelona, se trasladó a vivir a Lleida al sacar plaza de catedrática de Griego en la universidad. Allí reconoce que tiene una vida «tranquila» que ya no cambiaría por la de la Ciudad Condal. Además, desde hace unos años pasa largas temporadas en un ‘rele chateu’ en la Seu d’Urgell.

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